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La leche no produce mocos

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Escrito por Paloma De la Calle Tejerina

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Los niños pequeños tienen más infecciones y son los que toman más leche. Por este motivo se ha relacionado la producción de mocos con la leche

La leche es un alimento fundamental y una importante fuente de energía. Está compuesta por agua, proteínas, hidratos de carbono y grasas. Además aporta calcio, magnesio, selenio, fósforo, vitaminas del complejo B (B1, B2, B5, B6 y B12) y vitaminas K, E, A y D, entre otros nutrientes.

El calcio y la leche

La leche es una importante fuente de calcio de los alimentos. Existen otros alimentos ricos en calcio, por ejemplo, almendras o espinacas. Pero para tomar el calcio de un vaso de leche se debería ingerir un vaso lleno de almendras (con mayor aporte calórico) o casi una bolsa entera de brotes de espinacas.

La lactosa, la caseína y la vitamina D, presentes en la leche, son necesarias para que la absorción intestinal del calcio sea adecuada. Los oxalatos, cuyo contenido es alto en las acelgas y las espinacas, disminuyen la absorción del calcio.

El calcio es fundamental para la formación de los huesos y por tanto para el crecimiento de los niños.

Las infecciones en los niños

Los niños pequeños sufren de 6 a 8 infecciones al año en la edad preescolar y de 5-6 infecciones al año durante la edad escolar, disminuyendo en la adolescencia. Este número puede ser mayor en niños pequeños que van a guardería o tienen hermanos mayores. Las infecciones más frecuentes son los catarros, que se acompañan de mocos, tos y flemas. Los mocos y la tos son mecanismos de defensa frente a las infecciones respiratorias.

Los niños más pequeños, que son los que tienen más infecciones, son los que toman más leche. Por este motivo se ha relacionado la producción de mocos con el consumo de leche.

Relación entre consumo de leche y mocos

Existen diversos trabajos en los que se estudia la relación entre el consumo de leche y la producción de mocos, sin obtener resultados que indiquen que el consumo de leche aumenta los mocos o empeora los síntomas catarrales.

Solo se ha demostrado un aumento de mucosidad intestinal asociada al consumo de leche, pero esto no es extrapolable al aparato respiratorio. El aumento de la mucosidad intestinal tiene una función protectora para el sistema digestivo.

Los niños asmáticos no tienen que reducir el consumo de leche, salvo que sean alérgicos a la misma.

Conclusión

El consumo de leche no aumenta la producción de mocos ni flemas.

La leche es una importante fuente de calcio y un alimento fundamental en la alimentación de los niños.

¿Dónde puedo encontrar más información?

La leche no produce mocos. Familia y salud

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Alergia a la leche de vaca

Los niños con alergia a la leche no pueden tomar leche de vaca ni de otros mamíferos como la cabra o la oveja ¿Qué es la alergia a la leche? La alergia a la leche de vaca es la alergia alimentaria más frecuente en los bebés. Se produce porque el sistema inmunitario (de defensa) reacciona por error frente a las proteínas de la leche, causando una reacción cuando se ingiere o se tiene contacto con ella. El responsable suele ser un tipo de anticuerpo llamado inmunoglobulina E (IgE); pero en otras ocasiones puede haber mecanismos diferentes relacionados también con el sistema inmunitario, hablándose entonces de alergia a alimentos no mediadas por IgE. Con frecuencia se utiliza erróneamente el término intolerancia para referirse a esta última, pero la intolerancia a alimentos incluye las reacciones a alimentos que no tienen nada que ver con el sistema inmunitario, como ocurre con la intolerancia a la lactosa . ¿Cuáles son los síntomas? Habitualmente, la alergia a la leche de vaca se produce durante el primer año de vida, al sustituir la lactancia materna por una fórmula adaptada de leche de vaca. Alergias mediadas por IgE Los síntomas aparecen inmediatamente o durante la primera hora después de haber tomado la leche. Pueden ser desde leves hasta muy graves, dependiendo del grado de sensibilización del paciente y de la cantidad ingerida. En ocasiones, la única manifestación es el rechazo insistente del biberón. Los síntomas más frecuentes se ven en la piel, como enrojecimiento y habones (urticaria) alrededor de la boca. Se pueden extender por toda la cara y por el cuerpo e incluso acompañarse de hinchazón de labios, párpados o pabellones auriculares (angioedema). También pueden aparecer síntomas digestivos, tales como vómitos o diarrea durante la primera hora después de la toma. La afectación respiratoria como la rinitis o el asma es menos frecuente, pero puede ser el inicio de una reacción grave. La anafilaxia es la manifestación más grave que puede ocurrir. Es una reacción generalizada que afecta a más de un órgano y puede poner en peligro la vida del niño. La aparición de dificultad para respirar, tos seca, hinchazón de lengua, ronquera, desvanecimiento, palidez, labios o piel azulada, pulso débil y agotamiento son síntomas de gravedad y será necesaria la administración precoz de adrenalina. Alergias mediadas por otros mecanismos inmunitarios En las alergias no mediadas por IgE los síntomas suelen ser únicamente digestivos y pueden aparecer varias horas o días después de tomar la leche, y tardan más tiempo en desaparecer. Pueden verse síntomas como vómitos persistentes que pueden llevar a la deshidratación y shock, o diarreas prolongadas con moco o sangre en las deposiciones, e incluso desnutrición. ¿Qué se puede hacer? En el caso de que el niño tenga algún síntoma como los indicados hay que suspender las tomas de leche y lácteos procedentes de vaca o cualquier otro mamífero y consultar a su pediatra, quien valorará con qué sustituir la leche de vaca y si debe derivar al niño a otro especialista. ¿Cómo se diagnostica? La alergia a la leche de vaca mediada por IgE se diagnostica mediante la detección de la inmunoglobulina E específica a leche y sus proteínas, con pruebas cutáneas o análisis de sangre. Si el resultado es negativo o dudoso, puede ser necesaria una prueba de tolerancia administrando el alimento en cantidades crecientes y de manera muy controlada, para confirmar o descartar la alergia. Para el diagnóstico de la alergia no mediada por IgE no sirven las pruebas mencionadas y el diagnóstico es más complejo. ¿Cómo evoluciona la alergia a la leche? La alergia a la leche en los niños tiende a desaparecer después de un periodo variable de tiempo con dieta de exclusión, por lo que el especialista debe valorar periódicamente si el niño ha superado la alergia a la leche. Aunque la mayoría llega a tolerarla antes de los 5 años, aproximadamente un 15 % de los niños alérgicos a la leche mantienen la alergia. Estos niños suelen tener un elevado nivel de sensibilización y tienen riesgo de reacción anafiláctica grave por ingestión de pequeñas cantidades de leche como alérgeno oculto (bollería, snacks, salsas). ¿Cómo se trata? El tratamiento fundamental de la alergia a la leche es la dieta sin leche ni sus derivados (queso, yogur, etc.); tampoco se pueden ingerir productos que puedan contener trazas o proteínas de leche. En los lactantes alérgicos a la leche se debe sustituir la fórmula adaptada normal por una fórmula especial, habitualmente fórmulas extensamente hidrolizadas de proteínas de leche o, en los mayores, fórmulas de soja. Las fórmulas de hidrolizado de arroz también pueden ser una alternativa válida. En lactantes que reciben leche materna, muy pocas veces es necesario que la madre excluya también los lácteos de su dieta. Hay que tener en cuenta que estos niños tampoco toleran la leche ni los productos lácteos derivados de otros mamíferos, como la cabra o la oveja. En cambio, suelen tolerar la carne de vaca o ternera. Si se presenta una reacción alérgica por exposición accidental a leche se recomienda que se lave la zona de contacto y se administren antihistamínicos con o sin corticoides. Si la reacción es grave hay que administrar adrenalina. Existen dispositivos autoinyectables de fácil administración. Ante la duda siempre hay que inyectarla y llamar posteriormente al servicio de emergencias (112) o acudir al servicio de urgencias más próximo. En los últimos años se ha abordado el tratamiento activo de la alergia a la leche mediante la inmunoterapia oral o desensibilización oral con leche. Puede estar indicado en los niños con alergia persistente. ¿Cómo se puede prevenir? Actualmente no hay medidas concretas que hayan demostrado claramente su eficacia, aunque algunos estudios sugieren que la lactancia materna prolongada podría prevenir la alergia a la leche hasta los 18 meses. En un paciente con alergia alimentaria lo fundamental es evitar las reacciones alérgicas, mediante una dieta que excluya el alimento implicado y las posibles fuentes ocultas para evitar su ingestión accidental (utensilios contaminados, control del etiquetado de los alimentos, etc.). ¿Dónde puedo encontrar más información? https://seicap.es/lo-que-debes-saber-sobre-la-alergia-a-la-proteina-de-leche-de-… Asociación Española de alérgicos a alimentos y látex (AEPNAA)

