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Enfermedades

Fiebre amarilla

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¿Qué es?

La fiebre amarilla es una infección vírica transmitida por un mosquito y caracterizada en sus formas graves por cursar con fiebre, coloración amarilla de piel y mucosas, hemorragias y fallo renal.

¿Qué microorganismos causan la enfermedad y cómo se transmite?

La fiebre amarilla es una fiebre hemorrágica producida por un virus de la familia Flaviridiae, que se produce en áreas selváticas de África Sub-Sahariana y Sudamérica (Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Colombia) donde es un problema de salud pública. El hombre se infecta esporádicamente en núcleos de población cercanos a las zonas selváticas, dónde viven monos afectos por esta enfermedad. La transmisión al hombre ocurre habitualmente a través de la picadura de un mosquito (Aedes aegypti), que suele picar durante el día.

¿Cuáles son los síntomas?

Tras la picadura del mosquito, el periodo de incubación es entre tres y seis días. El espectro clínico es muy amplio, desde una enfermedad febril inespecífica a una muerte fulminante.

Durante los primeros 2 o 3 días, cursa con fiebre alta (39-41ºC), dolor de cabeza, dolor muscular en la zona lumbar, disminución del apetito, náuseas, vómitos, irritabilidad y sensación de mareo. Las conjuntivas están de un color muy rojizo y son frecuentes las hemorragias gingivales (de las encías) y nasales (epistaxis). En esta fase es muy difícil distinguirlo de otra enfermedad aguda. Con lo que, en ocasiones, en las formas leves de enfermedad, no se sospecha sino se produce un brote epidémico con más casos.

Posteriormente, ocurre un periodo de remisión de 1 o 2 días, dónde la mayoría de los pacientes se recupera 3-4 días después. Aunque en el 15% de los casos, aproximadamente, puede evolucionar a la forma fatal de la enfermedad: reaparece la fiebre, acompañada de vómitos más frecuentes, dolor en epigastrio, postración y coloración amarilla de la piel y las mucosas junto con hemorragias, es el llamado periodo de intoxicación. La mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica mueren en un plazo de 10–14 días y los demás se recuperan sin lesiones orgánicas importantes.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico definitivo puede establecerse mediante análisis de sangre. El virus puede aislarse en sangre en la fase aguda de la enfermedad. Para la interpretación de las pruebas diagnósticas que miden anticuerpos y se pueda confirmar el diagnóstico, es necesario conocer las inmunizaciones previas que ha recibido el paciente.

¿Cómo se trata?

No hay tratamiento curativo para la fiebre amarilla, consiste únicamente en medidas de soporte.

¿Cómo se puede prevenir?

La forma más efectiva de prevención y control de la enfermedad es la vacunación contra la fiebre amarilla de las personas que residan en zonas endémicas o de viajeros que se desplacen a estas, así como la exigencia del certificado de esta vacuna a las personas que abandonan una zona endémica, para evitar la diseminación.

La vacuna frente a la fiebre amarilla es de virus vivos atenuados. Es segura, asequible y muy eficaz; una sola dosis es suficiente para conferir inmunidad y protección de por vida, sin necesidad de dosis de recuerdo.

Los efectos secundarios suelen ser leves y manifestarse sólo en un 2-5% de los vacunados con febrícula, mialgias y cefaleas. Aunque no está recomendada en niños menores de 9 meses, en circunstancias determinadas y dependiendo del riesgo de exposición puede decidirse la administración de la vacuna. Los niños con edad inferior a 6 meses bajo ninguna circunstancia deben ser vacunados frente a la fiebre amarilla, ya que el riesgo de padecer encefalitis es elevado (1%). Esta vacuna también está contraindicada en personas con inmunosupresión (pocas defensas), embarazadas y antecedentes de hipersensibilidad grave al huevo, aunque en este último caso si es imprescindible la administración de la vacuna, se puede hacer de forma fraccionada bajo vigilancia en una Unidad de Alergia.

Medidas para evitar picaduras

  • Dormir bajo una red mosquitera impregnada de insecticida, comprobando que no tenga agujeros y que esté adaptada al colchón.
  • Usar insecticidas en la habitación antes de acostarse.
  • Utilizar ropa de manga larga, pantalones largos y calcetines, especialmente cuando se esté al aire libre al anochecer.
  • Utilizar insecticidas con DEET (dietiltoluamida) en la piel y ropas, en formulaciones adecuadas para el uso infantil.
  • Cubrir las ventanas y puertas con una red.

¿Qué hay que hacer si he estado en contacto con un enfermo?

La fiebre amarilla no se transmite entre humanos en ausencia del mosquito, por lo cual no es una enfermedad contagiosa y no debe tomarse ninguna medida especial de precaución ante el contacto con un enfermo.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Vacuna frente a la fiebre amarilla

