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Desarrollo del niño sano / Enfermedades

Manchas “Café con leche”

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Estas manchas en general no tienen importancia, pero ocasionan dudas y preocupación en los padres

¿Qué son?

Son manchas de color marrón claro, de ahí su nombre, que aparecen en cualquier parte de la piel del cuerpo, en número variable y pueden ser de diferentes tamaños.

Pueden apreciarse desde el nacimiento o bien aparecer en la primera infancia. Habitualmente al inicio presentan un color muy claro, que las hace incluso difíciles de distinguir, pero posteriormente, a medida que crece el niño, aumentan de tamaño y se hacen más oscuras, volviéndose más evidentes sobre los 2 años de edad.

¿Qué importancia tienen?

Hasta un 10% de la población tiene una o dos manchas café con leche.  Es decir, la sola presencia de estas manchas no supone necesariamente que exista alguna patología.

Sin embargo, en ocasiones, pueden ser un signo de alguna enfermedad. Así, estas lesiones están presentes en el 95% de los pacientes que padecen una enfermedad llamada neurofibromatosis. Se considera un criterio de neurofibromatosis la presencia de 6 o más manchas café con leche, de un tamaño igual o mayor a 5 mm en niños y a 15 mm en el caso de los adolescentes.

También pueden aparecer manchas café con leche en otras enfermedades como el síndrome de McCune-Albright, la esclerosis tuberosa o la anemia de Fanconi, entre otras.

¿Precisan tratamiento?

Las manchas "café con leche" por sí mismas no necesitan ningún cuidado especial.

Se deberá seguir su evolución (tamaño y sobre todo el número de las manchas) y estar alerta por si apareciera algún otro síntoma o signo sugestivo de alguna de las enfermedades con las que se puede asociar.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Neurofibromatosis tipo 1

¿Qué es? La neurofibromatosis tipo 1, también llamada enfermedad de Von Recklinghausen, es un síndrome que puede afectar a varios órganos de nuestro cuerpo (fundamentalmente la piel y el sistema nervioso) y que predispone a la aparición de tumores generalmente benignos. Se presenta en 1 de cada 3000 recién nacidos vivos. ¿Cuál es la causa? Es una enfermedad genética ( alteración de un gen del cromosoma 17 ). Este gen se encarga de la fabricación de una proteína, la neurofibromina, que impide que nuestras células crezcan más de lo normal y que se formen tumores. Puede ser hereditaria o esporádica. La mitad de los enfermos heredan la enfermedad de uno de los padres. La herencia es dominante, es decir, para que aparezca la enfermedad basta con que uno de los padres esté enfermo. La otra mitad son casos esporádicos: los padres están sanos y el niño es el primer miembro de la familia con la enfermedad. ¿Cuáles son los síntomas? La gravedad y las manifestaciones varían de unos enfermos a otros, incluso entre los pacientes de una misma familia. Cursa con la presencia de manchas marrones en la piel ( manchas café con leche ) y de pecas (efélides) fundamentalmente en axilas e ingles, que pueden aparecer al nacimiento o en los primeros años de vida. Con la edad, y sobre todo en la pubertad, aparecen los neurofibromas, que son tumores benignos del revestimiento de los nervios. Generalmente se localizan en los nervios periféricos que hay debajo de la piel produciendo pequeños bultos. Si afectan a los nervios que están en el interior de nuestro cuerpo pueden ocasionar problemas si comprimen algún órgano importante. Otros tumores que pueden aparecer son: Nódulos de Lisch en el iris, que son pequeños bultos benignos que no comprometen la visión. Glioma de la vía óptica. Se trata de un tumor benigno localizado en el cerebro. En una minoría de casos crece y produce pérdida progresiva de visión. Aparecen en el 15 % de los niños menores de 6 años (rara vez ocurren en niños mayores y adultos). Los pacientes con neurofibromatosis también pueden tener alteraciones en los huesos, talla baja, pubertad precoz e hipertensión arterial. ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico es clínico. Las manchas café con leche de la piel suelen ser la primera pista. El médico explorará al paciente buscando algún otro hallazgo de la enfermedad (bultos en la piel producidos por los neurofibromas, pecas en ingles o axilas, nódulos de Lisch, glioma del nervio óptico, alteraciones óseas...) o si existen antecedentes familiares. Para establecer el diagnóstico de neurofibromatosis es necesario que se encuentren como mínimo dos de estos criterios anteriores. Muchas de las manifestaciones clínicas no están presentes desde el nacimiento y aparecen a lo largo de la infancia y la adolescencia, por ello los niños con lesiones sospechosas necesitan revisiones periódicas. Se pueden precisar estudios genéticos. ¿Cómo se trata? En la actualidad no existe un tratamiento que elimine por completo la enfermedad. Se deben mantener revisiones médicas periódicas durante toda la vida para detectar las complicaciones de forma precoz y actuar en consecuencia (extirpar algún tumor, tratar con quimioterapia un glioma del nervio óptico que esté afectando a la visión o poner tratamiento para la hipertensión). Evolución y pronóstico Los pacientes generalmente tienen una buena calidad de vida. La mayoría presentan una inteligencia normal, aunque no es infrecuente que asocien trastornos del aprendizaje o trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad . Un 10 % de los neurofibromas presentan riesgo de transformación maligna (cáncer) en los adolescentes y adultos jóvenes, sobre todo si el neurofibroma afecta a varios nervios simultáneamente (neurofibromas plexiformes). Precisarán un seguimiento coordinado entre diferentes médicos especialistas (oftalmólogos, dermatólogos, traumatólogos, endocrinólogos pediátricos, genetistas…), siendo el neuropediatra el médico de referencia para el manejo de esta enfermedad.