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Manchas “Café con leche”

Estas manchas en general no tienen importancia, pero ocasionan dudas y preocupación en los padres ¿Qué son? Son manchas de color marrón claro, de ahí su nombre, que aparecen en cualquier parte de la piel del cuerpo, en número variable y pueden ser de diferentes tamaños. Pueden apreciarse desde el nacimiento o bien aparecer en la primera infancia. Habitualmente al inicio presentan un color muy claro, que las hace incluso difíciles de distinguir, pero posteriormente, a medida que crece el niño, aumentan de tamaño y se hacen más oscuras, volviéndose más evidentes sobre los 2 años de edad. ¿Qué importancia tienen? Hasta un 10% de la población tiene una o dos manchas café con leche. Es decir, la sola presencia de estas manchas no supone necesariamente que exista alguna patología. Sin embargo, en ocasiones, pueden ser un signo de alguna enfermedad. Así, estas lesiones están presentes en el 95% de los pacientes que padecen una enfermedad llamada neurofibromatosis . Se considera un criterio de neurofibromatosis la presencia de 6 o más manchas café con leche, de un tamaño igual o mayor a 5 mm en niños y a 15 mm en el caso de los adolescentes. También pueden aparecer manchas café con leche en otras enfermedades como el síndrome de McCune-Albright, la esclerosis tuberosa o la anemia de Fanconi, entre otras. ¿Precisan tratamiento? Las manchas "café con leche" por sí mismas no necesitan ningún cuidado especial. Se deberá seguir su evolución (tamaño y sobre todo el número de las manchas) y estar alerta por si apareciera algún otro síntoma o signo sugestivo de alguna de las enfermedades con las que se puede asociar.

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Bancos de leche materna

El mejor alimento para un recién nacido es la leche de su madre. Y cuando esto no es posible, la leche humana donada es la mejor alternativa, especialmente para niños enfermos o prematuros. El alimentar a estos niños con leche materna mejora sus posibilidades de recuperación, supervivencia y desarrollo. La leche materna tiene beneficios demostrados, tales como la disminución de problemas intestinales graves y del riesgo de infección. Además, favorece el desarrollo del sistema inmunológico y el desarrollo cerebral. El objetivo de los bancos de leche materna es promover la lactancia materna y alimentar de la mejor forma a los niños que tienen problemas de salud, siempre y cuando no haya leche de la propia madre. Los niños que reciben la leche del banco son grandes prematuros, recién nacidos de bajo peso, niños con enfermedades del corazón, problemas intestinales o que han precisado cirugía. A esto hay que añadir, que, cuando se van de alta a sus casas, se favorece que los niños sigan siendo alimentados con lactancia materna exclusiva. Los bancos de leche materna nacieron en España en el año 2004, con el primer banco en Palma de Mallorca. En diciembre del año 2007 le siguió el del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Actualmente en España existen siete bancos de leche materna ubicados en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca, Granada y Mérida. Además, hay otros proyectos en Sevilla, Murcia y Valladolid. Desde octubre, en Madrid, el Banco de Leche del Hospital 12 de Octubre se ha convertido en el Banco Regional de Leche Materna de Madrid. Es un proyecto que ha financiado la Fundación Aladina. Con su apoyo, se ha ampliado el banco de leche y se ha dotado de los medios y personal necesarios para atender las necesidades de los prematuros que nacen en el resto de hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. Las madres que deseen donar su leche pueden consultar en este documento del Hospital 12 de Octubre .

