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Pandemia por SARS CoV-2. Recomendaciones para adolescentes

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22 de mayo de 2022

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Ser adolescente con frecuencia es difícil y en la situación actual por la pandemia por el nuevo coronavirus lo es más, pues el cierre de las escuelas y la cancelación de todos los eventos hace que los adolescentes se estén perdiendo momentos importantes de sus vidas, lo que puede producir que se sientan aislados, ansiosos, tristes y decepcionados.

Es por ello que la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), sociedad integrada dentro de la Asociación Española de Pediatría, ha realizado una guía de recomendaciones para los adolescentes y sus padres en la situación actual de alarma por COVID -19.

¡Esperamos que sea de ayuda tanto en estos momentos como después también!

En el siguiente **enlace(link is external) podrás encontrar las recomendaciones.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Coronavirus SARS-CoV-2 en los niños

El coronavirus SARS-CoV-2 es el responsable de la enfermedad denominada COVID-19. Fue detectado por primera vez en nuestro país el 31 de enero de 2020 y actualmente es la causa de una pandemia mundial. En España, aproximadamente el 12% de los enfermos de COVID son menores de 15 años. ¿Cómo se contagian los niños? La mayoría de los niños se contagian por contactos familiares, principalmente de los adultos. Y los niños, ¿pueden contagiar la enfermedad? Sí, aunque menos que los adultos. Los menos contagiosos son los más pequeños. ¿Qué síntomas pueden presentar los niños? Los niños generalmente desarrollan formas de la enfermedad menos graves, con mejor pronóstico; también pueden tener infecciones asintomáticas. Pueden padecer: Síntomas respiratorios: los más frecuentes son los de una infección de vía respiratoria superior (tipo catarro o resfriado) como tos, fiebre, dolor de garganta, mucosidad. Algunos casos pueden tener dolores musculares, sensación de falta de aire o dolor en el pecho. Síntomas gastrointestinales: en los niños también vemos con frecuencia afectación digestiva con náuseas, vómitos, diarrea, dolor abdominal, disminución del apetito. Manifestaciones cutáneas: se ha descrito afectación de la piel con manchas rojizas o violáceas, erupciones generalizadas, habones y lesiones tipo sabañones en zonas distales (dedos). Dolor de cabeza, anosmia (pérdida del olfato), ageusia (pérdida del gusto). Síndrome inflamatorio multisistémico: parece tratarse de una respuesta inflamatoria tardía a la infección por SARS-CoV-2. Es una de las formas más graves de la infección en niños. Habitualmente cursa con fiebre alta y síntomas digestivos (sobre todo dolor abdominal intenso). ¿Cómo se diagnostica? Contamos principalmente con 3 técnicas para el diagnóstico : PCR para la detección del virus en una muestra recogida por frotis nasofaríngeo. Test rápido antigénico en una muestra recogida por frotis nasofaríngeo. Pruebas serológicas (análisis de sangre): detectan anticuerpos frente al virus y nos informan de la inmunidad del paciente frente al SARS-CoV-2 tras haber pasado la infección. ¿Qué hacer si mi hijo tiene síntomas? Si su hijo presenta síntomas respiratorios, digestivos, fiebre, etc. o cree que puede haberse contagiado, debería ponerse en contacto con su pediatra para que valore si puede tratarse de una COVID y si es necesario hacer alguna prueba diagnóstica . Si observa dificultad respiratoria, manchas en la piel, decaimiento, fiebre persistente, dolor abdominal intenso o empeoramiento del estado general, se debe consultar de forma urgente con un pediatra. ¿Qué tratamientos existen para los niños con COVID-19? Actualmente no existe evidencia para recomendar un tratamiento farmacológico específico. Si el niño tiene buen estado general y los síntomas son leves, debemos realizar un tratamiento sintomático, es decir, tratar la fiebre o el dolor como en cualquier otro proceso. ¿Los niños también ingresan? En comparación con los adultos, los niños ingresan en los hospitales mucho menos que los adultos, debido principalmente a una menor frecuencia de enfermedad y a un curso más leve. El riesgo de precisar hospitalización es mayor en niños menores de un año y en aquellos con alguna enfermedad de base. ¿Qué niños se consideran de riesgo? Pacientes inmunodeprimidos: trasplantados, tratamiento con quimioterapia, infección por VIH, inmunodeficiencias. Pacientes con cardiopatías o patología respiratoria crónica: fibrosis quística, displasia broncopulmonar, asma grave, oxigenoterapia domiciliaria. Pacientes con encefalopatía o enfermedades neuromusculares graves, drepanocitosis, diabetes mellitus tipo 1 mal controlada, intestino corto, malnutrición grave, diálisis. ¿Cómo prevenir el contagio? Los niños no están excluidos de las acciones preventivas habituales para evitar la expansión de la infección. Todos podemos contagiarnos y todos podemos ser transmisores de la enfermedad. Contamos con 3 medidas básicas: distanciamiento social, lavado de manos frecuente y uso de mascarilla . Es muy importante que desde el primer momento en que existan dudas sobre un posible contagio, porque el niño tiene alguno de los síntomas descritos o ha estado con un enfermo de COVID sospechoso o confirmado, permanezca aislado en el domicilio hasta que contacte con su pediatra y le indique lo que hay que hacer. No debe acudir al colegio. Los niños con COVID deben permanecer en aislamiento domiciliario durante 5 días desde el comienzo de la clínica, siempre que el 5º día lleve al menos 24 horas sin tener fiebre (sin necesidad de antitérmicos) y con mejoría de los síntomas. Si el niño ha tenido contacto con un enfermo, pero no desarrolla síntomas, y tiene una prueba negativa, no debe realizar aislamiento. Siempre es recomendable evitar el contacto con personas de riesgo de contraer una infección grave por Covid19 (personas mayores, no vacunados, con enfermedades crónicas como EPOC, asma, diabetes...).

