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Desarrollo del niño sano

Test de Apgar

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Escrito por Beatriz Fernández Rodríguez, Noelia Ureta Velasco

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Al nacer el bebé sufre bruscos cambios en las funciones vitales. Algunos signos externos sirven para conocer si la adaptación está siendo adecuada

¿Qué es el test de Apgar?

Es un método de evaluación de la adaptación y vitalidad del recién nacido tras el nacimiento. Su utilización está generalizada en gran número de países.

La prueba debe su nombre a la Dra. Virginia Apgar, una famosa anestesista obstétrica americana, que en 1952 propuso este método simple y repetible, buscando averiguar rápidamente la situación de los recién nacidos y valorar así los efectos, en ellos, de la anestesia que recibían sus madres.

¿Cuándo se realiza?

Se lleva a cabo al minuto y a los cinco minutos de nacer. Esta evaluación la puede hacer el pediatra o la enfermera que asiste al recién nacido.

¿Qué se mide en esta prueba?

En el test se puntúan 5 datos o parámetros:

  • La frecuencia cardiaca del recién nacido; es decir, la velocidad a la que late su corazón.
  • El esfuerzo que hace para respirar.
  • El tono muscular, que se valora viendo la postura y los movimientos.
  • La irritabilidad refleja, que es la respuesta y los gestos que hace el recién nacido ante los estímulos.
  • El color de la piel.

A cada uno de los parámetros se les da una puntuación que puede ser de 0, 1 o 2; luego se suman todos obteniéndose un valor final entre 0 y 10. Como ya se dijo, se puntúa al minuto y a los cinco minutos de vida, de forma que al final se obtienen así dos números, el primero corresponde a la puntuación al minuto 1 de vida y el segundo al minuto 5. Ejemplo: 7/9 (es decir, un 7 al minuto de vida y un 9 a los 5 minutos de nacer).

Puntuaciones de 10 son poco frecuentes, ya que la mayoría de los recién nacidos obtienen una puntuación de 1 en el color, pues suelen tener cierta palidez y las manos y los pies azulados al nacimiento.

Generalmente las puntuaciones de 7 o superiores indican una buena adaptación a la vida tras el nacimiento. Si la puntuación está por debajo de 7, el bebé necesita ayuda para adaptarse. La mayoría de las veces la estimulación, secándolo, por ejemplo, es suficiente.

¿Cómo se puntúa?

| Signo | 0 | 1 | 2 | | --- | --- | --- | --- | | Frecuencia cardiaca | Ausencia de latido | Menos de 100 latidos por minuto | Más de 100 latidos por minuto | | Respiración | Ausente | Lenta, irregular | Buena, llanto | | Tono muscular | Flácido | Extremidades algo flexionadas | Movimiento activo | | Irritabilidad refleja | Sin respuesta | Quejido, mueca | Tos, estornudo, llanto, retraimiento vigoroso | | Coloración | Azul o pálido | Cuerpo rosado con extremidades azules | Completamente rosado |

¿Qué implicaciones para el futuro tiene la puntuación en el test de Apgar?

Como se ha mencionado anteriormente, es una herramienta para una evaluación rápida del estado y la vitalidad del recién nacido tras el nacimiento y no predice el estado de salud futuro que tendrá el recién nacido.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Neumólogos pediátricos hacen recomendación de realizar “test de vuelo”

En el último congreso de la Asociación Española de Pediatría, los neumólogos pediátricos han recomendado valorar a los pacientes con alteraciones respiratorias o cardíacas antes de coger un avión. Cada vez es mayor el número de personas que utilizan aviones para sus desplazamientos. Los aviones comerciales vuelan en torno a los 10.000-12.200 metros de altitud y deben ser presurizados (es decir incrementar su presión con respecto al exterior) puesto que, si su presión interna dependiese directamente de la presión atmosférica externa, resultaría incompatible con la vida. Con ello, se alcanza una presión en la cabina del avión en pleno vuelo similar a la que se puede experimentar en una montaña de 1.800 o 2.400 metros de altura. A esa presión se reduce la disponibilidad de oxígeno, lo cual afecta directamente a la capacidad respiratoria. Esto podría entrañar un riesgo importante para aquellas personas que tienen determinadas patologías crónicas cardíacas o respiratorias, como asma grave o fibrosis quística. Para saber si un paciente está preparado o no para volar, existen los denominados “test de vuelo”. Se trata de una prueba sencilla en la que, durante 15 o 20 minutos, se simulan las condiciones que se dan durante un vuelo, con una concentración de oxígeno más baja de la habitual, para ver cómo reacciona el sujeto. Esta prueba ya se realiza en determinadas unidades hospitalarias de Neumología Pediátrica de nuestro país. Además, bastaría realizarla una sola vez en la etapa infantil, siempre y cuando la enfermedad permanezca estable y no haya cambios. Más información

