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Salud en familia

Cabecera del contenido artículo

Enfermedades / Promoción de la salud

Convulsiones en niños. Actuación, recomendaciones y mitos.

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Contenido del artículo

La mayoría de las convulsiones ceden solas. Es fundamental mantener la calma e intentar que no se haga daño

¿Qué es una convulsión?

Una convulsión es aquella situación en la que súbitamente, el niño  generalmente empieza con movimientos musculares repetidos, que suelen acompañarse de pérdida de consciencia.

En los niños, la causa más frecuente es la fiebre, las llamadas convulsiones febriles, pero existen otras causas como la bajada de glucosa (hipoglucemia), traumatismos en la cabeza, infecciones (como  en la meningitis), drogas o epilepsia.

¿Qué síntomas o signos produce una convulsión?

De forma repentina el niño pierde la consciencia, es decir, deja de responder al llamarle o al estimularle. El cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con sacudidas rítmicas de los miembros, la cabeza o el tronco o, por el contrario, puede quedarse fláccido. La boca se puede poner de color azulado o morado, encajada con fuerza y los ojos en blanco o con la mirada perdida.

Puede ser que el niño se orine, aunque ya no lleve pañal. También puede vomitar.

Lo anteriormente descrito es lo que más frecuentemente aparece, aunque puede haber convulsiones que se manifiesten de forma atípica.

¿Cuánto dura una convulsión?

Aunque generalmente a los padres se les hace eterna, un episodio de convulsión suele durar menos de cinco minutos. Si es posible, lo ideal es controlar con un reloj la duración de la convulsión.

¿Qué puedo hacer durante la convulsión?

La mayoría de las veces las convulsiones van a ceder solas.

Sí es importante

  • Mantener la calma, no dejar solo al niño e intentar que no se haga daño.
  • Tumbarlo de lado, sobre un costado, porque así le costará menos respirar
  • Alejar objetos con los que se pueda golpear.
  • Se recomienda pedir ayuda al teléfono de emergencias 112 ante una convulsión, sobre todo si dura más de 5 minutos o es la primera vez que ocurre.

Si el niño suele sufrir convulsiones y su pediatra se lo ha prescrito, administrarle la medicación que le hayan recetado.

¿Qué no debe hacerse durante una convulsión?

No es necesario iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), ni respiración boca a boca, ni sacudir o zarandear.

No se deben meter los dedos en la boca, ni ningún otro objeto.

Cómo manejar una convulsión fuera de un centro sanitario

Si nos encontramos con un niño que está sufriendo una convulsión en un entorno como el colegio, en casa o en la vía pública, lo primero es mantener la calma. Acercarse con cuidado y asegurarse de que el niño esté en un lugar seguro, lejos de cualquier objeto que pudiera causarle daño.

No intentar sujetar al niño ni detener sus movimientos.

A continuación, colocar al niño en posición de seguridad. Esto implica acostarlo de lado, preferiblemente con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás para facilitar la respiración y evitar que se atragante con su propia saliva o vómito.

Es importante aflojar cualquier prenda de ropa que pueda estar ajustada alrededor del cuello o la cintura para asegurar que respire con facilidad.

Si el niño tiene medicación de rescate disponible y usted ha sido instruido sobre cómo administrarla, hágalo siguiendo las indicaciones específicas para su uso. Esto puede incluir medicamentos como diazepam en formato rectal o midazolam en formato bucal. Sin embargo, es crucial seguir exactamente las instrucciones y dosis proporcionadas por los profesionales de salud.

Recuerde no introducir ningún objeto en la boca del niño durante la convulsión, ya que esto puede causar lesiones adicionales. Tampoco intente darle de beber o comer hasta que esté completamente despierto y alerta tras la convulsión.

Finalmente, llame inmediatamente a los sistemas de emergencias (número 112 en España) para informar sobre la situación. Proporcione toda la información relevante, como la duración de la convulsión, cualquier antecedente médico conocido del niño y las medidas que ya se han tomado. Manténgase en línea hasta que los servicios de emergencia lleguen y puedan hacerse cargo del niño.

La pronta intervención y el manejo adecuado pueden marcar una gran diferencia en la seguridad y recuperación del niño.

MITOS SOBRE CONVULSIONES

  1. Las convulsiones febriles se producen cuando la fiebre es alta

La convulsión es una respuesta del cerebro a los cambios bruscos de temperatura (ya sea aumento o descenso rápido). Puede aparecer incluso cuando el niño todavía no tiene fiebre y la temperatura está comenzando a subir.

  1. Administrar antitérmicos de forma precoz para evitar que le suba la fiebre previene las convulsiones

Como se señala anteriormente, la convulsión podría producirse incluso cuando la temperatura está empezando a aumentar, muchas veces ni siquiera da tiempo a reconocer que el niño tiene fiebre. Administrar antitérmicos de forma precoz no evita que el niño convulsione.

  1. Las convulsiones provocan daño en el cerebro y siempre dejan secuelas

La mayoría de las convulsiones son procesos de corta duración, por lo que no tienen por qué dañar el cerebro ni dejar secuelas, esto dependerá del tipo y duración de la crisis.

4. La convulsión es un signo de infección grave

No existe relación entre la convulsión febril típica y la gravedad de la infección. De hecho, a menudo aparecen con infecciones víricas banales.

  1. Ante una convulsión hay que introducir algo en la boca para evitar que se trague la lengua

No existe riesgo de tragarse la lengua y no debe introducirse nada en la boca del niño ante una convulsión. Al contrario, se debe retirar todo lo que tenga en la boca para despejar la vía aérea.

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La información ofrecida en En Familia no debe usarse como sustituta de la relación con su pediatra, quien, en función de las circunstancias individuales de cada niño o adolescente, puede indicar recomendaciones diferentes a las generales aquí señaladas.

