¿Qué
es? ¿por qué aparece?
La intolerancia a las proteínas de leche de vaca
(IPLV)
cursa con síntomas de tipo, generalmente, digestivos (vómitos,
diarreas, etc.) consecuencia de la ingestión de productos que
contienen proteínas derivadas de la leche de vaca.
Para un mejor entendimiento de esta enfermedad
conviene partir de ciertos conocimientos elementales:
1. Todo organismo humano tiende a eliminar, mediante su sistema
inmunológico, TODO lo que sea percibido como ajeno. Así es como nos
defendemos frente a virus y bacterias. Sin embargo, no solo virus y
bacterias son percibidos como "ajenos" por nuestro
organismo; los alimentos también constituyen sustancias extrañas.
2. ¿Por qué toleramos los alimentos si son sustancias extrañas?
Nuestro sistema inmune posee de mecanismos a nivel intestinal (y a
otros niveles) que
permiten la tolerancia de los alimentos para que puedan ser utilizados.
No obstante, ¿quién no ha oído hablar de la alergia a ciertos
alimentos?... esto constituye un claro ejemplo de que, a veces, esa
"tolerancia" falla.
La intolerancia a la proteínas de leche de vaca es,
precisamente, eso: un fallo en la "tolerancia" a las proteínas
contenidas en la leche de vaca (leches de inicio, continuación y las
que consumimos habitualmente en casa). Que conste, sin embargo, que
intolerancia no significa alergia.
¿A que se debe ese fallo en la tolerancia?
Este
fallo del sistema inmunológico se debe a inmadurez y es
TRANSITORIO. Algunas veces se nace con él (es más frecuente en
prematuros, en el síndrome de Down, etc) y otras veces aparece
desencadenado por una gastroenteritis, una enfermedad digestiva
(enfermedad celiaca), cirugía sobre el aparato digestivo, etc.
Pese a que se ha dicho que intolerancia no es sinónimo
de alergia, en un alto porcentaje de los casos (30-50%) se asocia a
alergia a leche de vaca.
En cualquier caso, los síntomas no aparecerán
mientras el niño no la ingiera. ¿Qué sucede con aquellos casos en
los que aparecen síntomas de intolerancia a las proteínas a pesar de
estar ingiriendo exclusivamente leche materna? En efecto, existen
casos en los que, sin que el niño ingiera leche de vaca, aparecen síntomas
de intolerancia a la misma. Esto se debe a que la madre está
ingiriendo leche de vaca y sus proteínas han sido capaces de llegar al
pecho secretándose por la leche materna.
¿Que efectos tiene esa intolerancia?
Si antes
dijimos que el organismo se defendía luchando contra lo ajeno, es
esto mismo lo que sucede a nivel del intestino. En esa "lucha" contra
las proteínas de origen vacuno, el tubo digestivo (fundamentalmente
intestino y estómago) es dañado y su función de absorber los
alimentos se altera. Esta inadecuada absorción de los alimentos provoca
diarrea y, a largo plazo, malnutrición, fallo en el crecimiento, etc.
Otros síntomas son los vómitos, por el daño producido en el estómago,
distensión abdominal por acúmulo de gases, etc.
¿Cuando aparece la intolerancia a las proteínas de
leche de vaca?
Es raro que comience después
de los 6 meses de edad pues este fallo en la tolerancia es fruto de la
inmadurez TRANSITORIA del sistema inmunológico. Por tanto, suele ser
propio de lactantes pequeños.
¿Cuales
son los síntomas más habituales de la IPLV?
Coincidiendo con la ingestión de leche de vaca, cosa
que sucede cuando se sustituye total o parcialmente el pecho por las fórmulas
de inicio o continuación, aparecen síntomas en forma de diarrea, a
veces, sanguinolenta, vómitos, dolor de abdomen, etc... Esto puede suceder inmediatamente después de la
primera ingestión de la leche de vaca, unos días después o
retrasarse, incluso, semanas. Otras veces aparece desencadenada
por una gastroenteritis.
A veces,
los síntomas son muy sutiles siendo difícil su diagnóstico.
Cuando el diagnóstico es tardío el niño deja de
ganar peso e, incluso, de crecer.
Si la intolerancia asocia alergia (30-50%), se añaden síntomas
de tipo urticaria (ronchas en la piel), broncospasmo
(crisis asmática, dificultad para respirar) y algunos casos graves,
pero raros, shock (fallo de todo el organismo).