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Comer bien y sano en la adolescencia

Los adolescentes comen a menudo fuera y toman sus propias decisiones. Las buenas costumbres a veces cambian, pero se pueden mantener al menos en casa Alimentarse bien es muy importante en la adolescencia. Durante esta etapa se producen grandes cambios en la composición corporal y aumenta la velocidad de crecimiento: “el famoso estirón”. La nutrición juega un papel esencial en ambos procesos. A los adolescentes, aunque estén muy influidos por modas, amigos y publicidad, también les gusta razonar, negociar e investigar. Es bueno ayudarles a descubrir las ventajas de comer sano. Desayunar bien para aprender mejor Los lácteos son una buena fuente de calcio. Hay varias formas de tomarlo ; 1 litro (al menos medio) de leche o derivados al día pueden cubrir las necesidades. El desayuno es un buen momento para empezar. Como les cuesta madrugar, conviene dejarlo preparado por la noche. ¡Que sea tan fácil como calentar la leche y coger el bocadillo! También puede pasarse un minuto por el microondas, para que esté más apetitoso (de tortilla, de jamón, de atún, de queso…). Los cereales con leche o el muesli (cereales, frutos secos y fruta) son una buena opción, rápida y sana. Aportan hidratos de carbono, ácidos grasos esenciales, proteínas, minerales y vitaminas. En el recreo, ¿reunión junto al bar del instituto? ¡Hay otras opciones! Un rico bocadillo de casa y que no se olvide el agua. Los bocadillos del bar son sabrosos, pero hay que gastarse la propina. Si se llevan algo de casa, se evitan las colas y tienen más tiempo para jugar y divertirse con los amigos. Además, siempre es más sano. Y si quiere mantener la línea y no pasar hambre, un trozo de queso, dos zanahorias o una fruta en el bolsillo. ¡Qué hambre a mediodía! ¡Que no falten las verduras y las féculas! Las recomendaciones para una dieta saludable para los adolescentes son muy parecidas a las de los adultos. El pan, los cereales integrales, el arroz, la pasta, las patatas, la fruta y la verdura deberían ser la base de la comida. Las patatas fritas han de ser la excepción y no la regla. En cuanto a la carne, el pescado y los huevos, 3-4 raciones de cada uno de ellos a la semana son suficientes. Es preferible la carne magra, evitando la grasa visible y la piel de las aves. Es más aconsejable el pescado que la carne, porque tiene menos calorías y su grasa es mejor. Las ensaladas frescas los acompañan bien. Dos veces o tres a la semana un plato “de cuchara” está muy bien. Las legumbres son muy nutritivas y aportan mucha fibra. La jarra del agua debería estar a mano para todos, sin excepción. Y de postre, mucha fruta. Ya se sabe que es más fácil destapar un envase de natillas o yogur y meter la cuchara, que pelar una naranja, una pera o un kiwi pero… con la vitamina C de las frutas se asimila mejor el hierro. Los lácteos en la merienda, pero bien acompañados Es buena hora para tomar leche con cereales o muesli, o yogur y un bocadillo. ¡Y fruta otra vez! Cenar en casa, juntos y sin la tele Casi es la única comida que se puede hacer en familia, pues los horarios son complicados. Si se prepara entre todos es fácil. Cada uno tiene su tarea. Puede ser rotatoria (poner la mesa o recogerla, llenar el lavavajillas, fregar…) Está demostrado que comer en familia es saludable. Que la mesa esté bien surtida de ensaladas, quesos y frutas para compartir junto al menú principal: pescado, huevos, crema de verduras, sopa y, de vez en cuando, una pizza casera. Y la tele apagada para poder charlar y comentar la jornada. Tranquilos, ¡es solo un ratito! En resumen: A su edad es bueno que tomen 3 o 4 raciones de leche o lácteos. Las frutas no engordan y aportan vitaminas. Las carnes, huevos y el pescado tienen muchas proteínas para el crecimiento. La grasa del pescado es buena, mientras que la de la carne conviene eliminarla para cuidar las arterias “por dentro”. Una ración doble en un restaurante puede ser más barata, pero es para que la tomen entre dos. Los refrescos y zumos están muy a mano pero no son aconsejables, tienen demasiadas calorías y no quitan la sed. Es mejor beber agua. La bollería es para tomar…menos de una vez por semana.

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Grooming

Es el acoso a un menor por un adulto a través de las nuevas tecnologías. Es considerado un delito ¿Qué es el grooming? El grooming es el acoso a un menor por un adulto a través de las nuevas tecnologías. El acosador es un adulto con una intención sexual explícita o implícita. En esta modalidad de acoso, las situaciones de peligro para los menores son más sutiles y latentes. Son acciones realizadas para establecer de forma deliberada una relación y control emocional sobre un menor con el fin de preparar el terreno para el abuso sexual. Los acosadores, que frecuentemente son hombres casados, tienen preferencia por un prepúber o púber. El menor suele ser ingenuo y no se da cuenta de que interactúa con un adulto. El acosador acaba confesando su edad y pidiendo secretismo; les convence que no deben decirlo a los padres pues no lo entenderían. Logran datos personales y fotografías, que cada vez serán con menos ropa. El grooming es considerado un delito englobado dentro del denominado exhibicionismo, difusión de contenidos pornográficos y corrupción de menores. Internet proporciona sensación de anonimato, pero es importante tener en cuenta que hoy en día se puede averiguar el lugar exacto y el equipo informático utilizado, aunque no necesariamente la persona que efectuó el grooming. Existen 3 fases: Fase de amistad: se pone en contacto para conocer sus gustos, preferencias y crear una relación de amistad y confianza. Fase de relación: incluye confesiones personales e íntimas entre acosador y menor, estableciéndose una mayor confianza que hace que el acosador obtenga cada vez más información sobre sus gustos y preferencias. Fase con componente sexual: hay petición a los menores de su participación en actos de naturaleza sexual, grabación de imágenes o toma de fotografías. ¿Cómo podemos prevenir el acoso a través de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? A través de la educación sanitaria en los controles de salud y también en visitas a demanda. Hay que educar en el uso seguro y responsable de las TICs y también de sus posibles riesgos.