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Abusos sexuales a niños. Falsos mitos

El abuso sexual es una realidad que afecta a muchos niños. Entre un 10% y un 20% de la población en España ha sufrido algún tipo de abusos sexuales en su infancia. Ante esta estadística, las preguntas más comunes son: “¿cómo es posible?" o "¿qué ha fallado?” El informe de Save the Children trata de explicar (a través de la compilación de varios casos, del análisis documental y de entrevistas a personas expertas) cómo son posibles los fallos en los que pueden incurrir las administraciones públicas, cuando se produce un caso de abusos sexuales a un niño o adolescente. Existen muchos mitos que son falsos: Los abusos sexuales no son comunes, pasan en muy contadas ocasiones. La realidad es que entre un 10% y 20% de la población ha sido víctima de abusos sexuales en su infancia. Quienes lo cometen están locos, son unos monstruos. La realidad es que no existe un perfil psicológico del abusador sexual. Nadie diría, a simple vista, que son monstruos o que tengan ningún tipo de enfermedad mental. Si ocurriera a un niño o niña cercanos, nos enteraríamos. La realidad es que no son tan fáciles de detectar ni revelar: el secreto es el poderoso pegamento que une en muchos casos a abusados y abusadores. Los efectos son casi siempre muy graves y todos los niños y niñas reaccionan igual. La realidad es que la gravedad de los efectos depende de factores como la frecuencia, el grado de parentesco, la intensidad, etc. Solo se dan en clases sociales bajas. La realidad es que el abuso sexual ocurre en todos los tipos de familias. Los agresores son desconocidos. La realidad es que seis de cada diez abusadores son conocidos en distinto grado por los niños y niñas. Cuando se abusa sexualmente de un niño o niña hay penetración u otras prácticas sexuales consideradas graves. La realidad es que los abusos sexuales a menores de edad suelen darse de forma paulatina y progresiva. Empiezan por tocamientos y masturbaciones y sólo en algunos casos la víctima llega a sufrir acceso carnal (coito vaginal en un 4,9% de los casos, anal en un 2,7%). A pesar del aumento de las denuncias por abusos sexuales a menores, que pasaron de 3502 en 2015 a 4056 en 2016, según el Anuario del Ministerio del Interior, la mayoría de los casos siguen permaneciendo ocultos. Tan solo un 15% de los casos son denunciados y, de los que entran en el sistema legal, el 70% nunca llega a juicio oral. Para Save the Children, la lucha contra los abusos sexuales a menores debe de incluirse dentro de una estrategia que incluya una ley orgánica para la erradicación de la violencia contra la infancia.

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Alcohol: mitos y realidades

El consumo de alcohol está ligado a nuestra cultura y también asociado a múltiples mitos y falsas creencias sobre posibles beneficios de su consumo Mito nº1 Beber alcohol sólo los fines de semana no produce daños en el organismo. Realidad : El daño que provoca el alcohol depende del llamado patrón de consumo , es decir, de la cantidad (a mayor cantidad, mayor daño) y de la intensidad (la misma cantidad concentrada en menos tiempo es más dañina). También existe el riesgo de convertirse en un hábito, hasta el punto de no saber divertirse si no se bebe. Mito nº2 El consumo de alcohol ayuda a salir de las horas bajas, a superar el cansancio y a estar más animado y en forma. Realidad : El consumo abusivo de alcohol hace perder el control sobre las emociones y sentimientos. Tras una breve sensación de bienestar, si se está triste o deprimido, esta situación se agudiza. Asimismo, se produce una mayor fatiga física y más sueño; también se pierde fuerza y coordinación. Mito nº3 El consumo de alcohol hace entrar en calor y combate el frío. Realidad : El alcohol produce una sensación momentánea de calor al dilatar los vasos sanguíneos y dirigir la sangre hacia la superficie de la piel, pero en poco tiempo la temperatura interior del cuerpo disminuye y se siente más frío. Por eso, en situaciones de embriaguez, hay que abrigar y proporcionar calor a la persona y nunca intentar espabilarla con duchas frías. Mito nº4 El alcohol es un alimento. Realidad : El alcohol engorda pero no alimenta. Al contrario, aumenta la producción de grasa en el organismo. Mito nº5 El alcohol es bueno para el corazón. Realidad : Diversos estudios han puesto de manifiesto que, en adultos, el consumo moderado de alcohol disminuye el riesgo de padecer enfermedades de corazón, pero estos efectos beneficiosos no aparecen en todas las personas ni en todos los casos. Mito nº6 El alcohol facilita las relaciones sexuales. Realidad : Al contrario, el consumo abusivo muchas veces dificulta o incluso impide unas relaciones sexuales plenas, provocando impotencia y otras disfunciones asociadas. Mito nº7 El que más aguanta el alcohol es porque es más fuerte. Realidad : No existe relación alguna entre fortaleza o virilidad y “aguantar” un mayor consumo de alcohol. Si se aguanta mucho, puede ser porque el organismo se haya acostumbrado. Ha desarrollado tolerancia al alcohol y eso no significa que haga menos daño, sino que hay más riesgo de convertirse en dependiente y, por tanto, en alcohólico. Información extraída de la Guía sobre drogas 2007. Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad.

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Lactancia materna: mitos y realidades