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Estudio de la alergia

Existen múltiples pruebas posibles para realizar un diagnóstico de alergia ¿A quién se debe hacer un estudio de alergia? A las personas que tienen síntomas que con frecuencia se asocian a alergia como asma, rinitis, conjuntivitis, dermatitis atópica, urticaria, dermatitis de contacto, síntomas digestivos de dolor, vómitos o diarrea y reacciones con alimentos, medicamentos o picaduras. Aunque algunos de estos síntomas pueden estar provocados por otras causas, sospecharemos alergia cuando sean prolongados, se repitan con frecuencia o exista una relación clara entre tocar, respirar o comer alguna sustancia supuestamente sospechosa y la aparición de los síntomas. ¿Qué sustancias se estudian habitualmente? Las sustancias que pueden causar alergia se llaman alérgenos. Estos alérgenos varían según los síntomas que aparezcan, según la edad, la estación del año, la zona de residencia... Por ello, es fundamental realizar una historia clínica detallada para decidir qué alérgenos son los más frecuentes en un caso concreto e incluirlos en el estudio. ¿Cómo se estudia una posible alergia? La alergia se puede estudiar de muy diferentes maneras. Es el especialista o el pediatra el que decide qué pruebas hacer en cada paciente en función de la historia clínica, los síntomas que presente y su exploración. Las pruebas más frecuentemente utilizadas en el estudio de la alergia son: **Pruebas de piel** Se usan para averiguar si el paciente tiene IgE específica frente a la sustancia o alérgeno probado (una inmunoglobulina que, cuando contacta con dicho alérgeno desencadena una serie de reacciones que se manifiestan con los síntomas alérgicos inmediatos).. En algunas ocasiones se hacen en la consulta de Pediatría del Centro de Salud. Se realizan habitualmente en el brazo y se pueden hacer a cualquier edad. Las más utilizadas se llaman “prick test”. Se pone una gota de líquido con el alérgeno sospechoso, y se punciona la piel a través de la gota con una lanceta. El número de alérgenos estudiados depende de cada caso. Normalmente, se prueba una batería de alérgenos habituales, pero a veces se añaden otros, si existe una sospecha concreta. El alérgeno penetra en la piel, y si al cabo de 15-20 minutos se forma una pápula (bulto enrojecido) de un tamaño determinado, se dice que la prueba es positiva y el paciente es alérgico a esa sustancia. Para confirmar que la prueba es válida, siempre se ponen dos pruebas de control o testigos, que son el suero salino (debe ser negativa) y la histamina (debe ser positiva). Algunos medicamentos pueden alterar las pruebas y hacer que no sean fiables. Esto sucede principalmente con los antihistamínicos. Deben suspenderse siete días antes de realizar la prueba. Análisis de sangre Mediante un análisis de sangre se determina en el plasma del paciente la IgE total y la IgE específica. La IgE total se interpreta como la predisposición para desarrollar alergia en general, mientras que la IgE específica valora la alergia concreta frente a un alérgeno determinado e identificado. Todas las personas tienen alguna cantidad de IgE total y su valor normal depende de la edad. Va subiendo desde el nacimiento hasta la edad adulta. Las personas con una IgE total más alta tienen más facilidad para desarrollar alergia, pero no obligatoriedad. Los análisis de IgE específica (RAST, CAP, ELISA...) miden si en la sangre del paciente hay IgE específica contra un alérgeno concreto. Hay personas que pueden tener una IgE específica elevada frente a un alérgeno y están por lo tanto sensibilizadas al mismo, pero para considerarse alérgicos deben presentar además síntomas con la exposición a dicho alérgeno. Las personas no sensibilizadas tienen valores indetectables de IgE específica. Por otro lado, los niveles altos generalmente coinciden con síntomas de alergia más intensos, aunque puede haber excepciones. Los medicamentos no suelen influir en los resultados de estos análisis. Pruebas de exposición, provocación, tolerancia Consisten en exponer al paciente a una sustancia, ya sea alimento, medicamento o sustancia inhalada, para estudiar su tolerancia. Se usan para confirmar la relación causa-efecto de una sustancia sospechosa de alergia y también para comprobar si solo estaba sensibilizado y que se tolera (en este caso no se reproducen los síntomas de la alergia). Pueden ser de varios tipos: oral (se ingiere el alérgeno), conjuntival (se administra en forma de colirio), nasal (se inhala por la nariz) o bronquial (se respira el alérgeno). El paciente se expone a cantidades crecientes del alérgeno en uno o varios pasos y se observa la aparición de síntomas durante el tiempo que determine el especialista. Se considera positiva la prueba cuando el paciente presenta síntomas iguales o parecidos a los que han motivado la consulta. Las pruebas de provocación pueden producir síntomas variables; en ocasiones leves, pero pueden llegar a ser muy graves. Por ello, deben realizarse siempre por un especialista en centros preparados para tratar posibles reacciones adversas severas. Pruebas funcionales Permiten diagnosticar los trastornos del aparato respiratorio, valorar la respuesta al tratamiento y ver la evolución de la enfermedad. Valoran el estado pulmonar o nasal, se tenga alergia o no. Están incluidas la espirometría, el test de ejercicio, la medición de óxido nítrico, la rinometría... entre otras. Muchas de estas pruebas requieren la colaboración del paciente y solo se pueden realizar a partir de cierta edad. Otras pruebas Pruebas de parches o “patch test”: se aplican las sustancias sospechosas mediante parches para ver si la piel reacciona. Se utilizan sobre todo para estudiar alergia a productos que están en contacto directo con la piel. Prueba de frotamiento: se frota la piel con la sustancia a estudio y se observa si en esa zona aparece enrojecimiento o ronchas. Prueba de uso: para alergia al látex, goma o caucho. Por ejemplo, se pone en una mano un guante de látex y en la otra, otro sin látex y se ve respuesta. ¿Cómo se interpretan las pruebas de alergia? El especialista en alergia es el que interpreta los resultados y, además, dependiendo de estos, de si existen o no discrepancias entre la historia clínica y las distintas pruebas realizadas, decide si hay que repetir las mismas o ampliar el estudio. Una vez integrados todos los resultados junto con los datos del historial del paciente, el especialista emite un diagnóstico y recomienda un tratamiento. [](https://pacientes.seicap.es/es/estudio-de-la-alergia40138)

