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Enfermedades

Piojos

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Escrito por Mª Paz González Rodríguez

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Raro es el niño que se libra de esos molestos inquilinos del pelo que son los piojos

Los piojos son unos insectos que viven en el pelo de las personas. Se alimentan de la sangre que chupan al picar. Son muy frecuentes en la edad escolar.

¿Cómo se transmiten?

Se transmiten de unas personas a otras por contacto directo. Al rozarse o tocarse las cabezas, el piojo pasa de un pelo a otro con gran facilidad. También se puede trasmitir por el intercambio de peines u otros accesorios.

Una vez en el pelo, el piojo crece de forma rápida, colocando sus huevos cerca del cuero cabelludo. Cada piojo hembra pone de 6 a 10 liendres (que son los huevos del piojo) al día. A los 8-10 días sale del huevo un piojo que enseguida empieza a picar. A las dos semanas, este piojo se ha convertido en adulto y comienza a multiplicarse. Su capacidad de multiplicación y la facilidad que tiene para pasar de una persona a otra es lo que explica la gran capacidad de difusión del piojo.

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas que produce son picor y rascado. Ante esto, hay que revisar la cabeza, especialmente detrás de las orejas y cerca de la nuca, buscando el piojo o las liendres. Éstas son unas motas blancas muy pegadas al pelo. A simple vista se pueden confundir con la caspa, pero ésta se despega fácilmente del pelo y la liendre no, porque se pega con mucha fuerza y es necesario tirar de ellas. Las liendres muertas se despegan mejor.

¿Cómo se tratan?

Se pueden utilizar preparados que llevan antiparasitarios para piojos. Los medicamentos más utilizados son los derivados de los piretroides, sobre todo la permetrina al 1% en crema o loción. Se puede utilizar desde los 3 meses de vida, aunque en menores de 2 años, especialmente en menores de 6 meses, es mejor retirar las liendres y los piojos con la mano.

Los pasos del tratamiento son los siguientes:

  • Sobre el pelo seco se aplica la loción antiparasitaria.
  • Se deja en el pelo durante 10 minutos y luego se aclara con agua templada. Conviene leer previamente las instrucciones del preparado. Evite el contacto de estos productos con ojos, nariz y boca.
  • A continuación, con el pelo mojado, se retiran los piojos y las liendres con la mano (es el método más eficaz) o con unos peines de púas juntas (lendreras).
  • Tras esta primera aplicación, conviene revisar diariamente la cabeza durante dos semanas y, si se encuentra alguna liendre o piojo, se retiran con la mano.
  • Para ayudar a despegar las liendres se puede utilizar agua y vinagre (una parte de agua y una de vinagre) aplicándolo con una toalla empapada, después del antiparasitario, durante 30-60 minutos.

¿Y si no se le quitan los piojos?

Si a pesar del tratamiento repetido sigue habiendo infestación, se puede utilizar la permetrina al 1% durante 30-60 minutos, incluso toda la noche (con un gorro de ducha).

En el caso de que no consigan eliminarse, hay otros productos como medicamentos orales (cotrimoxazol, ivermectina) o locales como champú de dimeticona al 4%. En estos casos es preferible consultar con un profesional que le asesore.

Existen tratamientos en diferentes regiones basados en plantas, como el aceite de árbol del té, coco y diversas plantas aromáticas. Su eficacia y toxicidad dependerán de los preparados que se utilicen.

¿Se pueden prevenir?

Los piojos aparecen en cualquier ambiente y no se relacionan con tener peor higiene.

Por ello, basta con mantener unos hábitos de aseo adecuados. Si el niño comienza con molestias en la cabeza, buscar si la causa son los piojos y, si los tiene, tratarlos.

No hay que utilizar tratamientos preventivos a base de lociones o colonias para parásitos si el niño no está infectado. Sólo se utilizará el tratamiento si se descubre que tiene piojos.

No se debe prohibir a los niños que vayan al colegio y el niño infectado puede volver al colegio tras el tratamiento.

Piojos en otras partes del cuerpo: piojos en las pestañas

La parasitación de las pestañas se produce por el piojo del pubis (ladillas), no por el de la cabeza. Se trata aplicando vaselina en pomada, 3-4 veces al día, durante 8-10 días y eliminándolos manualmente. La familia deberá recibir tratamiento para eliminar el piojo causante.

¿Dónde puedo encontrar más información?

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Familia y Salud

Referencias bibliográficas

  1. Gairí Tahull JM, Molina Morales V, Moraga Llop FA, Viñallonga Sardá X, Baselga Torres E. Pediculosis de la cabeza. Disponible en: http://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/pediculosis.pdf
  2. Herranz Jordán B, Abad Irazusta E. Pediculosis de la cabeza. Rev Pediatr Aten Primaria. 2008; 10:267-86. Disponible en: http://www.pap.es/files/1116-837-pdf/950.pdf

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Problemas en los párpados: orzuelos, chalazión y blefaritis

En los bordes de los párpados existen muchas glándulas sebáceas que producen una sustancia que, junto con las lágrimas, lubrican el ojo. Los problemas de los párpados más frecuentes en los niños son el orzuelo, el chalazión y la blefaritis. Orzuelo Es la infección de las glándulas sebáceas de los párpados producida, generalmente, por una bacteria llamada estafilococo. Rápidamente, aparece un bulto, algo enrojecido y doloroso. Puede localizarse en el borde interno del párpado, con la punta hacia dentro (orzuelo interno) o en el borde externo y con la cabeza hacia fuera (orzuelo externo). El diagnóstico es clínico (sin necesidad de pruebas complementarias) ya que se ve claramente. La mayoría de los orzuelos curan espontáneamente sin tratamiento. La aplicación de compresas calientes varias veces al día puede ayudar a desobstruir la glándula; hay que asegurarse de que no estén muy calientes para evitar quemaduras. Si no mejora, hay que consultar al médico quien valorará si es necesario aplicar una pomada con antibiótico o hacer una pequeña incisión para que salga el contenido de la glándula. Chalazión Es una inflamación más duradera de las glándulas sebáceas del borde interno del párpado. En el párpado superior o inferior, aparece un bulto duro, que no duele. Suele ser mas crónica, no tan aguda como el orzuelo interno que sí está inflamado y duele. El diagnóstico es clínico, pues se ve y se toca. El tratamiento no suele ser necesario ya que tienden a desaparecer espontáneamente. Solo si alteran la visión o si plantean problemas estéticos importantes, habría que derivarlos al oftalmólogo para extirparlos. Blefaritis Se produce inflamación de todo el borde palpebral, que puede estar rojo, con escamas secas y pegadas o con costras difíciles de despegar. Puede producir picor e irritación de los ojos. Suele afectar a los dos ojos, de forma persistente o intermitente. El diagnóstico es clínico y puede manifestarse de varias maneras: Blefaritis producida por una bacteria llamada estafilococo, con úlceras o heridas en el borde del párpado, con costras y pérdida de pestañas, conjuntivitis e incluso a veces molestias mayores por acompañarse de una queratitis. Blefaritis seborreica, sin las lesiones de la anterior, pero con escamas pegadas, en ocasiones se acompaña de seborrea en el cuero cabelludo. Algunas veces existen casos mixtos. Menos veces la blefaritis puede ser producida por alergia o por infecciones por virus. El tratamiento en las dos formas consiste en limpiar el borde del párpado con un bastoncillo de algodón húmedo para retirar las escamas o las costras. La blefaritis estafilocócica se trata con la aplicación de un antibiótico sobre el borde de los párpados. La pediculosis palpebral es una forma de blefaritis debida a la presencia de piojos o liendres en el borde del párpado y las pestañas. Se eliminan con una pomada de vaselina oftálmica, y retirando las liendres. El pediatra debe valorar la posibilidad de que se trate de una enfermedad de transmisión sexual. ¿Cómo se pueden prevenir? Hay niños que tienen tendencia a padecer orzuelos y blefaritis. Algunas medidas sencillas pueden ayudar a evitar que esto ocurra: Limpiarse los párpados todos los días con un jabón especial para los ojos. Lavarse las manos con frecuencia. Evitar tocarse los ojos con las manos sucias.