1. No tengo suficiente cantidad de leche para amamantar a mi bebé. FALSO El pecho produce la cantidad de leche en función de las demandas del bebé, siempre y cuando el número de tomas sea adecuado y la postura de succión sea correcta. VERDADERO 2. La lactancia deforma el pecho. FALSO El principal cambio del pecho se produce durante el embarazo, independientemente de que la madre dé el pecho o no. En todas las mujeres el pecho va cambiando en función de la edad, la grasa corporal y factores genéticos, aunque no den el pecho. VERDADERO 3. Durante la lactancia tengo que beber mucha agua, mucha leche y comer más de lo habitual. FALSO Es recomendable que la madre siga una dieta variada y equilibrada, que beba líquido según su sed. La producción de leche de la madre no depende de la leche que tome. VERDADERO 4. Si tomo alimentos que producen gases como judías, coliflor, etc., le pasaré los gases a mi bebé. FALSO Los alimentos que consume la madre no producen ni gases ni cólicos en el bebé. VERDADERO 5. No debo tomar alimentos con ajo, cebolla o picante mientras doy el pecho. FALSO Los cambios en el sabor de la leche, según los alimentos ingeridos por la madre, favorecerán que el bebé acepte los nuevos sabores cuando se introduzca la alimentación complementaria. VERDADERO 6. Hay que organizar un horario para dar el pecho. Si no, le estoy malcriando. FALSO Es preferible alimentar a demanda sin un horario fijo. De esta manera el bebé decide cuándo quiere comer. VERDADERO 7. Se debe dar siempre de los 2 pechos en cada toma. FALSO El primer pecho se debe vaciar bien antes de ofrecer el otro, para que el bebé obtenga la leche más rica en grasas, que sale al final. Algunos bebés solo toman un pecho en cada toma. VERDADERO 8. Mi madre no me pudo dar el pecho, así que yo tampoco podré. FALSO Lo que determina la cantidad de leche que se produce, a no ser que exista un problema médico, es la frecuencia con la que se alimenta al bebé. Cuanto más se le dé el pecho, más leche se producirá. No existe un factor hereditario, depende de realizar una técnica adecuada. VERDADERO 9. Si tengo el pecho pequeño produciré poca leche. FALSO Las mamas están compuestas de tejido glandular (donde se produce la leche), tejido graso y tejido conectivo de soporte. El tamaño de la mama depende más de la cantidad de grasa, que del tejido glandular. VERDADERO 10. Tengo los pezones planos o invertidos, no podré dar el pecho. FALSO En la mayoría de los casos son pezones planos elásticos, que con una buena técnica van saliendo poco a poco y permiten que la lactancia sea eficaz. VERDADERO 11. Los sustos, disgustos o problemas te pueden cortar la leche. FALSO De forma transitoria, en situaciones de estrés elevado, se puede dificultar la salida de la leche. En estos casos hay que poner al bebé al pecho con frecuencia, para vaciar bien el pecho y evitar que la retención de leche termine disminuyendo la producción. VERDADERO 12. Lo normal es que dar el pecho duela. FALSO Al inicio de la lactancia, hasta que se consigue una adecuada adaptación y una correcta succión, puede ser molesto. Posteriormente, si existe dolor, indica que hay algún problema (infección, mal agarre, etc.). VERDADERO 13. No tengo suficiente leche porque con el sacaleches sale muy poca. FALSO La cantidad que sale con un sacaleches suele ser menor que la leche disponible para el bebé y que él puede sacar. VERDADERO 14. Mi hijo quiere comer más frecuentemente, me estoy quedando sin leche. FALSO Existen episodios de mayor demanda de leche por parte del bebé que se denominan“baches de lactancia”. También en ocasiones el bebé hace más tomas por sed. VERDADERO. 15. Si tengo una mastitis (inflamación de la glándula mamaria) debo suspender la lactancia. FALSO La leche del pecho afectado no tiene ningún efecto perjudicial en el niño. La infección no se transmite al lactante y además, al continuar con la lactancia materna se mejora la evolución de la mastitis. VERDADERO 16. No puedo tomar ningún medicamento dando el pecho. FALSO Algunos medicamentos no se deben consumir durante la lactancia, pero otros son seguros. Es recomendable consultar www.e-lactancia.org . VERDADERO 17. Me van a realizar una cirugía con anestesia. ¿Debo suspender la lactancia? FALSO La mayoría de los anestésicos actuales son de eliminación muy rápida y permiten dar el pecho tan pronto como la madre esté despierta y se encuentre en condiciones. VERDADERO 18. Durante la lactancia no debo realizar deporte. FALSO El deporte y la lactancia son perfectamente compatibles y además es beneficioso para la salud de la madre. La práctica de ejercicio muy intenso de manera continuada solo es recomendable en deportistas profesionales. Se deben evitar deportes con riesgo de traumatismos en las mamas. VERDADERO 19. Amamantar a gemelos o mellizos con lactancia materna exclusiva no es posible. FALSO Es posible dar el pecho a gemelos pero se necesita más ayuda. Cuando la lactancia está bien establecida se puede dar a los dos bebés a la vez. Las demandas de cada bebé pueden ser distintas. VERDADERO 20. Durante la lactancia no me puedo quedar embarazada. FALSO Para que durante la lactancia materna no se produzca un embarazo, es necesario que se cumplan los siguientes condiciones: que el bebé sea menor de 6 meses, que solo tome pecho, con tomas frecuentes tanto de día como de noche, y que no se haya reanudado la regla despues del parto. Si esto se cumple, la eficacia de la lactancia materna para prevenir el embarazo es de hasta el 98%. VERDADERO 21. Tengo que lavarme el pecho antes y después de cada toma. FALSO Es suficiente la ducha diaria con agua y el jabón habitual y lavarse las manos en cada toma. El lavado excesivo del pezón elimina los aceites protectores naturales, favoreciendo la aparición de grietas y eccemas. VERDADERO 22. Si me quedo embarazada de nuevo, debo suspender la lactancia. FALSO Es posible llevar a cabo la lactancia materna durante todo el embarazo y después amamantar a los dos lactantes (lactancia en tándem). VERDADERO Video: Mitos relacionados con los cuidados maternos durante la lactancia

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5 verdades y 5 mitos sobre los ahogamientos