La fiebre amarilla es una enfermedad aguda hemorrágica ocasionada por un virus transmitido por mosquitos. Estos mosquitos pican fundamentalmente durante el día. Se denomina “amarilla” por el color amarillento de la piel (ictericia) que presentan algunos enfermos. ¿Existen vacunas contra esta enfermedad? En España se dispone de una vacuna compuesta por virus vivos debilitados, que no provocan la enfermedad, pero inducen protección frente a ella. ¿Cómo se administra y qué efectos secundarios puede tener? Se administra por medio de una inyección subcutánea. Puede aplicarse simultáneamente con cualquier otra vacuna, salvo con la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y paperas). En el caso de que no se administre el mismo día con otras vacunas vivas pinchadas debe separarse por 4 semanas de las mismas; siempre habrá que utilizar este intervalo con la vacuna triple vírica y no podrán las 2 administrarse simultáneamente. Sin embargo, cuando se necesite una protección rápida o para no perder la oportunidad de su recepción, se acepta y recomienda su administración simultánea o con cualquier intervalo menor, puesto que no impide la inducción de suficientes niveles de anticuerpos protectores específicos La vacunación comprende una única dosis. No precisa refuerzos, puesto que protege de por vida. Los efectos adversos más comunes son leves en el punto de inyección: dolor, enrojecimiento o tumefacción. También puede dar dolor de cabeza. Son más frecuentes entre el tercer y séptimo día tras la vacunación. En los niños pequeños, las reacciones notificadas con mayor frecuencia fueron irritabilidad, llanto, somnolencia y pérdida de apetito. Muy excepcionalmente se ha asociado a algunas reacciones graves, afectando al sistema nervioso o a diversos órganos. Las favorece la presencia de algunos factores: edad inadecuada, infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). ¿Existe alguna precaución o contraindicación? No se debe vacunar en el transcurso de una enfermedad febril aguda o si ha tenido alguna reacción alérgica grave a algún componente de la vacuna (huevo, proteínas de pollo), pero en el caso de que la vacuna sea imprescindible, el niño debe ser valorado en una Unidad de Alergia donde se le puede administrar de forma fraccionada bajo vigilancia. Está contraindicada en niños menores de 6 meses. En los lactantes de 6 a 8 meses el riesgo de complicaciones es mayor, por lo que solo se administrará si el riesgo de adquirir la enfermedad se considera superior al de sus posibles efectos adversos, particularmente en brotes epidémicos. También está contraindicada en niños con enfermedades o tratamientos que produzcan una importante disminución de sus defensas. En pacientes con una intolerancia hereditaria a la fructosa, es una precaución porque contiene sacarosa. Si es preciso vacunar a una madre que está lactando a un bebé menor de 9 meses, dado que parte de los virus vacunales se eliminan por la leche materna, se aconseja extraerse la leche y desecharla los 14 días siguientes a la vacunación, que es lo que dura la eliminación del virus tras la vacuna, reinstaurando la lactancia materna posteriormente. Si el bebé es mayor de 9 meses no es necasario suspender la lactancia materna. ¿Quién debe vacunarse? Aquellos niños que vayan a viajar o residir en áreas donde se transmite el virus causal. Deben ponerse la vacuna 10 días antes de llegar a destino, como mínimo. En España se administra en los centros de vacunación internacional . Se deben seguir las indicaciones preventivas dictadas por las autoridades sanitarias , respecto a las vacunaciones en caso de viajes internacionales. [Artículo compartido con el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría ]

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Fiebre tifoidea

Enfermedad infecciosa grave aún muy frecuente en países con índice de desarrollo humano medio o bajo. ¿Qué es? Es una enfermedad infectocontagiosa grave que afecta principalmente a gente que vive en países en donde las condiciones sanitarias son precarias. Es más frecuente en niños, adolescentes y adultos jóvenes. ¿Cuál es la causa? La fiebre tifoidea está provocada por una bacteria llamada Salmonella Typhi. ¿Cómo se transmite? El reservorio de esta bacteria es únicamente el ser humano y se trasmite principalmente a través de las heces. La infección se produce cuando se come o bebe algo contaminado por la bacteria porque fue manipulado por alguien que padecía la fiebre tifoidea o bien, más raramente, directamente por contacto con una persona enferma a través de la vía feco-oral. También se puede contraer por beber agua contaminada por aguas residuales. Tras recuperarse de una fiebre tifoidea, algunas personas se convierten en portadores de la bacteria. Esto significa que, aunque no presenten síntomas, siguen con la bacteria y la pueden transmitir a otras personas. ¿Qué síntomas produce? La fiebre tifoidea puede aparecer bruscamente o poco a poco a lo largo de algunas semanas. Habitualmente al cabo de 1 o 2 semanas del contacto, aparece cansancio, fiebre alta, diarrea y dolor abdominal. También puede manifestarse con distensión abdominal (vientre hinchado), malestar, pérdida de peso y en ocasiones, unas manchas rojas alrededor del ombligo. ¿Es grave? Con el tratamiento adecuado las complicaciones son raras, pero en ocasiones, puede ser muy grave y hasta producir la muerte. ¿Cómo se diagnostica? Los síntomas del niño y conocer si ha realizado algún viaje o reside en un país donde la fiebre tifoidea es frecuente, permitirán al médico sospechar el diagnóstico. La detección de la bacteria en el estudio de las heces y un análisis de sangre lo confirmarán. ¿Cómo se trata? El tratamiento específico son los antibióticos. Siempre debe completar el tratamiento que se le indique, aunque el niño mejore antes de terminarlo. Es importante además tratar los síntomas: líquidos o sueros de rehidratación oral si presenta vómitos o diarrea para prevenir la deshidratación y antitérmicos para el malestar y la fiebre. ¿Se puede prevenir? Si, las principales medidas de prevención son la vacunación, el acceso a agua potable y un saneamiento adecuado. **La vacuna contra la fiebre tifoidea** no se aplica de forma sistemática en el calendario de vacunación infantil español. Está recomendado vacunarse frente a esta enfermedad si se va a viajar a una zona donde abunde la fiebre tifoidea. Los viajeros mayores de 2 años deben recibir la vacuna al menos entre 1 y 2 semanas antes de irse de viaje, para que sea efectiva. Además, deben tomarse las siguientes precauciones durante el viaje a zonas de alto riesgo: Lavarse las manos a menudo con agua y jabón, sobre todo después de ir al baño y antes de preparar o comer alimentos. Tratar de usar agua embotellada y si no es posible, hervir o desinfectar toda el agua que se vaya a utilizar, evitando por supuesto tomar agua del grifo, de fuentes o cubitos de hielo. Asegurarse de que la comida esté bien cocinada y siga estando caliente cuando se sirva. Evitar la leche sin hervir y los productos a base de leche sin hervir. Solo hay que consumir leche pasteurizada o hervida. Evitar los alimentos crudos o si se van a comer frutas y hortalizas crudas lavarlas bien con agua no contaminada y, a ser posible, pelarlas.