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Síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico vinculado a SARS-CoV-2 (SIM-PedS)

La enfermedad COVID-19 se debe a la infección por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2. La gran mayoría de los niños que tienen COVID-19 presentan la forma asintomática de la enfermedad o desarrollan síntomas respiratorios o digestivos leves que se curan espontáneamente. Sin embargo, un porcentaje muy bajo de los niños que se infectan por el virus SARS-CoV-2 puede desarrollar una forma grave de la enfermedad. Es importante reconocer pronto los signos de alarma para evitar complicaciones. ¿Qué es? El síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico vinculado a SARS-CoV-2 (SIM-PedS o PIMS-TS) es una reacción inflamatoria generalizada que se desarrolla tras una infección pasada por SARS-CoV-2. La mayoría de los casos se producen en niños mayores de 5 años, aproximadamente 4-6 semanas después de haber presentado la enfermedad COVID-19. ¿Cómo se produce? Aunque se ha podido demostrar su relación temporal con la enfermedad COVID-19, no se conoce exactamente cómo se produce. Parece que se debe a una alteración en la respuesta del sistema inmunitario (nuestras defensas) después de una infección por SARS-CoV-2, que da lugar a una inflamación exagerada de todo el cuerpo. ¿Cuáles son los síntomas? Los síntomas más frecuentes son fiebre alta y prolongada junto con síntomas digestivos (dolor abdominal intenso asociado a vómitos o diarrea). Generalmente, los niños se encuentran mal y están irritables o decaídos. La clínica respiratoria como tos, mocos o dificultad respiratoria es poco frecuente. Algunos niños presentan manifestaciones en la piel o las mucosas, como pueden ser: ojos rojos, inflamación de la lengua y los labios, manchas en la piel o hinchazón de las manos y los pies. La importancia de esta enfermedad radica en que pueden producirse complicaciones cardíacas como inflamación del corazón o dilatación de las arterias coronarias (que son las arterias que riegan el corazón). ¿Cuándo se debe consultar? Es necesario vigilar al niño y consultar con su pediatra habitual si presenta fiebre prolongada (temperatura por encima de 38ºC durante más de 5 días), sobre todo si se acompaña de: Manchas en la piel que desaparecen al presionar Ojos rojos o picor ocular Vómitos, diarrea o dolor abdominal Ante cualquiera de los siguientes síntomas o signos, es preciso acudir al servicio de urgencias de un hospital: Empeoramiento del estado general, irritabilidad o somnolencia excesivas Mala coloración (palidez llamativa, piel moteada, coloración azul o grisácea) Manchas rojas en la piel que no desaparecen al apretar Dificultad para respirar Fiebre de más de 40,5ºC Vómitos o diarrea persistentes con signos de deshidratación (ojos hundidos, lengua seca, orina poco) Dolor abdominal fuerte y continuo ¿Cómo se diagnostica? No existe ninguna prueba que permita confirmar o descartar la presencia de esta enfermedad. Para diagnosticarla se utilizan unos criterios clínicos, entre los que se incluyen la fiebre persistente y la afectación de varios órganos o sistemas (cardíaco, respiratorio, hematológico, gastrointestinal, dermatológico o neurológico). Para ayudar al diagnóstico, ante una sospecha de SIM-PedS se solicitará un análisis de sangre buscando signos de inflamación. Además, tras el diagnóstico se deberá realizar una ecografía cardíaca para descartar la afectación del corazón. ¿Cómo se trata? El tratamiento de elección son los corticoides por vía intravenosa. En algunos pacientes será necesaria la administración de otros fármacos. La mayoría de los pacientes se recuperan tras varios días de tratamiento y no presentan secuelas. ¿Cómo se puede prevenir? No se puede prevenir el desarrollo de esta forma de la enfermedad. Sin embargo, teniendo en cuenta que está relacionado con la enfermedad COVID-19, es muy importante cumplir con las medidas higiénicas recomendadas para la prevención de la infección por SARS-CoV-2: Lavado frecuente de manos con agua y jabón o soluciones hidroalcohólicas Uso de mascarilla en todos los lugares públicos a partir de los 6 años Mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros con personas no convivientes Evitar lugares cerrados o con aglomeración de personas Al toser o estornudar, taparse la nariz y la boca con el codo o un pañuelo desechable Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca Ante cualquier síntoma sospechoso, quedarse en el domicilio y avisar a su pediatra