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Cómo explicar una tragedia a nuestros hijos

Cuando tenemos que explicar una tragedia a un niño o una niña, no existe una frase perfecta. Lo importante es cómo lo hacemos: con calma, con verdad y con un acompañamiento que se adapte a su edad. Su cerebro y su mundo emocional aún están en construcción, y por eso el impacto del trauma y del duelo puede vivirse de formas muy distintas según la etapa de desarrollo. Un enfoque compasivo, honesto y sostenido en el tiempo , junto a una buena red de apoyo (familia, escuela y profesionales cuando haga falta), puede ayudar a los niños y a sus familias a atravesar este proceso tan difícil. Pautas para hablar con tu hijo/a sobre una tragedia Inicia la conversación No esperes a que pregunte. Si notas que el tema está presente (por comentarios, juegos, silencios o preocupaciones), abre la puerta con una frase sencilla: *“He pensado que quizá has oído algo… ¿quieres que lo hablemos?”*. Habla claro y con honestidad Usa un lenguaje simple y directo, adaptado a su edad. Evita eufemismos como *“se fue”* o *“se durmió”*, porque pueden confundir o generar miedos innecesarios. Mejor: *“Ha muerto”* o *“Ha ocurrido un accidente”*, con palabras suaves pero reales. Valida sus emociones Pueden sentir tristeza, miedo, enfado… o incluso parecer “como si nada”. Todo puede ser normal. Ayúdales a poner nombre a lo que sienten: *“Es lógico que estés asustado”* o *“Entiendo que estés enfadada”*. Aporta seguridad Su gran preocupación suele ser: *“¿me puede pasar a mí?, ¿te puede pasar a ti?”*. Ofrece calma y protección: *“Estoy aquí contigo”*, *“Ahora estás a salvo”* y, si es posible, explica qué hacen los adultos para cuidarlos. Limita la exposición a noticias y redes Ver imágenes repetidas o escuchar detalles una y otra vez puede aumentar la ansiedad, incluso aunque el niño no parezca afectado. Es preferible informarse con ellos lo justo y acompañados. Mantén las rutinas Comer, dormir, ir al colegio, jugar… La normalidad y la previsibilidad sostienen. En momentos difíciles, las rutinas son una forma de “seguridad emocional”. Permanece disponible Estas conversaciones no ocurren una sola vez. Pueden volver días después con nuevas preguntas. Recuérdales: “Podemos hablar cuando lo necesites”. Un punto clave: cómo estás tú también importa Los niños miran a los adultos para entender si el mundo es seguro. Tu manera de gestionar el estrés y la tristeza influye directamente en cómo lo viven ellos . No significa “no llorar”, sino mostrar que las emociones se pueden sentir y sostener: “ Estoy triste, pero estoy contigo” . ¿Cuándo pedir ayuda profesional? Si el malestar es muy intenso o se mantiene en el tiempo (pesadillas frecuentes, miedo constante, irritabilidad extrema, retrocesos marcados, aislamiento, cambios importantes en el sueño o la alimentación), consultar con un profesional es un paso importante y valiente . Acompañar a tiempo puede marcar una gran diferencia.

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Escuelas infantiles o guarderías