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Vacunas necesarias para viajes a países tropicales

A la hora de planificar un viaje internacional, si el destino es una zona tropical, deben de tenerse en cuenta una serie de recomendaciones para evitar contraer enfermedades . Un aspecto importante es estar al día en las vacunas del calendario vacunal infantil. Para asegurarse de ello conviene llevar el libro de salud del niño o la cartilla donde consten las vacunas a la consulta de consejo al viajero. Por otro lado están las vacunas no sistemáticas, que van a depender del país a visitar, del tipo de viaje y, por supuesto, de la edad, ya que algunas no pueden administrarse a niños muy pequeños. Las principales son: Vacuna frente a la fiebre amarilla: indicada en viajes a zonas donde hay comunicados casos de fiebre amarilla o se exige la vacuna para entrar en el país, fundamentalmente en África Central y en algunos países de Centroamérica y Sudamérica. Se precisa una dosis vacunal única que es efectiva a partir de los 10 días de su administración. Vacuna de hepatitis A: la mayoría de los viajeros, especialmente los niños y los jóvenes, no están vacunados y son susceptibles a esta infección si viajan a países con malas condiciones higiénico-sanitarias. Se precisa una dosis de vacuna antes del viaje y otra de recuerdo a partir de los 6 meses para completar la inmunización. Vacuna frente a la fiebre tifoidea: solo se recomienda ante una exposición mayor de 2-3 semanas frente a alimentos o agua potencialmente contaminados, sobre todo en viajes a zonas rurales con alta endemia, como India, Pakistán y Bangladesh. Vacuna del cólera: en caso de larga estancia en países con malas condiciones higiénico-sanitarias. Debe completarse la vacunación, al menos, una semana antes del viaje. Vacuna de la rabia: indicada en viajeros con estancias prolongadas en zonas endémicas de rabia, como, por ejemplo, la India. Vacuna frente a la encefalitis japonesa: indicada en viajes de más de 4 semanas realizados durante época estival a zonas rurales de China, Japón, Corea y este de Rusia. Vacuna frente a la enfermedad meningocócica: los viajeros a la zona de África conocida como el “cinturón de la meningitis” deben recibir una dosis de la vacuna contra el meningococo A y C, en forma de MenACWY. La vacuna MenACWY es obligatoria para los peregrinos anuales que viajan a Arabia Saudí. Vacuna frente a la encefalitis centroeuropea transmitida por garrapatas: se indica a los niños viajeros en estancias de más de 3 semanas a zonas boscosas del centro, norte y este de Europa, en época de primavera y verano. Vacuna frente al dengue que se transmite principalmente a los humanos a través de la picadura de mosquitos infectados Aedes aegypti (y menos comúnmente, Aedes albopictus o Aedes polynesiensis). Existen dos vacunas atenuadas disponibles en España, de prescripción en Centros de Vacunación Internacional : Dengvaxia (Sanofi Pasteur) , no comercializada en España, y Qdenga (Takeda) . Más información sobre este tema en el artículo Prevención en los viajes tropicales . Documento elaborado por la Sociedad Española de Infectología Pediátrica .

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Embarazo y vacunas: antes, durante y después

La vacunación de la mujer en torno al embarazo (antes, durante y después), una oportunidad para proteger a la madre, al feto y al futuro recién nacido La vacunación de la mujer en torno al embarazo (antes, durante y después) provoca dudas y preocupación y, en ocasiones, se desaprovechan oportunidades para proteger tanto a la madre como al feto y al futuro recién nacido frente a enfermedades graves. ¿Qué vacunas se deben recibir cuando se planea un embarazo? El objetivo en este momento es asegurar la protección vacunal óptima de la mujer. Para ello: Se debe comprobar, y completar en su caso, el calendario vacunal correspondiente a su edad. Es especialmente importante la vacunación frente al sarampión, la rubeola, la parotiditis, así como frente a la varicela, la hepatitis B y el tétanos. Por precaución, en el caso de haber recibido vacunas con gérmenes vivos atenuados como son la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea oral, la triple vírica, la gripe intranasal o la varicela, se debe evitar el embarazo durante los 28 días siguientes a la vacunación. En cuanto a las vacunas covid se pueden recibir en cualquier momento del embarazo y no es preciso evitar la búsqueda del embarazo tras esta vacunación. ¿Qué vacunas se deben administrar durante el embarazo? Las vacunas en este momento tienen como objetivo proteger a la gestante y a su futuro bebé. Existen tres vacunas recomendadas para TODAS las mujeres y en cada embarazo Vacuna antigripal: se debe recibir la vacuna inyectable durante la temporada gripal tan pronto como se pueda y en cualquier momento del embarazo, con independencia de las semanas de gestación transcurridas. Esta vacuna se recomienda porque los cambios que ocurren durante la gestación aumentan las complicaciones de la gripe natural, que pueden ser incluso graves tanto para la madre como para el feto. Vacuna frente a la covid: se pueden recibir en cualquier momento del embarazo, dada la gravedad de la enfermedad para la embarazada y para el feto y no es preciso evitar la búsqueda del embarazo tras esta vacunación. Vacuna frente a la tosferina: se recomienda en todos los embarazos a partir de la semana 27 de gestación, preferiblemente entre la semana 27 y la 32. Durante los primeros 3 meses de vida la tosferina es una enfermedad grave, incluso en algún caso mortal. La vacunación de la madre durante el embarazo hace que ella produzca anticuerpos que llegan al feto y protegen al bebé durante los primeros meses, que son los de mayor riesgo. Además, todavía no se ha iniciado el calendario vacunal infantil. ¿Existe alguna vacuna contraindicada durante el embarazo? En la gestación solo están contraindicadas, por precaución, las vacunas con gérmenes vivos atenuados (fiebre amarilla, fiebre tifoidea oral, triple vírica, gripe intranasal y varicela). De todas formas, no hay pruebas de que sea perjudicial para el embrión o feto, por lo que si por algún motivo son administradas no sería razón para la interrupción del embarazo. No se recomienda la vacunación frente al papiloma humano, a pesar de que es una vacuna muerta, por no tener datos de eficacia y seguridad durante este periodo. ¿Y qué vacunas se deben administrar después de la gestación? Las madres que no se vacunaron durante el embarazo deberán recibir tras el parto la vacuna frente a la tosferina y si es temporada de gripe, la vacuna antigripal pues suelen ser ellas quienes contagian con más frecuencia a sus bebés recién nacidos. También deben recibir la vacuna covid, si no la recibieron en el embarazo. La lactancia materna no contraindica ninguna vacuna , incluidas las de la covid, ni en el hijo amamantado ni en la madre. ¿Y respecto a las vacunas frente al coronavirus SARS-CoV-2? Las vacunas de la covid pueden administrarse antes, durante y después de la gestación si están indicadas. La vacunación durante el embarazo y la lactancia materna debe llevarse a cabo con vacunas de ARNm (Comirnaty de Pfizer y Spikevax de Moderna), pues son las que reunen más experiencia y han demostrado ser eficaces y seguras. No es preciso esperar un tiempo determinado tras esta vacunación para buscar un embarazo, como si ocurre con las vacunas vivas. ¿Dónde puedo encontrar más información? CAV-AEP. Embarazo y vacunas Manual de vacunas en línea de la AEP (Comité Asesor de Vacunas)

