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2.
Aspectos
generales sobre vacunas
CONCEPTO
El término
inmunidad proviene del latino immunitas, que significa exención
o privilegio, pero el concepto seguramente es muy antiguo. Tucídides,
durante la peste que asoló Atenas, ya había comprobado cómo
las personas que habían pasado la enfermedad quedaban protegidas, siendo
por ello muy útiles para atender a los enfermos. La palabra vacuna, luego
derivada a vacunación, fue propuesta por el propio Pasteur como recuerdo
de haberse realizado las primeras investigaciones en vacas enfermas de viruela.
Precisamente fue la palabra de raíz latina la que persistió históricamente.
CLASIFICACION
Y TIPOS DE VACUNAS
Las actuales vacunas
se denominan y clasifican en base a las características de los componentes
incluidos en ellas. Prácticamente todas las vacunas modernas están
fabricadas a partir de microorganismos patógenos para el hombre, siguiendo
la idea de Pasteur, mientras que la primitiva idea de Jenner de utilizar patógenos
derivados de animales no prosperó históricamente.
Vacunas de
organismos vivos. Salvo unos pocos ensayos, con tuberculosis o con Leishmania,
la clásica vacuna de Jenner ha sido la única que estaba compuesta
de microorganismos naturales no modificados, ya que en la gran mayoría
de las vacunas modernas los microorganismos están de una u otra forma
modificados. Se llaman vacunas atenuadas las compuestas por microorganismos
vivos que han sido mutados artificialmente para que pierdan la virulencia pero
aún conservan su inmunogenicidad. Históricamente, los procesos
de atenuación se comenzaron a hacer de forma totalmente empírica,
y ahora ya se sabe que ocasionaban, o seleccionaban, modificaciones en los genes
del microorganismo anulando su capacidad patógena. A este proceso, que
estaba muy poco controlado, algunos autores se refirieron como "ruleta genética".
Desgraciadamente, las mutaciones genéticas no siempre son totalmente
estables y se conocen formas, polio tipo 2 y 3, que revirtieron a formas patógenas
y causaron epidemias. Siempre puede existir el riesgo de que este proceso tenga
lugar en virus vacunales circulantes, ya que uno de los principales motivos
de alarma o atención es que los virus vacunales pueden circular por el
entorno y ser contagiosos.
Con las mutaciones
empíricas unas veces se anula totalmente la patogenicidad del virus,
pero en otras, como en la mencionada vacuna de la poliomielitis, sólo
se atenúa y esto significa que esa vacuna no puede ser administrada a
ninguna persona que esté bajo la sospecha de inmunodeficiencia. Los avances
de la genética moderna están permitiendo controlar las mutaciones
víricas o bacterianas y con ello la producción de vacunas más
seguras.
Una de las principales
ventajas de las vacunas atenuadas es su alta inmunogenicidad, por lo que habitualmente
no precisan añadir adyuvantes, la administración de una única
dosis suele ser suficiente y mantienen una inmunidad muy duradera. En ocasiones
se incluyen dosis de recuerdo en el calendario vacunal, pero el motivo de ello
no es reactivar la respuesta inmunitaria, como en las vacunas con organismos
muertos, sino disminuir al máximo los riesgos de fallo en la primera
dosis, sea técnico, inmunológico o por cualquier motivo desconocido.
Vacunas muertas
o inactivadas. Este tipo de vacunas ha sido ampliamente desarrollado, dando
pie a muy diferentes estrategias. Así, pueden contener microorganismos
enteros, toxinas modificadas o partículas moleculares. En general provocan
una inmunidad menos intensa y duradera que las vacunas con organismos vivos,
necesitando con frecuencia añadir un adyuvante y administrar varias dosis
de primoinfección y luego recuerdos repetidos. La principal ventaja radica
en su seguridad y no presentan riesgo de contagio a convivientes, ni toda la
problemática que conlleva la circulación de los virus atenuados
(Tabla 1).