Hoy en día muchos niños van a la guardería. Esto supone una exposición a numerosas infecciones, fundamentalmente víricas y benignas ¿Por qué ahora van muchos niños a la guardería? La incorporación de la mujer al mundo laboral, junto con el cada vez más frecuente alejamiento entre los miembros de las familias (no disponibilidad de familiares que hagan de cuidadores), han traído como consecuencia un importante aumento en el número de niños que acuden a guardería durante los primeros años de vida. ¿Qué pasará si llevo a mi hijo a la guardería? Además de los posibles beneficios de esta nueva situación para el más mayorcito (socialización, adaptación a normas, aprender a compartir, etc.), hay una consecuencia fundamental desde el punto de vista de la salud, que es la exposición más temprana e intensa a los agentes infecciosos y que, casi inevitablemente, se traduce en repetidos episodios de resfriados, gastroenteritis, infecciones de la piel, conjuntivitis, etc., muchos de ellos con fiebre. ¿Por qué están siempre enfermos cuando van a la guardería? Estas infecciones, sobre todo las causadas por virus, se producen por la simple exposición a otros niños o adultos enfermos, de manera que, cuantos más haya juntos, mayor será la posibilidad de que alguno tenga una infección y más fácil será su contagio a los otros. Además, la prevención suele ser difícil, especialmente en el caso de las enfermedades de las vías respiratorias, pues gran parte de ellas ya se están transmitiendo a los demás antes de producir los primeros síntomas y por tanto de ser identificadas (por ejemplo, la varicela, el sarampión, la gripe, etc.). No obstante, esta situación puede considerarse como una etapa más o menos inevitable que habrá que pasar y que un niño normal superará sin grandes problemas. ¿Los padres de niños que van a guardería se acatarran más? Llevar a un hijo a la guardería también suele significar mayor número de infecciones para sus padres y los propios cuidadores que trabajan en la guardería, pues se convierten en otra pieza vulnerable más en la cadena de transmisión de las enfermedades de su hijo. De ahí que se insista en el lavado de manos frecuente y especialmente en dos situaciones cotidianas: Antes de preparar los alimentos del niño. Después de cambiarle los pañales. ¿Cómo se transmiten las infecciones en la guardería? Las vías de transmisión son 3 fundamentalmente: La fecal-oral, cuando el microbio se elimina por las heces y lo ingerimos, como es el caso de las gastroenteritis víricas y bacterianas, y los parásitos intestinales. La respiratoria, cuando por tos o estornudos se disemina el microorganismo y lo respiramos o por contacto con saliva o mocos del enfermo, como pasa en resfriados, la gripe y en la mayor parte de las infecciones clásicas de la infancia. La de contacto con la piel u objetos que hacen de intermediarios en la transmisión de infecciones de la piel, infestación por piojos, etc. ¿Qué se puede hacer para prevenirlas? La prevención de las infecciones se basa en tres pilares fundamentales: Vacunación correcta de los niños y los adultos cuidadores. Evitar la transmisión. Como ya se comentó, el lavado de manos es el factor más importante en la reducción de la transmisión de enfermedades en las escuelas infantiles. En estos centros deberán existir instalaciones adecuadas y rutinas o procedimientos claros sobre cómo y dónde se cambia a los niños e igualmente en relación a la preparación de sus alimentos. Los juguetes de uso común deben lavarse a menudo y los paños de cocina y toallas a diario. En ciertos casos deberán excluirse temporalmente (o separarse a otra habitación, según los casos) a los niños y adultos enfermos cuando esté probado que este tipo de medida reduzca la aparición de casos secundarios. Vigilancia y declaración inmediata de las enfermedades transmisibles susceptibles de aplicación de medidas preventivas (antibióticos, vacunas, etc.) a los contactos y también de cualquier otra que las autoridades sanitarias estimen conveniente para la evitación de casos secundarios. ¿Se necesitan vacunaciones suplementarias? El cumplimiento del calendario vacunal oficial vigente garantiza una protección adecuada contra las enfermedades incluidas, no siendo necesario administrar dosis de refuerzo suplementarias por el hecho de acudir a guardería. Ver calendario de vacunaciones recomendado por la AEP ¿Los cuidadores de la guardería necesitan vacunarse de algo? Desde el punto de vista de la protección de los adultos cuidadores, es recomendable que se vacunen anualmente contra la gripe y, en el caso de no estar inmunizados de forma natural contra la hepatitis A, también deberían recibir esta vacuna. La vacunación de los cuidadores frente a la tosferina, con la vacuna combinada Tdpa en dosis única, es otra opción para evitar el contagio a los más pequeños, en los que puede ser una enfermedad muy grave. ¿Debo llevar el niño a la guardería estando enfermo? Si la pregunta fuera: ¿debe ser cuidado un niño enfermo en casa o en la guardería?, la respuesta nos parecería obvia; sin embargo, no siempre es necesario interrumpir su asistencia a la escuela infantil. No debe llevarse al niño a la guardería en las siguientes circunstancias: Cuando lo aconseje el sentido común En los casos en que el niño precise un tipo de cuidados que no puedan ofrecerse en la guardería o quede incapacitado para participar aceptablemente en las actividades normales del centro Si tiene síntomas de afectación de su estado general, como fiebre, dificultad respiratoria, irritabilidad, etc. o bien síntomas poco definidos y potencialmente peligrosos, como por ejemplo, vómitos sin una causa que lo explique. Cuando tenga diarrea con sangre y moco, conjuntivitis purulenta, impétigo (infección de la piel), sarna, varicela, tosferina, sarampión, paperas, tuberculosis o hepatitis A, y en otras circunstancias que el pediatra o su buen juicio le sugieran esta precaución. En cualquier caso, el periodo de exclusión dependerá de la enfermedad en concreto y del momento en el que se inicie el tratamiento, si lo hubiera ¿Dónde puedo encontrar más información? Cuando dejar a su hijo en casa en lugar de llevarlo a la guarderia si se siente enfermo Exclusión de los niños de guarderías. Familia y Salud

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Vacuna del sarampión

¿Qué es el sarampión? Es una enfermedad vírica muy contagiosa y a veces grave, que produce fiebre alta con una erupción por todo el cuerpo, tos irritativa y conjuntivitis (ojos rojos). También se ven puntos con un halo rojizo en la mucosa de la boca que solo aparecen en esta enfermedad y se denominan manchas de Koplik. En ocasiones se complica con otitis, neumonía o afectación grave del cerebro (encefalitis). En los últimos años, aunque se buscaba su erradicación, están aumentando los casos en Europa debido a que hay niños sin vacunar y a que es muy contagiosa. El sarampión es todavía una causa importante de muerte infantil en África y Asia y se está extendiendo por la región europea de la OMS. ¿Qué vacunas hay contra esta enfermedad? En Europa, la vacuna del sarampión se administra formando parte de la vacuna conocida como triple vírica (SRP), que va asociada a los componentes de las paperas (parotiditis) y la rubeola, o bien como tetravírica (SRPV), junto con el componente de la varicela. La triple vírica y la tetravírica son vacunas de virus vivos debilitados (atenuados) en el laboratorio, de forma que no provocan enfermedad, pero sí una respuesta defensiva en quien la recibe y además de larga duración (memoria inmunológica). ¿Quién se debe vacunar? La recomendación de la vacunación es universal, con 2 dosis de triple vírica separadas entre sí, al menos, un mes. La primera dosis debe administrarse una vez cumplidos los 12 meses de edad; si se recibe antes de los 11 meses por las circunstancias que sean (como cuando se viaja a un país que tenga sarampión), no se contabiliza. Los adultos mayores pueden estar inmunizados de forma natural por haber pasado la enfermedad. ¿La Asociación Española de Pediatría (AEP) aconseja vacunar del sarampión? La AEP recomienda la vacunación de todos los niños con 2 dosis de vacuna triple vírica (la segunda preferiblemente de tetravírica), que incluye entre sus componentes el del sarampión. La propuesta de la AEP es iniciar la vacunación a los 12 meses de edad y administrar la 2.ª dosis cuando se cumplan los 2 años para protegerlos cuanto antes. Las comunidades autónomas esta segunda dosis la aplican a los 3 o 4 años. La segunda dosis podría administrarse como vacuna tetravírica, si precisa protegerse también de la varicela. Actualmente se está implantando la utilización de la vacuna tetravírica o SRPV (sarampión, rubeola, parotiditis y varicela) como segunda dosis, 12 CC. AA. ya lo hacen. ¿Cómo se administra la vacuna? Se inyecta por vía subcutánea en el muslo o el brazo, según la edad. Puede administrarse el mismo día que se reciben otras vacunas diferentes o bien con cualquier intervalo con ellas. La única excepción es la vacuna de la varicela y también la de la fiebre amarilla (para viajes internacionales) que, si no se ponen simultáneamente con la triple vírica, debe espaciarse un mes. ¿Cuáles son las reacciones adversas de la vacunación? Los efectos adversos son poco frecuentes y leves. Al estar incluida en la vacuna combinada triple vírica deben ser tenidas también en cuenta otras reacciones secundarias debidas a los otros componentes. Puede haber fiebre moderada con o sin sarpullido, entre 5 y 15 días después de la vacunación. También, aunque raramente, se han encontrado casos de alteración transitoria de la coagulación (descenso de las plaquetas) o hinchazón de una articulación. Aunque puede emplearse desde los 12 meses de edad, habitualmente se recomienda utilizar la tetravírica (SRPV) en niños de más de 2 años de edad, por su asociación a crisis febriles en pacientes predispuestos, por lo que se recomienda particularmente para la segunda dosis (3-4 años), evitando así un pinchazo. Está claramente demostrado que no hay ninguna relación entre la vacunación con triple vírica y el autismo infantil. ¿Cuándo está contraindicada la vacuna? La vacuna triple vírica estará contraindicada si se ha tenido una reacción alérgica grave con una dosis anterior o con algún componente de la vacuna (como la gelatina o los antibióticos que a veces contiene para evitar su contaminación). Al ser una vacuna viva, también se debe evitar recibirla en el embarazo y se consultará con el médico si se tienen las defensas disminuidas por alguna enfermedad o si se recibe un tratamiento de fondo que las pueda debilitar (corticoides orales, etc.). Por otra parte, si se hubieran administrado al niño derivados sanguíneos como sangre, plasma o inmunoglobulinas también se debe consultar, por si fuera preciso retrasar la vacunación. La vacuna triple vírica y la tetravírica no están contraindicadas en los alérgicos al huevo, incluso aunque hubieran tenido una reacción anafiláctica al mismo, y no es en absoluto necesario haber ingerido huevo con anterioridad a la administración de la vacuna, como medida de seguridad. [Artículo compartido con el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría ]