En España, los accidentes son la principal causa de muerte en la infancia, y muchos de ellos son evitables. Los ahogamientos representan en España la segunda causa de fallecimiento accidental en menores de 14 años. En 2024, se registraron 471 muertes por esta causa en España, lo que representa un incremento del 11,6% respecto al año anterior. Los ahogamientos aumentan en verano cuando suben las temperaturas, existen más actividades al aire libre y más contacto con piscinas y playas. Ante esta realidad, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha lanzado una guía breve para ayudar a prevenir siniestros y salvar vidas. 1. El único sistema que previene el ahogamiento infantil son tus brazos Los niños deben estar siempre supervisados, aunque estos lleven puesto algún sistema de flotación como colchonetas hinchables, flotadores con forma de aro, manguitos, etc. pues estos dispositivos por sí solos no previenen el ahogamiento al no garantizar que las vías respiratorias queden fuera del agua en todo momento. Su uso como medida preventiva no debe ser nunca exclusivo. Dentro de estos sistemas de flotación, el único que se considera efectivo es el chaleco salvavidas. Aun así, el adulto no debería alejarse del niño más allá de lo que le alcancen los brazos. Incluso aunque haya socorrista, no debemos dejar de vigilar a los menores 2. No hay cantidad de agua segura Un lactante se puede ahogar incluso en una pequeña profundidad de 2 cm de agua, por ello no debemos dejar de supervisar nunca a los más pequeños cuando haya un potencial riesgo, por pequeño que parezca. Se pueden dar ahogamientos en bañeras, cubos de fregona o recipientes similares donde se acumule agua, inodoros, piscinas hinchables, piscinas de chapoteo, estanques, pozos, etc. 3. Los cercados incompletos de piscinas y las lonas flojas no protegen Se recomienda el cercado completo de las piscinas, que no se impida la visualización directa de la misma pero siendo lo suficientemente alto como para que un niño no la pueda escalar (mínimo 122 cm.). No deberían quedar huecos de más de 10 cm en ninguna de sus uniones, ni tampoco hasta el suelo, pues un menor podría colarse por debajo. Debe prestarse atención también al cierre de la puerta, que no tiene que estar accesible para el menor. Asimismo, las lonas que cubren las piscinas deben ser firmes y capaces de soportar un peso de hasta 100 kg, cubriendo toda la superficie sin dejar espacios libres en los bordes donde un niño podría caer. 4. Mejor tirarse de pie Es mucho más seguro que los niños se tiren al agua de pie que de cabeza, para evitar posibles accidentes en la columna vertebral y la médula espinal. Las normativas de las piscinas prohíben tirarse de cabeza cuando la profundidad no supera los 120 cm, pero en otros medios, como en un río, el mar o un pantano, no se puede conocer a ciencia cierta la profundidad y tirarse de este modo podría resultar peligroso. 5. Hay que tapar los desagües Los desagües de las piscinas deben contar con rejillas u otro mecanismo que evite el atropamiento por succión. 1. La bandera roja no afecta a todos los bañistas En redes sociales se ha popularizado la creencia de que la bandera roja no aplica a los deportistas, ya que muchas de las condiciones que requieren para su actividad, como el oleaje o el viento, suelen coincidir con el izado de esta señal de peligro. Sin embargo, contar con un alto nivel de experiencia en deportes náuticos, practicar surf, nadar en aguas abiertas o realizar cualquier disciplina acuática no exime del cumplimiento de las normas ni garantiza inmunidad frente a posibles incidentes en el agua. 2. La persona que se ahoga pide ayuda Una persona que se está ahogando suele hacerlo en silencio: no grita ni pide ayuda, sino que centra todos sus esfuerzos en intentar mantener la cabeza fuera del agua para poder respirar. El proceso puede durar desde apenas unos segundos hasta pocos minutos, y la víctima puede hundirse y desaparecer de la superficie en aproximadamente 90 segundos. Esta rápida evolución convierte la identificación del ahogamiento en un desafío tanto para los socorristas como para los bañistas, ya que a menudo puede confundirse con juegos o actividades recreativas. 3. Ante un ahogamiento hay que lanzarse a socorrer La respuesta ante un ahogamiento debe ser inmediata: lo primero es alertar a los servicios de emergencia y, si es posible, lanzar o acercar un objeto flotante para que la víctima pueda sostenerse y mantenerse a flote hasta la llegada de ayuda especializada. Es fundamental que los expertos y gestores de riesgos insistan en la importancia de que los testigos no entren al agua para intentar un rescate, ya que esto podría poner en peligro también su vida y generar una segunda emergencia. 4. Hay que colocar a la víctima ahogada boca abajo para vaciar el agua de los pulmones Esta maniobra no solo es ineficaz sino que también provoca una pérdida de tiempo crucial para revertir la hipoxia de la víctima. La recomendación es clara: si una persona rescatada del agua no respira, debe aplicarse de inmediato el protocolo de reanimación cardiopulmonar (RCP), combinando ventilaciones y compresiones torácicas. 5. Tras la comida no hay que bañarse para evitar el corte de la digestión El llamado “corte de digestión”; es un mito muy arraigado y difundido. El término correcto para el fenómeno que preocupa es síncope por hidrocución, un choque térmico que afecta a la circulación sanguínea y puede producirse tanto dentro como fuera del agua. Para prevenirlo, se recomienda aclimatarse de forma gradual al agua, mantenerse bien hidratado, evitar comidas copiosas y la exposición prolongada al calor, así como estar alerta ante cualquier signo de mareo, debilidad o malestar.

