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Vacunas
conjugadas: presente y futuro
Las vacunas conjugadas han sido motivo de revisión y estudio
en estas monografías. En el módulo IIa se han comentado
las incluidas en el calendario vacunal como son las vacunas contra Haemophilus
influenzae tipo b, contra el meningococo C o contra el neumococo.
Precisamente de esta vacuna se anuncian nuevos preparados cuya composición
se compara a la actualmente disponible con el nombre comercial de Prevenar®
(tabla 1).
Incluimos una serie
de cuestiones sobre la experiencia proporcionada por el empleo masivo
de alguna de estas vacunas y, al mismo tiempo, comentamos la situación
en que se encuentran algunas de las nuevas vacunas conjugadas, sin pretender
que esto sea una revisión exhaustiva. Además, las casas
comerciales acostumbran llevar sus avances con un cierto grado de privacidad.
NECESIDAD
DE VACUNAS CONJUGADAS
La defensa del
organismo frente a ciertas bacterias, neumococo o meningoco, etc., está
basada en gran manera en su capacidad para producir anticuerpos contra
polisacáridos componentes de su cápsula. Estos anticuerpos
contra antígenos no proteicos son preferentemente de clase IgM
y sintetizados directamente por linfocitos B, sin participación
de los linfocitos T. Se trata, por consiguiente, de una reacción
timo-independiente.
En el recién
nacido, este sistema timo-independiente de síntesis de anticuerpos
funciona muy imperfectamente y, además, la situación se
mantiene a lo largo de los dos primeros años de vida. Quizás
en algunos niños durante más tiempo.
La consecuencia
del defecto está bien clara, pero el mecanismo exacto que falla
en los lactantes sigue sin conocerse bien. Aunque se supone que el lactante
presenta una expresión inmadura del receptor CD21 en sus linfocitos
B, no parece probable que ésta sea la única explicación
de la inmadura respuesta timo-independiente.
El CD21 es una
molécula de superficie propia de los linfocitos B también
denominado receptor-2 del complemento (CR2) y que junto con el CD19
y CD81 forman el "complejo correceptor". Al unirse el CD21 con un fragmento
del complemento (C3d), ocasiona la activación de los linfocitos
B, pero es necesario que el C3d se encuentre unido a un antígeno
que simultáneamente reaccione con un anticuerpo de superficie
formando un puente sobre los linfocitos B. Por eso, el CD21 es considerado
un "correceptor". Es una molécula que caracteriza a los linfocitos
B maduros y en recién nacidos y lactantes su expresión
está disminuida.
Además del
fallo de la molécula CD21 (CR2), es muy probable que también
una baja actividad del complemento intervenga en la pobre respuesta
de los lactantes a los antígenos polisacáridos.
Como es bien conocido,
esta limitación para responder frente a los antígenos
polisacáridos es el motivo que ha llevado a idear vacunas con
antígenos polisacáridos conjugados a proteínas
(v. módulo 1)
INFLUENCIA
DE LAS PROTEÍNAS TRANSPORTADORAS
Desde un principio,
inmediatamente después de la introducción de la vacuna
conjugada de Hib se plantearon dudas y gran preocupación acerca
de la posible interacción entre las proteínas utilizadas
como carrier y los componentes de cualquier otra vacuna.
Los primeros hallazgos,
ya antiguos, fueron realmente sorprendentes. De acuerdo a los conocimientos
inmunitarios clásicos, la repetición de las inmunizaciones
con antígenos proteicos debe suponer una elevación de
la intensidad de respuesta, al menos nunca una disminución. Contrario
a esto, Barington y cols. (1993) encontraron que la preinmunización
con la proteína carrier ocasionaba una disminución
de la respuesta frente al polisacárido. O sea, una vacunación
semanas antes con toxina tetánica (TT) causaba una menor respuesta
frente a Hib conjugada a TT. Consideraron que se trataba de un fenómeno
de supresión no específico de epítopo, donde la
inmunización con antígeno TT actuaba sobre epítopos
y antígenos bien distintos (Hib).
Los primitivos
hallazgos obtenidos con vacuna Hib conjugada también fueron observados
con otras vacunas conjugadas, pero con intensidad y consecuencias variables.