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Bancos de leche materna

El mejor alimento para un recién nacido es la leche de su madre. Y cuando esto no es posible, la leche humana donada es la mejor alternativa, especialmente para niños enfermos o prematuros. El alimentar a estos niños con leche materna mejora sus posibilidades de recuperación, supervivencia y desarrollo. La leche materna tiene beneficios demostrados, tales como la disminución de problemas intestinales graves y del riesgo de infección. Además, favorece el desarrollo del sistema inmunológico y el desarrollo cerebral. El objetivo de los bancos de leche materna es promover la lactancia materna y alimentar de la mejor forma a los niños que tienen problemas de salud, siempre y cuando no haya leche de la propia madre. Los niños que reciben la leche del banco son grandes prematuros, recién nacidos de bajo peso, niños con enfermedades del corazón, problemas intestinales o que han precisado cirugía. A esto hay que añadir, que, cuando se van de alta a sus casas, se favorece que los niños sigan siendo alimentados con lactancia materna exclusiva. Los bancos de leche materna nacieron en España en el año 2004, con el primer banco en Palma de Mallorca. En diciembre del año 2007 le siguió el del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Actualmente en España existen siete bancos de leche materna ubicados en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca, Granada y Mérida. Además, hay otros proyectos en Sevilla, Murcia y Valladolid. Desde octubre, en Madrid, el Banco de Leche del Hospital 12 de Octubre se ha convertido en el Banco Regional de Leche Materna de Madrid. Es un proyecto que ha financiado la Fundación Aladina. Con su apoyo, se ha ampliado el banco de leche y se ha dotado de los medios y personal necesarios para atender las necesidades de los prematuros que nacen en el resto de hospitales públicos de la Comunidad de Madrid. Las madres que deseen donar su leche pueden consultar en este documento del Hospital 12 de Octubre .

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Bancos de leche

El Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría ha publicado, con este título, un nuevo documento sobre los bancos de leche. Se comienza recordando que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que “cuando no se disponga de leche de la propia madre, la leche pasteurizada de madres donantes seleccionadas es la mejor opción para la alimentación de los niños, sobre todo si se trata de niños enfermos o de alto riesgo” (OMS. Nutrición del lactante y del niño pequeño. Estrategia mundial para la alimentación del lactante y del niño pequeño. Informe de la Secretaría. 55 Asamblea Mundial de la Salud. 16 de abril de 2002. A55/15. Ginebra). ¿Qué son los bancos de leche humana? Los bancos de leche humana son centros especializados, responsables de la promoción y apoyo a la lactancia materna y de la recolección, procesamiento, control de calidad y dispensación de la leche de madre donada a cualquier niño que la precise, bajo criterio médico. ¿Quién puede ser donante? Las donantes son mujeres sanas, de vida saludable, que lactan satisfactoriamente a su hijo y que deciden además donar leche de forma altruista, para beneficio de recién nacidos enfermos o prematuros. La selección de donantes se realiza por entrevista personal en la que se obtienen datos sobre estado de salud y hábitos de vida. Además, se les realiza análisis para descartar enfermedades infecciosas potencialmente transmisibles a través de la leche (HTLV, sífilis, VIH, hepatitis B y C y enfermedad de Chagas). ¿Qué medidas de seguridad se siguen en los bancos de leche humana? Además de las descritas para seleccionar a las donantes, la leche donada es sometida a análisis microbiológico (buscando agentes infecciosos), para garantizar la seguridad de su consumo. También se realizan análisis de macronutrientes, lo que permite conocer el contenido en energía, grasas, proteínas y lactosa de la leche que el paciente va a recibir. Después, la leche se congela y se almacena hasta su distribución. La trazabilidad del procedimiento está garantizada desde el inicio del proceso, mediante la identificación de cada una de las muestras de leche donada y de cada uno de los pasos del procedimiento, hasta que la leche es entregada al receptor, quedando todo el proceso recogido en una base de datos, diseñada específicamente para este seguimiento. ¿Qué lactantes se benefician de los bancos de leche humana? Fundamentalmente los recién nacidos con riesgo de enterocolitis necrotizante , como los prematuros, los que son intervenidos quirúrgicamente en el abdomen o aquellos con cardiopatías congénitas y bajo gasto (el corazón no bombea bien la sangre). Y en España… Actualmente hay trece bancos de leche humana ubicados en las propias unidades de neonatología, otros integrados en los centros de donación de órganos y tejidos y otros en modelos mixtos. El documento termina con un aviso importante: “En los últimos años se ha extendido la distribución de leche materna a través de Internet. Esta es una práctica que expone los receptores de la misma a importantes riesgos de salud, ya que reciben leche materna sin control de donantes ni del procedimiento.” “Solo los bancos de leche humana disponen en la actualidad de controles que garantizan la seguridad del procedimiento.” Dónde puedo encontrar más información: Compartir leche materna. Declaración de la Asociación Europea de Bancos de Leche (EMBA) : Asociación Europea de Bancos de Leche Humana . Asociación Española de Bancos de Leche Humana . Autores Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría. ¿Conoces los bancos de leche?

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La leche no produce mocos

Los niños pequeños tienen más infecciones y son los que toman más leche. Por este motivo se ha relacionado la producción de mocos con la leche La leche es un alimento fundamental y una importante fuente de energía. Está compuesta por agua, proteínas, hidratos de carbono y grasas. Además aporta calcio, magnesio, selenio, fósforo, vitaminas del complejo B (B1, B2, B5, B6 y B12) y vitaminas K, E, A y D, entre otros nutrientes. El calcio y la leche La leche es una importante fuente de calcio de los alimentos. Existen otros alimentos ricos en calcio, por ejemplo, almendras o espinacas. Pero para tomar el calcio de un vaso de leche se debería ingerir un vaso lleno de almendras (con mayor aporte calórico) o casi una bolsa entera de brotes de espinacas. La lactosa, la caseína y la vitamina D, presentes en la leche, son necesarias para que la absorción intestinal del calcio sea adecuada. Los oxalatos, cuyo contenido es alto en las acelgas y las espinacas, disminuyen la absorción del calcio. El calcio es fundamental para la formación de los huesos y por tanto para el crecimiento de los niños. Las infecciones en los niños Los niños pequeños sufren de 6 a 8 infecciones al año en la edad preescolar y de 5-6 infecciones al año durante la edad escolar, disminuyendo en la adolescencia. Este número puede ser mayor en niños pequeños que van a guardería o tienen hermanos mayores. Las infecciones más frecuentes son los catarros, que se acompañan de mocos, tos y flemas. Los mocos y la tos son mecanismos de defensa frente a las infecciones respiratorias. Los niños más pequeños, que son los que tienen más infecciones, son los que toman más leche. Por este motivo se ha relacionado la producción de mocos con el consumo de leche. Relación entre consumo de leche y mocos Existen diversos trabajos en los que se estudia la relación entre el consumo de leche y la producción de mocos, sin obtener resultados que indiquen que el consumo de leche aumenta los mocos o empeora los síntomas catarrales. Solo se ha demostrado un aumento de mucosidad intestinal asociada al consumo de leche, pero esto no es extrapolable al aparato respiratorio. El aumento de la mucosidad intestinal tiene una función protectora para el sistema digestivo. Los niños asmáticos no tienen que reducir el consumo de leche, salvo que sean alérgicos a la misma. Conclusión El consumo de leche no aumenta la producción de mocos ni flemas. La leche es una importante fuente de calcio y un alimento fundamental en la alimentación de los niños. ¿Dónde puedo encontrar más información? La leche no produce mocos. Familia y salud