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Anorexia nerviosa: qué es y por qué se produce

¿Qué es la anorexia nerviosa? Es una enfermedad de origen mental. Las personas, por lo general chicas, que lo padecen tienen una preocupación excesiva por el peso, lo que les lleva a disminuir la cantidad de alimentos que ingieren y a seleccionar los de menor contenido en calorías. Este comportamiento implica una importante pérdida de peso, que puede llegar a una situación de desnutrición grave. A veces, para adelgazar, realizan excesivo ejercicio físico, toman laxantes o diuréticos o se provocan el vómito. Habitualmente aparece en personas con tendencia a la insatisfacción personal. Buscan un cambio en su aspecto físico, y la pérdida de peso constituye un “éxito” que aumenta su autoestima. Además de los síntomas principales, la anorexia suele traer asociadas complicaciones tanto físicas como psiquiátricas: trastornos o desaparición de la menstruación (regla), alteraciones en los huesos (llamadas osteopenia y osteoporosis) que a largo plazo conllevan fracturas y deformidades óseas, piel seca y caída del cabello por falta de vitaminas, problemas digestivos y cardiovasculares (hipotensión, mareos), síntomas de depresión y de ansiedad, y alteraciones en la atención y la concentración. ¿A quiénes afecta? La anorexia nerviosa no es una enfermedad que afecte exclusivamente a mujeres, pero es diez veces más frecuente en el sexo femenino. El número de hombres con anorexia está aumentando en las últimas décadas y suele tratarse de casos muy graves. El pico máximo de incidencia se da en la adolescencia, se calcula que afecta aproximadamente al 1% de las mujeres menores de 25 años. ¿Cuáles son las causas de la anorexia nerviosa? Las causas que producen la anorexia son múltiples y de diferentes orígenes. Existen factores biológicos, como los péptidos reguladores del apetito. Algunas situaciones predisponen a desarrollarla: antecedentes personales de sobrepeso en la infancia, o antecedentes familiares de trastornos del humor o de la conducta alimentaria. Afecta más a personas con baja autoestima, tendencia al perfeccionismo, inestabilidad afectiva, inseguridad, etc. Es frecuente el éxito académico o profesional, pero con inseguridad en el ámbito emocional. Existen otras causas que son precipitantes, es decir, desencadenan el trastorno en personas predispuestas. Se trata de acontecimientos de distinta naturaleza, sucedidos en el ambiente de la paciente. El inicio de una dieta baja en calorías, dado el estereotipo de belleza actual caracterizado por una extrema delgadez, es un factor determinante en la aparición de esta enfermedad. Este modelo se transmite a través de los medios de comunicación (televisión, internet, revistas, redes sociales) e influye especialmente a los adolescentes. El hábito de comer en soledad, la ruptura matrimonial de los padres, un conflicto de pareja o entre amigas, también puede desencadenar el trastorno. El ambiente que se origina en torno a algunas aficiones y profesiones, como bailarinas, modelos o gimnastas, puede suponer una situación de riesgo. Por último, existen algunos factores que perpetúan la enfermedad, es decir, que impiden la recuperación una vez instaurada. Entre ellos destacan el aislamiento social, la negación de la enfermedad y la distorsión de la imagen corporal. Además, se producen una serie de cambios en el sistema digestivo, que dificultan el proceso de realimentación, y en los péptidos reguladores del apetito. Estas alteraciones suelen volver a la normalidad con la recuperación de peso. Se calcula que el 20% de las personas que padecen anorexia nerviosa fallecen por complicaciones de la enfermedad.

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Bancos de leche

El Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría ha publicado, con este título, un nuevo documento sobre los bancos de leche. Se comienza recordando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que “cuando no se disponga de leche de la propia madre, la leche pasteurizada de madres donantes seleccionadas es la mejor opción para la alimentación de los niños, sobre todo si se trata de niños enfermos o de alto riesgo” (OMS. Nutrición del lactante y del niño pequeño. Estrategia mundial para la alimentación del lactante y del niño pequeño. Informe de la Secretaría. 55 Asamblea Mundial de la Salud. 16 de abril de 2002. A55/15. Ginebra). ¿Qué son los bancos de leche humana? Los bancos de leche humana son centros especializados, responsables de la promoción y apoyo a la lactancia materna y de la recolección, procesamiento, control de calidad y dispensación de la leche de madre donada a cualquier niño que la precise, bajo criterio médico. ¿Quién puede ser donante? Las donantes son mujeres sanas, de vida saludable, que lactan satisfactoriamente a su hijo y que deciden además donar leche de forma altruista, para beneficio de recién nacidos enfermos o prematuros. La selección de donantes se realiza por entrevista personal en la que se obtienen datos sobre estado de salud y hábitos de vida. Además, se les realiza análisis para descartar enfermedades infecciosas potencialmente transmisibles a través de la leche (HTLV, sífilis, VIH, hepatitis B y C y enfermedad de Chagas). ¿Qué medidas de seguridad se siguen en los bancos de leche humana? Además de las descritas para seleccionar a las donantes, la leche donada es sometida a análisis microbiológico (buscando agentes infecciosos), para garantizar la seguridad de su consumo. También se realizan análisis de macronutrientes, lo que permite conocer el contenido en energía, grasas, proteínas y lactosa de la leche que el paciente va a recibir. Después, la leche se congela y se almacena hasta su distribución. La trazabilidad del procedimiento está garantizada desde el inicio del proceso, mediante la identificación de cada una de las muestras de leche donada y de cada uno de los pasos del procedimiento, hasta que la leche es entregada al receptor, quedando todo el proceso recogido en una base de datos, diseñada específicamente para este seguimiento. ¿Qué lactantes se benefician de los bancos de leche humana? Fundamentalmente los recién nacidos con riesgo de enterocolitis necrotizante , como los prematuros, los que son intervenidos quirúrgicamente en el abdomen o aquellos con cardiopatías congénitas y bajo gasto (el corazón no bombea bien la sangre). Y en España… Actualmente hay trece bancos de leche humana ubicados en las propias unidades de neonatología, otros integrados en los centros de donación de órganos y tejidos y otros en modelos mixtos. El documento termina con un aviso importante: “En los últimos años se ha extendido la distribución de leche materna a través de Internet. Esta es una práctica que expone los receptores de la misma a importantes riesgos de salud, ya que reciben leche materna sin control de donantes ni del procedimiento.” “Solo los bancos de leche humana disponen en la actualidad de controles que garantizan la seguridad del procedimiento.” Dónde puedo encontrar más información: Compartir leche materna. Declaración de la Asociación Europea de Bancos de Leche (EMBA) : Asociación Europea de Bancos de Leche Humana . Asociación Española de Bancos de Leche Humana . Autores Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. ¿Conoces los bancos de leche?