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Calendario de inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Recomendaciones 2026

La AEP defiende un calendario de inmunizaciones único y de máximos para toda España Anualmente, el Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones de la Asociación Española de Pediatría (CAV-AEP) recomienda a principios del año el calendario de inmunizaciones que considera que es el más adecuado para los niños, adolescentes y embarazadas que residen en España. Para ello, se revisan las novedades científicas nacionales e internacionales relacionadas con las vacunas o inmunizaciones y las enfermedades que previenen. En nuestro país el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) (Ministerio de Sanidad) recomienda un calendario básico y las comunidades autónomas lo adaptan y lo aplican según sus criterios. Así, cada comunidad autónoma decide su calendario de inmunizaciones, cuyas inmunizaciones son gratuitas y recomendables para toda la población y también decide qué inmunizaciones están financiadas para algunas personas con circunstancias especiales. La Asociación Española de Pediatría (AEP) es defensora de un calendario de inmunizaciones único para toda España, y que sea un calendario de máximos que mejoraría las expectativas de salud de nuestra población. Hay 2 tablas de recomendaciones: una con las inmunizaciones sistemáticas que deberían recibir todos los niños, adolescentes y embarazadas españolas y otra con las inmunizaciones necesarias en grupos de riesgo de las distintas enfermedades inmunoprevenibles. Existe la posibilidad de consultar estas 2 tablas en forma interactiva. Desde hace dos años se ha incluido un apartado dedicado a la mujer embarazada , muy importante para protegerla y proteger a su bebé, recomendando la vacunación con Tdpa a partir de la semana 27 de gestación; la vacunación covid ARNm en cualquier momento del embarazo e igualmente la vacunación antigripal si este coincidiera con la temporada estacional. También se mantiene la vacunación frente al VRS disponible en las farmacias comunitarias. Calendario de inmunizaciones de la AEP 2025 El CAV-AEP recomienda para 2026 las inmunizaciones que se pueden ver en esta tabla , para que se apliquen de modo sistemático a todos los niños, adolescentes y embarazadas de nuestro país Asimismo, como ya se ha comentado, hay otra tabla de vacunación en niños con enfermedades de riesgo. - La tabla sistemática mantiene la no discriminación entre financiadas y no financiadas porque la AEP considera que todas son inmunizaciones sistemáticas que deberían aplicarse a todos los niños, adolescentes y embarazadas. - Mantenimiento de la pauta de vacunación frente a difteria, tétanos, tosferina, Haemophilus influenzae tipo b y poliomielitis con vacunas hexavalentes, que también llevan la hepatitis B, con pauta 2+1 (2, 4 y 11 meses) que lleva aparejada la aplicación de una dosis de polio a los 6 años de edad para la cohorte que siga este esquema, preferentemente con DTPa ( DTPa-VPI ), aunque también sería válida la Tdpa+VPI. - Continuar con la insistencia, dada la duración limitada de la inmunidad frente a la tosferina, en la recomendación de la vacuna de carga estándar frente a difteria y tosferina (DTPa) o en su defecto de la de baja carga antigénica (Tdpa) a los 6 años, asociada a VPI, y que vaya seguida de otra dosis de Tdpa a los 10-12 años de edad . - Mantenimiento de la pauta de vacunación antineumocócica 2+1 con VNC15 (2, 4 y 11 meses) o con VNC20 con una pauta 3+1 (2, 4, 6 y 11 meses), con reafirmación de que las vacunas que mejor se adaptan a las características epidemiológicas del