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Alergia a la leche de vaca

Los niños con alergia a la leche no pueden tomar leche de vaca ni de otros mamíferos como la cabra o la oveja ¿Qué es la alergia a la leche? La alergia a la leche de vaca es la alergia alimentaria más frecuente en los bebés. Se produce porque el sistema inmunitario (de defensa) reacciona por error frente a las proteínas de la leche, causando una reacción cuando se ingiere o se tiene contacto con ella. El responsable suele ser un tipo de anticuerpo llamado inmunoglobulina E (IgE); pero en otras ocasiones puede haber mecanismos diferentes relacionados también con el sistema inmunitario, hablándose entonces de alergia a alimentos no mediadas por IgE. Con frecuencia se utiliza erróneamente el término intolerancia para referirse a esta última, pero la intolerancia a alimentos incluye las reacciones a alimentos que no tienen nada que ver con el sistema inmunitario, como ocurre con la intolerancia a la lactosa . ¿Cuáles son los síntomas? Habitualmente, la alergia a la leche de vaca se produce durante el primer año de vida, al sustituir la lactancia materna por una fórmula adaptada de leche de vaca. Alergias mediadas por IgE Los síntomas aparecen inmediatamente o durante la primera hora después de haber tomado la leche. Pueden ser desde leves hasta muy graves, dependiendo del grado de sensibilización del paciente y de la cantidad ingerida. En ocasiones, la única manifestación es el rechazo insistente del biberón. Los síntomas más frecuentes se ven en la piel, como enrojecimiento y habones (urticaria) alrededor de la boca. Se pueden extender por toda la cara y por el cuerpo e incluso acompañarse de hinchazón de labios, párpados o pabellones auriculares (angioedema). También pueden aparecer síntomas digestivos, tales como vómitos o diarrea durante la primera hora después de la toma. La afectación respiratoria como la rinitis o el asma es menos frecuente, pero puede ser el inicio de una reacción grave. La anafilaxia es la manifestación más grave que puede ocurrir. Es una reacción generalizada que afecta a más de un órgano y puede poner en peligro la vida del niño. La aparición de dificultad para respirar, tos seca, hinchazón de lengua, ronquera, desvanecimiento, palidez, labios o piel azulada, pulso débil y agotamiento son síntomas de gravedad y será necesaria la administración precoz de adrenalina. Alergias mediadas por otros mecanismos inmunitarios En las alergias no mediadas por IgE los síntomas suelen ser únicamente digestivos y pueden aparecer varias horas o días después de tomar la leche, y tardan más tiempo en desaparecer. Pueden verse síntomas como vómitos persistentes que pueden llevar a la deshidratación y shock, o diarreas prolongadas con moco o sangre en las deposiciones, e incluso desnutrición. ¿Qué se puede hacer? En el caso de que el niño tenga algún síntoma como los indicados hay que suspender las tomas de leche y lácteos procedentes de vaca o cualquier otro mamífero y consultar a su pediatra, quien valorará con qué sustituir la leche de vaca y si debe derivar al niño a otro especialista. ¿Cómo se diagnostica? La alergia a la leche de vaca mediada por IgE se diagnostica mediante la detección de la inmunoglobulina E específica a leche y sus proteínas, con pruebas cutáneas o análisis de sangre. Si el resultado es negativo o dudoso, puede ser necesaria una prueba de tolerancia administrando el alimento en cantidades crecientes y de manera muy controlada, para confirmar o descartar la alergia. Para el diagnóstico de la alergia no mediada por IgE no sirven las pruebas mencionadas y el diagnóstico es más complejo. ¿Cómo evoluciona la alergia a la leche? La alergia a la leche en los niños tiende a desaparecer después de un periodo variable de tiempo con dieta de exclusión, por lo que el especialista debe valorar periódicamente si el niño ha superado la alergia a la leche. Aunque la mayoría llega a tolerarla antes de los 5 años, aproximadamente un 15 % de los niños alérgicos a la leche mantienen la alergia. Estos niños suelen tener un elevado nivel de sensibilización y tienen riesgo de reacción anafiláctica grave por ingestión de pequeñas cantidades de leche como alérgeno oculto (bollería, snacks, salsas). ¿Cómo se trata? El tratamiento fundamental de la alergia a la leche es la dieta sin leche ni sus derivados (queso, yogur, etc.); tampoco se pueden ingerir productos que puedan contener trazas o proteínas de leche. En los lactantes alérgicos a la leche se debe sustituir la fórmula adaptada normal por una fórmula especial, habitualmente fórmulas extensamente hidrolizadas de proteínas de leche o, en los mayores, fórmulas de soja. Las fórmulas de hidrolizado de arroz también pueden ser una alternativa válida. En lactantes que reciben leche materna, muy pocas veces es necesario que la madre excluya también los lácteos de su dieta. Hay que tener en cuenta que estos niños tampoco toleran la leche ni los productos lácteos derivados de otros mamíferos, como la cabra o la oveja. En cambio, suelen tolerar la carne de vaca o ternera. Si se presenta una reacción alérgica por exposición accidental a leche se recomienda que se lave la zona de contacto y se administren antihistamínicos con o sin corticoides. Si la reacción es grave hay que administrar adrenalina. Existen dispositivos autoinyectables de fácil administración. Ante la duda siempre hay que inyectarla y llamar posteriormente al servicio de emergencias (112) o acudir al servicio de urgencias más próximo. En los últimos años se ha abordado el tratamiento activo de la alergia a la leche mediante la inmunoterapia oral o desensibilización oral con leche. Puede estar indicado en los niños con alergia persistente. ¿Cómo se puede prevenir? Actualmente no hay medidas concretas que hayan demostrado claramente su eficacia, aunque algunos estudios sugieren que la lactancia materna prolongada podría prevenir la alergia a la leche hasta los 18 meses. En un paciente con alergia alimentaria lo fundamental es evitar las reacciones alérgicas, mediante una dieta que excluya el alimento implicado y las posibles fuentes ocultas para evitar su ingestión accidental (utensilios contaminados, control del etiquetado de los alimentos, etc.). ¿Dónde puedo encontrar más información? https://seicap.es/lo-que-debes-saber-sobre-la-alergia-a-la-proteina-de-leche-de-… Asociación Española de alérgicos a alimentos y látex (AEPNAA)

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Leche a partir de los 6-12 meses. ¿Cuánta?