Las vacunas con
toxinas inactivadas, tétanos y difteria, son quizás las que conllevan
la metodología menos sofisticada de todas y, por el contrario, es posible
que sean de las más eficaces. Además se pueden utilizar como carriers
(portadores) de componentes menos inmunógenos. Por cierto, en estos sistemas
debe tenerse muy presente que aunque ocurra una respuesta colateral frente al
toxoide tetánico nunca es suficiente y no disculpa de usar las pertinentes
vacunaciones antitetánicas.
Los componentes
capsulares de los microorganismos son muy interesantes en relación a
las vacunas porque son los primeros componentes contra los que se produce la
respuesta inmunitaria, primero natural y posteriormente adaptativa. El principal
inconveniente es su pobre capacidad antigénica debida a estar compuestos
mayoritariamente por hidratos de carbono.
Las vacunas
sistemáticas. Son las que se administran a toda la población
porque además de la protección individual que proporcionan ofrecen
una protección de grupo que afecta a personas no vacunadas. En el calendario
vacunal es una excepción la vacuna antitetánica, que sólo
ejerce protección individual. Las vacunas no sistemáticas se administran
por prescripción individual ante una situación particular de riesgo
o ante un brote epidémico local.
La amplia cobertura
vacunal y el cumplimiento estricto de los calendarios ha sido la base para la
consecución de llamativos descensos en la morbilidad y mortalidad de
infecciones anteriormente muy frecuentes en la edad infantil. Situaciones como
las recogidas en Estados Unidos por el CDC han sido vividas en cualquier país
desarrollado (Tabla 2).
PRIMOVACUNACIONES
Y VACUNAS SECUNDARIAS
Cuando una vacuna
se administra por primera vez se denomina vacunación primaria o primovacunación.
En esta situación, el tipo de respuesta del organismo tiene ciertas peculiaridades
relacionadas con la inmadurez inmunitaria, que se corrigen al repetir las inmunizaciones.
En las primovacunaciones, la respuesta tarda en producirse y es de escasa intensidad,
lo que obliga generalmente a asociar algún tipo de adyuvante y a utilizar
elevadas dosis de antígeno. También el tipo de anticuerpos es
característicamente de isotipo IgM, aunque a lo largo de la respuesta
podrán ir apareciendo también de isotipo IgG.
Al repetir las
vacunaciones, la respuesta alcanza mayor intensidad y es mucho más rápida,
pudiendo aparecer ya en las primeras 24 horas. Por eso es innecesario administrar
gammaglobulina antitetánica a una persona previamente vacunada, siendo
suficiente revacunar. A medida que se repiten las vacunaciones, los anticuerpos
van mejorando progresivamente su afinidad por el anticuerpo, o sea, se unen
con más intensidad. Sin embargo, esta mejoría de las vacunas secundarias
sólo tiene lugar cuando los antígenos son proteicos, pero no con
los polisacáridos. Finalmente, con determinadas vacunas y cuando no hay
reactivaciones naturales, es aconsejable hacer vacunaciones de recuerdo (booster)
para volver a activar los linfocitos memoria específicos (Tabla 3).
En el
caso de vacunas con organismos vivos se produce una situación
distinta, puesto que éstos persisten en el organismo, incluso
pueden reproducirse, y con ello hay una inmunización mantenida
que pasa progresivamente de vacunación primaria a secundaria.
En este tipo de vacunas, cuando se hacen administraciones secundarias
no es para producir recuerdos inmunitarios, sino para asegurarse de
que el microorganismo persiste y no ha sido rechazado.
INFLUENCIA
DE LAS VACUNAS SOBRE EL SISTEMA INMUNITARIO
Siempre ha existido
una cierta preocupación sobre los efectos, quizás perjudiciales,
que la multiplicación de las vacunaciones pudieran ejercer sobre un sistema
inmunitario inmaduro, como es el del niño lactante. Sin embargo, esta
preocupación no parece tener justificación.
Mecanismo de
acción. Las vacunas confieren protección al organismo mediante
diferentes acciones inmunitarias y en cada enfermedad se ha tenido que organizar
una diferente estrategia, según cuál fuera el mecanismo patogénico
o la disponibilidad técnica para desarrollar la vacuna (Tabla 4).
