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El ser humano invierte, por término medio, un tercio de su vida en dormir. Dormir es una actividad necesaria porque con ella se recupera el equilibrio físico y psicológico.
El sueño tiene un papel fundamental en el desarrollo y bienestar infantil. Favorece los procesos de atención y memoria y ayuda a consolidar lo que se ha aprendido.
El sueño se puede dividir en dos grandes fases: sueño no REM y sueño REM.
El sueño no REM es el momento del sueño que el cuerpo utiliza para descansar físicamente.
Se divide, a su vez, en tres partes:
El sueño REM se denomina así por los movimientos que realizan los ojos en esta fase (“Rapid Eye Movements”, movimientos oculares rápidos). Esta fase sirve sobre todo para consolidar la memoria, retener u olvidar información. Es el momento en el que aparecen los sueños, así como las pesadillas.
Cuando se comienza a dormir se pasa primero por las fases no REM y posteriormente por la fase REM. Después de ello se produce un “micro-despertar”, del que la persona no se acuerda al día siguiente, y se vuelve a dormir. Al realizar todas estas fases, completamos un ciclo del sueño. En una noche en la que se duerman 8 horas, una persona adulta realiza 5-6 ciclos.
No, las fases del sueño van cambiando y madurando según la edad. Las diferencias más importantes son:
El sueño es una parte fundamental del crecimiento del niño y por lo tanto se deben intentar reunir las mejores condiciones para que el descanso sea adecuado.
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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.