La preinmunización con TT también disminuye la respuesta
frente a vacuna anti-meningococo C conjugada con TT (MCC-TT); sin embargo,
no parece que ocurra lo mismo con la vacuna de difteria y la MCC-CRM197
(antígeno diftérico modificado).
Se trata de fenómeno
inmunológico muy complejo y que plantea gran dificultad para
su explicación. Parece que ciertos clones específicos
de linfocitos B son anulados o destruidos por apoptosis a consecuencia
de la preinmunización. El mecanismo y los factores que regulan
este fenómeno están lejos de aclararse.
FALLOS
DE LAS VACUNAS CONJUGADAS
Hasta el momento,
la vacuna conjugada que ha sido más ampliamente utilizada y durante
más tiempo es la vacuna Hib; por ese motivo es la vacuna que
aporta, lógicamente, más fallos vacunales y ofrece más
experiencia. De todas formas, y en mayor o menor medida, cabe esperar
que también las demás vacunas conjugadas tengan fallos.
Reino Unido y Holanda
son los países donde se han publicado mayor número de
infecciones invasivas por Hib en población vacunada. Probablemente
su explicación no sea comparable porque han desarrollado diferentes
pautas vacunales, con ausencia de dosis booster en el primero
de ellos, que es de donde procede la mayor parte de la información
disponible.
La primera cuestión
a definir es la cuantía o importancia de los fallos. Hasta el
año 2001, entre Irlanda y Gran Bretaña, se habían
identificado 171 casos de infección invasiva por Hib en niños
que había recibido tres dosis (2, 3 y 4 meses de edad). Sin vacunación,
el cálculo de casos que se hubieran producido fue de 6.509, lo
que significa que, aun así, la protección aportada por
la vacuna conjugada Hib fue del 97,4%. Ciertamente, una cifra elevada
pero que debe y puede mejorarse.
Una información
que parece comprobada y firme es que la respuesta de anticuerpos frente
a los polisacáridos de Hib en niños con fallo vacunal
es muy superior a la observada en los niños infectados, con la
misma edad y cuadro clínico, pero sin vacunar. Esto indica la
existencia de preinmunización y el mantenimiento de memoria inmunológica,
a pesar del fallo.
Con respecto a
la valoración de la memoria inmunológica, parece muy interesante
constatar la limitada respuesta serológica en los fallos vacunales
ocurridos en niños con antecedente de prematuridad. Esto abre
la sospecha de que el fallo en estos niños pueda tener un diferente
mecanismo. En cuanto a la incidencia de la prematuridad en el fallo
vacunal (11/93 = 11,8%), aunque parece elevado, es un aspecto que precisa
confirmación.
También
parece ser diferente la respuesta serológica cuando el fallo
se produce en forma de epiglotitis, más intensa, que cuando consiste
en una meningitis, menos intensa. Habría que descartar el sexo
y la edad como factores de confusión.
A la hora de analizar
genéricamente las causas de los fallos vacunales, un procedimiento
lógico es buscarlas en dos ámbitos tan diferentes como
opuestos. Pueden ser deficiencias inmunitarias del organismo o defectos
en la pauta vacunal, una vez que la eficacia del preparado está
fuera de duda.
En algún
estudio seroepidemiológico se observó que a los seis años
de edad el 32% de los niños vacunados de Hib tienen anticuerpos
por debajo de las tasas consideradas protectoras, pero no se infectan
con mayor frecuencia. Tampoco se ha comprobado relación entre
los fallos vacunales y la proteína carrier que incorpora
el preparado vacunal, aunque parece que los niveles de anticuerpos alcanzados
con alguno de ellos es menor que con otros.
Heath PT y cols.
(2000) hallaron inmunodeficiencias menores en el 30% de los niños
con fallos a la vacuna de Hib. La mayoría de ellas afectaban
a la síntesis de anticuerpos de clase IgG2 ó IgM, principales
inmunoglobulinas implicadas en la respuesta contra antígenos
polisacáridos.
Una posibilidad
bastante probable es que la pauta vacunal seguida durante los años
90 en Gran Bretaña (2, 3 y 4 meses) sea correcta y suficiente
para inmunizar contra Hib a la mayoría de la población
infantil, pero no lo sea para ciertos niños con retraso en la
maduración inmunitaria entre los que habría que incluir
a los prematuros. En gran medida se podría obviar con la dosis
booster a los 16-18 meses incluida en la mayoría de los
calendarios.