En la poliomielitis
oral se potencia una respuesta de la inmunidad de las mucosas mediada por IgA
secretora, algo que ahora se intenta repetir también con vacunas gripales
nasales. Esta respuesta precisa que los microorganismos administrados estén
vivos.
La mayoría
de las vacunas están basadas en la producción de elevadas tasas
de anticuerpos séricos, preferentemente de clase IgG, que neutralizan
las toxinas u otros componentes bacterianos. Este sistema también funciona
en ciertos virus, como el de la hepatitis B, que sintetizan proteínas
antigénicas situadas en su envoltura. En otras infecciones, los anticuerpos
séricos, que pueden ser IgG pero también IgM, facilitan la opsonización
y con ello la fagocitosis de bacterias, como el Haemophilus influenzae
tipo b o la activación del complemento.
Intervención
de las vacunas sobre el sistema inmunitario. Las vacunas, además
de su acción específica, es posible que ejerzan una intervención
global sobre el sistema inmunitario, concretamente se piensa que puedan modificar
el equilibrio funcional de los linfocitos CD4 o Th (ver más adelante).
Esta acción puede depender de la naturaleza del componente específico
vacunal, de su dosis, vía de administración o, en algunos casos,
más intensamente de los adyuvantes.
Parece comprobado
que los toxoides, tetánico o diftérico, la vacuna antipertussis
acelular y especialmente los adyuvantes de aluminio exacerban las respuestas
de tipo Th2, teóricamente favorecedoras de enfermedades como el lupus
o la atopia. Por el contrario, la BCG, la tos ferina de células enteras,
los adyuvantes derivados de bacterias o las saponinas, incrementan una respuesta
Th1, teóricamente favorecedora de enfermedades como la diabetes o la
artritis reumatoide. A pesar de los temores, no se ha podido probar que las
vacunas modifiquen el equilibrio inmunitario hasta el punto de favorecer otras
enfermedades. Por el contrario, pudiera facilitar la maduración de la
respuesta inmune (Figura 1).
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| Figura
1. Las
vacunas, además de ocasionar una respuesta específica, es
posible que tengan algún tipo de influencia global sobre el sistema
inmunitario. Se sabe que algunas vacunas, como la de BCG, sarampión,
pertussis de célula entera, y coadyuvantes derivados de productos
bacterianos, son estimulantes de una respuesta de tipo Th1 que promueve
inmunidad celular retardada y citotoxicidad. Por el contrario, las vacunas
de toxoides, la pertussis acelular y especialmente adyuvantes conteniendo
aluminio son intensos estimulantes de síntesis de anticuerpo mediada
por linfocitos Th2. Se ha especulado teóricamente sobre la posible
repercusión de las vacunas sobre la patogenia de enfermedades de
base inmunitaria, pero sin ninguna prueba hasta el momento, o incluso con
datos contrarios a los esperados. |
VACUNAS
Y NUEVAS TECNOLOGIAS
Los avances modernos
de la inmunología, y más especialmente de la genética,
están abriendo puertas a una nueva tecnología vacunal que ya ha
proporcionado buenos resultados, aunque también han surgido problemas
y dificultades que parecen limitar el optimismo inicial.
Vacunas anti-idiotipo.
Los anti-idiotipos son anticuerpos que reaccionan contra determinantes antigénicos
situados en la porción variable de los anticuerpos. Estos determinantes
capaces de ostentar antigenicidad en el organismo propio se denominan idiotipos.
Algunos de los anti-idiotipos se unen exactamente en el mismo lugar donde lo
hace el antígeno y compiten con él, produciendo similares consecuencias
que el antígeno, por ejemplo, al reaccionar con un anticuerpo de membrana
de un linfocito B le inducen a formar anticuerpos como lo haría el antígeno.
Una de las ventajas
de los anticuerpos anti-idiotipos es que son proteínas y la reacción
es la correspondiente a los antígenos proteicos, con memoria inmunitaria.