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Fiebre: ¿qué hacer cuando el niño tiene fiebre?

La fiebre es un síntoma muy frecuente en los primeros años de vida. Los niños comienzan la escolarización y, especialmente durante el invierno, tienen muchas infecciones. “Lo cogen todo”, por lo que con frecuencia tienen fiebre… para defenderse. Hay que tener en cuenta que la fiebre es un mecanismo que tiene el organismo para luchar contra el ataque que supone la infección. La fiebre es la reacción del cuerpo, no es una enfermedad. La elevación de la temperatura facilita la acción de las defensas del organismo frente a las bacterias y los virus que producen las infecciones. Por lo tanto, no es necesario tratar la fiebre e intentar bajarla hasta la temperatura habitual. En cambio, sí que es recomendable aliviar el malestar que la fiebre pueda producir al niño. Ante un niño con fiebre, lo más importante es saber cuál es la causa y estar pendiente de aquellos síntomas que indican problemas y la conveniencia de consultar al pediatra . ¿Qué medicamento se ha de utilizar para bajar la fiebre? Para disminuir la fiebre y aliviar el malestar en los niños se utilizan habitualmente el paracetamol y el ibuprofeno. Ambos se pueden dar en gotas o en jarabe, y el paracetamol también en supositorios ( aunque siempre es preferible la via oral). Hay que tener en cuenta que: Si el niño no está afectado no ganamos nada tratando la fiebre. Los antitérmicos pueden disminuir la temperatura entre 1 y 1,5 grados (ºC). El objetivo no es alcanzar la temperatura corporal normal. El ibuprofeno se puede utilizar a partir de los tres o cuatro meses de vida. No dar paracetamol a un niño menor de 3 meses sin que lo haya revisado el médico. No es recomendable utilizar antitérmicos para prevenir una posible reacción ante las vacunas. El paracetamol se puede administrar cada 4 o 6 horas, y el ibuprofeno cada 6 u 8 horas. Consultar siempre las dosis adecuadas según el peso del niño. Es imprescindible mantenerlos fuera del alcance de los niños, ya que la ingesta de una dosis elevada produce toxicidad. ¿Hay que alternar los antitérmicos? Ante un niño febril se ha extendido la práctica de utilizar paracetamol e ibuprofeno de forma alterna para disminuir la fiebre. Sin embargo, no hay pruebas de que alternarlos sea más eficaz para disminuir la temperatura o el malestar. Además, esta práctica de alternarlos o combinarlos aumenta el riesgo de que se produzcan confusiones a la hora de administrarlos y que se produzcan más efectos secundarios. Por lo tanto, no se deben alternar los antitérmicos de forma habitual. Se recomienda: Tratar a los niños febriles solo cuando la fiebre se acompañe de malestar. No utilizar medicamentos con el único objetivo de reducir la fiebre. No es aconsejable combinar o alternar ibuprofeno y paracetamol. No se deben dar los dos a la vez. No alternarlos. Solo hacerlo si el malestar es intenso y persiste o recurre antes de la dosis siguiente. Hay que recordar que la fiebre no es una enfermedad, sino una respuesta defensiva y que el tratamiento de la fiebre está orientado a aliviar el malestar.

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Fiebre botonosa mediterránea

