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Año 3,  Nº 31,  Agosto 2008

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El mundo visto por sus ojos

  

Trabajar sin dejarse la piel, atender a los niños, disfrutar de ellos
y, además, sacar algo de tiempo para nosotros. ¿Misión imposible?
Cada vez menos. La conciliación ya no es sólo mera aspiración,
sino una realidad tangible que se impone de forma lenta,
sí, pero imparable.

 

Alhelí Quintanilla

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Poner de acuerdo a los que no lo están. Ése es el significado de conciliar, un verbo desconocido hace una década y que hoy puede ser sinónimo de felicidad si logramos equilibrar nuestra vida laboral y familiar. Un esfuerzo titánico para el que, hasta hace poco, no existía ninguna ayuda y que correspondía, casi en exclusiva, a las mujeres. Pero estamos avanzando, según constata la socióloga Constanza Tobío, experta en conciliación y autora del libro Madres que trabajan. Dilemas y estrategias (Ed. Cátedra), publicado en 2005. “Creo que nuestro país va por buen camino, porque está vinculando conciliación a igualdad de género. El modelo más deseable es aquel que hace compatible, tanto para mujeres como para hombres, la plena dedicación laboral y la atención a la familia. Para ello diría que los instrumentos principales son servicios (escuelas infantiles, ludotecas, actividades extraescolares) y horarios razonables tanto para mujeres como hombres. Las jornadas de diez horas diarias hacen imposible cualquier tipo de  conciliación”.

Compromiso empresarial
¿Horarios razonables? Los españoles se encuentran entre los europeos con horarios menos flexibles, ya que sólo tienen jornadas “a la carta” el 1,2 por ciento de las mujeres y el 1,4 por ciento de los hombres, mientras que la media comunitaria es del 11 y el 13 por ciento, según la Oficina de Estadística Comunitaria (Eurostat). “Seguimos inmersos en la cultura de que, cuanto más tiempo estás en el trabajo, más profesional eres. ¡Y nada más lejos de la realidad!”, reconoce Esther Adrada, directora de recursos humanos del HycTV, una consultora de televisión digital. Y tiene razón: en las empresas en que se preocupan más por la eficiencia que por la presencia de sus trabajadores, los niveles de absentismo y de rotación son muy bajos, según han demostrado diversos estudios. El personal se siente escuchado y cuidado, y eso se traduce en mayor rendimiento y competitividad. Para lograrlo, basta con aplicar el principio implantado por Adrada: creer en la responsabilidad de la gente a la hora de administrar su tiempo, siendo muy flexible ante los problemas personales que se puedan presentar; facilitando portátiles y móviles para teletrabajar u ofreciendo libertad para gestionar las vacaciones. Y, cuando se va a ser madre o padre, aplicando el plan personalizado que más le convenga al interesado. Claro que, para todo ello, recalca Esther, es fundamental “el compromiso de la dirección, su interés por comprenderlo, respetarlo y cuidarlo”.

ENTREVISTA

Luis Muiño. Psicólogo y autor del libro "No elijas: vive y trabaja" (Ed. DeBolsillo), que propone un método de tres meses para aprender a diferenciar y armonizar nuestro mundo laboral, familiar y personal.

“Hay que vivir con responsabilidad,
pero sin culpas”

¿A quién va dirigido el libro?
A cualquier persona que quiera tomar las riendas de estos tres mundos, que quiera cambiar el tiempo que le dedica a uno de ellos o se inicie en alguno y quiera saber cómo encajarlo con los otros dos.
En tu libro distingues tres esferas de nuestra vida, la laboral, la familiar y la personal, pero esta última no se suele tener en cuenta o se engloba dentro de la familiar. ¿Por qué la has incluido por separado?
Porque la clasificación tradicional me parece injusta y deja de lado un aspecto importantísimo del ser humano: el hedonismo, la realización personal a través de cosas que son completamente individuales. Es más fácil y está mejor visto reivindicar para la familia que para uno mismo.
¿No es un poco osada tu propuesta dado que el trabajo por sí solo absorbe gran parte de nuestra vida?
Sí, totalmente, es el gran reto del siglo XXI. Si no haces ningún análisis de tu vida, ésta consiste básicamente en una vida laboral continua a la que le dedicas todas las energías y tiempo, hasta que llegan los hijos. Entonces, al trabajo hay que sumar una vida de responsabilidad, de cuidado de niños. O sea, vitalmente un desastre. Por eso es tan necesario analizar a qué le dedicamos nuestro tiempo, nuestras energías, y casi nunca se sale bien parado de ahí si no se tiene vida personal.
¿Estamos capacitados para compatibilizar los tres mundos?
Sí, por supuesto. Creo que en el mundo moderno de hoy, en la sociedad individualista en la que vivimos, es mejor ocuparte de tu propia vida que plantearte continuamente qué falla fuera de nosotros, las cosas que no controlas. Todos tenemos potencial para ser dueños de nuestra vida, y cómo  lograrlo es lo que explico en mi libro.
¿Y qué pasa con el sentimiento constante de culpa que, sobre todo, tienen las mujeres?
Está claro que las circunstancias de las mujeres son más complicadas, les es más difícil todo. Yo recomendaría: haz lo que puedas, no te sientas culpable, siéntete responsable. La culpabilidad por no llegar a las expectativas marcadas, por no ser esa superwoman que nos habíamos propuesto, sólo sirve para hundirnos, y hasta cierto punto es un sentimiento reconfortante, porque ya no tienes que hacer nada, sencillamente no se puede. La responsabilidad es todo lo contrario: nada de sentimientos de desesperación, baja tus expectativas porque son irreales —están demasiado lejos de tu yo ideal— y procede actuar.