momento actual de nuestro país son las de mayor número de serotipos. - Recomendación de la vacuna frente al rotavirus en lactantes en calendario sistemático. - Recomendación de la vacuna frente al meningococo B como sistemática en el lactante, en pauta 2+1 con inicio a los 2 meses de edad; es recomendable la coadministración de 4CMenB con todas las vacunas de los calendarios vacunales infantiles. La vacunación frente al meningococo B con cualquiera de las 2 vacunas en los adolescentes no vacunados con 2 dosis y, también, la vacunación de refuerzo con una dosis de 4CMenB (las vacunas frente al meningococo B no son intercambiables) en aquellos adolescentes que hubieran recibido esta vacuna en la edad infantil. Para el resto de edades la recomendación es de protección individual. - La vacunación antigripal en todos los niños de 6 meses a 17 años de edad, para su protección individual y evitar el contagio hacia otras personas de edades superiores. Y por supuesto la vacunación de los grupos de riesgo y convivientes y cuidadores a partir de los 6 meses de edad. La vacuna intranasal antigripal preferente a partir de los 2 años . - Renovación de la pauta de vacunación frente a los meningococos A, C, W e Y , con un esquema (1+1+1) de una dosis a los 4 meses, otra a los 12 meses y otra a los 12-13 años de edad, con un rescate progresivo hasta los 18 años en los no vacunados con MenACWY. Para el resto de edades la recomendación es de protección individual. - Mantenimiento de la pauta de vacunación de triple vírica y varicela con 2 dosis, recomendando la vacuna tetravírica (SRPV) para la segunda dosis, con una disminución de la edad para la segunda dosis a los 2 años de edad . - La vacunación frente al SARS-CoV-2 (cepa LP8.1, y si no estuviera disponible con la subvariante KP.2) en todos los niños y adolescentes que sean grupos de riesgo desde los 6 meses de edad. La vacunación con estas nuevas vacunas se recomiendan también como protección individual para todos los niños y adolescentes que lo deseen. - Recomendación de la vacuna del virus del papiloma humano en ambos sexos a los 10-12 años, porque la carga de la enfermedad neoplásica en el varón por este virus es también importante. Con preferencia de la VPH9 sobre la VPH2 y con una sola dosis hasta los 25 años de edad, siendo financiada hasta los 18 años en ambos sexos. - Mantener la recomendación del uso de nirsevimab (anticuerpo monoclonal frente al VRS) en lactantes menores de 6 meses y hasta los 2 años en los grupos de riesgo para esta enfermedad (en prematuros menores de 35 semanas hasta los 12 meses de edad). - La posibilidad de consultar las 2 tablas habituales (sistemática y de grupos de riesgo) en forma interactiva , donde si se clica en la vacuna nos sale la recomendación que figura en el pie de tabla de cada una. Como novedades este año: - La vacunación frente a la hepatitis A en dosis única a los 12-15 meses con rescate con una dosis a niños y adolescentes sanos no vacunados con anterioridad. - El establecimiento de franjas de rescate en el calendario sistemático. - Hemos añadido una nueva tabla que relaciona los distintos enfermos crónicos con las inmunizaciones que tienen que recibir. Otros hechos son: - Para las vacunas no incluidas aún en el calendario gratuito, solicitud de nuevas formas de financiación para facilitar su adquisición por las familias españolas. - Reivindicación de la creación de un Comité Nacional de Inmunización en el que participen no solo los técnicos de Salud Pública del Ministerio y de las CC. AA., sino también las sociedades científicas y los pacientes, tal y como recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