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Convulsiones febriles

Una convulsión es aquella situación en la que, de forma brusca, el niño empieza con movimientos musculares repetidos, anormales, acompañados, habitualmente, de pérdida de conciencia (no responde a la llamada o a estímulos). En los niños, la mayoría de las veces las convulsiones están desencadenadas por fiebre, que son a las que nos vamos a referir y las llamamos convulsiones febriles ¿Qué es una convulsión febril? Es una respuesta del cerebro ante la fiebre que se produce en algunos niños sanos entre los 6 meses y los 5 años de edad. Casi siempre ocurren en los dos primeros días de fiebre. Son frecuentes: de 3 a 5 niños de cada 100 las padecen, lo que equivale a 1 ó 2 niños de una guardería. Además, después del primer episodio, 1 de cada 3 niños tiene otra convulsión. Algunos niños tienen más predisposición a tener convulsiones cuando tienen fiebre. No se conoce la causa. Las provocan las infecciones por virus. Cualquier infección banal (catarro, anginas, gastroenteritis) con fiebre es capaz de desencadenar una convulsión febril. En ocasiones, la convulsión es el primer signo que nos indica que el niño tiene fiebre. ¿Cuáles son los síntomas? El niño pierde de repente la conciencia, el cuerpo puede ponerse rígido y comenzar con sacudidas rítmicas de los brazos, piernas, tronco y cabeza o bien se queda completamente flácido. También es frecuente que la boca esté morada, cerrada con fuerza como encajada y la mirada perdida o los ojos en blanco. Es posible que vomite y que se orine. Suele durar poco tiempo y se soluciona sola, generalmente en menos de 5 minutos. Al final, el niño suele dormirse o se queda confuso. ¿Qué puedo hacer? Mantener la calma y tumbar al niño de lado, sobre un costado (esto le permitirá respirar mejor) y lejos de objetos con los que pueda golpearse. Es conveniente que el niño sea valorado por un médico que confirme el diagnóstico. Acuda al centro de salud u hospital más cercano. ¿Qué NO se apropiado hacer en casa? No es necesario realizar respiración artificial, ni sacudir, golpear o detener los movimientos del niño. No debe meterle los dedos en la boca, podría morderle sin querer. No se preocupe, no se “tragará” la lengua. ¿Cuándo debe consultar de nuevo a un servicio de urgencias? En la primera crisis es conveniente acudir a un centro sanitario para saber la causa de la fiebre, aunque generalmente el niño no necesitará ser hospitalizado. Es aconsejable consultar de nuevo si se repite la convulsión, si la convulsión dura mucho tiempo (más de 15 minutos) o el niño sólo mueve una parte del cuerpo o si encuentra al niño adormilado, decaído o, por el contrario, muy irritable. También es apropiado acudir al pediatra si la convulsión ocurre después de las primeras 24 horas de fiebre o se queja de dolor de cabeza intenso y vomita. ¿Qué niños tienen más posibilidad de repetir la crisis? Uno de cada 3 niños volverán a repetir la convulsión febril. Sin embargo, ello no significa que vayan a tener problemas posteriores. No hay ningún inconveniente para que reciban las vacunas del calendario. Hay niños con más posibilidades de repetir la crisis, sobre todo si tienen menos de un año cuando tienen la primera y si hay antededentes en la familia de crisis febriles . ¿Qué consecuencias tiene? Por muy dramáticas y espectaculares que sean, las convulsiones febriles tienen buen pronóstico y no ocasionan problemas neurológicos posteriores, ni daño cerebral ni aumento del riesgo de epilepsia. Son niños normales y deben llevar una vida normal. En la mayoría de las ocasiones no se precisa ningún estudio ni tratamiento especial. La peor consecuencia de las convulsiones febriles son los accidentes de trafico que se producen camino del hospital. ¿Cómo se puede prevenir? Ni las medidas físicas (paños de agua tibia, baño o ducha de agua tibia) ni la administración de antitérmicos (paracetamol e ibuprofeno en mayores de 6 meses) previenen la aparición de convulsiones febriles. El tratamiento de la fiebre en los niños con convulsiones febriles debe ser igual al de los niños con fiebre que no han sufrido convulsiones. Las familias no deben angustiarse ni estar pendientes de la temperatura del niño en todo momento. Utilice las dosis habituales de antitérmicos y no lo arrope en exceso. El tratamiento para prevenir las crisis es muy controvertido, no se recomienda a largo plazo y sólo algunos médicos lo aconsejan en situaciones especiales. Los padres de niños con convulsiones febriles repetidas pueden sentirse más tranquilos si disponen de medicación para administrar por vía rectal o en boca cuando se produce la convulsión, aunque no se ha demostrado de forma clara su eficacia, pero siempre será su pediatra o neuropediatra el que lo indique. Artículo elaborado por la Sociedad Española de Urgencias Pediátricas .

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5 verdades y 5 mitos sobre los atragantamientos

En España, los accidentes son la principal causa de muerte en la infancia y muchos de ellos son evitables. El atragantamiento es una de las emergencias más críticas en niños pequeños, ya que suele producirse de forma repentina. Se produce cuando un objeto extraño bloquea las vías respiratorias impidiendo la entrada y salida normal de aire hacia los pulmones. Si la obstrucción es total o casi total, existe un alto riesgo de asfixia con desenlace fatal. En 2023, este problema fue responsable de más de una decena de muertes en la población infantil. Ante esta realidad, la Asociación Española de Pediatría (AEP) ha lanzado una guía breve para ayudar a prevenir siniestros y salvar vidas. Existen frutas y verduras más difíciles de tragar Las zanahorias y las manzanas crudas son demasiado duras y deben evitarse en su forma natural hasta los 3 –6 años; siendo recomendable ofrecerlas trituradas, hervidas o al horno. Del mismo modo, alimentos como los arándanos, cerezas, uvas, aceitunas o los tomates cherry deben servirse sin hueso y cortados en cuartos o en tiras alargadas para minimizar el riesgo de atragantamiento. En el caso de la piña, al ser altamente fibrosa, es aconsejable presentarla en trozos muy pequeños. Se debe tener cuidado con algunas carnes y pescados El jamón serrano y las carnes muy fibrosas deben evitarse o cortarse en trozos muy pequeños, quitando la grasa. Las salchichas, el salchichón o el fuet tendrán que disponerse en trozos pequeños o en cortes longitudinales, pero nunca en rodajas o enteros. Con el pollo, el pavo o el pescado, habrá que revisar minuciosamente que no haya huesos o espinas Las “chuches” y los frutos secos también tienen peligro Los caramelos duros, las peladillas, las gominolas, los chicles y las palomitas de maíz son alimentos con alto riesgo de atragantamiento hasta los 3-6 años, así como los frutos secos enteros ( sí se pueden ofrecer triturados) Cuidado con los juguetes nuevos, pero también a los antiguos Para evitar sustos, será fundamental vigilar siempre a los niños, especialmente si tienen edades diferentes y comparten espacios y juguetes. Tendremos que comprobar que los juguetes sean adecuados a la edad de cada niño, siguiendo las indicaciones del fabricante, evitando que los menores de 3 –5 años tengan acceso a piezas pequeñas o que se desprendan, incluidas las pilas de botón. Prestaremos especial atención a los objetos redondeados y lisos, como las canicas, que pueden bloquear completamente la vía respiratoria y no permitiremos el juego con bolsas de plástico, monedas o botones, así como con globos, que pueden causar obstrucción si se aspiran al intentar inflarlos o al romperse y ser inhalados. Se elegirán muñecos y peluches con costuras resistentes y felpa corta; el relleno no debe contener bolitas ni semillas pequeñas. Aunque hayamos revisado todos los juguetes al comprarlos, deberemos hacerlo también periódicamente, para detectar posibles desperfectos, como piezas sueltas o tapas de pilas mal cerradas Ni se juega ni se ríe en la mesa Deberemos evitar que los niños jueguen mientras comen o que hablen y se rían con comida en la boca, ya que esto aumenta el riesgo de atragantamiento. 1. Meter el dedo en la boca ayuda a sacar el objeto Introducir el dedo en la boca del menor podría empujar el objeto más profundamente y causar lesiones. Solo debe hacerse si el objeto es visible, nunca a ciegas. 2. Soplar en la cara del niño lo ayudará Esta afirmación no tiene base científica y podría asustar al niño. 3. Un atragantamiento solo ocurre al comer También puede suceder al jugar con objetos pequeños. 4. Levantar al niño por los pies ayuda a que el cuerpo extraño salga de la vía aérea Esta práctica es ineficaz y peligrosa. 5. Si el niño ya ha expulsado el objeto, me puedo quedar tranquilo. Incluso si el objeto es expulsado, se debe acudir al hospital para descartar posibles lesiones o complicaciones.