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Recomendaciones para padres de adolescentes en situación de confinamiento por la COVID-19

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha realizado una serie de recomendaciones para los padres de chicos adolescentes basadas en la comunicación, la confianza, la responsabilidad y el respeto mutuo. Estas recomendaciones han sido elaboradas en colaboración con la Sociedad de Medicina del Adolescente (SEMA) e incluyen a través de 12 puntos los diferentes aspectos de la convivencia con los hijos en esta edad. ¡Esperamos que les resulte de interés! Fomenta la comunicación, hablando con ellos y explicándoles qué es la COVID-19 y dales pie a que pregunten sus dudas y expresen sus miedos. Hazles partícipes del reto que supone la epidemia. Sé sincero diciéndoles lo que se espera de ellos y explícales el esfuerzo que se está realizando entre todos. Mantén una rutina similar, levantarse y acostarse más o menos a la misma hora. Todos los días han de realizar deberes y/o las diversas tareas académicas del centro donde cursan estudios para no perder el ritmo académico. También es muy importante que tengan momentos de tranquilidad, aburrimiento y creatividad. Anímalos a participar en la plataforma escolar, en caso de que la haya. Establece unas normas más flexibles en cuanto a la tecnología. Las relaciones sociales son una parte fundamental en esta etapa y, ahora, su única vía para mantenerlas es a través de las pantallas. No poder quedar con sus amigos ni salir a los sitios habituales de ocio puede provocar en ellos sentimientos de impotencia y frustración. Anímalos a mantener relación con sus amigos aunque sea a distancia. Permite y respeta su intimidad. Llama antes de entrar a su habitación y no cojas su móvil sin permiso, por ejemplo. No entréis en discusiones innecesarias (por ejemplo, por que tenga las zapatillas en medio de la habitación). Es el momento de centrarnos en las cosas importantes y no desgastar nuestra relación con ellos. Fomenta la relación a distancia con sus abuelos para trabajar la empatía y que entiendan que cumpliendo las normas protegen a otras personas, entre ellos, a sus seres queridos. Permíteles ver las noticias para conocer cuál es el estado actual, pero no es aconsejable la sobreinformación. Es importante que estén informados de la evolución de la curva de contagios. Anímalos a escuchar testimonios o recomendaciones de personas que admiren (artistas, youTubers, influencers, etc.). Es un buen momento para reflexionar sobre la importancia de todos los trabajos. Esto les puede ayudar a tomar decisiones sobre su orientación profesional en el futuro. Pon en valor frente a ellos el esfuerzo de aquellas personas que están trabajando por los demás. Organiza actividades en familia como juegos de mesa, películas, series, etc., pero no les obligues a participar en ellas. Recuérdales que mantengan su móvil limpio y se laven a menudo las manos. Si alguien es sospechoso de haber sido contagiado, es conveniente que se ponga mascarilla y recordar evitar tocar superficies comunes, picaportes, grifos... Proponles hacer planes de lo que les gustaría hacer cuando la situación mejore para mantener la motivación. Fomenta su imaginación. Es importante mantener hábitos de vida saludables. Controlar la ingesta de alimentos calóricos, dormir al menos las ocho horas recomendadas y realizar actividad física que les mantenga activos a través de bailes, series de entrenamiento en Youtube o actividades domésticas.

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Posicionamiento de la Asociación Española de Pediatría en relación con la autorización de la vacunación frente al SARS-CoV-2 en niños de 5 a 11 años de edad

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ha aprobado con fecha 25 de noviembre el uso de la vacuna frente a la COVID-19 con el preparado Comirnaty en niños de 5 a 11 años. La Asociación Española de Pediatría por medio de su Comité Asesor de Vacunas (CAV-AEP) se ha posicionado al respecto, haciendo diversas consideraciones sobre el uso de esta vacuna en este grupo etario. Es verdad que la gravedad de la enfermedad es mucho menor en los niños que en los adultos (la tasa de hospitalizaciones en los niños es 4-6 por mil infectados, la de ingresos en UCIP de 3-4/10 000 y la letalidad de 2-4/100 000) pero, aun así, en España se han producido, al menos, 6000 hospitalizaciones, 300 ingresos en UCIP y 37 fallecimientos en niños por COVID-19, la mitad de ellos en menores de 10 años. Esta carga de enfermedad por SARS-CoV-2 justifica, en opinión del CAV-AEP, la vacunación de todos los niños, siempre que existan vacunas con inmunogenicidad, eficacia y seguridad apropiadas. Por tanto, una vez que la vacuna esté también aprobada por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), el CAV de la AEP recomienda la vacunación de todos los niños de este grupo de edad en base a los siguientes puntos: Contemplar el derecho del niño a su protección individual frente a esta enfermedad que, aunque en general en estas edades es leve, puede complicarse en ocasiones con formas graves como el Síndrome inflamatorio multisistémico asociado a SARS-CoV-2, la covid prolongada y las neumonías. No privar a la población infantil del beneficio que aporta la vacunación, del que ya gozan los mayores de 12 años (aunque los objetivos en términos de salud sean diferentes). Conseguir y mantener espacios educativos seguros, que permitan la normalización de la escolarización y las relaciones interpersonales de los niños, con el consiguiente bienestar psicoemocional. Lograr la protección de grupo o de rebaño, que para la variante delta se establece en el 91 % de la población. Disminuir la circulación del SARS-COV-2 y la aparición de nuevas variantes. Más información