Las explicaciones
no son fáciles porque en los fallos vacunales parece desencadenarse
una intensa respuesta inmunitaria que, sin embargo, no protege. Quizás
todo ocurra demasiado tarde. De momento, y mientras no conozcamos mejor
todos fenómenos, nos tendremos que conformar pensando que cuatro
dosis dan menos opción al fallo vacunal que sólo tres.
VACUNAS
CONJUGADAS CONTRA ESTREPTOCOCO GRUPO B
Situación
actual de la infección neonatal por estreptococos del grupo B
(EGB)
Las infecciones
invasivas por EGB continúan siendo un motivo de preocupación
para el pediatra y más concretamente para los neonatólogos.
Recientemente se ha publicado que su incidencia en el Reino Unido (3,6/1.000
RN) es bastante superior a lo que se creía.
No cabe duda de
que la frecuencia de las infecciones por EGB en los recién nacidos
ha descendido de forma llamativa como consecuencia de la generalización
de los programas de profilaxis intraparto con antibióticos a
las madres. Sin embargo, el problema no ha desaparecido totalmente.
En primer lugar, la antibioterapia materna sólo cubre las infecciones
precoces, que, por otra parte, también son las que tienen peor
pronóstico, pero no protege contra las infecciones neonatales
tardías y, con menos motivo, a los lactantes que tengan ya varios
meses de edad.
Otra limitación
que tiene el empleo generalizado de los antibióticos como uso
profiláctico es el riesgo de seleccionar las cepas. Diferentes
publicaciones han recogido el incremento progresivo de resistencias
del EGB a antibióticos como son la eritromicina o clindamicina.
Aunque no haya constancia firme de que el fenómeno sea consecuencia
directa de la profilaxis antibiótica, su posibilidad basta para
establecer dudas y preocupaciones sobre la conveniencia de mantener
este proceder de forma indefinida. Por ello, en los últimos tiempos
se ha vuelto a plantear las vacunaciones maternas contra el EGB, una
cuestión que ya era antigua pero que ahora retorna a la actualidad.
Antígenos
polisacáridos del EGB
Parece comprobado
que la capacidad invasiva de los EGB está relacionada con determinados
polisacáridos de la cápsula. Los fundamentos de este supuesto
se basan en observaciones de dos diferentes procedencias. En las madres
de recién nacidos con infecciones por EGB se han encontrado niveles
bajos de anticuerpos contra estos polisacáridos. Por otra parte,
en estudios experimentales, la administración previa de estos
anticuerpos a ratones les protege contra los efectos de la inyección
intraperitoneal de EGB.
Los antígenos
más frecuentemente hallados en las infecciones invasivas por
EGB parecen ser los polisacáridos Ia, III y V. En este sentido,
se ha afirmado que una hipotética vacuna que contuviera cinco
serotipos (Ia, IB, II, III y V) prácticamente cubriría
el 100% de las infecciones del niño y del adulto.
Anticuerpos
antipolisacáridos del EGB
Los anticuerpos
que se producen contra los polisacáridos de la cápsula
de EGB han mostrado capacidad para destruir estas bacterias, tanto in
vitro, como en ratones. Son anticuerpos con capacidad para fijar
el complemento y para facilitar la opsonización por medio de
fagocitos. Además, se ha visto que esta función bactericida
está en relación directa con las tasas de anticuerpos.
En contra de la
buena y segura respuesta que los adultos muestran frente a los polisacáridos
del neumococo, la respuesta contra los polisacáridos Ia y III
del EGB se ha mostrado muy irregular. El porcentaje de individuos no
respondedores es considerable, siendo todavía más elevado
(40-60%) entre los que no presentaban anticuerpos previamente a la inmunización.
La irregular respuesta
de los adultos a los polisacáridos de EGB es el motivo por el
que se han ensayado preparados de antígenos polisacáridos
conjugados con proteínas.
Vacunas
conjugadas de polisacáridos de EGB
Desde principios
de los años 90 se ha comenzado a ensayar diferentes vacunas conjugadas
de polisacáridos de EGB, al principio monovalentes y luego también
con más de un polisacárido. Casi todas han sido conjugadas
con antígeno tetánico, salvo una con toxina diftérica
mutante (CRM197). En un estudio comparativo, las primeras mostraron
medias geométricas de niveles de anticuerpo algo más altas,
pero la diferencia ni era significativa, ni tampoco parece relevante.
