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Reacciones
adversas a las vacunas: descripción y epidemiología, actitud
y profilaxis
INTRODUCCIÓN
Las reacciones
adversas o eventos adversos son tan antiguos como los primeros remedios
utilizados en el tratamiento de las enfermedades. Todo producto con
actividad farmacológica puede actuar como tratamiento, pero también
como veneno. Ningún producto biológico o farmacéutico
desarrollado hasta ahora es 100% seguro y eficaz.
Las vacunas constituyen,
además, un apartado especial: a diferencia de los demás
fármacos, se administran a personas sanas para evitar enfermedades
y por ello es necesario que las mismas no causen, como mínimo,
más daños de los que podría ocasionar la propia
enfermedad; es decir, el beneficio obtenido debe ser mayor al riesgo
de presentar una reacción adversa asociada a su administración.
Por ello deben ser lo más seguras posible. Pero la mayor seguridad
de una vacuna puede ser la causa de que ésta sea menos eficaz.
El desarrollo tecnológico en los últimos treinta años
ha permitido la síntesis de nuevas vacunas con mayor eficacia
y seguridad.
La seguridad de
una vacuna se estudia durante todo su desarrollo: desde su evaluación
in vitro en laboratorio y su aplicación en ensayos clínicos
en sus diferentes fases hasta su autorización comercial, una
vez finalizada la fase III, el estudio del producto es exhaustivo y
los eventos adversos identificados en los estudios condicionarán
la comercialización del producto y serán la base de la
información en la ficha técnica de la misma. A pesar de
las altas exigencias que se demandan a los laboratorios farmacéuticos,
sólo el seguimiento postvacunación, una vez que ha sido
aplicada a un gran número de personas, permitirá conocer
la tasa real de reacciones adversas.
Todo programa de
inmunización tiene como objetivo alcanzar la tasa más
elevada de protección frente a la enfermedad inmunoprevenible
con el mínimo riesgo de reacciones adversas. Solamente a través
de la vigilancia permanente de estos eventos es posible conocer si existe
o no causalidad de la vacuna y un episodio adverso acontecido.
DESCRIPCIÓN
Y EPIDEMIOLOGÍA: CLASIFICACIÓN DE LAS REACCIONES ADVERSAS
Se considera evento
adverso (EA) a cualquier incidente médico asociado a la administración
de una sustancia medicamentosa o droga (p. ej., una vacuna) de manera
temporal, sin que exista necesariamente una relación causal entre
ambos.
Una reacción
adversa (RA) medicamentosa es cualquier efecto nocivo, no deseado
y no intencional de una droga, que se presenta cuando la misma se utiliza
a dosis normalmente usadas en los seres humanos para la profilaxis,
diagnóstico, tratamiento de una enfermedad o para la modificación
de una función fisiológica. En este caso, y a diferencia
del evento adverso, existe una posibilidad razonable de que haya una
relación causal entre el fármaco y la experiencia adversa.
Las vacunas, como sustancia medicamentosa de indicación preventiva
o terapéutica, están incluidas como causa de ambos conceptos.
Los EA incluyen
tanto las RA como los efectos adversos derivados de los errores de administración
(ERRA), efectos nocivos, la intoxicación accidental o intencionada
o el no cumplimiento de la terapia farmacológica.
Por tanto, las
reacciones adversas tras la vacunación pueden considerarse un
tipo de evento adverso en el que se sospecha una relación causal
entre la administración de una vacuna y el efecto observado (figura
1).
Figura
1.
A pesar de estas
definiciones y a título práctico, utilizaremos el término
reacción adversa para hacer referencia a la clasificación
global de las mismas en el contexto de las vacunas, sin establecer diferencias
semánticas entre evento y reacción.
Las reacciones
adversas a la vacunación pueden clasificarse, en función
de su causa (OMS), en:
a) Reacciones
inducidas por la vacunación (incluyendo reacciones alérgicas).
b) Reacciones
debidas a errores de programa: errores en el almacenamiento, manipulación
o administración.
c) Reacciones
coincidentes.
d) Reacciones
idiosincrásicas o de causa desconocida.
REACCIONES
INDUCIDAS POR LA VACUNACIÓN
La finalidad de
una vacuna es inducir la inmunidad por medio de la reacción del
sistema inmunitario de la persona vacunada. Por tanto, es de esperar
que su administración dé lugar a determinados efectos
colaterales leves. Estos efectos, que han sido estudiados en fase de
precomercialización, vienen recogidos en la ficha técnica
de los diferentes preparados vacunales.