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Anemia por falta de hierro

La anemia por falta de hierro es más frecuente en los niños pequeños, debido al rápido crecimiento y a que comen pocos alimentos con hierro ¿Qué es la anemia? Hablamos de anemia cuando los glóbulos rojos (también llamados hematíes) contienen menos cantidad de hemoglobina de lo normal. La hemoglobina es un componente imprescindible para el transporte de oxígeno por todo el organismo y para su fabricación es necesario que existan suficientes depósitos de hierro. La falta de hierro (ferropenia) es una de las carencias nutricionales más frecuentes en el mundo y es la causa más común de la anemia. En algunos casos puede existir anemia por déficit de hierro o anemia ferropénica, aunque los aportes de hierro en la dieta sean los adecuados: Por problemas de mala absorción intestinal. Por sangrado repetido: menstruaciones muy abundantes, sangrados nasales muy frecuentes, pérdidas sanguíneas digestivas, etc. En momentos de crecimiento rápido, como ocurre en la infancia y la adolescencia. Es importante tener en cuenta que la cifra de hemoglobina que consideramos normal en un análisis varía en función de la edad, también es diferente según se trate de un chico o de una chica. ¿Cuáles son los síntomas de la anemia? En la mayoría de los niños, la anemia es leve, por lo que es muy frecuente que no tengan síntomas. Puede aparecer palidez, fatiga, irritabilidad, falta de apetito o apetencia por productos que no son alimentos (como la tierra), retraso del desarrollo o del aprendizaje y aumento de la frecuencia cardiaca. ¿Cómo se diagnostica la anemia ferropénica? Si un niño tiene los síntomas anteriores se debe consultar con el pediatra. El profesional valorará si es necesario realizar un análisis de sangre para determinar la cifra de hemoglobina, las características de los hematíes y el estado de los depósitos de hierro. ¿Y cómo se puede prevenir? Una alimentación equilibrada proporciona al niño las cantidades de hierro que precisa. Los alimentos que contienen más hierro son las carnes, algunos moluscos, los vegetales y las legumbres. Tabla de contenido aproximado de hierro en los alimentos por 100 gr ( sacado de [Fundación Española de la Nutrición)](https://www.fen.org.es/storage/app/media/imgPublicaciones/2018/libro-la-alimentacion-espanola.pdf) | Alimentos, cantidades | Hierro (mg) | | --- | --- | | Almejas, berberechos y similares | 24 | | Cereales de desayuno fortificados | 8 | | Ostras | 6,5 | | Pistacho | 7,2 | | Calabaza, calabacín | 0,4 | | Alubias blancas | 6,7 | | Lentejas | 7,1 | | Espinacas frescas | 4 | | Carne ternera | 2,1 | | Sardinas en aceite | 3,2 | | Garbanzos | 6,7 | | Guisantes | 1,5 | | Carne de pato | 2 | | Carne de cordero | 1,7 | | Aguacate | 0,7 | | Gambas | 1,9 | | Carne de caballo | 7 | Es fundamental que intente seguir algunas recomendaciones dietéticas, para garantizar que la alimentación del niño contenga suficientes aportes de hierro. Se recomienda tomar carne roja (ternera, cordero, cerdo...) 2-3 veces a la semana. Algunos moluscos (como almejas y berberechos) también son muy ricos en hierro. Las vísceras (como el hígado) son muy ricas en hierro, pero no son apropiadas por su importante contenido en grasa. Aunque la leche de vaca es un buen alimento, no es recomendable abusar de los lácteos , ya que dificultan la absorción del hierro. El hierro que tienen los alimentos de origen vegetal, como los cereales y las legumbres, se absorbe peor (las lentejas, tienen excesiva fama de riqueza en hierro), pero deben estar presentes en la alimentación y formar parte de una dieta equilibrada. ¿Cómo se trata? El tratamiento consiste en suplementos con hierro en forma de gotas, ampollas bebibles o comprimidos. Es importante tomar el hierro medicinal preferiblemente en ayunas, con agua o zumo natural de naranja, no con leche. Un buen momento sería al levantarse, media hora antes del desayuno pero, si habitualmente se desayuna leche, también se puede tomar antes de la merienda. El tratamiento con hierro provoca a veces molestias digestivas, tales como dolor abdominal o náuseas. En estos casos, los síntomas pueden mejorar tomando el hierro con la comida y no en ayunas. Es normal que cambien el color y la consistencia de las heces cuando se está tomando hierro. El pediatra valorará la conveniencia de realizar controles analíticos para valorar la respuesta al tratamiento. Además del tratamiento médico, es fundamental garantizar un correcto aporte de hierro en la dieta habitual, para que el niño no vuelva a presentar anemia en un futuro. ¿Dónde puedo encontrar más información? Alimentos ricos en hierro. Clinica Universitaria de Navarra Anemia por falta de hierro en la infancia y adolescencia. Familia y Salud

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Queremos comunicarnos con nuestros hijos y sentirnos bien