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Recomendaciones de sueño en lactantes

Cada bebé tiene su propio patrón de sueño. A partir de los 3 meses suelen dormir entre 10 y 14 horas, pudiendo llegar a dormir “de un tirón” hasta 5-6 horas seguidas por la noche. Realizan unas 2-3 siestas al día, de entre 30 minutos y dos horas cada una. A partir de los 6-7 meses, se establece ya un ritmo de “vigilia- sueño” suelen presentar un sueño total de 14 horas, un sueño nocturno de unas 12 horas interrumpidos por varios despertares breves normales, luego hacer una primera siesta por la mañana y otra tras el medio día. El bebé percibe todas las sensaciones que le transmitimos los adultos. Si como padres somos tranquilos y hablamos dulcemente, nuestro niño responderá de la misma manera. Por el contrario, si estamos inquietos, cambiamos continuamente las rutinas, el bebé mostrará más inquietud. Cada día, tratar de hacer una rutina de sueño, adaptada a cada familia que debe finalizar en la cuna del niño. Cuando vayamos a ponerlo en la cuna, debemos hacerlo cuando esté somnoliento pero todavía despierto. Puede ayudar tener en la cuna un objeto seguro (muñeco o mantita), que le sirva de compañero. Si hemos decidido cambiar al niño a su propia habitación dejar la puerta abierta. Si se despierta y tiene hambre, lo alimentaremos, pero hay que tratar de hacerlo de forma breve y “aburrida”. Intentar no estimularlo o despertarlo demasiado. A esta edad, para muchos bebés no suele ser necesaria la alimentación nocturna. Esperar unos minutos antes de responder a las quejas del niño. Vemos si puede dormirse solo. Si llora, debemos consolarlo con caricias, frases cariñosas, pero evitar encender la luz, jugar con él o levantarlo. Grupo de Trabajo del Sueño AEP

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Lactancia materna: claves para amamantar de forma satisfactoria

Dar el pecho a tu bebé es uno de los gestos más valiosos para su salud y su desarrollo, hoy y en el futuro. La lactancia materna aporta beneficios al bebé y también a la madre. Pero, aunque seamos mamíferos y amamantar forme parte de nuestra biología, no siempre es fácil . A veces surgen dudas, molestias o dificultades, y muchas de ellas tienen más que ver con el entorno y la falta de apoyo que con “hacerlo mal”. Para acompañarte, aquí tienes las claves más importantes. Inicio: cómo empezar con buen pie Rodéate de apoyo. Si es tu primer bebé, ayuda mucho contar con personas con experiencia o con un profesional que pueda orientarte desde el principio. Si ya has dado el pecho antes, tienes ventaja… pero recuerda: cada bebé es distinto y cada lactancia también. El agarre es la clave. Un buen agarre evita la mayoría de problemas (dolor, grietas, tomas poco eficaces). Al inicio puede haber cierta sensibilidad, pero no debería doler de forma intensa ni persistente . Si tras los primeros días sigue molestando o el dolor va a más, consulta con tu pediatra, matrona o un asesor/a de lactancia para valorarlo. Frecuencia de tomas en los primeros días. Durante la primera etapa, ofrece el pecho al menos 8–12 veces al día , o más si el bebé lo pide. Lo habitual es alternar ambos pechos, pero sin obsesionarse: lo importante es que el bebé succione bien y con frecuencia. A demanda, cuanto antes mejor. Conforme os vayáis adaptando, lo ideal es ofrecer el pecho cuando el bebé lo solicita, fijándote en los primeros signos de hambre: abre la boca y busca gira la cabeza se chupa las manos se mueve inquieto (Llorar suele ser un signo más tardío.) Mejor esperar con chupetes y tetinas. Si es posible, evita chupete y biberón al inicio, hasta que la lactancia esté bien establecida (aproximadamente 3–4 semanas ), para no interferir en el agarre y el ritmo de succión. Dificultades: cuando algo cambia (y es normal) Cuando ya os habéis acostumbrado, pueden aparecer etapas que cambian el ritmo de las tomas y las necesidades del bebé: crisis de lactancia , brotes de crecimiento , la reincorporación al trabajo , o incluso un nuevo embarazo . En estos momentos es muy frecuente pensar “mi leche ya no le llega” o “algo va mal”… y muchas veces no es así . Por eso, si surge un problema, lo mejor es consultar con profesionales de referencia y evitar consejos contradictorios o desactualizados. Importante: sí, es posible quedarse embarazada durante la lactancia , aunque no haya regla. Si no buscas embarazo, conviene utilizar un método anticonceptivo adecuado. Mantenimiento: cuánto tiempo dar el pecho Las recomendaciones actuales aconsejan: - Lactancia materna exclusiva los primeros 6 meses (sin otros alimentos ni bebidas). - Mantener la lactancia junto con alimentación complementaria al menos hasta los 2 años , y después todo el tiempo que madre e hijo deseen . No hay una única manera “correcta” de vivir la lactancia. La decisión final es vuestra. Un mensaje importante para ti Ánimo. La lactancia es un camino compartido entre tu bebé y tú. No tiene por qué ser perfecta , pero sí puede ser satisfactoria y bonita. Y si aparecen obstáculos, no estás sola: con ayuda adecuada, la mayoría tienen solución.