¿Cuando desaparece esta enfermedad?
Hemos dicho que
es transitoria. Lo habitual es que desaparezca entre el año y los
tres años de vida. Si persisten los síntomas por encima de los tres
años habrá que pensar en otro diagnóstico.
¿Como
la diagnostica el Médico?
-La sospecha es posible cuando, junto con la
sintomatología mencionada, existe el antecedente de incorporación
reciente de una alimentación con fórmula artificial. Esta sospecha
obliga al Médico a cambiar de fórmula por otra que no contiene proteínas
de leche de vaca. Si con este cambio la sintomatología desaparece,
estaremos muy posiblemente ante un niño con IPLV. En el momento en
que se tiene la sospecha y se retira la leche de vaca, es preciso la
reintroducción de la misma semanas o meses después. A esto se le
llama prueba de provocación y su objetivo fundamental es
retornar cuanto antes a una alimentación láctea normal.
Otras veces el diagnóstico es más difícil pues no
existe un antecedente claro o los síntomas son poco orientadores. En
estos casos, ciertos estudios o simplemente la retirada de la leche de
vaca pueden permitir la sospecha.
Algunas veces es preciso realizar un estudio del
tejido intestinal mediante biopsia (extracción de tejido) para
descartar algún otro problema.
-
En casos de sospecha de alergia se procederá a un estudio que
confirme dicha alergia (análisis de sangre y provocación en
piel)
¿En que consiste la provocación?
Ésta suele hacerse a
nivel hospitalario por el riesgo, aunque muy bajo, de presentar
reacción alérgica grave. Se administran
pequeñas cantidades de leche de vaca y se esperan unas pocas horas.
Si aparece sintomatología (vómitos, diarrea, etc...)
significará que persiste la intolerancia; entonces se interrumpirá
la provocación y se continuará con el tratamiento establecido
previamente hasta una nueva provocación más tarde. En caso
contrario, se continuará con la reintroducción progresiva de la
leche de vaca (en el propio domicilio) y, si no aparecen síntomas,
podrá decirse que ya ha desaparecido la intolerancia.
¿Existe prevención?
Sí. Partiendo de la premisa de
que esta enfermedad no suele comenzar después de los seis meses es fácilmente
deducible que debe evitarse, en lo posible, la introducción de la
leche artificial (fórmulas de inicio o continuación) dentro de estos
primeros seis meses de vida. La prevención se hace, por tanto, dando
LACTANCIA MATERNA EXCLUSIVA durante al menos 6 meses.
¿En que consiste el tratamiento?
Existen fórmulas lácteas que están compuestas de proteínas
de leche de vaca hidrolizadas, es decir, ya
"digeridas". Estas proteínas "digeridas" se
encuentran en un estado en el que pueden pasar desapercibidas para el
sistema inmune. Hay dos tipos de fórmulas hidrolizadas según el
grado de hidrólisis:
- Fórmulas hipoantigénicas (fórmulas HA) que NO sirven para
esta enfermedad pues la hidrólisis es insuficiente.
- El otro grupo son las fórmulas hipoalergénicas o
semielementales (fórmulas oligoméricas) que constituyen el
tratamiento de elección.
A veces falla el tratamiento por que las proteínas hidrolizadas no pasan desapercibidas para el sistema inmune. En estos
casos se emplean otro tipo de fórmulas: de proteínas de soja, fórmulas preparadas
en casa con carne de pollo, cordero, etc. Como última alternativa se
encuentran las formulas elementales (las proteínas son destruidas
completamente).
En cualquiera de estas posibilidades la madre debe
tener precaución a la hora de tomar productos lácteos procedentes de
la vaca pues en algunos casos el contenido proteico puede pasar a la
leche materna y ser causa de fracaso terapéutico.
¿Qué
inconvenientes tienen estas fórmulas especiales?
Cuanto más hidrolizadas
("destruidas") estén las proteínas
tanto más cara será la fórmula y peor sabor tendrá. De hecho, cuando se
recurren a fórmulas elementales y el niño es incapaz de tomarlas por
su mal sabor, es preciso una alimentación por sonda. Entre los efectos
secundarios de las mismas, absolutamente banales, se encuentran el cambio en el color
y
la consistencia de las heces (verdosas y grumosas).
Finalmente,
decir que NUNCA deberán emplearse este tipo de leches sin
supervisión médica. Será su pediatra quien valore la
necesidad de emplearlas y quien proceda a un seguimiento
riguroso de la enfermedad.
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