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Desmontando los falsos mitos en la adolescencia

El Comité de Salud Mental de la Asociación Española de Pediatría ha elaborado una serie de recursos en forma de videos que pretenden ser de ayuda tanto a los adolescentes y sus familias, como a los profesionales docentes o los sanitarios que tratamos con ellos. Esta semana seguimos con un video más de la serie, que en este caso trata un tema muy interesante y útil: Desmontando los falsos mitos en la adolescencia, tanto en la esfera biológica como en la psicológica. La charla está impartida por la Dra. María Pérez Pascual, Médico de Familia y Pediatra en la Unidad del Adolescente del Hospital Universitario La Paz de Madrid. ¡Os animamos a verlo!

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Guía de actuación contra el ciberacoso para padres y educadores

No podemos negar que Internet y las nuevas tecnologías están cambiando nuestra forma de vivir y de relacionarnos con los demás. Los más jóvenes, que han convivido desde siempre con este fenómeno, seguramente no conciben el mundo de otra forma que conectados a la Red. Desde luego, esto ha entrañado múltiples ventajas en cuanto al acceso a la información y a la posibilidad de relacionarse con los compañeros y hacer amistades virtuales. Pero, al mismo tiempo, han aparecido nuevos riesgos. Uno de los principales problemas relacionados con el uso de Internet es el acoso a los menores en sus diferentes formas: el ciberbullying o acoso entre menores y el grooming o acoso de un adulto a un menor de edad. En el marco del Mes de la Seguridad Cibernética, el Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación, INTECO, a través de la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI) y del portal Menores OSI , presentó el 30 de octubre de 2012 la Guía de actuación contra el ciberacoso para padres y educadores. La guía está pensada, no solo para dar a conocer estos fenómenos y saber detectarlos, sino también para saber cómo actuar ante estas situaciones, desde la prevención en casa y en el centro escolar, hasta la actuación incluso en el ámbito judicial.

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Nuevas recomendaciones sobre pantallas en infancia y adolescencia

Una de las principales conclusiones a las que se ha llegado, es que es necesario retrasar la edad de inicio de uso de las nuevas tecnologías. Para optimizar la salud de los más pequeños, se recomienda no utilizar las pantallas hasta los 6 años de edad. No existe cantidad segura de exposición a las pantallas antes de esa edad. Entre los 6 y los 12 años, el tiempo máximo recomendable de utilización de estos dispositivos en de una hora al día. Entre la problemática que produce la utilización de pantallas a edades precoces (antes de los 4 años) se encuentran los comportamientos negativos en relación a las mismas, como las exigencias y las frustraciones, que pueden conllevar dificultades de autorregulación en edades posteriores. Durante toda la infancia, el uso excesivo de la tecnología puede producir alteraciones en el sueño, en la alimentación, cambios en el volumen cerebral, dolor cervical y lumbar, cefalea y alteraciones visuales como fatiga, estrabismo o miopía progresiva. Algunas de las conductas asociadas al uso de pantallas, como el sedentarismo o los malos hábitos nutricionales, pueden aumentar el riesgo cardiovascular presente y futuro. En la etapa de la adolescencia se producen importantes cambios cerebrales que posibilitan, entre otros, el control de impulsos o la óptima toma de decisiones. El uso de la tecnología puede interferir en este proceso madurativo, de forma que se reducen la capacidad de atención o la memoria de trabajo y aumentan la impulsividad o las distracciones, entre otras alteraciones. Todo ello puede conducir a numerosas dificultades, como peor rendimiento y menor capacidad intelectual. Según la edad, las principales recomendaciones actuales sobre el uso de pantallas en la infancia serían: De 0 a 6 años: no se recomienda el uso de ninguna pantalla. Como excepción, se podría utilizar con fines concretos de contacto social (una videollamada, un cuento o una canción) y siempre acompañado de un adulto. De 7 a 12 años: el máximo tiempo de uso recomendable es de una hora diaria, incluyendo el período escolar. No se debe tener acceso ilimitado a Internet. Se deben establecer límites de contenido, tiempo y lugar de uso. Si es posible, se debería supervisar por un adulto. Se aconseja reforzar los hábitos saludables: alimentación, sueño, ejercicio físico, exposición a la naturaleza, tiempo en familia y contacto social. De 13 a 16 años: se recomienda un uso máximo de pantallas de dos horas diarias, incluyendo el período escolar. Es aconsejable la supervisión por parte del adulto, al menos con herramientas de control. Limitar el acceso a Internet y retrasar la edad de posesión del primer móvil inteligente. En esta revisión se remarca la importancia de la influencia del ejemplo de los padres en la utilización de las pantallas, siendo especialmente importante en ciertos momentos como las comidas familiares y en lugares como el dormitorio. Es importante que los niños tengan referentes saludables respecto al uso de los dispositivos, lo cual redundará en mejores dinámicas familiares y mayor desarrollo personal. Estas recomendaciones no son suficientes por sí solas en el entorno familiar, aunque es el más importante de todos. El sistema educativo debe estar alineado con las propuestas, ya que los niños pasan muchas horas en el ámbito escolar. Se insta también al Gobierno a implementar recursos y medidas en pro de la salud digital infantil. Entre todos, debemos cuidar la salud integral de la infancia, con el fin de optimizar su desarrollo físico, psicológico y social.