¿Qué es? También llamada fiebre exantemática mediterránea, es una enfermedad causada por una bacteria llamada Rickettsia conorii, que se transmite a los humanos por la picadura de una garrapata y que se caracteriza por la aparición de fiebre, una erupción cutánea y una costra negruzca en el punto de la picadura. Se trata de una enfermedad típica de los países del área mediterránea que ocurre de forma más excepcional en algunos países africanos. Los casos se producen sobre todo en primavera y verano. ¿Qué microorganismo causa la enfermedad y cómo se transmite? La fiebre botonosa mediteránea pertenece al grupo de las infecciones transmitidas por vectores (habitualmente insectos u otros artrópodos) que son los que transportan el agente infeccioso hasta el huésped. La bacteria responsable, la Rickettsia conorii, infecta generalmente a perros (huésped habitual) o a pequeños animales como conejos, liebres o erizos. Las garrapatas que parasitan estos animales son los vectores. Si pican a un animal infectado y posteriormente pican a una persona, pueden transmitir la enfermedad. Estas garrapatas además de parasitar animales, también pueden encontrarse en ropa o en viviendas. ¿Qué síntomas produce? Tras un periodo de incubación sin síntomas de unos 6 días (aunque puede variar entre 4-20 días), aparece fiebre alta, síntomas gripales (dolor de cabeza, de músculos y de articulaciones). En bastantes casos se puede encontrar una úlcera o costra oscura (“mancha negra”) que no es dolorosa y que es el punto donde se ha producido la picadura. En los niños es frecuente que esté en la cabeza, sobre todo detrás de las orejas, mientras que en adultos son los brazos y las piernas las localizaciones más frecuentes. Puede haber otras manifestaciones como aumento de tamaño de los ganglios del cuello o síntomas digestivos como diarrea, vómitos o dolor abdominal. Dos o tres días después del comienzo de la fiebre, aparece una erupción en la piel que habitualmente afecta a todo el cuerpo, y típicamente a palmas y plantas, respetando la cara. Son manchas de color rojizo que pueden estar sobreelevadas (“botones”), no pican ni desaparecen al presionarlas. ¿A quién afecta? Puede afectar a todos aquellos que sean picados por una garrapata en el área mediterránea, lo que será más fácil si se está en contacto con perros o pequeños mamíferos. ¿Cómo se diagnostica? El diagnóstico es por la clínica, se sospecha si se conoce la enfermedad, aunque la confirmación se puede obtener mediante un análisis de sangre (serología). ¿Cómo se trata? El tratamiento curativo se basa en el uso de antibióticos. La respuesta por lo general es buena, desapareciendo la fiebre en 48 horas y produciéndose la recuperación total en unos 10 días, habitualmente sin secuelas. ¿Pueden producirse complicaciones? Las complicaciones en los niños son poco frecuentes. Son datos de gravedad que obligan a consultar de nuevo con el pediatra: Empeoramiento del estado general con fiebre persistente Intolerancia gastrointestinal (vómitos frecuentes) Tendencia al sueño ¿Cómo se puede prevenir? La base de la prevención es la protección frente a la picadura de la garrapata que puede transmitir la enfermedad. Para ello, en las actividades al aire libre en zonas de riesgo, se debe llevar ropa de manga larga y especialmente pantalones largos y proteger las zonas expuestas con repelentes. Se recomienda revisar la piel de los niños al volver del campo. Además, si hay contacto con animales (principalmente perros), éstos se han de desparasitar periódicamente. En caso de picadura de garrapata se debe realizar una eliminación o extracción adecuada y precoz y se debe consultar al pediatra si, tras la picadura, aparece fiebre, y más aún si hay manchas en la piel, aunque no exista una escara o costra.

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Fiebre mediterránea familiar

¿Qué es? La fiebre mediterránea familiar (FMF) es una enfermedad autoinflamatoria, que produce episodios recurrentes de fiebre acompañados de dolor abdominal, torácico o articular e inflamación. Es más frecuente en las personas procedentes de la zona del Mediterráneo y del Oriente Medio, en particular en los judíos (especialmente los sefardíes), turcos, árabes y armenios. Suele comenzar en la infancia o adolescencia, un 80% de los casos antes de los 20 años. ¿Cuál es la causa? Es una enfermedad genética. El gen responsable se llama MEFV y afecta a una proteína que juega un papel fundamental en la resolución natural de la inflamación. Si este gen lleva una mutación, como ocurre en la fiebre mediterránea familiar, esta regulación no funciona de forma correcta y los pacientes experimentan ataques de fiebre. Se hereda principalmente como una enfermedad autosómica recesiva, lo que significa que los progenitores no suelen mostrar los síntomas de la enfermedad. Para tener fiebre mediterránea, tienen que estar mutadas ambas copias del gen MEFV de una persona (la de la madre y la del padre). Por tanto, ambos progenitores son portadores. No está producida por infecciones. ¿Cuáles son los síntomas? Los principales síntomas de la enfermedad son fiebre recurrente acompañada de dolor abdominal, torácico o articular. Habitualmente se produce fiebre durante 1-3 días, que comienza de forma brusca y suele alcanzar los 40ºC. Se repite cada 4-5 semanas, no teniendo ningún síntoma entre los episodios de fiebre. Se acompaña de serositis: inflamación del tejido que rodea órganos como los pulmones, el corazón, el abdomen. Este hecho produce dolor abdominal agudo, dolor e inflamación de las articulaciones, dolor torácico, etc. ¿Se pueden producir complicaciones? La complicación más grave, en casos no tratados, es el desarrollo de amiloidosis. El amiloide es una proteína especial que se deposita en ciertos órganos como los riñones, el intestino, la piel y el corazón, y que causa pérdida gradual de la función del mismo, especialmente en los riñones. ¿Cómo se diagnostica? La sospecha diagnóstica es clínica, observando los síntomas, su evolución y viendo si existen antecedentes en la familia de la enfermedad y si se cumplen una serie de criterios. Existen pruebas genéticas que determinan la presencia de mutaciones que se creen responsables para el desarrollo de la fiebre mediterránea familiar. El diagnóstico clínico se confirma si el paciente es portador de 2 mutaciones. ¿Cómo se trata? La fiebre mediterránea familiar no se puede curar, pero puede tratarse con el uso de un medicamento por vida (colchicina). De este modo, pueden evitarse o disminuir los ataques recurrentes, así como prevenir la amiloidosis. Si el paciente deja de tomar el fármaco, los ataques y el riesgo de amiloidosis reaparecerán. En la actualidad existen alternativas terapéuticas para los pacientes que no responden o no toleran el tratamiento con colchicina.