Los bebés se alimentan a base de leche (preferentemente materna), siendo el alimento principal durante el primer año de vida. Hasta los 6 meses de edad los niños sólo necesitan leche. A partir de entonces, pueden comenzar a tomar otros alimentos progresivamente, conforme a las capacidades del bebé y los gustos familiares. Poco a poco, la dieta se hará más variada hasta acercarse entre los 12 y los 24 meses a lo que come la familia . ¿Por qué es importante la leche a partir de los 12 meses? La leche materna es mucho más que un alimento. Además de aportar una tercera parte de las calorías diarias a un niño de 1 a 3 años, protege de infecciones, mejora el desarrollo intelectual y emocional y previene enfermedades a largo plazo. ¡Y suele ser algo agradable para ambas partes! Por todo ello, es aconsejable mantener la lactancia mientras la madre y el hijo lo deseen . Como alternativa a la leche materna se puede usar leche de fórmula (o de vaca si tiene más de un año de edad). Supone un buen aporte de calorías para los niños pequeños, en los que puede ser difícil obtener toda la energía a base de alimentos sólidos. Además, es una fuente muy importante de calcio, vitamina D y otros micronutrientes. Niños con lactancia materna A partir de los 6 meses es recomendable seguir ofreciendo el pecho a demanda. ¡El pecho sigue siendo el alimento principal! Lo ideal es que el bebé tome pecho unas 4 o 5 veces al día, mejor antes de las comidas. Hacia el primer año de vida se puede seguir ofreciendo a demanda tras las comidas o entre comidas. Si el bebé hace al menos 4 o 5 tomas al día no son necesarios otros lácteos. Hay familias que se preocupan porque el bebé come menos de lo esperado . Las necesidades van cambiando y, por tanto, el apetito. Es recomendable respetar las señales de hambre y saciedad no sólo en los primeros meses, sino durante toda la infancia. Esto implica dejar que el niño regule la cantidad que toma de cada alimento, sin obligarle. La responsabilidad de los padres o cuidadores es ofrecer alimentos sanos y variados, preferentemente ricos en hierro . Por último, conviene mantener el suplemento de vitamina D (400 UI al día) mientras el pecho sea la fuente principal de leche. Niños con lactancia artificial Para la alimentación del bebé existen en el mercado dos tipos de preparados para lactantes : las llamadas leches de inicio (suele poner un 1 en el envase), que se utilizan desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, y leches de continuación (leches 2), a partir de los 6 meses. Ambos tipos de preparados pueden encontrarse en forma líquida y en polvo para diluir en agua. A partir del año pueden tomar leche de vaca entera. Se desaconseja el uso de leches denominadas “de crecimiento”, ya que suelen ser bebidas azucaradas. Al igual que con los niños que toman pecho, es importante respetar las señales de hambre y saciedad. Por ello, se habla de cantidades aproximadas, que en ningún caso se tomarán como reglas estrictas. Se recomiendan 2-3 raciones de lácteos al día en niños de 1 a 9 años. Una ración consiste en una taza de leche (200-250 ml), un yogur (125 g) o 30-40 g de queso curado. Conviene no tomar más de 500 ml de leche al día como costumbre, si además se consumen yogures o queso, ya que esto puede interferir en la variedad de la dieta, dar lugar a sobrepeso, estreñimiento y anemia por falta de hierro. Si un niño toma lácteos muchas veces al día , estará saciado y será más difícil que tome fruta, verdura o pasta. ¿Y si no quiere tomar leche? La leche es importante para asegurar la cantidad de calcio y otros nutrientes, aunque no es imprescindible en la dieta. Si un niño no toma leche se puede aportar el calcio con otros alimentos. Algunos niños rechazan la leche porque les sienta mal. Esto puede ocurrir porque digieren mal la lactosa, aunque pueden aceptar bien los yogures y el queso. ¿Dónde puedo encontrar más información? Errores frecuentes en la alimentación infantil. Programa Perseo.

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¿Cuánta leche es recomendable para los niños?