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Maloclusiones en niños y ortodoncia

¿Qué es una maloclusión dental? Las maloclusiones dentales son, después de la caries y los problemas periodontales, uno de los problemas más habituales en salud bucodental según la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP) . Se trata de una alteración en el proceso de crecimiento óseo de los maxilares, así como en la posición de los dientes, lo que produce un mal funcionamiento del aparato masticatorio y en muchas ocasiones alteraciones estéticas asociadas. ¿Qué factores están relacionados con las maloclusiones en la edad infantil? En muchos casos las maloclusiones comienzan a manifestarse desde la infancia, a lo largo del desarrollo de la anatomía del niño. La genética y la herencia paterna, así como algunos malos hábitos desarrollados a edades tempranas están en el origen de estas alteraciones. Por esta razón, es una patología que se debe tratar desde la edad infantil. Los principales hábitos infantiles que pueden producir una alteración en el crecimiento y contribuir a la aparición de maloclusiones son los siguientes: La respiración oral: es el acto o hábito de respirar por la boca y suele empezar a edades tempranas. La respiración oral puede ser solo nocturna, al hablar o mixta (cuando el niño respira a la vez por nariz y boca). La succión digital (cuando se chupan el dedo): el dedo queda en contacto con el paladar y hace que con el tiempo este se deforme. La deformidad del paladar a causa de la succión digital puede acarrear problemas como una mala mordida, dientes más separados o un paladar profundo y estrecho. Uso prolongado e inadecuado del chupete: puede causar trastornos en el desarrollo del paladar y por tanto de la mandíbula del niño, desplazando sus dientes e incluso la propia mandíbula. Se recomienda evitar el uso de chupete en los niños mayores de 2 años. La deglución atípica e interposición lingual: provocan que la lengua tenga un apoyo prolongado en los dientes de la región anterior. Esta posición de la lengua entre los dientes de ambas arcadas es uno de los factores causantes de maloclusión más frecuentes. ¿Qué tipos de maloclusiones existen? Podemos clasificar las maloclusiones dentales en los tres planos del espacio: Maloclusiones en el plano transversal: se producen cuando no existe una coordinación entre las anchuras del maxilar superior y la mandíbula. La más común es la mordida cruzada, debida a un maxilar superior demasiado estrecho. Maloclusiones en el plano vertical: pueden derivar en una mordida abierta o una sobremordida aumentada. Esto implica que los incisivos superiores e inferiores no llegan a tocarse, o en el caso de sobremordida aumentada, que entran demasiado en contacto y pueden quedar solapados. Maloclusiones en el plano sagital: hacen referencia a la posición de la mandíbula y los dientes inferiores respecto al maxilar y dientes de la arcada superior. La maloclusión de clase I indica una correcta relación entre el hueso maxilar y la mandíbula. La maloclusión de clase II indica una posición adelantada del maxilar superior, generalmente asociada a una mandíbula con posición atrasada y poco desarrollo. Esta es la maloclusión más prevalente en la población española, y tiene un tratamiento predecible en niños. La maloclusión de clase III indica una posición adelantada de la mandíbula respecto al maxilar superior, lo que suele implicar una mordida invertida con los incisivos inferiores por delante de los superiores. Es menos habitual que la clase II, y aunque también tienen posibilidad de ser tratada, su seguimiento y pronóstico es menos predecible. ¿Cómo podemos tratar o evitar el desarrollo de una maloclusión dental? Desde la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO), se recomienda realizar una visita con el ortodoncista antes de los 7 años de edad. Esto permitirá una detección precoz de la maloclusión y plantear un tratamiento efectivo. El hecho de no realizar un tratamiento a tiempo puede agravar la maloclusión y generar la necesidad de tratamientos más complicados en el futuro, pero lo más importante es que puede derivar en una alteración de las distintas funciones orales, como alteraciones en la fonación, dificultad en la masticación o alteraciones de la deglución y sellado labial, entre otras. Estos tratamientos interceptivos evitarán que el problema vaya a más y deberían iniciarse a partir de la transición de dentición temporal a dentición mixta (6-7 años). Se trata de tratamientos enfocados a la corrección de toda alteración incipiente.