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La cultura de dieta: ¿un peligro para la salud mental de los niños?

Comer es una necesidad y puede ser un acto placentero o convertirse en un verdadero infierno ¿Qué está ocurriendo? Estamos asistiendo a un aumento de la preocupación por la alimentación saludable, con mensajes diversos en muchos casos gordofóbicos y estigmatizantes. La obesidad se define utilizando un marcador llamado índice de masa corporal, que se calcula según el peso y la talla de la persona. El peso corporal resulta de la combinación de diversos factores, algunos de los cuales no son modificables. Basar los consejos de alimentación en si alguien pesa más o menos kilos resulta cuanto menos absurdo y puede ser contraproducente. Es mucho más importante centrarse en la persona de manera global, cuidando también la parte psicológica y la que tiene que ver con sus relaciones sociales. Comer es una necesidad y puede ser un acto placentero o convertirse en un verdadero infierno, según la interpretación que se haga de los mensajes recibidos y la experiencia acumulada. El problema reside en imponer a los niños una responsabilidad con la nutrición que no les corresponde, a riesgo de que aparezcan el miedo y la culpa. Ambos sientan las bases de una mala relación con la comida y pueden preceder a ciertos comportamientos restrictivos o incluso purgativos. ¿Qué mensajes dañinos puede haber en relación a los alimentos? Los niños no tienen que ver los alimentos en términos de “buenos” o “malos”, ni sinónimos parecidos que los clasifiquen. No tienen que pensar en las calorías ni saber los macronutrientes de cada plato. Tampoco tienen que asumir que algunas comidas son castigos (terminar la ensalada, mañana toca verdura…) ni que otras son premios o se asocian a buenos comportamientos (acaba el pescado y te doy flan, como has recogido te doy un bombón). La comida nos la merecemos sólo por el hecho de existir. Está a nuestro alcance para poder desarrollarnos con plenitud, tanto en el plano físico como en el psicológico y el social. Los nutrientes de la misma van más allá de los cálculos de proteínas, hidratos de carbono y grasas. El contenido de las redes sociales y la propia sociedad en conjunto suele emitir juicios de forma constante en relación a la comida. Los niños están a menudo expuestos a comentarios negativos varias veces al día. Están tan extendidos que en ocasiones cuesta reconocerlos. Lo mismo sucede con los mensajes relacionados con el cuerpo. Hablar de dietas en el sentido restrictivo o tratar de “compensar” supuestos excesos, se traduce en los niños en que algo está mal. Si son pequeños, no podrán diferenciar las metáforas y se lo tomarán en el sentido literal. Si son adolescentes (o cada vez antes) pueden empezar a rechazar cómo son en realidad. Estos son algunos ejemplos que pueden conducir a tener una mala relación con su cuerpo y con la comida: ¿te vas a comer todo eso?; la vecina se ha puesto muy gorda; he estado en el gimnasio, así que me puedo comer un bombón; como sigas comiendo así no vas a poder parar; hoy he comido mucho, así que mejor luego no cenaré; voy a correr un rato para bajar el desayuno… Observa a tu alrededor cuántas veces escuchas cosas parecidas. A eso están expuestos constantemente nuestros niños y adolescentes. Entonces, ¿qué hacemos? No se trata de “enseñarles” a comer ni mucho menos a comprar en el supermercado. La clave está en adquirir hábitos saludables desde la curiosidad, en base a una actitud positiva. Sólo quitando el miedo, la culpa y la restricción se podrá desarrollar una adecuada relación con la comida que conduzca a patrones sostenibles a largo plazo. Como referentes de los niños, los adultos del entorno, especialmente los padres, podemos adoptar patrones de salud y equilibrio que les sirvan de ejemplo. Realizar comidas en familia es una apuesta segura, creando un ambiente agradable, sin presiones, sin distracciones, en el que disfrutar de los alimentos y la compañía. Otra forma de favorecer los hábitos nutricionales saludables es cocinar en familia, permitiendo que los niños seleccionen algunos menús y preparaciones, que toquen, prueben, mezclen y manipulen los alimentos. Cuando no conozcan algún plato, se les puede invitar a probarlo desde la curiosidad. Es fundamental acompañar a los niños para que reconozcan e interpreten (y también los adultos de alrededor) sus propias señales de hambre y saciedad. Esto se puede hacer desde muy pequeños, incluso con las primeras papillas. Cuando no desean seguir comiendo, no debemos forzar a dejar el plato limpio. Por el contrario, cuando expresan que les apetece repetir o picar entre horas, podemos invitar a descubrir lo que les sienta mejor. Debemos confiar en la capacidad innata de su cuerpo y servirles de guía y sostén. Algunas preguntas que les invitan a reflexionar pueden ser: ¿te sientes lleno con lo que has comido?, ¿tienes energía ahora?, ¿te sientes cansado por la mañana?, ¿has disfrutado de la merienda?, ¿qué sabores tenía el alimento? Procuremos que la alimentación durante la infancia les aporte salud en los tres niveles de la persona: biológico, psicológico y social.