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Vacunas que salvan millones de vidas

El papel que juegan las vacunas en la salud pública es incuestionable, especialmente cuando se evalúan los resultados en los lugares donde las labores de prevención de enfermedades infecciosas transmisibles son más importantes. En el año 2000 se pone en marcha una alianza global de vacunas (Global Alliance for Vaccines and Immunization, GAVI) con el objetivo de vacunar a los niños de los países con menos recursos. Se vacunan 580 millones de niños de 73 países. Los programas de inmunización van dirigidos contra 10 enfermedades: meningitis y neumonía por Haemophilus influenzae tipo b y neumococo, hepatitis B, cáncer de cuello de útero por virus del papiloma humano, encefalitis japonesa, sarampión, enfermedad meningocócica invasora por serogrupo A, rotavirus, síndrome de rubeola congénita y fiebre amarilla. Los autores calculan que, como consecuencia de la implantación de estos programas de inmunización contra las 10 enfermedades citadas anteriormente, cada uno de los países apoyados por GAVI ha ahorrado, de promedio, 5 millones de dólares anualmente, así como ha evitado un total de 20 millones de muertes, 500 millones de casos de enfermedad y 9 millones de casos de discapacidad a largo plazo. Los mayores beneficios se obtienen con la vacunación contra los virus de la hepatitis B y el sarampión, junto a las del Haemophilus influenzae tipo b y el neumococo, dos bacterias que causan neumonías y meningitis. Se puede concluir que la vacunación en los países con un índice de desarrollo humano más bajo del mundo desde el 2001 habrá evitado, para el año 2021, unos 20 millones de muertes, calculándose un ahorro de 350 000 millones de dólares en costes por atención sanitaria. Un estudio en una revista de prestigio estima que la vacunación contra 10 enfermedades evitará, entre 2000 y 2030, más de 69 millones de muertes en países de índice de desarrollo humano medio y bajo (37 se habrían evitado hasta 2019 y se predicen otras 32 millones de muertes evitadas entre 2020 y 2030, sobre todo por sarampión). Sin duda, la vacunación es una de las mejores inversiones en salud y debe seguir siendo una prioridad para la investigación, la salud pública, la sociedad y la industria, siendo la financiación uno de los principales escollos para conseguirlo. Mas información en la página del Comité Asesor de Vacunas de la AEP .

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Lactancia materna y vacunas

La lactancia materna no contraindica la administración de ninguna vacuna ni a la madre que lacta, ni al bebé, ni a quienes conviven con ellos ¿Se puede vacunar una mujer que amamanta? ¿Y al bebé? Rotundamente SÍ. La lactancia materna no contraindica la administración de ninguna vacuna ni a la madre, ni al bebé, ni a quienes conviven con ellos. Además, hay que tener en cuenta que: La lactancia materna nunca es un sustituto de las vacunas del lactante. Ambas son beneficiosas y complementarias. El lactante que está recibiendo lactancia materna puede y debe recibir las vacunas que le corresponden, incluidas las vacunas orales Las madres que amamantan a sus hijos y reciben alguna vacuna, pueden transferir defensas al lactante, en forma de anticuerpos que pasan a través de la leche y que podrían constituir una protección adicional aunque no significativa. Está demostrado que el acto de mamar unos minutos antes y durante la vacunación supone para el bebé un alivio del dolor y consuelo ante las molestias provocadas por los pinchazos (“tetanalgesia ”). Si la madre necesita recibir alguna vacuna que se pospuso por la gestación (triple vírica o varicela, por ejemplo), se recomienda hacerlo durante las primeras semanas tras el parto, esté o no amamantando a su hijo. Un hijo de madre portadora del virus de la hepatitis B si ha recibido al poco de nacer la vacuna y la inmunoglobulina específicas, puede ser amamantado sin riesgo de contagio. Existen algunas situaciones en las que se deben tomar ciertas precauciones: Si la madre tiene que recibir la vacuna frente a la fiebre amarilla , y el bebé tiene menos de 9 meses de edad, se debe suspender la lactancia y desechar la leche durante dos semanas. Si la madre u otro conviviente recibiera la vacuna frente a la varicela o el herpes zóster y presenta una erupción en la piel, se debe cubrir la zona afectada para evitar el contacto directo con el niño. En el caso de la vacunación frente a la covid con vacunas de ARNm y con vacunas con vector de adenovirus se recomienda mantener la lactancia tras la vacunación y no demorar esta por la lactancia. Las vacunas actualmente recomendadas en las mujeres con lactancia materna son las de ARNm. Al no tratarse de una vacuna con microorganismo vivo se estima, al igual que con las demás vacunas, que no hay riesgos relevantes para el lactante y la madre, ni hay que dejar pasar un tiempo para quedarse embarazada tras esta vacunación. ¿Dónde puedo encontrar más información? Comité Asesor de Vacunas de la AEP

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Fiebre. ¿Qué hay que saber?