Compromiso social
Pero la empresa no puede afrontar sola el reto de lograr que la conciliación sea realmente factible. Las soluciones también deben llegar del ámbito político y social. En ese terreno, ha habido igualmente avances. “Destacaría dos: la aprobación de la Ley de Igualdad y el desarrollo de políticas sociales con presupuestos”, indica Constanza Tobío. “Hay un compromiso electoral para universalizar el acceso a las escuelas infantiles desde el primer año de vida que responde a la necesidad principal de las madres que trabajan. Si ello efectivamente se logra, habremos dado un gran paso adelante. Por otra parte, se ha introducido un permiso específico para los padres (15 días por nacimiento de hijo) que, si bien en términos de apoyo efectivo a la conciliación es limitado, está siendo importante para involucrar a los hombres en las tareas directas de cuidado de los hijos”. Porque esa es otra condición indispensable: que ellos hagan más y ellas, menos. Una vez dentro del mercado laboral, la mayoría de las mujeres pretenden ser superwomen: excelentes profesionales, por un lado, y sacrificadas madres y amas de casa, por otro. “Es una trampa. Pero la salida a ella no es la vuelta al pasado. Hay que construir un modelo distinto e igualitario que implique a mujeres y a hombres, pero también al Estado, a las empresas y a la organización social en su conjunto”, propone Tobío, quien recuerda que los hombres también ganan con este nuevo modelo: aligeran la carga de ser el principal sustento económico de la familia y se relacionan más y mejor con sus hijos.

TESTIMONIOS

Ángel Palomo padre de Vera, (3 años). Él y su esposa son bibliotecarios y trabajan para la Administración, aunque no son funcionarios. Ángel reclama, para una mejor conciliación, horarios más flexibles, mayor protección social y “priorizar a nuestros hijos renunciando parcialmente a nosotros mismos”.
Y aunque él y su mujer han llegado a un acuerdo con sus respectivas empresas para poder estar con su hija por la tardes, Ángel se queja con resignación de tener que vivir siempre a expensas de los horarios escolares. Así se organizan: “Yo llevo a desayunar a nuestra hija Vera al cole todos los días antes de las ocho. Lunes y jueves la recoge mi mujer a las 4, martes y miércoles, yo. Los viernes, uno ella y otro yo. Las tardes que no podemos o estamos enfermos, son los abuelos y familiares e incluso madres o padres de amigos los que se ocupan de ella. Las fiestas locales o escolares coincidentes con laborales o bien pedimos (uno de los dos) días de vacaciones, o bien se quedan con los abuelos o familiares. Las vacaciones de verano suponen un esfuerzo mayor, ya que conllevan alternancia de periodos vacacionales de cada uno de los progenitores, siempre para intentar cubrir el máximo periodo, dejando una o dos semanas máximo para realizar actividad familiar conjunta. El resto de periodo, con los abuelos y familiares en turnos rotativos. ●
Mercedes Domínguez madre de Nicolás (3 años) y Roberto (18 meses)
Mercedes trabaja con jornada reducida en una tienda de la conocida multinacional sueca de muebles Ikea situada a 60 km de su casa y su marido es contable a tiempo completo en un empresa privada. Apuesta por trabajar desde casa para conciliar mejor y cree que las mujeres son más conscientes de la necesidad de conciliar.
 “Somos más sensibles a dejar a los niños tantas horas en las guarderías y colegios, o aún no hemos cambiado del todo el chip”. Pero no se queja. “Hay muchas empresas que harían la vida imposible a un mando intermedio como yo por cogerse una reducción de jornada. Aunque, en mayor o menor medida, se paga un precio, porque te exigen casi el mismo rendimiento que si trabajaras a jornada completa”. Así se organizan: “Yo soy quien lleva y recoge a los niños en el cole y guardería, para ello entro a trabajar a las 10 y salgo a las 15.10 para recogerlos a las 16.00 horas. Los puentes, vacaciones de Navidad y días blancos tenemos que tirar de vacaciones, abuelos o días libres, que mamá tiene para compensar algún sábado trabajado o algunas horitas de más por la tarde. Los días que trabajo un sábado por la mañana, mi marido se queda con los niños y los días que tengo esporádicamente que quedarme a alguna reunión, etcétera, necesito de los servicios de los abuelos para recogerlos en el cole. En cuanto a las vacaciones de verano, tengo que tirar de la guarde de Roberto desde el 23 de junio hasta el 30 de julio y los últimos días de agosto. En septiembre no tengo claro si estarán los abuelos o si tendré que mantener la guarde hasta el inicio del cole”. ●
Violeta Ogneova madre de Gabriel (3 años) y Lucas (4 meses)
Violeta es sueca y trabaja a tiempo parcial en la Embajada de Suecia en Madrid, a unos 30 km de su domicilio, aunque ahora está de baja por su segunda maternidad. Su marido trabaja a tiempo completo en un servicio de preventa, a 60 km de casa.
Opina que la conciliación es, básicamente, un problema de madres debido a nuestra marcada cultura machista —ellos ganan más, así que ellas son las que se adaptan— y se lamenta de que esto derive en una solución poco convincente. “Pensando en lo mejor para los niños, me toca a mí sacrificarme laboralmente y a él, emocional y paternalmente. Lo mejor para todos sería poder alternar, un día yo y otro día él, cosa imposible en su empresa”. Así se organizan: “Tuve que ajustar mi horario laboral (de 8.30 a 14.30) al horario del cole de Gabriel y luego tendré que adaptarlo al horario de guardería de Lucas. Cuando trabajaba, era el padre quien llevaba a Gabriel por la mañana. Yo iba a buscarlo, lo que suponía salir corriendo del trabajo, después de haber tomado una ensaladita delante del ordenador (jornada continua significa que no tienes hora para comer, pero, si no como delante del ordenador, no como). Cogía el autobús, rezaba para que no hubiera atasco y, si todo iba bien, llegaba al cole a las 16.00”.