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Consejos para los adolescentes para llevar una dieta saludable

Una dieta saludable es fundamental en la adolescencia El Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha realizado de cara a los adolescentes unos consejos para llevar una dieta saludable: Que todas las comidas sean a la misma hora: así no se produce estrés ni se interrumpen la metabolización de la glucosa, la grasa… No comer demasiada carne: lo recomendable sería unas tres o cuatro raciones de carne a la semana. Es mejor evitar lo máximo posible la carne roja (ternera, cerdo, cordero…) y, en el caso de las aves, evitar la piel. En relación al pescado: se recomiendan también otras tres o cuatro raciones a la semana. Son alimentos que aportarán proteínas y pocas calorías, además de grasas saludables. Pensar en el azúcar que se ingiere: los refrescos, zumos (incluso los naturales), la bollería, el pan, las salsas, mermeladas, pizzas preparadas… Gran parte de los alimentos procesados que podemos encontrar en el supermercado contienen grandes cantidades de azúcar añadido (incluso sin saber dulce). Por eso, hay que prestar mucha atención a los azúcares libres (esto es, los añadidos, no los que los alimentos tienen de manera intrínseca -por ejemplo la fruta-) y que estos no supongan nunca más del 10% de la ingesta de calorías al día. Lo mejor para controlarlo: comer la menor cantidad de alimentos procesados posible Es importante el desayuno: aunque dé pereza prepararlo en ocasiones. Puede ser algo muy sencillo: los elementos básicos son un lácteo (no necesariamente leche, puede ser kefir, queso blanco, yogur -sin azúcar-), pan integral y una fruta. Reactiva el metabolismo tras el ‘ayuno’ nocturno, se afronta el día con más energía y se tiene menos hambre para las siguientes comidas, con lo cual es más difícil caer en la tentación de picar entre horas cosas poco saludables. No saltarse una comida con la idea de que así se ahorran calorías: ello suele provocar que se ingieran más calorías en las siguientes, y seguramente sean calorías menos saludables. A lo largo del día, hay que asegurarse de que se ingieren verduras, lácteos, alimentos hechos a partir de grano (si son integrales -arroz, trigo-, estupendo), lácteos y proteínas (que no siempre tienen que ser carne o pescado, también se puede recurrir al huevo, las legumbres, los frutos secos, semillas…). No comer frente a una pantalla: al hacerlo no se pone atención plena en los alimentos, por tanto, no se saborean ni se disfrutan del todo, lo que hace que no se sacie igual y quizá se tenga hambre antes. Además, si se ven anuncios de comida, eso puede aumentar ‘artificialmente’ el apetito, impulsando a querer comer alimentos a menudo poco recomendables. Esperemos que estos consejos ayuden a los adolescentes a que la alimentación sea saludable, y a no pasarse ni a quedarse corto de energía. Para más información https://hazclick.aeped.es/project/consejos-dieta-saludable-saltarse-comidas-desayuno/

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Ahogamientos infantiles. Recomendaciones para prevenirlos