La temperatura normal del cuerpo varía algo de unas personas a otras y también a lo largo del día (por la noche "nos enfriamos"), pero, como norma general, se considera elevada cuando alcanza en la axila los 37,5 ºC o bien 38 ºC si se toma en el recto. La fiebre es una reacción normal del cuerpo, generalmente provocada por una infección por virus o bacterias. Debe entenderse como una respuesta para combatir la infección y activar las defensas del organismo. Se la ha de considerar como nuestro aliado. No es la fiebre la que causa el daño, sino la enfermedad por la que se tiene fiebre. La elevación de la temperatura es un signo de presencia de enfermedad, pero no es la enfermedad. ¿Qué puedo hacer para detectarla? La sensación de fiebre puede apreciarse al tocar al niño. También puede notarse que las pulsaciones o latidos del corazón se aceleran, aumenta el número de respiraciones, se enrojecen las mejillas, le brillan los ojos, está más inactivo, tiene sensación de frío y escalofríos, incluso puede verse un marcado descenso de los testículos en los varones. El método objetivo para valorar si hay o no fiebre es utilizar el termómetro. ¿Hay que tratar la fiebre? No es necesario tratar la fiebre sino el malestar que pueda producir. Es decir, "tratar al niño y no al termómetro". Si tiene buen aspecto, juega y no parece afectado, serán innecesarios los medicamentos analgésicos-antitérmicos aunque tenga fiebre, ya que tratándola no le curamos de nada, solo le aliviamos. ¿Cómo se trata? Debemos buscar que el niño esté confortable y arroparle o quitar el exceso de ropa según se encuentre más a gusto. Si el niño está incómodo y la temperatura es elevada (o no) puede entonces administrarse algún medicamento analgésico. Los más empleados son el paracetamol y el ibuprofeno, preferiblemente en gotas o jarabe si el niño es pequeño. Los medicamentos analgésicos-antitérmicos solo bajan la temperatura corporal cuando esta se encuentra elevada y como promedio la disminuyen alrededor de un grado, al cabo de una hora de su administración. Es recomendable ofrecer líquidos con frecuencia, para recuperar las pérdidas por el exceso de temperatura y prevenir así la deshidratación. ¿Hay que bañar a los niños con fiebre? Si el niño quiere el baño, le puede resultar agradable con agua templada, pero no es necesario enfriarla. En el caso de bañarlo, lo ideal es que permanezca tranquilo unos minutos "a remojo" y, como es lógico, vigilado por una persona mayor. No son recomendables las compresas con alcohol. ¿Es recomendable usar dos antitérmicos de forma alternante? NO, no es conveniente usar dos antitérmicos de forma simultánea o alternativa. Primero por todo lo que venimos diciendo respecto a la errónea actitud contra la fiebre, nuestro aliado, y segundo porque esta práctica favorece las intoxicaciones por errores de dosificación y la interacción con otros medicamentos. ¿Por qué ya no se usa la Aspirina? Actualmente se desaconseja el uso de ácido acetilsalicílico (Aspirina®) para el tratamiento de la fiebre o el dolor en niños y adolescentes (contraindicado en España por debajo de los 16 años), por su asociación con una rara pero grave complicación, especialmente durante la varicela y la gripe, llamada síndrome de Reye. ¿Cuándo debo consultar al pediatra? Teniendo de antemano muy en cuenta que estas recomendaciones son una generalización y por lo tanto no pueden sustituir a la valoración individual de cada caso, le aconsejamos que consulte a su pediatra si: La fiebre dura más de 48-72 horas. Si tiene de 3 a 6 meses y su temperatura supera los 39 ºC o si tiene 40 ºC con cualquier edad. El niño está muy irritable o adormilado. El niño tiene mal aspecto general o dificultad para respirar. Si le aparece una erupción en la piel. Si el niño tiene menos de 3 meses de edad, en cualquier caso, deber ser valorado por un profesional sanitario. En definitiva, respecto al momento más adecuado para consultar sobre la fiebre de un hijo al pediatra, en la mayor parte de los casos el mejor consejero será el propio sentido común. ¿La fiebre de mi hijo se deberá a que le ha salido un diente? Los pediatras y los padres nunca se pondrán de acuerdo sobre lo de si la aparición de un diente da fiebre o no. Para los padres el bebé tiene fiebre debido a la erupción de la pieza dentaria, mientras que para el pediatra la causa más probable suele ser un misterioso virus que nadie puede ver. Aparte de la broma, sea cauteloso y consulte en caso de duda. No se ha comprobado que la erupción de los dientes produzca fiebre.

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Vacuna de la fiebre tifoidea

¿Qué es la fiebre tifoidea? La fiebre tifoidea es una enfermedad infecciosa exclusivamente humana. La bacteria que la produce, la Salmonella typhi*, penetra por vía digestiva y alcanza la sangre. Se transmite por contacto directo con personas infectadas o sus excretas y, sobre todo, por ingesta de agua o alimentos contaminados por heces u orina humanas (vegetales crudos, helados, mariscos). Sus síntomas suelen empezar 1-3 semanas después del contagio: fiebre alta, debilidad, dolor de cabeza, inapetencia, dolores abdominales, estreñimiento. Posteriormente pueden aparecer complicaciones como delirio y perforación o hemorragia intestinal. Sin el tratamiento antibiótico adecuado, la enfermedad se prolonga varias semanas y puede resultar mortal. * No se debe confundir con las salmonelas causantes de las comunes intoxicaciones alimentarias (Salmonella enteritidis). ¿Cómo prevenir la fiebre tifoidea? Para su prevención es fundamental el cumplimiento de una buena higiene personal y alimentaria, así como seguir las recomendaciones respecto al consumo de alimentos en los países donde esta enfermedad es frecuente. Las vacunas frente a la enfermedad son muy efectivas, pero no al 100 %. La vacunación no exime de cumplir a rajatabla las recomendaciones preventivas en torno a la alimentación (por esta y otras enfermedades). ¿Con qué vacunas contamos? Se dispone de dos tipos de vacunas frente a la fiebre tifoidea. Vacuna oral, Vivotif, compuesta por bacterias vivas debilitadas, incapaces de provocar la enfermedad, pero inductoras de un efecto protector prolongado Vacuna inyectable, Typhim Vi, que contiene una fracción purificada de la cápsula de la Salmonella typhi, que no resulta infecciosa, pero que genera defensas ¿Quién debe vacunarse? En España, la vacunación infantil se propone casi exclusivamente para niños mayores de 2 años y adolescentes que vayan a viajar a países de alta incidencia (especialmente Bangladesh y subcontinente indio), con deficientes sistemas de control alimentario y de las aguas de consumo humano. La vacunación debe completarse 7 días antes del desplazamiento cuando se administra la formulación oral o 14 días antes si se usa la vacuna inyectable. Otra recomendación de vacunación, mucho menos frecuente, está dirigida a los convivientes con portadores crónicos de la bacteria en su intestino o a los trabajadores en determinados laboratorios de microbiología. ¿Cómo se administran las vacunas? La vacuna oral (cápsulas) se puede utilizar en niños mayores de 5 años. La vacunación completa consiste en tomarse 3 cápsulas en días alternos (días 1, 3 y 5). Deben tragarse enteras, una hora antes de una comida, con un líquido que no esté caliente. Si el niño va a permanecer en países o zonas donde persista la enfermedad, convendrá repetir anualmente la pauta completa de vacunación (3 cápsulas). La vacuna inyectable puede usarse a partir de los 2 años, con una única dosis por vía intramuscular. En caso de permanencia o reanudación del riesgo de contagio, debe volver a administrarse cada 2 o 3 años. Ambas vacunas pueden administrarse simultáneamente con cualquier otra vacuna. ¿Cuáles son las reacciones adversas de la vacunación? Las reacciones debidas a estas vacunas son raras y leves. Entre ellas están: dolor abdominal, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, fiebre o una erupción en la piel tras la vacunación oral y malestar, dolores musculares o reacción local en el lugar del pinchazo en la formulación inyectable. ¿Cuáles son las precauciones y contraindicaciones de la vacunación? No debe vacunarse durante una enfermedad febril aguda, ni si existe el antecedente de una reacción alérgica grave tras la administración de dosis anteriores o ante alguno de sus componentes (caseína y gelatina en la vacuna oral; fenol y formaldehido en la inyectable). La vacuna oral, compuesta por microbios vivos atenuados, está contraindicada en el embarazo y en pacientes inmunodeprimidos o con diarrea, así como aquellas personas con intolerancia hereditaria a la fructosa. Debe distanciarse 3 o más días de la administración de antibióticos, que podrían inactivarla; también de la ingestión de algunos medicamentos antipalúdicos, durante períodos de tiempo que el pediatra indicará. ¿La Asociación Española de Pediatría (AEP) aconseja vacunar de la fiebre tifoidea? Sí, selectivamente en las situaciones de riesgo comentadas más arriba.