Todos los humanos y, en especial, los niños y adolescentes, necesitan ser escuchados. Algunas ideas para mejorar la comunicacion con ellos A las familias les interesa comunicarse En la familia nace y crece el mundo de la afectividad. Para ello son necesarios tiempo y comunicación. A través de ella transmitimos y recibimos mensajes que consideramos relevantes y valores que nos parecen importantes. La comunicación es una habilidad imprescindible para relacionarnos. La buena comunicación ayuda a educar, crecer, conocerse, respetarse y quererse. ¿Por qué se dificulta la comunicación? Porque los cambios generacionales incluyen cambios de valores que pueden producir desencuentros. Falta de tiempo (o interés) para hablar. La enorme cantidad de estímulos a los que estamos expuestos (teléfonos, televisión, ordenadores, videojuegos, etc.) que restan tiempo de intercambio. El trabajo fuera y dentro de casa. La falta de habilidades. La disociación entre lo que decimos y cómo actuamos. Los conflictos. Algunas habilidades comunicativas La forma de comunicarnos va a ser diferente según la edad de los niños, pero a todas las edades es importante saber que: La fundamental amenaza a la comunicación es la falta de tiempo o el hacerlo en momentos poco adecuados (cansancio, enfado, estrés, prisa, etc.). Hay que tener mucha capacidad de escucha; los chavales deben sentir que lo que tienen que decirnos es importante y nos interesa. El clima debe ser de aceptación, respeto, genuino interés y empatía. Hay que crear espacios adecuados para relacionarnos con tiempo suficiente. Es un hábito y hay que crearlo desde el principio. Cuando nos comunicamos adecuadamente nos sentimos bien. Pero en los procesos comunicativos puede haber desencuentros. Cómo comunicarnos cuando hay conflicto: Colocarnos en ánimo de serenidad, con la mente centrada y actitud de escucha empática. Favorecer espacios para la reflexión, respetando turnos, evitando el insulto o la imposición de normas sin dar razones (sobre todo a partir de los 5-6 años). Debe de haber coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Lo que sentimos y lo que decimos tiene también que ser coherente. Si estamos enfadados el niño tiene que saberlo. Es importante expresar nuestros sentimientos de forma adecuada y también los motivos o conductas que los producen. Entonces los niños pueden darse cuenta de lo que sucede y asociar su conducta con nuestros sentimientos. La mayor parte de lo que decimos es no verbal. Esto significa que los gestos, la mirada, el tono o la intensidad de la voz van a precisar en mayor medida lo que estamos diciendo. Algunos consejos de la psicología cognitiva y la fenomenología La realidad no existe de forma objetiva. Esto significa que el ser humano percibe la realidad e inmediatamente la valora, tiñéndola con las gafas con las que está constituido. El mismo hecho puede ser interpretado y valorado de forma muy diferente según quien lo perciba. Si, por ejemplo, nuestro hijo quiere hacerse un piercing, puede parecernos espantoso y hasta peligroso, pero para él o ella puede resultar atractivo. Los seres humanos tenemos unos mecanismos de pensamiento “automático”, creados para ahorrar tiempo y energía mental, pero que a veces dificultan o destruyen la comunicación. Algunos son: Filtraje: De una situación o experiencia se repara sólo en los detalles negativos y se magnifican, no teniendo en consideración los positivos. Generalización: De un hecho o una acción, inferir que eso será siempre así. Pensamiento polarizado: Las cosas son buenas o malas, blancas o negras. Hay que ser perfecto en todo. Si no, eres un fracasado. Personalización: Cuando los demás son responsables de lo malo que me ocurre a mí o de mi sufrimiento. También cuando me asumo como responsable de todos los problemas y desgracias ajenas. Culpabilidad: Hacer sentir inadecuado o malo al interlocutor. Falacia de cambio: Suponer que una persona cambiará de conducta para adaptarse a nosotros si se la presiona lo suficiente. El resultado habitualmente es que el otro se siente atacado o cohibido y no cambia en absoluto. La mayor parte de los problemas de comunicación ocurren porque pensamos que nuestros valores o nuestra forma de ver la realidad son los mejores y que los demás están equivocados si no coinciden con nosotros. Aun en las mejores condiciones, nunca llegará al receptor (el que recibe la comunicación) exactamente lo que quiere decir el transmisor (el que emite el comunicado). Por ello, ante un conflicto, hay que decir sólo lo necesario, decir la verdad y ser claro. Es importante que estemos en un estado de ánimo tranquilo. Cuando estamos furiosos tendemos a insultar, más que a describir conductas. Las palabras se convierten en armas arrojadizas (insultos, palabrotas) que hacen daño, faltan al respeto y menoscaban la autoestima. Como un padre comentaba en la consulta: > Frecuentemente pierdo los papeles y hago mucho daño. Luego me arrepiento y pido perdón… pero las palabras son como clavos en la madera. Aunque te disculpes, el agujero queda. > Justo lo que nadie quería.

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Cómo ayudar a los hijos en la separación. La separación amigable