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Decálogo sobre la importancia de la leche en la etapa infantil

La leche es un alimento básico dentro una dieta variada y equilibrada: se recomienda el consumo de 2-3 raciones diarias de leche y lácteos a partir de los 12 meses de edad. Contiene proteínas de alto valor biológico que contribuyen a un adecuado crecimiento y desarrollo. Es la principal fuente dietética de calcio para unos huesos fuertes: una adecuada ingesta de calcio es fundamental para el correcto crecimiento y desarrollo de los huesos durante la etapa infantil. Facilita alcanzar las ingestas adecuadas de ciertas vitaminas y minerales: es una buena fuente de vitamina A, vitaminas del grupo B y fósforo. Hay una relación entre consumo de leche y estatura física en niños y adolescentes: el consumo de leche y productos lácteos se relaciona positivamente con la estatura física en niños y en adolescentes. Su valor nutricional no puede ser sustituido por el de las bebidas vegetales. Existen muchos falsos mitos sobre la leche: el consumo de leche no se relaciona con el asma, ni tampoco con una mayor producción de moco. La leche no produce síntomas gastrointestinales, como hinchazón o gases, salvo en aquellas personas que tienen algún grado de intolerancia a la lactosa, para las que se recomienda el consumo de leches sin lactosa. Una adecuada alimentación permite corregir las ingestas de nutrientes deficitarias: a partir del año de edad puede existir un desequilibrio en el consumo de ácidos grasos, con exceso de grasas saturadas y deficiencia de ácidos grasos poli-insaturados, como el Omega-3 DHA, así como de hierro y vitamina D. Modificando el perfil lipídico de la leche se pueden conseguir leches adaptadas, con un mayor contenido en esos nutrientes esenciales. Las leches de crecimiento son una alternativa útil y complementaria en la dieta para alcanzar las ingestas recomendadas de nutrientes esenciales en la infancia. La leche de vaca no debe introducirse en la alimentación del niño antes de los 12 meses. Por debajo de los 2 años, salvo indicación del pediatra, la leche debe ser entera. Este decálogo es una iniciativa del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, la Fundación Española de la Nutrición y la Fundación Iberoamericana de Nutrición. Más información en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/decalogo-importancialecheetapainfantil.pdf

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Alergia a los alimentos: cómo se trata. Inmunoterapia con alimentos

Se puede “enseñar” al cuerpo a aceptar la comida que produce la alergia, buscando que la llegue a tolerar sin ningún inconveniente ¿Cómo se trata y evoluciona la alergia a los alimentos? La leche y el huevo son la causa de alergia alimentaria más frecuente en los niños. Comienza en los dos primeros años de vida, aunque la mayoría de ellos llegan a tolerarlos antes de los 5 años, tras un tiempo variable de dieta sin el alimento. A partir de esta edad, si no se ha conseguido, la tolerancia se produce en pocas ocasiones. Estos niños pueden presentar reacciones alérgicas graves, incluso provocadas por mínimas cantidades del alimento. Durante los últimos años se está tratando la alergia a los alimentos mediante inmunoterapia oral, también llamada desensibilización o inducción de tolerancia. ¿Qué es la inmunoterapia oral con alimentos? Es uno de los tratamientos más prometedores para la alergia a los alimentos. Su objetivo inmediato es la desensibilización y, a largo plazo, conseguir la tolerancia del alimento. Consiste en una primera fase de incremento de dosis, en la que se administran pequeñas cantidades progresivamente mayores del alimento, hasta que el paciente pueda tomar una ración normal para su edad o hasta alcanzar la dosis máxima que pueda tolerar. En la segunda etapa o fase de mantenimiento, el niño debe seguir comiendo la cantidad que tolere de forma constante y sin interrupción, en la mayoría de las ocasiones durante años, diariamente o varias veces a la semana. Con este procedimiento, se consigue modular la respuesta inmunológica y frenar la producción de anticuerpos (IgE) contra el alimento para que el niño no tenga una reacción alérgica cuando lo tome. Si solo llega a tolerar cantidades inferiores a una ración normal, al menos estará protegido frente a pequeñas ingestas accidentales. ¿Quién puede seguir este tratamiento? Todos los niños, de cualquier edad, que tienen alergia producida por anticuerpos IgE frenta a alimentos, podrían realizar el tratamiento. No obstante, hasta el momento, la mayor experiencia se tiene con alérgicos a leche, huevo, cacahuete y cereales. El tratamiento se podría iniciar cuando se diagnostica. Sin embargo, como muchos de estos niños acaban tolerando de forma natural la leche y el huevo, está indicado proponerlo a partir de los 5 años en el caso de que sigan con alergia. ¿Cómo se realiza la inmunoterapia con alimentos? Las pautas de inmunoterapia oral más utilizadas incluyen una primera fase de aumento de cantidades del alimento de 4-6 meses de duración. Con el tiempo, los protocolos se han ido acortando hasta llegar a aumentos rápidos de dosis en 5 días. En la pautas más lentas, la dosis del alimento se aumenta en el hospital una o dos veces por semana. En su domicilio, el niño tiene que seguir tomando la cantidad que haya tolerado previamente en el hospital. Hay que enseñar a la familia cómo actuar ante una reacción alérgica. Además, los padres deben rellenar un diario de dosis, reacciones y los tratamientos que haya precisado. En los protocolos más rápidos, el incremento de dosis hasta llegar a la dosis de mantenimiento se hace en el hospital en días consecutivos. En la segunda fase o de mantenimiento, el niño debe tomar el alimento en su domicilio, en la cantidad y con la frecuencia que el alergólogo indique. En esta fase, las familias tienen que continuar completando el diario de incidencias. Es muy importante que no se abandone el tratamiento ni se modifique la pauta indicada. Interrumpir el tratamiento puede hacer que se desencadene una reacción alérgica cuando se reintroduzca el alimento. ¿Tiene riesgos? La inmunoterapia oral con alimentos tiene también riesgos. Muchos niños tienen reacciones alérgicas, sobre todo en el hospital con los aumentos de la cantidad ingerida. También pueden tener reacciones en su domicilio en las dos fases del tratamiento, aunque en la de mantenimiento son menos frecuentes, por lo que se instruye a los padres sobre cuándo, cómo, dónde y en qué condiciones debe tomar su hijo la cantidad prevista del alimento. La mayoría de las reacciones alérgicas que se producen son leves o moderadas (picor de boca, ronchas, edema de labios, estornudos, mocos o dificultad respiratoria leve). Sin embargo, existe un riesgo de reacciones graves con dificultad respiratoria o afectación del estado general importantes. Por ello se enseña a los padres a reconocer las reacciones alérgicas y el modo de tratarlas con adrenalina inyectable precargada , que deben tener en su domicilio. Es un tratamiento que no está disponible aún en todos los servicios de alergología. Debe ser realizado por un equipo de profesionales sanitarios expertos en este procedimiento, en centros que dispongan de todos los recursos necesarios para tratar reacciones graves o anafilácticas en los niños y en estrecha colaboración con la familia. ¿Se puede realizar este tratamiento con más de un alimento? Los pacientes alérgicos a la leche, el huevo o los cereales pueden someterse a inmunoterapia oral con los diferentes alimentos si su alergólogo lo cree oportuno. El tiempo que debe transcurrir entre los tratamientos depende de la respuesta a la desensibilización previa, pero es recomendable un intervalo de tiempo entre ellos de al menos 6-12 meses. ¿Es efectiva? Más del 80% de los pacientes tratados con inmunoterapia oral con leche o huevo consiguen llegar a la fase de desensibilización y pueden comer el alimento normalmente sin que les dé una reacción, aunque sin poder dejar de consumirlo de forma regular según las indicaciones de su alergólogo. Los fracasos del tratamiento suelen ocurrir por reacciones graves o persistentes que obligan a suspenderlo o por retiradas por decisión familiar. ¿Cuándo se cura? Actualmente no se conoce si el paciente está “curado” totalmente de su alergia al alimento. Lo que se sabe es que en algún momento puede llegar a tolerarlo sin tener que estar tomándolo de forma regular como “un medicamento”, lo que se llama tolerancia mantenida. Para confirmarlo hay que comprobar que el niño lo tolera aunque deje de tomarlo regularmente. Para esto, el paciente que ha estado tomando el alimento en fase de mantenimiento, debe llevar una dieta con exclusión total del mismo durante uno o dos meses. Posteriormente se realiza una prueba de exposición o provocación controlada en el hospital, ingiriendo de nuevo una cantidad del alimento adecuada a la edad. Si lo tolera, ya no es imprescindible comerlo continuamente para evitar una reacción alérgica. De todas formas se aconseja seguir comiéndolo con frecuencia.