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Vacuna del sarampión

¿Qué es el sarampión? Es una enfermedad vírica muy contagiosa y a veces grave, que produce fiebre alta con una erupción por todo el cuerpo, tos irritativa y conjuntivitis (ojos rojos). También se ven puntos con un halo rojizo en la mucosa de la boca que solo aparecen en esta enfermedad y se denominan manchas de Koplik. En ocasiones se complica con otitis, neumonía o afectación grave del cerebro (encefalitis). En los últimos años, aunque se buscaba su erradicación, están aumentando los casos en Europa debido a que hay niños sin vacunar y a que es muy contagiosa. El sarampión es todavía una causa importante de muerte infantil en África y Asia y se está extendiendo por la región europea de la OMS. ¿Qué vacunas hay contra esta enfermedad? En Europa, la vacuna del sarampión se administra formando parte de la vacuna conocida como triple vírica (SRP), que va asociada a los componentes de las paperas (parotiditis) y la rubeola, o bien como tetravírica (SRPV), junto con el componente de la varicela. La triple vírica y la tetravírica son vacunas de virus vivos debilitados (atenuados) en el laboratorio, de forma que no provocan enfermedad, pero sí una respuesta defensiva en quien la recibe y además de larga duración (memoria inmunológica). ¿Quién se debe vacunar? La recomendación de la vacunación es universal, con 2 dosis de triple vírica separadas entre sí, al menos, un mes. La primera dosis debe administrarse una vez cumplidos los 12 meses de edad; si se recibe antes de los 11 meses por las circunstancias que sean (como cuando se viaja a un país que tenga sarampión), no se contabiliza. Los adultos mayores pueden estar inmunizados de forma natural por haber pasado la enfermedad. ¿La Asociación Española de Pediatría (AEP) aconseja vacunar del sarampión? La AEP recomienda la vacunación de todos los niños con 2 dosis de vacuna triple vírica (la segunda preferiblemente de tetravírica), que incluye entre sus componentes el del sarampión. La propuesta de la AEP es iniciar la vacunación a los 12 meses de edad y administrar la 2.ª dosis cuando se cumplan los 2 años para protegerlos cuanto antes. Las comunidades autónomas esta segunda dosis la aplican a los 3 o 4 años. La segunda dosis podría administrarse como vacuna tetravírica, si precisa protegerse también de la varicela. Actualmente se está implantando la utilización de la vacuna tetravírica o SRPV (sarampión, rubeola, parotiditis y varicela) como segunda dosis, 12 CC. AA. ya lo hacen. ¿Cómo se administra la vacuna? Se inyecta por vía subcutánea en el muslo o el brazo, según la edad. Puede administrarse el mismo día que se reciben otras vacunas diferentes o bien con cualquier intervalo con ellas. La única excepción es la vacuna de la varicela y también la de la fiebre amarilla (para viajes internacionales) que, si no se ponen simultáneamente con la triple vírica, debe espaciarse un mes. ¿Cuáles son las reacciones adversas de la vacunación? Los efectos adversos son poco frecuentes y leves. Al estar incluida en la vacuna combinada triple vírica deben ser tenidas también en cuenta otras reacciones secundarias debidas a los otros componentes. Puede haber fiebre moderada con o sin sarpullido, entre 5 y 15 días después de la vacunación. También, aunque raramente, se han encontrado casos de alteración transitoria de la coagulación (descenso de las plaquetas) o hinchazón de una articulación. Aunque puede emplearse desde los 12 meses de edad, habitualmente se recomienda utilizar la tetravírica (SRPV) en niños de más de 2 años de edad, por su asociación a crisis febriles en pacientes predispuestos, por lo que se recomienda particularmente para la segunda dosis (3-4 años), evitando así un pinchazo. Está claramente demostrado que no hay ninguna relación entre la vacunación con triple vírica y el autismo infantil. ¿Cuándo está contraindicada la vacuna? La vacuna triple vírica estará contraindicada si se ha tenido una reacción alérgica grave con una dosis anterior o con algún componente de la vacuna (como la gelatina o los antibióticos que a veces contiene para evitar su contaminación). Al ser una vacuna viva, también se debe evitar recibirla en el embarazo y se consultará con el médico si se tienen las defensas disminuidas por alguna enfermedad o si se recibe un tratamiento de fondo que las pueda debilitar (corticoides orales, etc.). Por otra parte, si se hubieran administrado al niño derivados sanguíneos como sangre, plasma o inmunoglobulinas también se debe consultar, por si fuera preciso retrasar la vacunación. La vacuna triple vírica y la tetravírica no están contraindicadas en los alérgicos al huevo, incluso aunque hubieran tenido una reacción anafiláctica al mismo, y no es en absoluto necesario haber ingerido huevo con anterioridad a la administración de la vacuna, como medida de seguridad. [Artículo compartido con el Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría ]

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