El objetivo de la separación amigable es lograr que el sufrimiento emocional sea el mínimo posible ¿Son frecuentes las separaciones/ divorcios en nuestro país? Según el Instituto Nacional de Estadística durante el año 2021 se produjeron más de 86 000 divorcios en España, un 12,5 % más que el año anterior. La custodia compartida fue otorgada en un 43 % de los casos de parejas con hijos. ¿Qué consecuencias pueden producir en la familia? La separación y/o divorcio, y los conflictos previos, son una fuente de estrés emocional que puede acarrear una desregulación en los miembros de la familia y las repercusiones que tendrán sobre la vida de los niños podrán ser de tipo psicoemocional, académica, social y económica. ¿Se puede disminuir el sufrimiento emocional causado por la separación? Si todo el proceso de separación/ divorcio se aborda de forma amigable, se puede disminuir dicha desregulación, permitiendo un buen ajuste a la nueva situación familiar. ¿Cómo ayudar a los hijos en la separación? Hay una serie de cuestiones importantes que tanto padres, familiares y profesionales pueden realizar para ayudar a los hijos: Ayudarles a reconocer que la ruptura de los padres es algo real, de lo que no son responsables, pero ya forma parte de su vida, y que en la mayoría de los casos es algo permanente, Aceptar la ausencia de uno de los progenitores, si es el caso, y renunciar a la idea de una familia unida y feliz, haciendo hincapié en que ambos seguirán siendo sus padres proporcionándoles cuidados y protección, y que no tienen que elegir entre uno de ellos ya que, por lo general, ambos estarán presentes. Superar los sentimientos de culpa, resentimiento y reproche hacia uno o ambos padres. Hacerles saber que son normales esos sentimientos y que estarán a su lado para ayudarles a superarlo. Ayudarles a aceptar los cambios debido a la ruptura familiar, como cambiar de casa, barrio o incluso población, y a tener expectativas realistas de que lograrán nuevas relaciones interpersonales que compensarán las pérdidas sufridas. Compartir con ellos que los padres se amaban cuando fueron gestados y que ellos son producto de ese amor; y aunque los padres ya no se aman, siempre ellos serán amados por sus padres. No implicar a los hijos en los conflictos existentes entre ambos padres, pues no deben actuar de intermediarios en los problemas que puedan tener. ¿Qué deben tener en cuenta los progenitores? Desde el Comité de Promoción de la salud de la Asociación Española de Pediatría han realizado un manual de ayuda para la separación amigable y en él aparece un decálogo que puede ser da gran ayuda: Hay que tener presente que los hijos/as no son propiedad de nadie. Los niños/as son personas y las personas no tienen dueño. Los padres son responsables de cuidarlos y procurar su bienestar físico, psicológico y social. No hacer que los hijos/as hagan de mensajeros. Los padres, aunque se lleven mal, tienen la obligación de comunicarse entre ellos por el bien de sus hijos/as. Ambos padres tienen la obligación de hablar con todos aquellos profesionales que conozcan, ayuden o asistan a su hijo/a (profesores, médico, psicólogo, etc.). Es importante que el hijo/a vea que ambos padres se preocupan por su bienestar. Los hijos no deben ser utilizados como instrumento para hacer daño a otras personas. El niño/a no se merece convertirse en arma de guerra de nadie ni contra nadie. Los hijos necesitan que alguien los escuche, necesitan comprobar que sus sentimientos importan. Pocas cosas serán tan importantes como esta. A los niños/as les duele cuando se habla mal de sus padres. ¡Imagínate lo mucho que duele cuando lo hace la otra persona más importante de su vida! En una separación/divorcio, los hijos son los más vulnerables. Ellos/as son los protagonistas inesperados. Evita tomar decisiones inmaduras, absurdas y/o ridículas por razones de orgullo. Muestra interés por tu hijo/a preguntándole si se lo ha pasado bien con tu ex. No olvides que el otro es el padre/madre de tu hijo/a. Controla las emociones negativas que guardas hacia tu ex y no hagas que tu hijo/a participe de tu rencor. El título “papá” y “mamá” lo ponen los niños/as. Haz méritos para ello, debes estar bien presente en la vida de tu hijo/a y no te enojes si utiliza estos términos con la nueva pareja de tu ex. Una separación/divorcio es un evento muy estresante por lo que los padres pueden necesitar ayuda, tanto o más que los hijos/as. No hay que dudar a la hora de buscar ayuda de un profesional.

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Cerebro infantil y pantallas

Las pantallas en el cerebro de niños y adolescentes La tecnología forma parte de nuestra vida cotidiana y también de la de nuestros hijos. Pero el cerebro infantil y adolescente está en plena construcción, y lo que hacemos hoy influye profundamente en su desarrollo mañana. Desarrollo cerebral y pantallas El desarrollo cerebral depende de factores no modificables, como la genética, y de otros que sí podemos cuidar, como los estímulos externos. Para que las conexiones entre las distintas áreas del cerebro sean sólidas y equilibradas, la intensidad y variedad de experiencias deben ser acordes al nivel de maduración del niño. Las pantallas ofrecen estímulos muy intensos: luces, sonidos, recompensas inmediatas, notificaciones constantes… Activan circuitos cerebrales relacionados con el placer y la recompensa que son difíciles de igualar con actividades más pausadas, como la lectura, el juego libre o la conversación. Cuando el tiempo frente a pantallas es excesivo, puede alterarse la organización de las conexiones cerebrales, especialmente las relacionadas con la atención, el aprendizaje y la autorregulación. Esto puede traducirse en menor flexibilidad cognitiva y mayor dificultad para mantener el esfuerzo en tareas que no ofrecen gratificación inmediata. La realidad digital en la que viven Nuestros niños y, sobre todo, los adolescentes, han nacido en una era digital. Manejan dispositivos con una sorprendente destreza desde edades muy tempranas. Sin embargo, esa habilidad es principalmente manual: que sepan usar la tecnología no significa que estén preparados para gestionarla emocional y críticamente. Desde pequeños, las pantallas les atraen por sus luces y sonidos. Más adelante, durante la adolescencia, el componente social cobra protagonismo: sienten que la pertenencia al grupo depende del uso de dispositivos y redes sociales. Pueden experimentar miedo a quedarse fuera (FOMO) si no comparten la vida digital de sus iguales. Y aunque estén permanentemente conectados, eso no siempre significa que se sientan acompañados. Riesgos del uso excesivo El tiempo dedicado a pantallas es tiempo que no se dedica a otras experiencias fundamentales para el desarrollo: Juego libre Actividad física y deporte Contacto con la naturaleza Arte y creatividad Conversación y vínculos familiares El uso excesivo se asocia a mayor sedentarismo, sobrepeso y obesidad, en parte por la reducción de actividad física y la exposición constante a publicidad de productos poco saludables. En el ámbito emocional, la exposición temprana y prolongada puede relacionarse con: Alteraciones del sueño Problemas de atención Síntomas de ansiedad y depresión Trastornos del comportamiento Además, sin supervisión adecuada, los menores pueden estar expuestos a retos virales peligrosos, pornografía, contenidos violentos o ideales corporales irreales que favorecen la insatisfacción corporal y, en algunos casos, trastornos de la conducta alimentaria. El acoso escolar ya no termina al salir del aula: puede continuar en el entorno digital, amplificando el daño emocional. ¿Qué podemos hacer las familias? La buena noticia es que podemos actuar. La Asociación Española de Pediatría ha propuesto herramientas como el Plan Digital Familiar , que ayuda a establecer normas claras y adaptadas a cada edad. Además, distintos países están impulsando normativas para limitar el acceso de menores a contenidos inapropiados. Pero más allá de la legislación, el papel fundamental es el de la familia. La tecnología no es el enemigo. Puede ser una herramienta útil para aprender, desarrollar talentos, comunicarse o disfrutar de un ocio de calidad. La clave está en cómo y cuánto se utiliza. Como padres y madres somos referentes. Nuestros hijos aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos. Por eso es esencial: Establecer límites claros y coherentes. Retrasar la entrega de dispositivos personales. Acompañar en el uso digital. Supervisar contenidos. Fomentar alternativas atractivas sin pantallas. Cuidar nuestro propio ejemplo. Nuestros hijos están construyendo su identidad. Su vida es un proyecto en pleno desarrollo, un lienzo abierto. La pregunta no es si habrá pantallas. Las habrá. La pregunta es: ¿quién estará más presente en su crecimiento personal, la familia o los influencers? Lecturas recomendadas Cerebro y pantallas , de María Couso El libro definitivo sobre redes sociales , de Laura Davara Cuentos para trabajar el tema en familia Desconectados , de Míriam Tirado El móvil que todo lo sabía , de Laura Davara Redes , de Eloy Moreno Educar en el mundo digital no es prohibir, es acompañar. No es vigilar con miedo, es guiar con amor y criterio. Y nunca olvidemos algo esencial: ningún dispositivo puede sustituir la mirada, la escucha y el tiempo compartido en familia.