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Alergia a los alimentos. ¿Qué es?

Las alergias alimentarias son frecuentes en los niños. Un diagnóstico acertado y el cumplimiento de las recomendaciones dietéticas son fundamentales ¿Qué es la alergia a los alimentos? Es una reacción dañina desencadenada por un alimento, que se produce porque el sistema inmunológico de los pacientes alérgicos reacciona exageradamente ante un alimento que suele ser habitualmente bien tolerado por otras personas. ¿Qué alimentos producen con más frecuencia alergia? La alergia a alimentos es más frecuente en niños que en adultos. En los niños pequeños el inicio de los síntomas suele coincidir con la primera vez que lo ingieren. La leche de vaca y el huevo son los alimentos que con más frecuencia producen alergia en los niños. La alergia a la leche de vaca se manifiesta durante el primer año de vida. Entre el primer y segundo año suele debutar la alergia al huevo, pescado y legumbres y, algo más tarde, la alergia a frutas y otros alimentos como frutos secos y mariscos. Los niños pueden ser alérgicos a uno o varios alimentos de cada familia (legumbres, pescados, frutos secos, frutas…). Antes de los 5 años la mayoría de los pacientes alérgicos a la leche o al huevo consiguen tolerar el alimento espontáneamente, sin embargo, a partir de esta edad solo se produce la tolerancia en pocas ocasiones. La alergia al pescado, leguminosas y frutos secos suele persistir más tiempo. ¿Cómo se producen las reacciones alérgicas a alimentos? Estas reacciones se pueden producir por comer un alimento, tocarlo e incluso por olerlo y ocurren de forma casi inmediata tras la exposición. Pueden ser desde leves hasta muy graves y potencialmente mortales. En pacientes muy sensibilizados, la reacción alérgica se puede desencadenar por el consumo de una cantidad mínima del alimento e incluso por contacto indirecto (por ejemplo, un beso de la persona que ha comido el alimento puede producir ronchas en el lugar de contacto). ¿Cuáles son los síntomas? La clínica alérgica más frecuente se manifiesta en la piel: urticaria (ronchas o habones) aguda, local o general, picor de piel, enrojecimiento y picor de manos y pies, hinchazón de las orejas, párpados u otras partes del cuerpo (angioedema). Es frecuente también la aparición de picor de boca y de garganta, con habones alrededor de la boca e hinchazón de los labios. Los síntomas digestivos tales como dolor abdominal, náuseas, vómitos o diarrea son también habituales. Los síntomas respiratorios como la rinitis aguda (picor de nariz, estornudos, mocos y obstrucción nasal) acompañada o no de conjuntivitis (picor de ojos, lagrimeo), suelen preceder a los síntomas respiratorios más graves. La dificultad respiratoria con sensación de garganta cerrada, con cambios en la voz (ronquera), tos, pitos en el pecho y fatiga es grave, por lo que requiere un tratamiento inmediato. La forma más grave de reacción alérgica, que afecta a varios órganos (anafilaxia), no es rara en la alergia a alimentos y puede poner en peligro la vida del paciente. La aparición de síntomas como desvanecimiento, palidez, labios o piel azulada, agotamiento, hinchazón de la lengua o afectación grave respiratoria requieren la inyección inmediata de adrenalina. Los alimentos más frecuentemente causantes de este tipo de reacciones en los niños son la leche, el huevo y los frutos secos. ¿Qué se puede hacer ante la sospecha de alergia a un alimento? La primera y fundamental medida que se debe tomar es la exclusión de la dieta del alimento implicado. En ocasiones está claro qué produce la alergia, pero en otras, no es tan fácil identificarlo. Ante la duda siempre hay que evitar un alimento sospechoso. ¿Cuándo se debe consultar? Ante una reacción sugestiva de ser alérgica en relación con un alimento siempre es preciso consultar al pediatra, que valorará si es necesario remitir al niño a un especialista para que realice un estudio alergológico. ¿Cómo se diagnostica? Tras identificar los síntomas alérgicos y su relación con el alimento, se debe investigar si el organismo ha producido un anticuerpo (inmunoglobulina E) contra éste mediante pruebas cutáneas y/o análisis de sangre. En los casos dudosos, será preciso administrar el alimento en el hospital, en cantidades progresivamente mayores, para confirmar o descartar la alergia al alimento sospechoso. La alergia a algunos alimentos en niños tiende a desaparecer después de un tiempo sin tomar el alimento, por lo que el estudio alergológico se debe realizar periódicamente para comprobar si el niño ya lo tolera. ¿Cómo se trata? El tratamiento fundamental es retirar totalmente de la dieta el alimento que no se tolera, sus derivados, sus proteínas y los productos que puedan contener mínimas cantidades (ejemplo: bollería en niños alérgicos a leche y/o huevo). A los niños alérgicos a leche de vaca hay que retirarles también la leche y derivados de otros mamíferos (cabra, oveja, etc.) y a los alérgicos a huevo de gallina, los huevos de otras aves (codorniz, pato, etc). Con respecto a otros alimentos, la mayoría de los niños toleran uno o dos alimentos de la misma familia del alimento que produjo la reacción alérgica (por ejemplo, los alérgicos a pescados suelen tolerar el atún de lata y el emperador y los alérgicos a legumbres, la judía blanca y la verde) por lo que se puede conseguir mantener una dieta equilibrada. La tolerancia de algún alimento de la misma familia siempre debe ser confirmada por el alergólogo. Sin embargo, en los niños con alergia a múltiples alimentos de diferente origen es necesario un estudio y seguimiento nutricional. Aunque la evolución natural de la alergia a leche o huevo es llegar a tolerarlos de forma espontánea tras dieta de exclusión, algunos niños no lo consiguen. En los últimos años se ha abordado para estos casos, el tratamiento activo de la alergia a los alimentos mediante la inmunoterapia oral o desensibilización con alimentos, que se trata en otro capítulo de esta web . El tratamiento de elección de las reacciones alérgicas graves con afectación respiratoria o cardiovascular es la administración de adrenalina inyectable, que puede salvar la vida del niño. Los pacientes con riesgo de sufrir una reacción alérgica grave deben disponer de dispositivos precargados de adrenalina. Los familiares, cuidadores, los niños mayores y adolescentes deben ser adiestrados en su utilización, como se indica en otro artículo de *EnFamilia . ¿Cómo se puede prevenir la alergia a alimentos? El que un niño sea alérgico a alimentos no se puede evitar o prevenir. Una vez que ha sido diagnosticado, lo fundamental es prevenir que presente reacciones alérgicas. Es imprescindible que los padres, familiares, cuidadores, profesores y el niño capacitado o el adolescente alérgico a alimentos, dispongan de información escrita, sencilla pero rigurosa sobre: La eliminación estricta en la dieta del alimento responsable, posibles fuentes ocultas y de otros alimentos de la misma familia. Reconocimiento de reacciones alérgicas a alimentos y de su gravedad. Tratamiento y actuación ante su ingestión accidental. ¿Dónde puedo encontrar más información? EnFamilia: Alergia e intolerancia a las proteínas de la leche de vaca Asociación Española de alérgicos a alimentos y látex (AEPNAA) Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica Sociedad Española de Inmunología Clínica y Alergia Pediátrica