Una vacuna eficaz
y segura, reduce estas reacciones al mismo tiempo que induce la inmunidad
máxima. En los diferentes capítulos de este manual, correspondientes
a cada vacuna, se hallan recogidas de manera específica las reacciones
adversas asociadas. Es muy importante que el personal implicado en la
vacunación conozca cuáles son las reacciones adversas
que pueden presentarse tras la administración y que pueden considerarse
como reacciones normales u ordinarias. A través de este conocimiento
pueden detectarse y diferenciarse otros eventos que pudieran aparecer:
los eventos adversos inesperados. Éstos deben ser comunicados
al registro de reacciones adversas de los programas de farmacovigilancia
de cada comunidad autónoma, donde se evalúa la causalidad
del evento y su relación con la vacuna aplicada.
Las reacciones
inducidas por la vacunación pueden ser locales y sistémicas,
y a su vez pueden subclasificarse en comunes (tabla 1), que
suelen ser leves, y en raras (tabla 2), que pueden ser más graves.
Los efectos secundarios frecuentes suelen ser leves o moderados y sin
secuelas permanentes. Rara vez se producen efectos adversos graves por
la inmunización que puedan causar secuelas permanentes o constituyan
un peligro para la vida. Los efectos que se producen de manera individual
son impredecibles.
1)
Reacciones Locales
A. Reacciones
locales comunes. Se
caracterizan por dolor, tumefacción y enrojecimiento en el lugar
de la punción. Son las más frecuentes, presentándose
durante las primeras 48 horas tras la vacunación, y pueden variar
de intensidad de forma individual. Ceden espontáneamente en uno
o dos días.
Dolor.
Enrojecimiento.
Induración
y edema, de intensidad moderada.
Nódulo
cutáneo, frecuente tras la administración de vacunas
que contienen aluminio como coadyuvante. Puede persistir durante semanas
y desaparece espontáneamente.
Vesículas,
en vacunados frente a la varicela, o pápulas, como la
BCG, que a menudo causan una reacción local consecutiva a la
vacunación, que comienza a la segunda semana. La pápula
se ulcera y cicatriza después de varios meses. La cicatriz queloide
que deja es más común en las poblaciones asiáticas
y africanas.
Linfadenitis
regional, con la aparición de una o más adenopatías
de aproximadamente 1,5 cm de diámetro.
B. Reacciones
locales raras.
Se incluyen a continuación algunos ejemplos.
Absceso
en el lugar de la punción, con presencia o no de fiebre (caliente
o frío). Puede ser bacteriano o micótico, con presencia
de pus, signos inflamatorios, o estéril.
Puede
aparecer una linfadenitis supurativa local por fistulización
de una adenopatía axilar o cervical tras la vacunación
con la BCG. Sucede con mayor frecuencia en lactantes y puede ocurrir
entre dos y dieciséis meses tras la administración.
Reacción
local grave, enrojecimiento o inflamación en la zona de la
punción que cursa con una o más de los siguientes signos:
edema que sobrepasa la articulación más próxima,
reacción local inflamatoria que dura más de 72 horas o
que requiere hospitalización.
Reacción
de hipersensibilidad tipo III, de tipo retardado, por la formación
de complejos inmunes por activación del complemento. Se caracteriza
por lesiones cutáneas que aparecen horas después de la
administración del antígeno vacunal. Cursa con una importante
reacción local, con inflamación y dolor, y puede acompañarse
de sintomatología sistémica.
Reacción
de hipersensibilidad tipo IV, retardada, de carácter celular,
no humoral. Aparece entre las 24-72 horas tras la administración
del antígeno vacunal. Cursa con una importante reacción
local, pudiendo provocar en algunas ocasiones una zona de necrosis.
Se asocia a sustancias utilizadas como componentes de algunas vacunas
(coadyuvantes, antibióticos y agentes conservantes).
2)
Reacciones sistémicas
A. Reacciones
sistémicas comunes.
Son menos frecuentes que las reacciones locales. Se presentan en menos
del 10% de los pacientes vacunados, salvo en el caso de la vacuna DTPe,
donde la frecuencia de fiebre puede llegar al 50% de los casos.
- Fiebre.
- Irritabilidad.
- Dolor
muscular.
- Malestar
general.
- Cefalea.
- Vómitos,
diarrea, y otros síntomas no específicos.
- Erupción
cutánea en forma de exantema generalizado, de breve duración
y de aparición tardía, o exantema polimorfo o urticarial.