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Técnicas de comunicación asertiva, no violenta y yoica

La comunicación yoica Los padres quieren mejorar la socialización de sus hijos, no faltar al respeto ni humillar. Aprender a hacerlo comunicando mejor influirá en las pautas comunicacionales de los hijos. Ante un conflicto, la comunicación desde el "yo" facilita la escucha. Es importante que los hijos sepan claramente qué nos pasa, cuándo y por qué. Y además, sería interesante que supiesen qué nos gustaría que pasase. 1. Describir conductas en lugar de etiquetar o hacer juicios de valor. Decir: “eres un vago o un desordenado o un imbécil” es hacer juicios de valor y. en este último caso, además, insultar (comunicación "tú"). Esto, además de ofensivo, dificulta la comunicación. Describir conductas es algo mucho más neutro, que define situaciones y no enjuicia: “llevas toda la tarde jugando y mañana tienes un examen importante”. Para poder hacerlo bien es importante definir muy claramente cuál es la conducta, el hecho o el comportamiento que nos molesta y describirlo de la forma más clara y sencilla posible. 2. Describir cómo me siento ante dicha conducta Una vez acotada la conducta que molesta, hay que informar de cómo nos hace sentir (la conducta y no tú). “Cuando veo el salón tan desordenado, me pongo, a la vez, triste y furiosa”. Es difícil que la otra persona se sienta atacada por hechos o descripciones que nos hacen sentir de una cierta manera. En cambio, sí le comunicamos eficazmente cómo nos sentimos ante ese hecho concreto. 3. Dejar claro cuál es el comportamiento que parecería adecuado. “O sea, que te agradecería mucho que los espacios comunes de casa estuviesen recogidos cuando yo llego”. Si nos parece que hay que especificar más a lo que nos referimos con “recogido”, por si el otro no lo entiende como nosotros, pues lo hacemos: “No me gusta encontrarme con los restos de tu merienda esparcidos, la consola encendida, tus libros encima de la mesa del comedor y tus zapatos en la alfombra. Te agradecería que todo estuviese en su sitio”. Es importante saber priorizar qué es lo más importante para comunicárselo. Por ejemplo: ante un adolescente de 16 años que quiere tatuarse, nos pueden preocupar muchas cosas (parecernos vulgar, sentirnos avergonzados ante familiares y amigos o estar preocupados por las condiciones higiénicas del local. Podría infectarse con hepatitis C, sida, etc.). Es importante discernir entre todas las preocupaciones cuál es la más importante, para poder negociar: Por ejemplo: “Me preocupa que te hagas un tatuaje. Te propongo que te lo pienses (doy mis razones). Si persistes en hacértelo, no lo podré impedir, pues tienes edad para decidir sobre tu cuerpo. Sólo te pongo una condición y esa no es negociable: que te lo hagas en un sitio con garantía sanitaria. Te quiero mucho y no quiero que corras riesgos innecesarios”. En cuanto a técnicas de comunicación: He dicho cómo me siento ante el hecho de que se tatúe (sin insultar, ni hacer juicios de valor). Respeto su decisión aunque no la comparta y Dejo claro que, dado que me preocupa su salud, lo que me parece más importante es quién, en qué condiciones y dónde se lo haga. El arte de comunicarse bien no es tanto el hecho de hablar como el de escuchar. Para ello es importante pensar que la otra persona tiene algo interesante que contar, que la verdad absoluta no existe (existen los consensos) y que lo que para unos es evidente, puede no serlo para otros. Hay que “oír” sin anticipar juicios, no mostrar prisa ni impaciencia, no entrar en discusiones previas, valorar lo que dice, preguntar lo que haga falta, interpretar sin juzgar, respetar la libertad del otro, ponerse en su lugar, dar confianza, procurar no interrumpir y, sobre todo, tener mucha paciencia. Es importante dar razones según qué y según edad. Quizás, lo más difícil es saber cuándo hay que respetar las opiniones de los hijos y cuándo hay que hacer valer las nuestras. Dependerá de circunstancias particulares. No se negocia casi nada con un niño de dos años, pero debería hacerse habitualmente con un adolescente de 14. Si no, como decía Unamuno, "venceréis, pero no convenceréis". Si uno con edad suficiente, no hace propias sus decisiones, estará adiestrado, pero poco educado. ¡Suerte! Libros donde encontrar más información Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen . A Farber, E Mazlish. Medici, 1997. Padres eficaces y técnicamente preparados (PET). T Gordon. Diana, 1997. Comunicación no violenta. MB Rosenberg . Urano, 1999.

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¿Cómo funciona el ojo?

El ojo funciona de forma similar a una cámara fotográfica. Tiene una lente llamada cristalino que permite ajustar la imagen, según la distancia a la que se encuentre, para que quede enfocada en la retina; un diafragma llamado pupila, cuyo diámetro está regulado por el iris; y un tejido sensible a la luz que es la retina y correspondería a la película o al sensor de la cámara. La luz traspasa la córnea, que es la capa más externa del ojo, penetra por la pupila, atraviesa el cristalino y llega a la retina, donde es transformada en impulsos eléctricos que son trasladados al cerebro a través del nervio óptico. Cuando un rayo de luz pasa de una sustancia transparente a otra que tiene diferente densidad, su trayectoria se desvía, lo que se conoce con el nombre de refracción. Para que las imágenes se vean nítidas, los rayos de luz que penetran en el ojo deben cambiar de dirección o refractarse y quedar enfocados con exactitud en la retina. La cantidad de refracción necesaria para que un objeto se enfoque en la retina depende de la distancia a la que se encuentre el objeto. Si está más lejano se requerirá menos refracción que cuando está cerca. En el ojo, la mayor parte de la refracción se produce en la córnea, que tiene una curvatura fija. Otra parte de la refracción se da en el cristalino, que puede cambiar de forma, aumentando o disminuyendo así la refracción. El proceso por el que el cristalino consigue que los rayos de luz procedentes de objetos lejanos o cercanos enfoquen de forma precisa en la retina, variando la refracción, se llama acomodación. El mecanismo de acomodación se produce por la acción del músculo ciliar, que está unido al cristalino y lo envuelve. Cuando el músculo ciliar se contrae, el cristalino se hace más esférico y aumenta su poder de refracción, lo que permite enfocar la luz procedente de los objetos cercanos. Si el músculo ciliar se relaja, el cristalino se distiende y se hace menos esférico, disminuyendo su poder de refracción, lo que nos permite enfocar los objetos lejanos. Cuando el ojo no es capaz de enfocar la imagen en la retina surgen los errores de refracción como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo, en los que las imágenes se ven borrosas.