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Flotadores de cuello: mejor no

Los niños se lo pasan muy bien en el agua. Las piscinas, lagos y playas forman parte del disfrute del verano. Sin embargo, el agua es un lugar peligroso sobre todo para los más pequeños. Cada año mueren en España entre 70 y 150 niños por ahogamientos en playas, ríos, embalses y piscinas, y el 86% de los casos se produce en piscinas domésticas. Cuando los bebés o los niños pequeños estén dentro o alrededor de agua, bien sea piscina o cualquier superficie abierta de agua, deben de estar al alcance y supervisados por un adulto con experiencia. Para que esta vigilancia sea adecuada, la distancia al menor debería ser inferior a la longitud del brazo del cuidador, es decir que hay que tenerlos al alcance. No debe suponerse que el niño no corre ningún riesgo de ahogamiento porque haya hecho un curso de natación o lleve un dispositivo de flotación. La utilización de flotadores o manguitos inflables no son una protección eficaz. Es conveniente que aprendan a nadar a partir de los 4 años. Sin embargo, la decisión de cuándo un niño debe iniciar dichas clases debe ser individualizada. Existen estudios que afirman que iniciar las clases entre los 1 y los 4 años disminuye el número de ahogamientos. En cualquier caso, todos los niños necesitan ser supervisados independientemente de su nivel de natación. No se debe asumir que, solo porque el niño ya sabe nadar, no se expone al riesgo de ahogamiento. En el caso de utilizar un chaleco salvavidas, debe ser de la talla del niño, estar homologado y usarlo siempre que el niño esté cerca del agua. Y tener en cuenta que los chalecos inflables y los manguitos flotadores, que se colocan en los brazos, no son una protección eficaz contra el ahogamiento. Recientemente se han comercializado unos flotadores que se colocan alrededor del cuello para que sean utilizados por los bebés. En la actualidad no hay estudios que demuestren que la utilización de flotadores en el cuello produzca ningún beneficio en los bebés. Por un lado, la utilización de dispositivos inflables puede producir una sensación de seguridad equivocada. La forma más segura de baño de los bebés es en brazos de un adulto y siempre sujeto y supervisado. Además, algunas publicaciones sugieren que el utilizar un dispositivo que mantiene el cuello erguido puede ser contraproducente para el desarrollo. Los bebés que estáni sujetos de forma vertical en el agua con la cabeza sujeta por una estructura semirrígida, sobre todo los más pequeños, podrían recibir compresión de su cuello y producir tensión en sus ligamentos y músculos. En resumen, en cuanto a la utilización de estos dispositivos no hay estudios que demuestren sus ventajas para la prevención de ahogamientos ni para la mejora del desarrollo del niño.

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Leche a partir de los 6-12 meses. ¿Cuánta?