Por este motivo se pensó en sustituir los antígenos polisacáridos
por sus correspondientes anti-idiotipos. Otra deseable utilización sería
la preparación de vacunas contra moléculas con acciones peligrosas,
como endo o exotoxinas. El principal inconveniente de las tecnología
de los anticuerpos anti-idiotipos radica en la dificultad técnica, y
también conceptual, para establecer una segura modulación de su
síntesis.
Vacunas recombinantes.
Una posible forma de solucionar la mayoría de los problemas que presentan
las vacunas consiste en colocar en el genoma del individuo un nuevo gen que
facilite la liberación local de grandes cantidades del péptido
deseado.
Las vacunas de
ADN, como la terapia génica en general, están encontrándose
con dificultades técnicas resueltas sólo ocasionalmente. La primera
es conseguir un vector que transporte al genoma la secuencia de ADN sintetizada
en el laboratorio. Los virus serían excelentes vectores, pero es necesario
estar seguros de su inocuidad. Se están ensayando vectores de todo tipo
de naturaleza, virus, bacterias, moléculas orgánicas, inertes,
etc. Curiosamente, se consiguieron algunos buenos resultados inyectando ADN
desnudo intramuscularmente, lo cual indica que las investigaciones están
muy abiertas y la cuestión no queda sólo restringida al campo
de la vacunología. El otro problema de las vacunas recombinantes es que
el sistema inmunitario puede suponer que las células transfectadas están
siendo infectadas por un microorganismo y desencadenar una reacción citotóxica
que las destruya. Aun así, superadas todas las dificultades, y sin que
se sepa el motivo, los genes colocados artificialmente en el genoma con frecuencia
dejan de funcionar pasado algún tiempo.
Hasta ahora el
resultado más práctico de las técnicas de ADN fue poder
sintetizar en el laboratorio gran cantidad de moléculas recombinantes,
algo que por los medios naturales estaba limitado; es el caso de la vacuna de
la hepatitis B.
LIMITACIONES
Y PROBLEMAS DE LAS VACUNAS
La eficacia de
ciertas vacunas está fuera de duda y su introducción sirvió
para que disminuyera drásticamente la incidencia de algunas enfermedades.
El objetivo final de las vacunaciones se sitúa ahora un paso más
lejos: conseguir la erradicación de las enfermedades vacunables; sin
embargo, este logro está resultando más complicado de lo que se
estimaba cuando se veía el rapidísimo descenso de las incidencias.
Realmente, la viruela es la única enfermedad que se considera erradicada
y las fechas límites establecidas para la desaparición de otras,
como polio o sarampión, han tenido que ir posponiéndose. Hay diferentes
motivos que dificultan la erradicación de una enfermedad, aun cuando
esté disminuyendo su incidencia.
Las grandes bolsas
de portadores sanos, como sucede con la hepatitis B en el este asiático,
resultan muy difícil eliminarlas. Por otra parte, se adivina imposible
la erradicación de enfermedades como la fiebre amarilla que tienen reservorio
animal, o como el tétanos, con gran facilidad del agente causal de vivir
libremente en el medio ambiente. Para algunas enfermedades, como la tuberculosis
o la tos ferina, no se ha llegado a disponer de las vacunas adecuadas y siguen
enfermando una elevada proporción de personas vacunadas aunque sea de
forma atenuada. Incluso hay vacunas, como la citada contra la tos ferina, que
por sus efectos secundarios ha debido ser administrada con bastantes limitaciones.
Un fenómeno
que se presenta en algunas enfermedades cuya incidencia disminuye sin llegar
a desaparecer es que los casos que ocurren lo hacen en edades posteriores, siendo
más severa la clínica de estas infecciones tardías. Esta
circunstancia obliga a estar muy alerta sobre las consecuencias que pueden traer
ciertas vacunaciones.
Dificultades
de la vacunación contra parásitos. Las vacunas contra parásitos
plantean extremadas dificultades. Las razones son varias, pero quizás
la cuestión principal radique en que las propias parasitosis naturales
evocan una pobre reacción inmunitaria y, como dicen algunos autores,
"es difícil mejorar a la propia naturaleza". Además, los parásitos
son muy polimórficos y presentan ciclos vitales con importantes variaciones
antigénicas, siendo la malaria el más característico ejemplo
de ello.