¿Cuáles son las propiedades nutritivas de la leche? La leche es un alimento muy completo. Proporciona unas 60-65 calorías por cada 100 ml. Tiene proteínas como la caseína, azúcares como la lactosa y grasas. Además, es rica en calcio, fósforo y vitaminas, sobre todo A, D y algunas del grupo B. El calcio, los huesos y el crecimiento infantil El calcio es muy importante en el desarrollo de los huesos y, por lo tanto, en el crecimiento de los niños. Como la leche tiene mucho calcio, casi siempre se ha considerado esencial en la alimentación infantil. Efectivamente, durante los primeros meses de vida los bebés solo necesitan tomar leche y la mejor es la de su madre, sin duda. A partir de los 6 meses es necesario que tomen otros alimentos. La alimentación debe ser variada para asegurar un crecimiento normal. ¿Cuánta leche toman los niños hoy en día? Según las encuestas, los niños de hoy toman casi la misma cantidad de leche que antes… o más bien un poco menos. Pero eso es cierto si nos referimos únicamente a la leche en su forma natural: líquida y blanca. En realidad, se consume mucha más cantidad de leche que antaño, porque en el mercado hay gran variedad de derivados lácteos, listos para tomar. En los supermercados y en la nevera familiar abundan batidos, natillas, yogures, queso cremoso batido, helados, etc. Hace 3 o 4 décadas se tomaba arroz con leche, flan o natillas una vez a la semana o si había una fiesta familiar. En la actualidad, es raro el día en que no se toman 3 o 4 lácteos. Contando los productos derivados de la leche, no es raro que los niños consuman el equivalente a más de un litro cada día. ¿Cuánta leche necesitan tomar los niños? Es recomendable que los niños ingieran alimentos con calcio. La leche es un alimento barato, accesible y agradable al paladar. La cantidad recomendada de leche y derivados lácteos depende de las edades. En general, con una ingesta de medio litro de leche o derivados se proporciona el calcio necesario. Si no toma leche, puede obtenerlo de otros alimentos. Leche entera, desnatada o semi, ¿cuál es la mejor para mi hijo? A partir de los 12 meses de edad los niños pueden tomar leche de vaca. Debe ser entera, o sea, con toda su grasa. Como en esta etapa crecen muy deprisa, pero al mismo tiempo tienen un estómago pequeñito, conviene que tomen alimentos con muchas calorías. Y por el momento (salvo excepciones) el colesterol no es un riesgo para ellos. Además, la grasa de la leche favorece que se absorban mejor las vitaminas A y D. A partir de los dos años pueden tomar leche con menos grasa, o sea, semidesnatada. Y si un niño tiene sobrepeso o acostumbra a tomar muchos lácteos, es preferible que todos ellos (o la mayoría) sean desnatados. Una dieta variada es más completa Los seres humanos necesitan una dieta omnívora, muy variada, para asegurar todos los nutrientes necesarios para el crecimiento en la infancia y la adolescencia y para mantener la salud durante toda la vida. Forman parte de la dieta los alimentos vegetales (hojas, raíces, semillas, tubérculos, granos...) y también las partes de animales. La leche y sus derivados están en la larga lista de cosas comestibles. En cada cultura o región se ha ido eligiendo, entre sus recursos naturales, lo que se puede comer o no, lo que gusta, lo que debe incluir la dieta infantil o lo que se reserva para celebraciones especiales. Forma parte de la historia de la humanidad. Con la globalización, se están difundiendo costumbres de países lejanos y se están intercambiando productos. Con ello nuestra dieta a veces se enriquece, pero otras se hace monótona, al elegir siempre alimentos similares. Por eso, es importante insistir: la dieta debe ser muy variada desde la infancia.

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Alergia e intolerancia a la leche de vaca en los niños amamantados

¿Qué es la alergia a la leche? Una de las primeras sustancias extrañas con las que contactan los bebés son las proteínas de leche de vaca. L a alergia a la leche de vaca es la alergia alimentaria más frecuente en los lactantes y niños pequeños, afectando a un 2,5% de la población. ¿Por qué se produce? Porque el sistema inmunitario (las defensas del cuerpo humano) reacciona por error frente a las proteínas de la leche, cuando se ingieren o se tiene contacto con ellas. El responsable suele ser un tipo de anticuerpo llamado inmunoglobulina E (IgE). Con menos frecuencia se produce por un mecanismo del sistema inmunitario diferente, hablándose entonces de alergia a alimentos no mediadas por IgE. ¿Cuáles son los síntomas? Habitualmente, la alergia a la leche de vaca se produce durante el primer año de vida al introducir una fórmula artificial durante la lactancia o al sustituir la lactancia materna por una fórmula. Los síntomas dependen de si la respuesta del sistema inmunitario está mediada por IgE o por otro mecanismo diferente. Alergias mediadas por IgE Los síntomas aparecen inmediatamente o durante la primera hora después de haber tomado la leche. Pueden ser desde leves hasta muy graves. Los síntomas más frecuentes son el enrojecimiento de la piel y la aparición de habones (urticaria). Suelen comenzar alrededor de la boca, aunque se pueden extender por todo el cuerpo e incluso acompañarse de hinchazón de labios, párpados o pabellones auriculares (angioedema). También pueden aparecer síntomas digestivos, tales como vómitos o diarrea, siempre durante la primera hora después de la toma. La afectación respiratoria como la rinitis o el asma es menos frecuente, pero puede ser el inicio de una reacción grave. La anafilaxia es la manifestación más grave que puede ocurrir. Es una reacción generalizada que puede poner en peligro la vida del niño. La aparición de dificultad para respirar, tos seca, hinchazón de lengua, ronquera, palidez, labios o piel azulada, pulso débil son síntomas de gravedad y será necesaria la administración precoz de adrenalina . Alergias mediadas por otros mecanismos inmunitarios En las alergias no mediadas por IgE los síntomas suelen ser únicamente digestivos y pueden aparecer varias horas o días después de tomar la leche, y; también tardan más tiempo en desaparecer. Pueden verse síntomas como vómitos persistentes o diarreas prolongadas con moco o sangre en las deposiciones, e incluso desnutrición. En ocasiones, la única manifestación es el rechazo insistente del biberón. ¿Qué se puede hacer? En el caso de que el niño tenga algún síntoma como los indicados, hay que suspender las tomas de leche y lácteos procedentes de vaca o cualquier otro mamífero y consultar a su pediatra, quien valorará con qué sustituir la leche de vaca y si debe derivar al niño a otro especialista. Se debe informar a todos los familiares y personas que estén a cargo del niño, ya que pequeñas cantidades de proteínas de leche de vaca pueden provocar en algunos niños reacciones graves. ¿Cómo se diagnostica? El primer paso para el diagnóstico se basa en la realización de una historia clínica cuidadosa. El diagnóstico de alergia a la leche de vaca mediada por IgE se suele confirmar mediante pruebas cutáneas o análisis de sangre que detectan la presencia de inmunoglobulina E específica para leche y sus proteínas. Si el resultado es negativo o dudoso, puede ser necesaria una prueba de tolerancia administrando leche en cantidades crecientes y de manera muy controlada, para confirmar o descartar la alergia. Para el diagnóstico de la alergia no mediada por IgE no sirven las pruebas mencionadas y el diagnóstico es más complejo. Depende sobre todo de la historia clínica y de probar cómo responde el niño cuando se retira y se vuelve a introducir la leche. ¿Se puede tener alergia a la leche de vaca aunque se tome solo lactancia materna? Los niños alimentados con lactancia materna es menos probable que tengan intolerancia o alergia. Sin embargo, como otras muchas sustancias, las proteínas de la leche de vaca pueden pasar a la leche de la madre y llegar al bebé, provocando que desarrolle alergia a dichas proteínas. Si un niño alimentado al pecho tiene los síntomas de alergia a la leche descritos anteriormente, se deben suprimir por completo los lácteos y derivados de la dieta materna. Tiene que existir una relación directa entre la ingestión de las proteínas de leche de vaca por parte de la madre y la aparición de los síntomas. En la mayoría de los casos, los síntomas se repiten con la mínima introducción de lácteos en la dieta de la madre. Aunque la madre deje de tomar lácteos puede seguir amamantando a su hijo, y e l calcio puede obtenerse de muchos otros alimentos (lentejas, soja, frutos secos, anchoas, sardinas en lata, almejas, marisco, calamares, pescado y carne) de modo que no es imprescindible tomar queso, ni yogur, ni leche para fabricar mucha leche y para mantener los huesos fuertes. ¿Cómo evoluciona la alergia a la leche? La alergia a la leche en los niños tiende a desaparecer después de un periodo variable de tiempo, por lo que el especialista debe valorar periódicamente si el niño la ha superado. La alergia no mediada por IgE tiende a resolverse más precozmente en la infancia pronto, mientras que la alergia IgE mediada puede persistir mucho más tiempo. ¿Cómo se trata? El pilar fundamental es retirar la leche de vaca y sus derivados de la dieta del niño. En los últimos años se ha abordado el tratamiento activo de la alergia a la leche induciendo tolerancia. Puede estar indicado en los niños con alergia persistente. ¿Cómo se puede prevenir? La mejor manera de disminuir el riesgo de enfermedades alérgicas consiste en mantener la lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida.