Los bebés se alimentan a base de leche (preferentemente materna), siendo el alimento principal durante el primer año de vida. Hasta los 6 meses de edad los niños sólo necesitan leche. A partir de entonces, pueden comenzar a tomar otros alimentos progresivamente, conforme a las capacidades del bebé y los gustos familiares. Poco a poco, la dieta se hará más variada hasta acercarse entre los 12 y los 24 meses a lo que come la familia . ¿Por qué es importante la leche a partir de los 12 meses? La leche materna es mucho más que un alimento. Además de aportar una tercera parte de las calorías diarias a un niño de 1 a 3 años, protege de infecciones, mejora el desarrollo intelectual y emocional y previene enfermedades a largo plazo. ¡Y suele ser algo agradable para ambas partes! Por todo ello, es aconsejable mantener la lactancia mientras la madre y el hijo lo deseen . Como alternativa a la leche materna se puede usar leche de fórmula (o de vaca si tiene más de un año de edad). Supone un buen aporte de calorías para los niños pequeños, en los que puede ser difícil obtener toda la energía a base de alimentos sólidos. Además, es una fuente muy importante de calcio, vitamina D y otros micronutrientes. Niños con lactancia materna A partir de los 6 meses es recomendable seguir ofreciendo el pecho a demanda. ¡El pecho sigue siendo el alimento principal! Lo ideal es que el bebé tome pecho unas 4 o 5 veces al día, mejor antes de las comidas. Hacia el primer año de vida se puede seguir ofreciendo a demanda tras las comidas o entre comidas. Si el bebé hace al menos 4 o 5 tomas al día no son necesarios otros lácteos. Hay familias que se preocupan porque el bebé come menos de lo esperado . Las necesidades van cambiando y, por tanto, el apetito. Es recomendable respetar las señales de hambre y saciedad no sólo en los primeros meses, sino durante toda la infancia. Esto implica dejar que el niño regule la cantidad que toma de cada alimento, sin obligarle. La responsabilidad de los padres o cuidadores es ofrecer alimentos sanos y variados, preferentemente ricos en hierro . Por último, conviene mantener el suplemento de vitamina D (400 UI al día) mientras el pecho sea la fuente principal de leche. Niños con lactancia artificial Para la alimentación del bebé existen en el mercado dos tipos de preparados para lactantes : las llamadas leches de inicio (suele poner un 1 en el envase), que se utilizan desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, y leches de continuación (leches 2), a partir de los 6 meses. Ambos tipos de preparados pueden encontrarse en forma líquida y en polvo para diluir en agua. A partir del año pueden tomar leche de vaca entera. Se desaconseja el uso de leches denominadas “de crecimiento”, ya que suelen ser bebidas azucaradas. Al igual que con los niños que toman pecho, es importante respetar las señales de hambre y saciedad. Por ello, se habla de cantidades aproximadas, que en ningún caso se tomarán como reglas estrictas. Se recomiendan 2-3 raciones de lácteos al día en niños de 1 a 9 años. Una ración consiste en una taza de leche (200-250 ml), un yogur (125 g) o 30-40 g de queso curado. Conviene no tomar más de 500 ml de leche al día como costumbre, si además se consumen yogures o queso, ya que esto puede interferir en la variedad de la dieta, dar lugar a sobrepeso, estreñimiento y anemia por falta de hierro. Si un niño toma lácteos muchas veces al día , estará saciado y será más difícil que tome fruta, verdura o pasta. ¿Y si no quiere tomar leche? La leche es importante para asegurar la cantidad de calcio y otros nutrientes, aunque no es imprescindible en la dieta. Si un niño no toma leche se puede aportar el calcio con otros alimentos. Algunos niños rechazan la leche porque les sienta mal. Esto puede ocurrir porque digieren mal la lactosa, aunque pueden aceptar bien los yogures y el queso. ¿Dónde puedo encontrar más información? Errores frecuentes en la alimentación infantil. Programa Perseo.

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Alergia e intolerancia a la leche de vaca en los niños amamantados

¿Qué es la alergia a la leche? Una de las primeras sustancias extrañas con las que contactan los bebés son las proteínas de leche de vaca. L a alergia a la leche de vaca es la alergia alimentaria más frecuente en los lactantes y niños pequeños, afectando a un 2,5% de la población. ¿Por qué se produce? Porque el sistema inmunitario (las defensas del cuerpo humano) reacciona por error frente a las proteínas de la leche, cuando se ingieren o se tiene contacto con ellas. El responsable suele ser un tipo de anticuerpo llamado inmunoglobulina E (IgE). Con menos frecuencia se produce por un mecanismo del sistema inmunitario diferente, hablándose entonces de alergia a alimentos no mediadas por IgE. ¿Cuáles son los síntomas? Habitualmente, la alergia a la leche de vaca se produce durante el primer año de vida al introducir una fórmula artificial durante la lactancia o al sustituir la lactancia materna por una fórmula. Los síntomas dependen de si la respuesta del sistema inmunitario está mediada por IgE o por otro mecanismo diferente. Alergias mediadas por IgE Los síntomas aparecen inmediatamente o durante la primera hora después de haber tomado la leche. Pueden ser desde leves hasta muy graves. Los síntomas más frecuentes son el enrojecimiento de la piel y la aparición de habones (urticaria). Suelen comenzar alrededor de la boca, aunque se pueden extender por todo el cuerpo e incluso acompañarse de hinchazón de labios, párpados o pabellones auriculares (angioedema). También pueden aparecer síntomas digestivos, tales como vómitos o diarrea, siempre durante la primera hora después de la toma. La afectación respiratoria como la rinitis o el asma es menos frecuente, pero puede ser el inicio de una reacción grave. La anafilaxia es la manifestación más grave que puede ocurrir. Es una reacción generalizada que puede poner en peligro la vida del niño. La aparición de dificultad para respirar, tos seca, hinchazón de lengua, ronquera, palidez, labios o piel azulada, pulso débil son síntomas de gravedad y será necesaria la administración precoz de adrenalina . Alergias mediadas por otros mecanismos inmunitarios En las alergias no mediadas por IgE los síntomas suelen ser únicamente digestivos y pueden aparecer varias horas o días después de tomar la leche, y; también tardan más tiempo en desaparecer. Pueden verse síntomas como vómitos persistentes o diarreas prolongadas con moco o sangre en las deposiciones, e incluso desnutrición. En ocasiones, la única manifestación es el rechazo insistente del biberón. ¿Qué se puede hacer? En el caso de que el niño tenga algún síntoma como los indicados, hay que suspender las tomas de leche y lácteos procedentes de vaca o cualquier otro mamífero y consultar a su pediatra, quien valorará con qué sustituir la leche de vaca y si debe derivar al niño a otro especialista. Se debe informar a todos los familiares y personas que estén a cargo del niño, ya que pequeñas cantidades de proteínas de leche de vaca pueden provocar en algunos niños reacciones graves. ¿Cómo se diagnostica? El primer paso para el diagnóstico se basa en la realización de una historia clínica cuidadosa. El diagnóstico de alergia a la leche de vaca mediada por IgE se suele confirmar mediante pruebas cutáneas o análisis de sangre que detectan la presencia de inmunoglobulina E específica para leche y sus proteínas. Si el resultado es negativo o dudoso, puede ser necesaria una prueba de tolerancia administrando leche en cantidades crecientes y de manera muy controlada, para confirmar o descartar la alergia. Para el diagnóstico de la alergia no mediada por IgE no sirven las pruebas mencionadas y el diagnóstico es más complejo. Depende sobre todo de la historia clínica y de probar cómo responde el niño cuando se retira y se vuelve a introducir la leche. ¿Se puede tener alergia a la leche de vaca aunque se tome solo lactancia materna? Los niños alimentados con lactancia materna es menos probable que tengan intolerancia o alergia. Sin embargo, como otras muchas sustancias, las proteínas de la leche de vaca pueden pasar a la leche de la madre y llegar al bebé, provocando que desarrolle alergia a dichas proteínas. Si un niño alimentado al pecho tiene los síntomas de alergia a la leche descritos anteriormente, se deben suprimir por completo los lácteos y derivados de la dieta materna. Tiene que existir una relación directa entre la ingestión de las proteínas de leche de vaca por parte de la madre y la aparición de los síntomas. En la mayoría de los casos, los síntomas se repiten con la mínima introducción de lácteos en la dieta de la madre. Aunque la madre deje de tomar lácteos puede seguir amamantando a su hijo, y e l calcio puede obtenerse de muchos otros alimentos (lentejas, soja, frutos secos, anchoas, sardinas en lata, almejas, marisco, calamares, pescado y carne) de modo que no es imprescindible tomar queso, ni yogur, ni leche para fabricar mucha leche y para mantener los huesos fuertes. ¿Cómo evoluciona la alergia a la leche? La alergia a la leche en los niños tiende a desaparecer después de un periodo variable de tiempo, por lo que el especialista debe valorar periódicamente si el niño la ha superado. La alergia no mediada por IgE tiende a resolverse más precozmente en la infancia pronto, mientras que la alergia IgE mediada puede persistir mucho más tiempo. ¿Cómo se trata? El pilar fundamental es retirar la leche de vaca y sus derivados de la dieta del niño. En los últimos años se ha abordado el tratamiento activo de la alergia a la leche induciendo tolerancia. Puede estar indicado en los niños con alergia persistente. ¿Cómo se puede prevenir? La mejor manera de disminuir el riesgo de enfermedades alérgicas consiste en mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida.