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Consentimiento informado en niños y jóvenes

Hasta hace poco se admitía la obligación del médico de solicitar a los padres o al tutor legal el consentimiento para poder tratar a un menor de edad. No se contemplaba la posibilidad del que el menor pudiera intervenir en la decisión. En la actualidad esta forma de pensar es inadmisible y se va concediendo autonomía el menor a medida que va creciendo, reflejando una nueva concepción de los menores de edad como sujetos activos. El fundamento ético y jurídico de esta diferente forma de entender la actuación médica aparece en la Ley 41/2002 de Autonomía del paciente Como idea básica destaca la obligación de respetar la voluntad de una persona autónoma, que después de una información adecuada, tiene derecho a decidir si lo acepta o no, aun sabiendo que ello pueda implicar un peligro real para su propia vida. ¿Qué es el consentimiento informado? Es la manifestación oral o escrita, hecha de forma consciente y libre por un paciente, donde manifiesta que está conforme con un tratamiento o prueba diagnóstica que propone el médico que le atiende. Desde el punto de vista ético, más importante que el documento escrito es la información previa, que tiene que ser clara, comprensible, sin excesiva terminología médica y adaptada a las necesidades del enfermo. Esa información la dará el médico responsable del paciente. De manera habitual se hace de palabra, pero tiene que ser por escrito en intervenciones quirúrgicas y otros procedimientos de riesgo. También se exige el consentimiento escrito en ensayos clínicos, para extracción y trasplante de órganos, procedimientos de esterilización, técnicas de reproducción asistida y donación y utilización de embriones y fetos humanos. La comunicación no termina con la firma de un papel: esta se debe mantener de forma continuada y progresiva y siempre debe quedar abierta la opción de anular el consentimiento previo. Se entiende que en las actuaciones que impliquen cierto riesgo deba hacerse de una forma más completa y clara ofreciendo toda la información que se demande y que sea necesaria. En los consentimientos escritos no son válidos los modelos generales, sino que se debe especificar según el procedimiento diagnóstico o tratamiento de que se trate. Toda actuación en el ámbito de la sanidad debe contar con el correspondiente consentimiento informado. El consentimiento en los niños En algunas situaciones el consentimiento no lo puede dar el paciente y lo tiene que hacer, en su nombre, el representante legal. Es el caso de los menores de edad (18 años). En el momento actual, la Ley 41/2002 de Autonomía del Paciente, ha sido reformada por la Ley 26/2015, de 28 de julio, de modificación del sistema de protección a la infancia y a la adolescencia. Las normas que rigen en el menor de edad son: Edad inferior a 12 años: El consentimiento lo concede el representante legal, habitualmente los padres, después de haber escuchado la opinión del menor. Es lo que se conoce con el nombre de asentimiento. Entre los 12 y 16 años: El consentimiento lo concede el representante legal, después de contar con la opinión del menor en función de su capacidad intelectual y emocional, sobre todo en las situaciones donde el riesgo para la vida del menor es bajo. A partir de los 16 años: Estaríamos en la llamada mayoría de edad sanitaria y el sujeto es autónomo para tomar decisiones sin que tenga que intervenir ninguna otra persona. Pero en aquellas situaciones de grave riesgo para la salud hay que contar con el representante legal del menor. Y esto es igual para consentir o rechazar un tratamiento. En la participación en ensayos clínicos, técnicas de reproducción asistida, y extracción y trasplante de órganos la autorización requiere que el sujeto haya cumplido los 18 años. En caso contrario deben intervenir sus padres o tutores. En el caso de chicas de 16 y 17 años, el consentimiento para la interrupción voluntaria del embarazo les corresponde a sus representantes legales. Situaciones de conflicto La intervención de los representantes legales supone que siempre se ha de favorecer la salud del representado, en este caso el menor, y debe atender al interés superior del mismo. Pero puede suceder que entren en conflicto la voluntad del menor con suficiente capacidad de juicio y la de sus padres o tutores. Se tendrá que intentar llegar a un entendimiento entre ambas posturas, pero si finalmente existen dudas habrá que consultar al juez, que será quien dictamine la solución a tomar. Sin embargo, ante una urgencia que ponga en peligro la vida y que no puede esperar la resolución judicial, el médico tiene que actuar siempre en beneficio del menor, aun sin contar con la aprobación de los padres.

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Melatonina y sueño en los niños

¿Qué es la melatonina? La melatonina es una hormona producida en nuestro organismo durante la fase oscura del día. Se distribuye actuando en la mayoría de los órganos del cuerpo. Su presencia en la sangre varía durante el día, siendo mayor durante la fase oscura del día, y menor durante la fase de luz, creando así el ritmo circadiano que se consolida a partir de los 4 a 6 meses de vida. ¿Cuál es su función? La función fisiológica primaria de la melatonina, cuya secreción se ajusta con la luz-oscuridad, es transmitir información sobre el ciclo diario de luz y oscuridad a las estructuras corporales, es decir, regula el ciclo vigilia- sueño. Otras funciones que se han ido describiendo incluyen funciones del ojo, colaboración en el control del crecimiento tumoral, acción protectora ósea, regulación de la acidez del tracto gastrointestinal, intervención en la regulación de la inmunidad, en la de la tensión arterial y/o puede modificar la función de los neurotransmisores del sistema nervioso central. ¿Pueden los niños tomar melatonina? La melatonina se recomienda, en ocasiones, para facilitar el inicio del sueño cuando éste está dificultado por alteración del ritmo sueño-vigilia. Su utilización deber estar indicada siempre por un pediatra o un médico experto en sueño que controle su uso en cuanto a dosis, indicaciones y duración del tratamiento. No se recomienda su uso en niños menores de 6 meses. A partir de los 6 meses de edad, se ha demostrado su eficacia como regulador del ritmo vigilia/sueño, es decir el estar despierto y dormir. La cantidad de melatonina habitualmente recomendada oscila de 1 a 3 mg al día. La duración del tratamiento no se recomienda más allá de 4 semanas en lactantes. En niños mayores se puede usar durante más tiempo. El uso de la melatonina siempre debe estar acompañado de medidas de higiene del sueño, ambientales y de alimentación. Es decir, crear rutinas previas al sueño, tener horarios fijos y evitar siestas prolongadas. Favorecer un ambiente silencioso y una temperatura ambiental en el dormitorio entre 19 y 22ºC es clave para facilitar el sueño, así como evitar el uso de tecnología al menos una hora antes del inicio de las rutinas del sueño.

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