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Seguridad de los niños en garajes y sótanos

Los garajes y sótanos son lugares donde, además del coche, habitualmente se almacena material potencialmente peligroso para niños (gasolina, productos de limpieza, muebles viejos, electrodomésticos que ya no funcionan). Por ello es recomendable que sean áreas cerradas con llave y restringidas a los niños. Cómo tener un garaje seguro para todos No es recomendable que los niños jueguen solos cerca del garaje, mucho menos cerca de la entrada, ya que por su altura pueden no ser visibles para quien conduce y resultar heridos. Es conveniente colocar espejos en las esquinas con poca visibilidad (puntos ciegos). Si la puerta se abre con control a distancia, hay que comprobar que no haya ningún niño cerca antes de activarla. Asegurarse también de que el niño no tiene acceso al mando a distancia. Es deseable que estas puertas tengan sensor de movimiento que frenen la puerta en caso necesario. Retirar la llave y cerrar siempre las puertas del coche al dejarlo en el garaje para evitar que se pillen los dedos con una puerta, o que se queden dentro del coche y puedan sufrir un golpe de calor. Y si se tienen productos tóxicos… ¿Cómo se deberían guardar? Almacenar bajo llave las sustancias potencialmente peligrosas (pesticidas, productos de limpieza, pinturas). Asegurarse de que se mantienen en sus envases originales, bien rotuladas y, a poder ser, con cierre de seguridad. No guardarlos junto a otro tipo de productos, sobre todo de alimentación. Mantener la caja de herramientas fuera del alcance de niños. Una vez que se hayan terminado de usar, asegurarse de que todas vuelven a la caja y de que estén bajo llave. ¿Cómo proteger los enchufes y los cables? Se puede hacer la estancia más segura con cubiertas que protejan las tomas de corriente de la pared, con dispositivos para ese fin o simplemente colocando cinta aislante. Evitar los cables sueltos, anclándolos a la pared o con cinta aislante para evitar tropiezos. Retirar cables o fragmentos de cuerda que puedan colgar del techo o de ganchos (posibilidad de asfixia accidental). ¿Cómo se aseguran los muebles? Hay que asegurarse de que los muebles esten bien fijados a la pared, a poder ser con tornillos, ya que podrían caerles encima ante cualquier manipulación. Anclar aquellos muebles inestables (por ejemplo, estanterías). Evitar colocar objetos pesados cerca del borde de mesas o estanterías, ya que pueden caer encima de los niños. Dejar todos los cajones cerrados, a ser posible con llave, para evitar que los niños tiren de ellos. Acolchonar y proteger los bordes y esquinas de los muebles para evitar magulladuras. Aquellos muebles con bordes afilados deberían retirarse hacia las esquinas. ¿Cómo hacer seguras la maquinaria y los electrodomésticos? Si se va a emplear maquinaria en movimiento (cortacésped, desbrozadora…) extremar las precauciones, manteniendo a los niños alejados y comprobando siempre los alrededores. Si se tienen electrodomésticos hay que dejarlos desenchufados cuando no estén en uso. Si hay electrodomésticos viejos (lavadoras, neveras), retirar o bloquear las puertas para evitar que puedan quedar atrapados dentro. Y lo mejor: deshacerse de ellos llevándolos a un punto limpio. Bolsas de plástico Si se guarda en el sótano o garaje material como bolsas de plástico (de basura, de almacenaje, de compras a granel) es esencial que los niños no tengan acceso a ellas por el riesgo de ahogamiento. Comida de mascotas Mantenerla fuera del alcance de los niños. Calentadores de agua y gas No tener material inflamable (gasolina, latas de pintura, aerosoles) a menos de un metro de los calentadores, ya que si se derraman podrían ser explosivos. Hay que recordar que los periódicos, revistas y ropa vieja también arden con facilidad. Escaleras de mano Guardarlas horizontalmente para que los niños no puedan escalarlas y caerse. Enlaces de utilidad: Kidsafe. Lista de comprobaciones de seguridad en el hogar (PDF)

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Estrabismo

Estrabismo es lo mismo que decir ojos mal alineados o "torcidos". Como consecuencia, ambos ojos no son capaces de mirar simultáneamente a un objeto, afectando a la visión binocular. En el niño pequeño, la persistencia de esta situación provoca a menudo que, para evitar ver doble, uno de los ojos vaya perdiendo gradualmente capacidad de visión y se convierta así en un "ojo vago" o ambliope . No obstante, es normal que un recién nacido o un bebé de pocos meses (hasta los 6 meses aproximadamente) tuerza los ojos hacia adentro (se ponga bizco) de vez en cuando, sin que eso signifique nada malo. Las causas del estrabismo son variadas. Las más frecuentes se deben, por un lado, al mal funcionamiento de los músculos que mueven los ojos, de forma que unos "tiran" más que otros, y por otro, a defectos de refracción (miopía o hipermetropía). En otros casos, el estrabismo puede tener su origen en problemas cerebrales, como en la parálisis cerebral infantil debida a la asfixia del feto, o bien puede ser secundario al mal paso de la luz a través del ojo, como en las cataratas congénitas (cristalino opaco de nacimiento). ¿Qué puedo hacer para detectarlo? ¿Cuándo debo consultar al pediatra? La mejor forma de detectar un estrabismo es mirar de frente a los ojos del niño, mientras él dirige su mirada a los nuestros. Puede ayudarnos una linterna para observar si el reflejo de la luz queda centrado en los ojos del niño. Las fotos hechas de frente y con flash pueden ser de gran ayuda. Si observa que su bebé mantiene de forma habitual los ojos torcidos, hágaselo saber al pediatra. Es frecuente, durante los primeros años de vida, que los padres aprecien un estrabismo, tan solo aparente, en los niños con ojos achinados, que es debido a la forma de los párpados (epicanto) y que no tiene ninguna trascendencia. Otros signos de alerta, aparte de la falta de paralelismo de la mirada, pueden ser las posturas raras de la cabeza al mirar a los objetos y, en un niño mayor de 6 meses, la aparición brusca de un estrabismo. En estos casos debe consultar lo antes posible a su pediatra. En cualquier caso hay una predisposición familiar a padecer esta anomalía, que debe mantener alertadas a las familias afectadas con algún caso. La detección precoz del estrabismo es fundamental para que su tratamiento sea eficaz, de forma que éste debe iniciarse idealmente antes de los 6 años y en algunos casos mucho más tempranamente. Al tratar se persigue evitar la pérdida de visión (ambliopía) , recuperar la visión binocular y mejorar también el aspecto estético. ¿Cómo se trata? El estrabismo se trata de forma diferente según sea su causa, aunque con frecuencia los tratamientos son combinados: Corrección de un defecto de refracción mediante gafas. Oclusión del ojo "bueno" con parches para forzar al "vago" a trabajar. Inyección de toxina botulínica, que relaja la musculatura ocular y favorece que el ojo estrábico "vuelva a su sitio". Intervención quirúrgica sobre los músculos externos del ojo, tanto para alargarlos como para acortarlos.

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