¿Cuándo hay que aprender a nadar? Las clases de natación y enseñar a sobrevivir en el agua pueden disminuir las tasas de ahogamientos en los niños. Es conveniente que aprendan a nadar a partir de los 3-4 años. Sin embargo, la decisión de cuándo un niño debe iniciar dichas clases debe ser individualizada. Existen estudios que afirman que iniciar las clases entre los 1 y 4 años disminuye el número de ahogamientos. Los padres deberán tener en cuenta la frecuencia de exposición al agua, la madurez emocional, las limitaciones físicas y otras cuestiones de salud, como la hipotermia, infecciones, etc. Supervisión cuando los niños se bañan en el mar, piscinas, lagos… Los padres deben saber que impartir clases de natación a los niños pequeños o a aquellos que no hayan adquirido suficientes habilidades no evita los ahogamientos, ni proporciona una protección completa, por lo cual es necesario mantener una supervisión continua. El saber nadar bien en la piscina no implica que el menor esté a salvo en un entorno acuático natural, por lo que nunca deberá nadar sin la supervisión de un adulto: Cuando los bebés o los niños pequeños estén dentro o alrededor de agua, bien sea piscina o cualquier superficie abierta de agua (lagos, mar, ríos, etc.), deben de estar al alcance y supervisados por un adulto con experiencia.Para que esta vigilancia sea adecuada, la distancia al menor debería ser inferior a la longitud del brazo del cuidador, es decir, hay que tenerlos al alcance. En caso de niños mayores que sepan nadar, el adulto con experiencia o bien un socorrista, debe vigilarlos sin perderlos de vista y su atención dirigida en todo momento al niño o niños que se encuentran dentro del agua, evitando situaciones que puedan distraerle, como hablar por teléfono, conversar con otros, etc. En superficies abiertas de agua hay que elegir zonas supervisadas por socorristas. El adulto supervisor debería saber nadar, realizar un rescate, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar y pedir ayuda. Nunca se puede dejar al niño solo o al cuidado de otro menor mientras esté en la bañera, piscinas, «spas» o cerca de cualquier boca de riego. También es importante advertir a los adolescentes del riesgo que supone consumir alcohol o drogas mientras se practica la natación o cualquier otra actividad deportiva acuática. Cómo tirarse a la piscina Saltar o tirarse de cabeza en el agua puede producir lesiones graves. Debe prohibirse el lanzamiento de cabeza si un adulto no ha comprobado previamente que la profundidad es suficiente. En todo caso, es preferible que los niños se tiren al agua con los pies primero. Y cuando se navega... Los niños y niñas pequeños, así como cualquier menor que no sepa nadar, deben llevar un chaleco salvavidas siempre que se encuentren a orillas de un medio acuático (río, mar, lago, embarcación, etc.). Cuando se navega en cualquier tipo de embarcación de recreo, el uso de chalecos salvavidas es una importante medida preventiva contra los ahogamientos. En un estudio de los fallecimientos relacionados con la navegación de recreo, realizado en EE. UU., el 86% de las víctimas mortales no llevaban un dispositivo de flotación, mientras que el 14% restante, que sí lo llevaba, falleció por otras causas, como la hipotermia. Los niños no deben llevar flotadores hinchables (como los conocidos manguitos) por el riesgo que suponen. Son preferibles los chalecos salvavidas. Aprender maniobras de reanimación cardiopulmonar El entrenamiento en maniobras de reanimación cardiopulmonar, tanto de los padres como de los adolescentes y niños mayores, es también una medida efectiva. La protección cervical adecuada, el tiempo transcurrido desde el ahogamiento y la aplicación precoz de medidas de reanimación cardiopulmonar por personal entrenado resultan cruciales para mejorar el pronóstico en un ahogamiento. En casa Hay que vaciar cualquier recipiente con agua después de su uso, como por ejemplo los cubos de la fregona. Los asientos de baño para bebés y lactantes nunca deben considerarse como un sustituto de la vigilancia por parte de un adulto, pues se pueden escurrir a través de ellos. Para prevenir ahogamientos en los inodoros, no se debe dejar a los niños pequeños en el cuarto de baño sin supervisión. A pesar de que se adopten todas las medidas de seguridad descritas, los padres no deben disminuir nunca la vigilancia de sus hijos.

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Separación respetando al niño. Recomendaciones para los padres

Cuando los padres se separan, los niños necesitan tiempo para organizar sus emociones y que les hablen de la nueva situación. Sobre todo, respeto Cuando la decisión de la separación es firme, llega el momento de trasmitírsela a los hijos. En ese momento es importante: Explicitar que siguen queriendo igual a sus hijos para evitar la sensación de abandono y culpabilidad que muchas veces tienen. Ofrecer explicaciones acordes con la edad del niño para que entiendan lo que ocurre. Entender y contener los síntomas del niño. ¿Cómo suelen reaccionar los niños a esta noticia? Hay que conocer las posibles respuestas de los hijos ante la noticia. En la mayoría de los casos las explicaciones de los padres adaptadas a cada edad, el tiempo y la vuelta a las rutinas normalizan los síntomas. Los más frecuentes son: Los más pequeños pueden retroceder en sus logros, como volver a usar pañales. A cualquier edad es normal que un niño tenga síntomas psicosomáticos (dolor de cabeza, dolor abdominal...) que expresen el malestar secundario a la separación de sus padres, incluso en separaciones “amistosas”. También a cualquier edad puede haber todo tipo de síntomas inespecíficos involucrando el sueño, la alimentación, el rendimiento escolar o la conducta. En ocasiones aparecen en el niño síntomas emocionales que se exteriorizan mediante sentencias que afectan la sensibilidad y ánimo de los progenitores. Por ejemplo, “tu ya no me quieres”, “me quiero morir”, “eres malo conmigo”, etc. Es importante entender, escuchar y explicar el motivo por el que se siente así y librarle de las dudas de la pérdida del cariño de sus padres. ¿Y después de la separación? A la hora de establecer la nueva dinámica que surge tras la separación, es crucial velar por los intereses de los niños en la medida de lo posible. Por ello se debe intentar: Mantener en lo posible los vínculos afectivos con abuelos, primos, tíos, etc. de ambas partes. Que el niño disponga de un espacio propio y estable tanto en su casa como en la nueva casa del progenitor que se ha marchado. Mantener los amigos y las rutinas diarias (mismo colegio, horarios, actividades, etc.). En cuanto a las características de las relaciones que se establecen después de la separación, las recomendaciones principales son: Cuando la separación no es amistosa, se puede acudir a un servicio de mediación familiar o a los tribunales de justicia. Aunque en la medida de lo posible hay que procurar judicializar lo mínimo la vida del niño. En demasiadas ocasiones, los hijos se utilizan como un elemento de chantaje emocional que puede terminar en largas y estresantes peritaciones y en la asistencia a juicios. Todo esto son elementos perturbadores poco adecuados para el desarrollo afectivo y emocional del niño. No manifestar los desacuerdos de pareja delante del niño. Es preferible que las decisiones estén consensuadas por ambos progenitores (castigos, tiempo de TV, lo que se le compra, etc.). No se debe involucrar al hijo en decisiones de adultos. No predisponer en contra del otro progenitor y, en la medida de lo posible, transmitir ideas positivas del mismo, sin mentir. Incluso en las ocasiones en las que existan elementos negativos, siempre es posible encontrar algo positivo que se le puede recordar al niño. Y poco a poco, según la edad y capacidad de comprensión, se le irá informando también de la parte negativa. El niño no debe ser un informante de todo lo que pasa en la casa del otro progenitor. Estas conductas, que en ocasiones se favorecen y premian por alguno de los padres, son desafortunadas. Cuando el niño cuente algo que corresponde al ámbito privado del otro domicilio se le debe indicar la inadecuación de su comportamiento, o restar importancia. En ocasiones se intenta compensar el estrés que produce la separación en el niño con regalos y concesiones que en otras circunstancias no se realizarían. Hay que evitar ese exceso de permisividad y actuar siempre de común acuerdo con el otro progenitor. Esto evita entrar en el juego afectivo del niño (“mamá / papá sí me lo compra y tú no me lo compras porque me quieres menos”). No cuestionar las decisiones del otro cónyuge delante del niño ni las nuevas parejas que pudiera tener: “si mamá/papá ha decidido llevarte de vacaciones a tal sitio, está bien hecho”, “si el novio/novia de papá/mamá te ha puesto ese castigo, me parece bien”. Los desacuerdos deben hablarse entre adultos sin estar el niño presente.