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Lactancia materna: cuándo es necesario dar suplementos de leche

¿Qué es un suplemento? Los recién nacidos sanos amamantados obtienen toda la energía, agua y los nutrientes que necesitan de la leche de su madre. En las primeras 48 horas de vida, pequeñas cantidades de calostro (la primera leche que sale) son suficientes y la mayoría de bebés no necesitan otro aporte. Algunas veces, en situaciones especiales, pueden necesitar, además de la leche que obtienen del pecho, un aporte extra al que llamamos suplemento. El suplemento puede ser de leche de la propia madre, leche donada o "leche artificial" (sucedáneo de leche humana). No se recomienda la utilización rutinaria de suplementos ni de ningún otro líquido diferente a la lactancia materna excepto si está médicamente indicado. Estos podrían interferir en la duración y éxito de leche materna exclusiva sin producir un claro beneficio en la salud o en la ganancia ponderal del recién nacido sano, en condiciones normales. Es preferible atender a las necesidades de la madre mejorando la técnica de lactancia materna e informando sobre otras técnicas de extracción manual y conservación, antes que ofrecer directamente un suplemento. ¿Qué tipo de leche utilizar para suplementar? La primera opción siempre debería ser suplementar con leche extraída de la propia madre; en segundo lugar, si es posible, leche donada de banco y, en último lugar, si no se dispone de ninguna de las anteriores y si está médicamente indicado, se utilizará leche artificial o fórmulas de inicio. No se recomienda el uso de suero glucosado. En recién nacidos con familiares de primer grado (padres o hermanos) con atopia (alergia alimentaria, dermatitis, rinitis, asma alérgica) podría estar indicado en algunos casos el uso de fórmulas hidrolizadas parcialmente antes que una fórmula artificial estándar en caso de necesitar suplementación. Sin embargo, habitualmente suele ser necesario el suplemento de leche artificial por ausencia de leche materna en cuyo caso, si está médicamente indicado, debe facilitarse y enseñar a la madre a prepararlo correctamente (30 ml de agua por cada cacito de fórmula de inicio). ¿Cuándo está indicado dar suplementos? Las situaciones en las que está médicamente indicado suplementar durante los primeros días tras el nacimiento son las siguientes: Cuando el recién nacido no tiene fuerza, ha nacido antes de tiempo (menor de 32 semanas) o tiene un bajo peso (menor 1500 gramos), por lo que no es capaz de obtener todo el alimento por sí mismo. Cuando la pérdida de peso durante los primeros días es mayor de un 10 % del peso al nacimiento y no se ha conseguido una lactancia eficaz a pesar de intentarlo. En estas ocasiones el recién nacido puede tener una alimentación pobre con tendencia al sueño o bien estar muy irritable, más amarillo y con disminución de la evacuación de orina y heces con meconio. Si el médico confirma la pérdida de peso o la deshidratación, está indicada la suplementación. Mientras tanto es importante que la madre siga amamantando al niño y si aumenta su producción facilitarle la extracción dado que una vez resuelta la deshidratación se debería continuar con lactancia materna exclusiva si se confirma que ésta es suficiente para el bebé. Es importante saber que la pérdida de peso en el recién nacido es normal hasta un 7% debido a la pérdida fisiológica de líquidos y que no se debe a que la leche materna no sea suficiente o lo estén haciendo mal. Si se observa un retraso en la subida de la leche y una pérdida de peso del 8-10% podría ser necesaria la suplementación temporal hasta que se estableciera la producción de lactancia materna, momento en el que se abandonarían los suplementos y se pasaría a la lactancia materna exclusiva. En recién nacidos que presentan cifras de glucosa o azúcar bajas a pesar de tomas frecuentes. En estos casos, se debe administrar leche materna extraída o suplementos de fórmula si lo anterior no es posible cada 1-2 horas hasta comprobar que es suficiente para mantener niveles de azúcar adecuados para el bebé. En etapas posteriores, puede ser necesario ofrecer suplementos de leche artificial cuando no se consigue una adecuada ganancia de peso a pesar de ofrecer leche materna extraída, intensificar la lactancia materna y corregir posibles dificultades de la técnica. Pueden existir otras razones para aportar suplementos de forma temporal, como por ejemplo que la madre y el niño tengan que estar separados por enfermedad de alguno de los dos o que la madre necesite una medicación incompatible con la lactancia o que presenta alguna patología en la mama o retención de la placenta. En estas circunstancias, será muy importante continuar estimulando el pecho con varias extracciones al día para mantener la producción de leche y poder continuar la lactancia cuando la situación se haya resuelto. Cuando existe una indicación médica para la administración de leche artificial, es necesario fomentar la técnica adecuada y continuar estimulando la producción de leche dado que favorecerá la posibilidad de continuar con la lactancia materna tras la resolución de la situación. ¿Cómo se pueden ofrecer los suplementos? Existen diferentes técnicas para administrar suplementos a un bebé amamantado: la cucharilla, el recipiente-cuchara, la taza o vaso, la jeringa o la sonda. Se recomienda usar el método que más se adecue a las necesidades del bebé y su madre, evitando el uso de tetinas siempre que sea posible. Las técnicas más adecuadas son las que combinan la alimentación con el dedo y la jeringa o la sonda, estas últimas además ayudan a entrenar y corregir los problemas de succión. Se puede utilizar también un suplementador o relactador. A la hora de decidir cuál de ellos utilizar hay que individualizar cada caso, todos tienen ventajas e inconvenientes y pueden resultar útiles en distintas circunstancias. Además del motivo por el que se decide suplementar, otros factores a tener en cuenta son los siguientes: La edad del niño y su capacidad para succionar de forma eficaz o no. El volumen a administrar: en el caso de pequeñas cantidades de calostro se recomienda usar cucharita, jeringa o vaso. Si el uso previsto es a corto o largo plazo. El costo y disponibilidad. Facilidad de uso y limpieza. Necesidad de desarrollar habilidades tanto en la madre como en el niño: en este caso el suplementador ayuda a estimular el pecho y la administración digital (sonda adosada al dedo) sería un ejercicio de rehabilitación y mejora de la succión. ¿Cómo se utiliza el relactador? El relactador es un dispositivo que permite que el bebé reciba suplementos de leche materna extraída o leche artificial mientras succiona del pecho. Consiste en un contenedor de leche (ya sea una bolsa o una botella de plástico) que la madre se cuelga alrededor del cuello y unas sondas. A través de una válvula, salen dos sondas que se deben fijar al pecho de la madre con cinta adhesiva y cuyo extremo se coloca en la punta del pezón cuando el niño va a mamar. Cuando el bebé se agarra al pecho y succiona, obtiene la leche del relactador junto con la leche del pecho de la madre. La succión ayuda a estimular la oferta de leche materna y la leche del relactador actúa como recompensa para el bebé por succionar correctamente. Se pueden utilizar sondas de distintos tamaños para que la leche fluya en mayor o menor cantidad según convenga. Se suele empezar por la más ancha, y según mejora la succión del bebé se van utilizando sondas cada vez más estrechas para que tenga que hacer más esfuerzo. Salvo en el caso de alimentación de gemelos, si solo se utiliza una de las dos sondas la otra hay que pinzarla para que la leche no se derrame. Tras cada uso hay que limpiar concienzudamente tanto el recipiente como las sondas para mantener la higiene y que queden permeables. Está especialmente indicado en procesos de relactación (el restablecimiento de la producción de leche después de un destete prematuro) o de inducción de la lactancia de niños adoptados. También sirve para animar a bebés reacios a succionar para que se prendan del pecho, ya que con relactador el alimento fluye más rápidamente y en mayor cantidad que si únicamente mamaran. Este método estimula y recompensa al bebé a succionar.