A lo largo de
la evolución, cualquier parásito ha ido consiguiendo sistemas
de tolerancia en el organismo parasitado. Por ello resulta curioso que las vacunas
contra la esquistosomiasis funcionen bien en ratas, animal que no sufre la parasitosis,
mientras que no lo haga así en el hombre. Hay parasitosis en las que
la propia reacción defensiva del sistema inmunitario es la que resulta
perjudicial, así, en la enfermedad de Chagas por Tripanosoma cruzi,
se producen síntomas debidos a mecanismos inmunitarios. Otro ejemplo
de reacción perjudicial es el dengue, ya que ciertos anticuerpos facilitan
la entrada celular del virus mediante los receptores Fc.
Sin embargo, las
parasitosis no son las únicas enfermedades para las que no se dispone
de una vacuna adecuada. Hay muchos ejemplos de importantes infecciones por virus,
bacterias y hongos, sin vacuna (Tabla 5).
Restricción
a grupos de riesgo. Hay vacunas que aunque sean eficaces tienen
una indicación limitada. Esta limitación puede ser geográfica,
como la fiebre amarilla, debiendo administrarse la vacuna a los nativos
de la zona o a viajeros. Otras veces, la indicación viene dada
por la edad y, así, la vacuna de la gripe está especialmente
restringida en personas mayores. Cabe la posibilidad de enfermedades
de muy bajo riesgo, como la rabia, cuya vacuna sólo se administrará
por motivos laborales o en situaciones de post-exposición.
ADYUVANTES
Los adyuvantes
son sustancias que se añaden a las vacunas con el fin de prolongar o
de intensificar la respuesta inmunitaria del organismo frente al antígeno
específico. A diferencia de lo que ocurre con las vacunas conjugadas,
estos adyuvantes no forman uniones estables con las moléculas antigénicas.
A lo largo de
la historia de las vacunas, y desde el coadyuvante de Freund basado en una emulsión
de micobacterias con agua y aceite, son muchos los preparados que se han ensayado
con más o menos éxito. El más utilizado es el aluminio,
en sales de hidróxido o de fosfato. Otros adyuvantes consisten en componentes
bacterianos como endotoxinas, partículas como liposomas, emulsiones oleosas
como saponinas, y otras diferentes moléculas (Tabla 6).
Su mecanismo de
acción varía mucho, en dependencia del tipo utilizado. El más
común es el efecto "depot", propio de las sales de aluminio, que consiste
en retener el antígeno en el lugar de inoculación durante el mayor
tiempo posible, evitando su desaparición en la circulación sanguínea,
y en permitir una reacción inflamatoria local que facilite la llegada
a ese área de células presentadoras del antígeno y macrófagos.
Hay adyuvantes, como los liposomas, que activan la función de las células
presentadoras y otros que incrementan la liberación de determinadas citoquinas.
La mayoría
de los adyuvantes históricamente empleados, como las sales de aluminio,
estimulan de forma muy preferente la respuesta linfocitaria de tipo Th2, incrementando
la producción de anticuerpos. Por esta razón, se ha valorado la
posibilidad de que las vacunas alteren el equilibrio Th1/Th2 en el organismo
infantil. Sin embargo, también hay otras, como la vacuna de la BCG y
los adyuvantes que incorporan compuestos oleosos, que estimulan la respuesta
Th1. La elección del adyuvante de una vacuna deberá sopesarse
cuidadosamente en el futuro, y no sólo en función de la cantidad
de respuesta, sino de dirigirla cualitativamente.
En estos momentos
se están haciendo ensayos con vacunas que llevan añadidas interleuquinas,
con el fin de activar el tipo de respuesta inmunitario más deseable,
aunque, debido al elevado costo, las perspectivas parecen estar más indicadas
en otras formas de inmunoterapia, como el tratamiento de la atopia o del cáncer.
BIBLIOGRAFIA
DE INTERÉS
Comité Asesor
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