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Anemia por falta de hierro

La anemia por falta de hierro es más frecuente en los niños pequeños, debido al rápido crecimiento y a que comen pocos alimentos con hierro ¿Qué es la anemia? Hablamos de anemia cuando los glóbulos rojos (también llamados hematíes) contienen menos cantidad de hemoglobina de lo normal. La hemoglobina es un componente imprescindible para el transporte de oxígeno por todo el organismo y para su fabricación es necesario que existan suficientes depósitos de hierro. La falta de hierro (ferropenia) es una de las carencias nutricionales más frecuentes en el mundo y es la causa más común de la anemia. En algunos casos puede existir anemia por déficit de hierro o anemia ferropénica, aunque los aportes de hierro en la dieta sean los adecuados: Por problemas de mala absorción intestinal. Por sangrado repetido: menstruaciones muy abundantes, sangrados nasales muy frecuentes, pérdidas sanguíneas digestivas, etc. En momentos de crecimiento rápido, como ocurre en la infancia y la adolescencia. Es importante tener en cuenta que la cifra de hemoglobina que consideramos normal en un análisis varía en función de la edad, también es diferente según se trate de un chico o de una chica. ¿Cuáles son los síntomas de la anemia? En la mayoría de los niños, la anemia es leve, por lo que es muy frecuente que no tengan síntomas. Puede aparecer palidez, fatiga, irritabilidad, falta de apetito o apetencia por productos que no son alimentos (como la tierra), retraso del desarrollo o del aprendizaje y aumento de la frecuencia cardiaca. ¿Cómo se diagnostica la anemia ferropénica? Si un niño tiene los síntomas anteriores se debe consultar con el pediatra. El profesional valorará si es necesario realizar un análisis de sangre para determinar la cifra de hemoglobina, las características de los hematíes y el estado de los depósitos de hierro. ¿Y cómo se puede prevenir? Una alimentación equilibrada proporciona al niño las cantidades de hierro que precisa. Los alimentos que contienen más hierro son las carnes, algunos moluscos, los vegetales y las legumbres. Tabla de contenido aproximado de hierro en los alimentos por 100 gr ( sacado de [Fundación Española de la Nutrición)](https://www.fen.org.es/storage/app/media/imgPublicaciones/2018/libro-la-alimentacion-espanola.pdf) | Alimentos, cantidades | Hierro (mg) | | --- | --- | | Almejas, berberechos y similares | 24 | | Cereales de desayuno fortificados | 8 | | Ostras | 6,5 | | Pistacho | 7,2 | | Calabaza, calabacín | 0,4 | | Alubias blancas | 6,7 | | Lentejas | 7,1 | | Espinacas frescas | 4 | | Carne ternera | 2,1 | | Sardinas en aceite | 3,2 | | Garbanzos | 6,7 | | Guisantes | 1,5 | | Carne de pato | 2 | | Carne de cordero | 1,7 | | Aguacate | 0,7 | | Gambas | 1,9 | | Carne de caballo | 7 | Es fundamental que intente seguir algunas recomendaciones dietéticas, para garantizar que la alimentación del niño contenga suficientes aportes de hierro. Se recomienda tomar carne roja (ternera, cordero, cerdo...) 2-3 veces a la semana. Algunos moluscos (como almejas y berberechos) también son muy ricos en hierro. Las vísceras (como el hígado) son muy ricas en hierro, pero no son apropiadas por su importante contenido en grasa. Aunque la leche de vaca es un buen alimento, no es recomendable abusar de los lácteos , ya que dificultan la absorción del hierro. El hierro que tienen los alimentos de origen vegetal, como los cereales y las legumbres, se absorbe peor (las lentejas, tienen excesiva fama de riqueza en hierro), pero deben estar presentes en la alimentación y formar parte de una dieta equilibrada. ¿Cómo se trata? El tratamiento consiste en suplementos con hierro en forma de gotas, ampollas bebibles o comprimidos. Es importante tomar el hierro medicinal preferiblemente en ayunas, con agua o zumo natural de naranja, no con leche. Un buen momento sería al levantarse, media hora antes del desayuno pero, si habitualmente se desayuna leche, también se puede tomar antes de la merienda. El tratamiento con hierro provoca a veces molestias digestivas, tales como dolor abdominal o náuseas. En estos casos, los síntomas pueden mejorar tomando el hierro con la comida y no en ayunas. Es normal que cambien el color y la consistencia de las heces cuando se está tomando hierro. El pediatra valorará la conveniencia de realizar controles analíticos para valorar la respuesta al tratamiento. Además del tratamiento médico, es fundamental garantizar un correcto aporte de hierro en la dieta habitual, para que el niño no vuelva a presentar anemia en un futuro. ¿Dónde puedo encontrar más información? Alimentos ricos en hierro. Clinica Universitaria de Navarra Anemia por falta de hierro en la infancia y adolescencia. Familia y Salud