- Artralgias,
de predominio en articulaciones periféricas, de aparición
tardía, normalmente de una a tres semanas tras la administración
del antígeno vacunal. Se resuelven espontáneamente en
varias semanas.
Adenopatías
generalizadas.
B. Reacciones
sistémicas raras.
Son todavía menos frecuentes que las anteriores.
- Episodio
de hipotonía-hiporreactividad, caracterizado por la
aparición brusca de palidez o cianosis, hipotonía, fiebre,
disminución del estado de conciencia o hipersomnia prolongada
y colapso en las primeras 24 horas tras la vacunación. Es transitorio,
con una duración de minutos u horas, y se resuelve espontáneamente
sin secuelas. Se ha asociado con la administración de la vacuna
DTPe.
- Llanto
persistente inconsolable, asociado a gritos de estridencia atípica
y de al menos tres horas de duración. Suele presentarse en
las primeras 24 horas tras la vacunación, puede durar minutos
u horas y se resuelve espontáneamente.
- Osteítis
y osteomielitis, secundaria a una sobreinfección bacteriana
o asociada a la vacunación con BCG ("Becegeítis"). Suele
aparecer de uno a doce meses tras la vacunación.
- Enfermedad
provocada por el agente vacunal:
- "Becegeítis"
diseminada por el BCG; se presenta entre uno y doce meses
después de la vacunación. Es una infección
locorregional o diseminada por la cepa vacunal Mycobacterium
bovis.
- Parálisis
poliomielítica relacionada con la vacuna antipoliomelítica
oral, que se produce por la recuperación de la neurovirulencia
de la cepa vacunal.
- Encefalitis
consecutiva a la vacunación frente a la fiebre amarilla.
- Reacción
de hipersensibilidad tipo I, en forma de reacción aguda
anafiláctica que se produce en la primera hora tras la vacunación.
Es consecuencia de la sensibilización previa a alguno de los
componentes del preparado vacunal. Se manifiesta en forma de estridor
y dificultad respiratoria por broncoespasmo, laringoespasmo y edema,
que pueden poner en peligro la vida del paciente. La detección
precoz a través de un adecuado diagnóstico y la actuación
rápida a través de un tratamiento médico urgente
pueden revertir la situación y evitar la muerte.
- Reacción
de hipersensibilidad tipo II, que se manifiesta en forma de destrucción
celular por anticuerpos citotóxicos producidos por inducción
tras la fijación del antígeno a las membranas celulares
(p. ej., trombocitopenia asociada a la vacunación con DTPe
o vacuna antisarampionosa).
C. Reacciones
adversas neurológicas
- Parálisis
aguda fláccida postvacunal. Comienzo agudo de una parálisis
fláccida entre cuatro y treinta días después
de recibir vacuna VPO o parálisis aguda fláccida entre
4 y 75 días después del contacto con un caso vacunado
permaneciendo con déficit neurológico sesenta días
o más.
- Síndrome
de Guillain Barré (SGB). Aparición brusca de una
parálisis fláccida simétrica y ascendente, afebril,
con pérdida sensorial, siendo característica la disociación
albúmino-citológica en el líquido cefalorraquídeo.
- Parálisis
facial.
- Meningitis.
Aparición brusca de fiebre y signos meníngeos positivos.
Los síntomas pueden ser similares a los de la encefalitis.
El examen del LCR es muy importante para el diagnóstico.
Convulsiones.
De duración
variable, generalmente inferior a quince minutos y no se acompañan
de signos y síntomas neurológicos focales. Las convulsiones
pueden ser febriles, debiéndose descartar la causalidad etiológica
de una infección concurrente, o afebriles, considerándolas
secundarias a la vacunación si el paciente no había presentado
ninguna crisis anteriormente sin fiebre o con temperatura inferior a
los 38,5 ºC.
Encefalopatías.
Comienzo agudo, relacionado temporalmente con la vacunación.
Se caracteriza por presentar al menos dos de las condiciones siguientes:
- Convulsiones.
- Severa
alteración de la conciencia de más de un día
de evolución.
- Cualquier
alteración de la conciencia o cambio de comportamiento que
se produzca dentro de los siete días posteriores a la vacunación.