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Día Mundial de las Enfermedades Raras 2026

Diagnóstico precoz, cribado neonatal y acceso equitativo: claves para mejorar la vida de miles de niños Con motivo del Día Mundial de las Enfermedades Raras, el Comité de Enfermedades Raras y Sin Diagnóstico de la Asociación Española de Pediatría (AEP) quiere poner el foco en una realidad que afecta a miles de familias en nuestro país. En Europa se considera enfermedad rara aquella que afecta a menos de 1 de cada 2.000 personas. Sin embargo, existen más de 7.000 enfermedades raras descritas, y aproximadamente el 80 % tienen origen genético. Además, entre el 70 y el 75 % debutan en la infancia, muchas en los primeros años de vida Esto sitúa a la Pediatría en un papel fundamental: detectar, coordinar y acompañar. La “odisea diagnóstica”: un reto que debemos acortar Uno de los mayores desafíos para estas familias es el retraso diagnóstico. Muchas viven lo que se conoce como “odisea diagnóstica”: años de consultas, pruebas repetidas y, en ocasiones, diagnósticos erróneos Este retraso no solo genera sufrimiento e incertidumbre, sino que puede influir directamente en la evolución de la enfermedad. Hoy, el diagnóstico genético se ha convertido en una herramienta esencial. Las tecnologías de secuenciación masiva permiten identificar la causa de muchas enfermedades, orientar el seguimiento clínico y ofrecer asesoramiento genético a las familias. Además, en un número creciente de patologías, contar con un diagnóstico preciso permite acceder a tratamientos específicos Garantizar que todas las familias tengan acceso a estos recursos es una cuestión de equidad. El cribado neonatal: detectar antes de que aparezcan los síntomas El cribado neonatal (la conocida “prueba del talón”) es uno de los grandes avances en salud infantil. Permite detectar determinadas enfermedades graves en los primeros días de vida, antes de que aparezcan síntomas irreversibles Cuando el diagnóstico es precoz, en muchos casos se puede: - Iniciar tratamiento de forma temprana - Evitar complicaciones graves - Reducir discapacidad - Mejorar significativamente la calidad de vida - Incluso salvar vidas En los últimos años se han producido avances importantes en España, pero todavía existen diferencias entre comunidades autónomas en el número de enfermedades incluidas en el cribado. Esto implica que no todos los recién nacidos tienen acceso a las mismas oportunidades diagnósticas según su lugar de nacimiento. Terapias avanzadas: una nueva esperanza La medicina está viviendo una transformación profunda gracias a las terapias avanzadas, especialmente la terapia génica y otras estrategias de Medicina Personalizada de Precisión En algunos casos, estas terapias permiten pasar de tratamientos únicamente sintomáticos a intervenciones dirigidas a corregir el defecto genético que causa la enfermedad. España ocupa una posición destacada en investigación clínica en este ámbito, con ensayos que incluyen población pediátrica e incluso neonatal. Pero para que estos tratamientos puedan aplicarse, es imprescindible que el diagnóstico llegue a tiempo. No se puede tratar lo que no se identifica. Un compromiso con las familias Detrás de cada enfermedad rara hay un niño o una niña, una familia y una historia marcada por la incertidumbre. Hoy la ciencia ofrece herramientas más potentes que nunca. El reto del sistema sanitario y de la sociedad es garantizar que esos avances lleguen a todos. El Comité de Enfermedades Raras y Sin Diagnóstico de la AEP trabaja para acompañar a las familias y a los profesionales, superar barreras y favorecer que el progreso científico se traduzca en equidad y atención centrada en la persona Porque en enfermedades raras, el diagnóstico precoz no es solo una cuestión médica. Es una oportunidad de futuro.