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Día P de la Pediatría 2023. “Trabajando juntos por los niños y los adolescentes”

El próximo domingo 8 de octubre está enmarcado en nuestro calendario de días especiales, ya que se celebra el Día de la Pediatría. Esta iniciativa se puso en marcha en el año 2014 con el fin de destacar la importancia de que existan profesionales dedicados exclusivamente al cuidado y promoción de la salud en la infancia. Los niños y adolescentes merecen una atención de calidad, actualizada y basada en la evidencia científica, que son las bases del trabajo de los más de 13.000 Pediatras españoles. Nuestro modelo asistencial es uno de los mejores del mundo. Nos esforzamos a diario para garantizar una óptima cobertura sanitaria, no sólo en nuestros puestos de trabajo, sino creando lazos entre los profesionales para seguir aprendiendo y avanzando en pro de la salud infantil. Si, como dice el famoso proverbio africano, para criar a un niño se necesita una tribu entera, para lograr que crezcan en óptimas condiciones de salud hace falta que los Pediatras y las familias formemos un buen equipo. Que miremos juntos en la misma dirección. Que nos apoyemos los unos en los otros. Por ello, el lema de esta edición es “Trabajando juntos por los niños y los adolescentes”. El equipo de EnFamilia pone toda su ilusión, ganas y dedicación en hacer contenido actualizado, innovador y de interés para contribuir a la salud de la infancia. Nuestro deseo es que las familias se sientan acompañadas y confíen en los profesionales que velamos por los más pequeños de la casa. Pincha el enlace si deseas más información acerca de este aniversario: https://www.aeped.es/dia-pediatria-2023 Día P 2023: Comunicado del Dr. Blesa, presidente de la AEP

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Autolesiones y suicidio en adolescentes

