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El
ser humano se compone, en buena parte, de agua, y curiosamente, la
proporción de agua es tanto mayor cuanto más joven es el individuo
(mayor en el lactante que en el niño mayor y en éste que en el
adulto). Cuando la
cantidad de agua existente en nuestro organismo disminuye con
respecto al resto de los elementos, hablamos de deshidratación.
¿Qué
situaciones pueden provocar una deshidratación?
Ésta puede sobrevenir fundamentalmente por las siguientes causas:
1.
Por insuficiente
ingreso de agua. No se bebe o se bebe insuficientemente. Pensad
en la situación de un naúfrago.
2.
Por excesivas
pérdidas de la misma.
Estas pueden suceder por el aparato digestivo (vómitos o
diarrea),
por el riñón (volumen excesivo de orina como en el caso de la diabetes) o por excesiva sudoración
(exceso de calor, deportistas en esfuerzo máximo
como es la maratón).
3.
Por consumo de líquidos en los que la proporción
entre el agua y la sal contenida en ellos es inadecuada (poco agua para la excesiva concentración de sal). Esto
puede suceder cuando los biberones se preparan con excesiva cantidad
de polvo para el agua. Por este motivo pueden producirse
deshidrataciones extremadamente graves (hipertónicas o
hipernatrémicas =
exceso de sodio). Es un buen momento para recordarle que en términos
generales a cada 30 ml (cc) de agua hay que añadir una medida rasa
(5 g de polvo). Esta regla es muy útil pero cerciórese de que en
el prospecto de la leche se indica que el cacito (o medida)
es efectivamente de 5 g.
¿Cómo
saber, en alguna de estas situaciones, que el niño se está
deshidratando?
Los
niños deshidratados se muestran decaídos, tienen sed, sequedad
de boca y escasez o ausencia de lágrimas al llorar. Cuando la
deshidratación es más importante presentan hundimiento
de los ojos, se
acelera la respiración y el ritmo cardiaco, y, en casos más severos, "signo del pliegue"
(al pellizcar
la piel ésta se queda momentáneamente plegada, como si fuera
plastilina), hipotensión arterial (les cae la tensión arterial y
se marean con facilidad), etc.
El signo más fácil de vigilar es la sequedad
de boca.
La
deshidratación de un niño lo diagnostica el médico buscando los
signos anteriormente mencionados y, solo si es importante,
precisará de analítica para concretar el tipo de deshidratación.
¿Como
tratarla?
El
tratamiento más importante es su PREVENCION. Si su hijo padece de
vómitos o diarrea, deberá beber soluciones que contengan agua y
sales (consulte con su pediatra). Si la deshidratación es leve o
moderada, el mejor tratamiento debe ser por boca (salvo que no
tolere) con alguna de las soluciones que le paute su pediatra. En
casos más importantes o si el niño no tolera la vía oral, la
rehidratación deberá hacerse por vía intravenosa (con un goteo).
Ni que decir tiene que, durante el verano, las necesidades de
líquidos (por pérdidas a través del sudor) se incrementan por lo
que será conveniente forzar la ingesta de agua casi a cualquier
edad; en bebés pequeños, dado que el agua debe provenir casi
exclusivamente de la lactancia (salvo excepciones), la prevención
debe ir mucho más alla: deberá evitarse la exposición prolongada
al sol y el abrigo o calor excesivos.
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