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Mi niño no come

El apetito de los niños pequeños es muy variable, siendo frecuente que coman pocas cantidades y de forma irregular. Una de las causas es que, a partir de los 2 años, los niños crecen más despacio. Durante el primer año de vida el crecimiento es muy rápido. El peso al nacer se duplica a los 5 meses, se triplica al año y se cuadriplica a los dos años. Sin embargo, a partir de esta edad, la velocidad de crecimiento es más lenta, con un aumento de unos 2 kilos por año hasta que llega la pubertad, que es cuando se produce “el estirón”. Por lo tanto, a partir de los 2 años las necesidades de alimento son menores. Además, a esta edad ya tienen mucha autonomía y estarán más interesados en el mundo que les rodea que en permanecer sentados en la mesa para comer. Los niños desarrollan sus gustos, la apetencia por determinadas comidas puede variar, y pueden dejar de comer transitoriamente algunos alimentos que tomaban. Como no crecen de forma continua, y además la velocidad a la que crecen es menor, hay temporadas que tienen más apetito y otras en las que “no comen nada”. Respetar estas fases, en lugar de intentar que coman cantidades que no desean, contribuye a prevenir el sobrepeso y la obesidad. La hora de la comida Los padres pueden estar preocupados porque los niños comen pocas cantidades. A veces, a la hora de las comidas los padres se desesperan y se sienten impotentes, cuando sus hijos no quieren sentarse en la mesa, o cuando al ponerles la comida dicen frases como: “esto no me gusta”, “esto no lo quiero”, “yo quiero esto otro”… Sobre todo si se acompañan de enfados y “pataletas”. Pero no hay que olvidar que la adquisición de buenos hábitos y el conseguir que tomen una dieta equilibrada es cuestión de tiempo y mucha paciencia. Los padres pueden utilizar diferentes estrategias para que la hora de la comida sea un momento agradable y relajado: Al niño se le puede explicar que el cuerpo, para crecer, necesita una alimentación variada. Es muy útil establecer una rutina diaria en cuanto a horarios y normas sencillas en la mesa. Los niños aprenden imitando lo que ven, así que será de ayuda El apetito de la mayoría de los niños es suficiente para suplir sus necesidades por lo que no hay que tener, ni mucho menos demostrar, preocupación acerca de la cantidad de comida que toman. La cantidad la debe decidir siempre el niño, según su apetito y necesidades, y no los adultos. Por lo tanto, es mejor poner poca cantidad en su plato y dejarle que pida más si lo desea. Esto evitará peleas para que termine la comida o que haya que tirar alimentos. Los gustos y desagrados del niño por la comida deben ser respetados dentro de lo razonable: no hace falta “comer de todo” desde los 2 años, sino que tome algún alimento de cada grupo (alguna fruta, verdura etc). Poco a poco se pueden ir añadiendo nuevos alimentos y animar al niño a probarlos. A los dos años están muy interesados en hacer las cosas por si mismos. Pueden comer ellos solos, aunque se manchen, y poco a poco irán aprendiendo las normas en la mesa. El menú se puede adaptar de forma razonable a los gustos de los niños. Los padres seleccionan los alimentos que hay en casa y que sean saludables Si el niño no quiere probar un alimento no hace falta cambiarlo y preguntarle que otra cosa quiere. Poco a poco va a aprendendo a tomar alimentos variados aunque sea en pequeñas cantidades. El que coma cuando está distraído, ya viendo la televisión o entreteniéndole, conlleva que el niño no desarrolle un control sobre lo que come, y puede ingerir más de lo que necesita. Además no contribuye a crear buenos hábitos sino únicamente a que “se coma” todo lo que le ponemos, lo que puede relacionarse a que el niño desarrolle obesidad. Actitudes a evitar No se debe utilizar ninguna treta para que el niño coma (fuerza, amenazas, castigos o sobornos). No dejarlo que deambule por la casa mientras come, persiguiéndole con la cuchara o entreteniéndole con la televisión. Si no quiere comer, se le puede dejar sin alimento hasta la siguiente comida. De forma tranquila. No hay que decirle que es malo, ni castigarle, pues simplemente no ha comido y ya lo hará en otra ocasión. No insistir en que tome un alimento en particular, es mejor animarle a que pruebe, o ponerlo en la mesa para que él mismo lo coja. Un niño puede decir “esto no me gusta”, “esto no lo quiero” y está afirmando su personalidad. Los padres pueden decir, de manera tranquila, que es la comida que hay, que si no quiere comerlo lo puede dejar, y que no habrá otra cosa para comer hasta la siguiente comida. Cuidado con los alimentos lácteos ya que puede no querer ningún alimento más que leche o derivados. Con medio litro de leche o derivados al día es suficiente, y si toma mucha cantidad dejará de probar otros alimentos. Hay niños que comen con mucha lentitud. Al niño no hay que meterle prisas para comer. El adulto establece qué tiempo se le va a dar al niño para comer y explicárselo. Cuando finalice, se ha de retirar la mesa de forma tranquila y decirle que puede ir a jugar. En resumen, los padres son los encargados de que los alimentos sean variados y nutritivos, pero la cantidad siempre la deciden los niños. Esta actitud ayudará a prevenir la obesidad, además de conseguir que toda la familia disfrute con las comidas.

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