El futuro se presenta menos gris, aunque los datos todavía sean poco alentadores. El año pasado, de las 35 mil personas que abandonaron su trabajo para cuidar de los hijos, el 95,7 por ciento fueron mujeres. Y sólo el 1,46 por ciento de las 87.677 prestaciones por maternidad del primer trimestre de 2008 fue compartida por el hombre y la mujer, según datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social. “Soy optimista. Las y los jóvenes son más conscientes de los nuevos retos. La actual generación de madres ha protagonizado colectivamente un proceso de transición. La mayoría fueron educadas para un mundo que ya no existe. Las jóvenes de hoy saben que trabajarán a cambio de una remuneración y sus compañeros varones también lo saben. Ello cambia las reglas del juego. Por otra parte, las madres y los padres están menos solos en la responsabilidad sobre los hijos. Cada vez más, la sociedad se siente parte del bienestar de los menores, así como de los mayores. La perspectiva de los niños se tiene cada vez más en cuenta”, concluye la socióloga.

Y fuera, ¿cómo lo hacen?

Hay países, como el Reino Unido o los Países Bajos, donde la inmensa mayoría de las mujeres trabaja, incluyendo las madres, pero lo hacen generalmente a tiempo parcial, lo cual en sí mismo marca una trayectoria laboral secundaria que raras veces conduce a puestos de responsabilidad. Es lo que se ha denominado el modelo de perceptor y medio. En otros países, como en Alemania o Austria, las políticas sociales apoyan económicamente de forma generosa la permanencia de las madres con hijos pequeños en el hogar, a pesar de los altos niveles de cualificación de las mujeres. Se ha dicho, por ello, que es el país del mundo con las amas de casa mejor formadas. La pauta dominante es la elección entre tener hijos o hacer carrera profesional; ambas cosas a la vez se consideran difícilmente factibles. El mito sueco En comparación con España, Suecia es el paraíso para familias con niños: guardería pública para todos, baja por maternidad de 395 días (una parte de la cual es obligatoria para el padre), ayudas económicas, libros de texto y comedores gratis, etcétera. Normalmente, el horario laboral ya está adaptado y tiene en cuenta el horario infantil, pero en el sector privado no es siempre tan sencillo, y eso que el empresario permite una gran flexibilidad. Como se considera ser malos padres dejar a los niños más de ocho horas en la guardería (que allí es hasta los seis años), le toca normalmente a la mujer reducir su horario. Porque las carencias en la igualdad, aun en el país más igualitario del mundo, las siguen pagando las mujeres.

* Elaborado con información proporcionada por Constanza Tobío y Violeta Oegnova.

Más información:
http://www.all-together.org/es/: Iniciativa europea que persigue la igualdad entre hombres y mujeres y que incluye, entre otros, un decálogo para hombres que les explica por qué es beneficioso que participen en las tareas del hogar.
http://www.mtas.es/mujer/: Página del Instituto de la Mujer donde vienen recogidos, entre otros, todos los derechos de las madres trabajadoras.

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