Se afirma que el
porcentaje de adultos respondedores para las vacunas EGB conjugadas
supera el 90% y que se acercaría al 100% utilizando una segunda
dosis o booster. La indicación de esta dosis booster
es muy dudosa ya que en la mayoría de los individuos no contribuye
a elevar los niveles de anticuerpos y únicamente lo hace en algunos
con tasas de anticuerpos muy bajas previas a la inmunización.
Se supone que la mayoría de los adultos ya han tenido contacto
previo con los polisacáridos de EGB y la vacunación en
dosis única actúa como booster.
Ensayos
en mujeres embarazadas
Se han realizado
ya varios ensayos de vacunación a mujeres en el tercer trimestre
de embarazo. En todos se comprobó un aumento significativo de
anticuerpos con transferencia placentaria de IgG específica al
recién nacido que persiste a los dos a tres meses de vida. Suplementariamente,
se comprobó que los anticuerpos obtenidos del niño mantenían
in vivo una eficiente capacidad opsonificante.
La información
actual permite pensar que se podría disponer de vacunas de polisacáridos
conjugados que, administradas a las embarazadas, fueran eficaces para
proteger al recién nacido frente al EGB hasta los dos a cuatro
meses de edad. Parece aconsejable que se realicen los estudios necesarios
para comprobar su seguridad y sus ventajas sobre la profilaxis convencional
con antibióticos.
VACUNAS
CONJUGADAS CONTRA EL MENINGOCOCO B
La vacuna contra
el meningococo B está incluida en el calendario vacunal de numerosos
países y ha mostrado una incuestionable eficacia. Por otra parte,
también existen buenas vacunas contra los grupos A, C, Y y W135,
aunque su indicación no sea universal. Sin embargo, se resiste
la consecución de vacunas contra el grupo B, que es precisamente
el más patógeno y extendido, por ello, el más necesitado
de vacunación.
Las dificultades
para lograr vacunas contra meningococo B son históricas y conocidas
de antaño. Sus polisacáridos específicos tienen
una extraordinaria baja capacidad inmunógena. Tan baja que no
puede explicarse sólo por su naturaleza molecular. Se supone
que por similitud con componentes fetales, el organismo adquiere activamente
una tolerancia que se mantiene en edades posteriores.
En paralelo a lo
conseguido con otras vacunas, se produjeron diversos preparados de polisacárido
B conjugado con proteínas, lográndose algunas moléculas
con capacidad inmunógena. Por desgracia, los anticuerpos producidos,
con demasiada frecuencia muestran reacción cruzada frente a componentes
neuronales propios. Hasta fue comprobada su capacidad para atravesar
la placenta, lo cual entraña un riesgo de afectación fetal.
Por todo ello, las investigaciones de vacunas de polisacárido
de meningococo B conjugado con proteínas parecen estar detenidas,
por ahora.
Las investigaciones
actuales parecen definitivamente encaminadas al empleo de proteínas,
especialmente vesículas de la membrana externa (OMV). Es la base
de la antigua vacuna diseñada en Cuba en los años 80.
Sin embargo, no se ha conseguido el preparado ideal. Las que mejor comportamiento
han tenido han fallado principalmente en la protección de niños
menores de cuatro años (una población fundamental) y en
los casos esporádicos ocurrido fuera epidemias.
VACUNAS
CONJUGADAS CONTRA ESTAFILOCOCO
Las vacunas dirigidas
a proteger a personas con alto riesgo de sufrir procesos estafilocócicos
vienen rodeadas desde los años 60 de una aureola de pesimismo.
Esta sensación negativa está originada en la gran cantidad
de cepas existentes y en su variabilidad.
Hace años
se probó una vacuna polivalente compuesta por polisacáridos
no conjugados que dio buenos resultados en animales, pero falló
en los ensayos clínicos. Siguiendo la misma línea, muy
recientemente (2002) se publicaron resultados esperanzadores en enfermos
en hemodiálisis vacunados con una vacuna conjugada con toxina
de Pseudomonas.
En los próximos
años es posible que cambie el signo de los resultados en la prevención
de las infecciones por estafilococo pero, de momento, sólo se
dispone de resultados esperanzadores, que deben ser confirmados.
BIBLIOGRAFÍA
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