Su intención no es “llamar la atención”, sino pedir ayuda, porque la necesitan El suicidio se encuentra entre las primeras diez causas de muerte en adolescentes y adultos jóvenes en todo el mundo. En España, supone la segunda causa de muerte en menores de 18 años, después de los accidentes de tráfico. En el año 2014 se suicidaron 69 menores, entre 15 y 19 años (INE, 2016). Una de las reacciones habituales, ante la presencia de ideas de suicidio entre las personas cercanas a los adolescentes, sus familiares, amigos y profesores, es de rechazo, susto o huida. Desafortunadamente, muchas personas en nuestra sociedad siguen pensando que preguntar por el suicidio induce a realizarlo. Esto se debe a múltiples factores sociales y culturales, tales como el estigma de las enfermedades mentales, el miedo a la difusión de estas ideas o la falta de formación de los profesionales de la salud y la educación en el tema. La realidad es que las ideas de suicidio, los gestos y las denominadas autolesiones no suicidas suponen un motivo de consulta muy frecuente en las consultas de pediatría, atención primaria y urgencias. Se estima que cada año se suicidan aproximadamente 5 de cada 100 000 adolescentes, un 3-6 % realizan un intento de suicidio a lo largo de su vida y un 30% tienen ideación suicida en algún momento . Por otra parte, un 18% de ellos se causan autolesiones (cortes, arañazos, quemaduras, envenenamientos…) sin intención letal. Estas cifras están en constante aumento en la última década. Suicidio Las personas que tienen un riesgo mayor de cometer suicidio son aquellas con enfermedades mentales, principalmente depresión, aunque también trastornos de la conducta alimentaria, psicosis, etc. El consumo de alcohol y otras sustancias también aumenta el riesgo, porque favorece el paso al acto. El hecho de estar involucrado en situaciones de violencia, ya sea por iguales (acoso escolar o bullying ), pareja o familiares, se ha descrito también como un factor de riesgo, así como las sensaciones de pérdida (duelos, rupturas de pareja, divorcio de los padres) y diversos entornos culturales y sociales. Los principales signos de alarma ante una persona con probabilidad de cometer suicidio son: que comunique de forma repetida estas ideas, ya sea de forma directa o indirecta, que planifique el método y lugar, que niegue estas ideas o su plan ante una sospecha, que lo haya intentado previamente , más si ha sido de forma violenta o que la ayuda en su entorno sea improbable. La presencia de éxito académico, planes de futuro, espiritualidad, buen apoyo y comunicación familiar, y la sensación de pertenencia a un grupo son los principales factores protectores . Autolesiones no suicidas Cuando un adolescente se autolesiona sin una clara intención suicida, lo habitual es que las personas de su entorno se alarmen porque lo identifican con un deseo de muerte. Ellos mismos explican las diferencias, si se les da la oportunidad. Las principales diferencias entre las autolesiones y los gestos suicidas son que las primeras responden a estados emocionales de ira, desesperación o angustia intolerables. Los gestos suicidas, sin embargo, se relacionan con ideas crónicas de desesperanza. Los métodos empleados son menos graves y generalmente no peligrosos para la vida, son típicos los cortes superficiales (horizontales en el antebrazo), morderse, quemarse o ingerir fármacos u otras sustancias peligrosas en dosis insuficientes para causar la muerte. Ellos suelen ser conscientes de que su comportamiento puede causar lesiones graves, pero no suponen una amenaza para la vida. Las autolesiones suelen ser comportamientos muy repetitivos, incluso se les cataloga como adictivos. Su intención no es “llamar la atención”, sino pedir ayuda, porque la necesitan . La misión de las familias y de los profesionales de la salud es que sustituyan esos comportamientos por otros más adaptativos. En muchos casos las autolesiones buscan aliviar su malestar por otro motivo: por ejemplo, los adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria las realizan para aliviar su culpabilidad por haber comido, haber vomitado o estar causando daño a sus padres. En otros manifiestan sentimientos de vacío existencial y deseo de “sentirse vivos, desentumecerse”: característico de las personas que han sufrido traumas. Otros adolescentes que se autolesionan pueden buscar el reconocimiento social, “que se hable de ellos, aunque sea mal”: por ejemplo, ante una ruptura de pareja, este grupo a menudo lo publica en redes sociales. También pueden esperar escapar de situaciones dolorosas con sus comportamientos, como puede ser buscar que sus padres estén juntos tras una separación. Merecen mención aparte las conductas de riesgo en las que se involucran algunos jóvenes, tales como conducción temeraria, saltar desde lugares peligrosos (grandes alturas, vías de tren o metro), consumos de drogas con fin de experimentación en dosis o modos inusuales, etc. Estas actividades, que generalmente realizan como diversión buscando el placer que genera el riesgo, pueden esconder intenciones suicidas encubiertas . Recomendaciones y prevención Desde la perspectiva de los familiares , cuando exista una sospecha, aunque sea indirecta o incluso parezca remota, de que un adolescente pueda estar pensando en el suicidio, se debe tratar de dialogar con él, sin discutir, sin criticarle y tratando de averiguar “sus” motivos, con empatía y transmitiéndole una sensación de ayuda incondicional. Preguntar por las ideas de suicidio no aumenta el riesgo, sino que lo reduce. Es importante contar con la opinión y colaboración de los profesionales del ámbito educativo, como el tutor u orientador escolar y, según la gravedad de lo relatado, acudir a un profesional de la salud, inicialmente su pediatra o médico de atención primaria o a un psiquiatra o psicólogo con formación y experiencia con adolescentes. Por otra parte, hay otras medidas de prevención que se deben ejercer desde diferentes entidades sociales. La restricción del acceso a los medios de suicidio, como sustancias tóxicas o armas de fuego, es una responsabilidad compartida entre varios: familia, gobiernos, colegios, etc. La facilitación de la identificación y tratamiento adecuado de las personas que padecen trastornos mentales y por consumo de sustancias se debe conseguir mediante una mejora del acceso a los servicios de salud mental y la asistencia social. Por último, los medios de comunicación deben realizar una cobertura responsable de las noticias sobre suicidios en los medios, exenta de glamour , sin transmitir que el suicidio es una opción, sino que responde a una situación de enfermedad mental en la mayoría de los casos. Además, se debe evitar el posible "efecto dominó” que pueden tener los suicidios, más cuando son de personajes públicos.

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