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Deposiciones (cacas) de los bebés alimentados con pecho o con biberón. ¿Son distintas?

¿Cómo son? El número, color y aspecto de las deposiciones que hacen los bebés son muy variables y pueden ser diferentes de unos días a otros. Además pueden ser diferentes según tomen lactancia materna o artifical. En los bebés alimentados al pecho Durante el primer día de vida eliminan una sustancia negra, como un puré pegajoso, que se llama meconio. El meconio ocupa el intestino del niño durante el embarazo y, en condiciones normales, no se expulsa hasta después del nacimiento. El cambio del meconio a las cacas normales del bebé alimentado al pecho suele ocurrir entre el tercer y quinto día de vida y depende del número de tomas de leche. Las deposiciones de estos días son verdes, primero más oscuro y poco a poco más claro, como un puré. Cuando la madre tiene ya más leche, habitualmente entre el cuarto y el séptimo día, el bebé suele hacer un mínimo de 2-3 deposiciones al día, aunque es frecuente que haga caca cada vez que mame. Las deposiciones normales de pecho son amarillas, líquidas, explosivas, con grumitos, o marrones o verdes. El color es variable y no es importante. Así, durante las primeras 4 a 6 semanas de vida es habitual que el bebé haga muchas deposiciones blandas. Sin embargo, a partir de la segunda o tercera semana de vida, repentinamente, muchos bebés con lactancia materna exclusiva dejan de hacer caca todos los días y hacen una deposición cada tres, cuatro, siete o incluso 15 días. Cuando por fin hace la deposición, ésta es igualmente blanda, pero más abundante de lo habitual. Este hecho normal se conoce como deposiciones escasas del bebé amamantado. Después de una temporada, el niño comienza de nuevo a hacer cacas más frecuentes. Aunque no se conoce la causa exacta, una de las explicaciones es que la leche materna se adapta perfectamente a las necesidades del bebé y deja poco residuo. Cuando empiezan a probar otros alimentos además del pecho, el aspecto de las cacas cambia. Algunos niños no hacen deposiciones durante unos días y éstas son más duras y con un olor diferente. En los bebés alimentados con biberón: Durante el primer día de vida eliminan el meconio y en los días siguientes hacen cacas verdosas de transición como los niños alimentados al pecho. Las cacas normales del bebé alimentado con biberón suelen ser marrones, verdes o amarillas, menos frecuentes y más duras que las de los bebés alimentados al pecho. Como una pasta. Al igual que los niños alimentados al pecho, las deposiciones cambian de aspecto cuando el niño comienza a comer las papillas con alimentos diferentes a la leche. ¿Qué se puede hacer si el bebé no hace caca cada día? Si el bebé se alimenta con biberón o si se alimenta con pecho pero tiene más de 2-3 semanas de vida es posible que no haga cacas cada día. Si el niño se encuentra bien, gana peso correctamente y las cacas que hace son blandas y normales, no debe preocupar a los padres esta situación. No es conveniente estimular el ano con el dedo, con el termómetro o con otros objetos para intentar que haga caca diariamente. Tampoco conviene dar zumos, laxantes ni infusiones. ¿Cuándo se debe consultar con el pediatra? Si el bebé no expulsa el meconio durante las primeras 24 horas de vida. Si durante las primeras 2 semanas de vida un bebé, alimentado con lactancia materna exclusiva (sólo toma pecho de la madre), no hace caca diariamente. Si las cacas son duras y secas y al bebé le cuesta expulsarlas. Si las cacas son muy infrecuentes. Si las cacas son de color blanco-grisáceo y la piel del niño está amarillenta (ictericia). Si las cacas tienen sangre.

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