REACCIONES
DEBIDAS A ERRORES DE PROGRAMA
Son reacciones
debidas a cualquier error en la conservación, almacenaje, manipulado,
transporte y administración de la vacuna. El conocimiento de
los posibles errores de programa puede ayudar a identificar la causa
de las reacciones adversas (tabla 3):
1. Utilización
de materiales o productos inmunizantes contaminados o en inadecuadas
condiciones de conservación. Puede provocar los siguientes accidentes
adversos previstos: infección local, en forma de absceso localizado
en el lugar de punción; infección generalizada, en forma
de septicemia, shock tóxico y muerte; infección transmitida
por vía hematológica, como hepatitis o VIH.
2. Errores
de reconstrucción de la vacuna con el diluyente o reemplazo de
la misma. Puede provocar: absceso local por la agitación indebida,
el efecto adverso asociado al producto administrado o incluso la muerte.
3. Inyección
en el lugar equivocado, administración incorrecta en el lugar
aconsejado y diferente a la vía aconsejada por el fabricante.
Puede provocar: reacciones o abscesos locales, lesión del nervio
ciático.
4. Transporte
o almacenamiento incorrecto. Puede provocar: reacción local por
vacuna congelada, vacunación ineficaz por pérdida de la
actividad del producto vacunal.
REACCIONES
COINCIDENTES
Se producen cuando
la causa de la reacción adversa es coincidente con el acto vacunal.
Ello significa que el accidente médico pudo haber ocurrido aunque
el paciente no hubiera sido vacunado. La mejor evidencia para concluir
que un evento adverso es coincidente es que el mismo haya sido diagnosticado
en personas que no han sido vacunadas.
REACCIONES
IDIOSINCRÁSICAS O DE CAUSA DESCONOCIDA
Son reacciones
que aparecen en un paciente tras la vacunación cuya causa no
corresponde a ninguna de las tres mencionadas anteriormente y, por tanto,
se desconoce la causa que las produce.
ACTITUD
Y PROFILAXIS FRENTE A LAS REACCIONES ADVERSAS VACUNALES
Los profesionales
sanitarios implicados en el acto vacunal deben conocer las reacciones
adversas más frecuentes para poder identificarlas de forma precoz
y poder adoptar las medidas oportunas lo más rápidamente
posible.
Tres son las funciones
básicas que deben desarrollarse desde la Atención Primaria
de salud del niño en la vigilancia de los efectos adversos de
las vacunas:
1) Función
educativa,
explicando a los padres y tutores los beneficios que se derivan de la
vacunación, las enfermedades que previenen, alertando de los
posibles efectos secundarios que pueden aparecer.
2) Función
preventiva, conociendo
las reacciones adversas más frecuentes para su correcta identificación
y tratamiento, conociendo las contraindicaciones verdaderas para evitar
posponer innecesariamente las inmunizaciones indicadas e identificar
los pacientes con mayor riesgo de reacciones adversas o graves. Asimismo,
deben tener la formación adecuada para la identificación
de reacciones anafilácticas y urgencias asociadas a la administración
de vacunas potencialmente tratables y para el manejo pertinente de las
mismas.
3) Función
de vigilancia,
activa o pasiva, detectando eventos adversos inesperados, comunicándolos
a través de los programas de farmacovigilancia.
Las reacciones
inducidas por la vacunación son difíciles o imposibles
de prevenir por el personal implicado en el acto vacunal. La profilaxis
mediante la utilización de antitérmicos y antiinflamatorios
está especialmente indicada en aquellos pacientes que han presentado
reacciones adversas en dosis previas de inmunización.
A diferencia de
las reacciones inducidas por la vacunación, las reacciones debidas
a errores del programa pueden limitarse o prevenirse en gran medida,
dado que, en su mayoría, son producidas por errores humanos.
Pueden prevenirse
mediante la capacitación debida del personal responsable de la
vacunación, facilitándole su formación continuada,
y el suministro apropiado y seguro del equipo de inyección.
Las reglas básicas
para evitar los errores de programa son (OMS):
- Utilizar
aguja y jeringuilla estériles para cada inyección.
- Reconstituir
la vacuna únicamente con el diluyente proporcionado para la
vacuna.
- Desechar
la vacuna reconstituida después de seis horas y nunca conservarla
toda la noche.
- Almacenar
los fármacos y otras sustancias en un refrigerador diferente
del que se usa para las vacunas, pues éstas deben permanecer
a temperatura constante y reiteradas aperturas del refrigerador podrían
alterar sus cualidades.
- Capacitar
y supervisar adecuadamente al personal implicado para que observe
las prácticas seguras de inyección.
- Investigar
cualquier error de programa para que éste no se repita.
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