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Leche a partir de los 6-12 meses. ¿Cuánta?

Los bebés se alimentan a base de leche (preferentemente materna), siendo el alimento principal durante el primer año de vida. Hasta los 6 meses de edad los niños sólo necesitan leche. A partir de entonces, pueden comenzar a tomar otros alimentos progresivamente, conforme a las capacidades del bebé y los gustos familiares. Poco a poco, la dieta se hará más variada hasta acercarse entre los 12 y los 24 meses a lo que come la familia . ¿Por qué es importante la leche a partir de los 12 meses? La leche materna es mucho más que un alimento. Además de aportar una tercera parte de las calorías diarias a un niño de 1 a 3 años, protege de infecciones, mejora el desarrollo intelectual y emocional y previene enfermedades a largo plazo. ¡Y suele ser algo agradable para ambas partes! Por todo ello, es aconsejable mantener la lactancia mientras la madre y el hijo lo deseen . Como alternativa a la leche materna se puede usar leche de fórmula (o de vaca si tiene más de un año de edad). Supone un buen aporte de calorías para los niños pequeños, en los que puede ser difícil obtener toda la energía a base de alimentos sólidos. Además, es una fuente muy importante de calcio, vitamina D y otros micronutrientes. Niños con lactancia materna A partir de los 6 meses es recomendable seguir ofreciendo el pecho a demanda. ¡El pecho sigue siendo el alimento principal! Lo ideal es que el bebé tome pecho unas 4 o 5 veces al día, mejor antes de las comidas. Hacia el primer año de vida se puede seguir ofreciendo a demanda tras las comidas o entre comidas. Si el bebé hace al menos 4 o 5 tomas al día no son necesarios otros lácteos. Hay familias que se preocupan porque el bebé come menos de lo esperado . Las necesidades van cambiando y, por tanto, el apetito. Es recomendable respetar las señales de hambre y saciedad no sólo en los primeros meses, sino durante toda la infancia. Esto implica dejar que el niño regule la cantidad que toma de cada alimento, sin obligarle. La responsabilidad de los padres o cuidadores es ofrecer alimentos sanos y variados, preferentemente ricos en hierro . Por último, conviene mantener el suplemento de vitamina D (400 UI al día) mientras el pecho sea la fuente principal de leche. Niños con lactancia artificial Para la alimentación del bebé existen en el mercado dos tipos de preparados para lactantes : las llamadas leches de inicio (suele poner un 1 en el envase), que se utilizan desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, y leches de continuación (leches 2), a partir de los 6 meses. Ambos tipos de preparados pueden encontrarse en forma líquida y en polvo para diluir en agua. A partir del año pueden tomar leche de vaca entera. Se desaconseja el uso de leches denominadas “de crecimiento”, ya que suelen ser bebidas azucaradas. Al igual que con los niños que toman pecho, es importante respetar las señales de hambre y saciedad. Por ello, se habla de cantidades aproximadas, que en ningún caso se tomarán como reglas estrictas. Se recomiendan 2-3 raciones de lácteos al día en niños de 1 a 9 años. Una ración consiste en una taza de leche (200-250 ml), un yogur (125 g) o 30-40 g de queso curado. Conviene no tomar más de 500 ml de leche al día como costumbre, si además se consumen yogures o queso, ya que esto puede interferir en la variedad de la dieta, dar lugar a sobrepeso, estreñimiento y anemia por falta de hierro. Si un niño toma lácteos muchas veces al día , estará saciado y será más difícil que tome fruta, verdura o pasta. ¿Y si no quiere tomar leche? La leche es importante para asegurar la cantidad de calcio y otros nutrientes, aunque no es imprescindible en la dieta. Si un niño no toma leche se puede aportar el calcio con otros alimentos. Algunos niños rechazan la leche porque les sienta mal. Esto puede ocurrir porque digieren mal la lactosa, aunque pueden aceptar bien los yogures y el queso. ¿Dónde puedo encontrar más información? Errores frecuentes en la alimentación infantil. Programa Perseo.

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