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¿Qué es exactamente
una convulsión?
Constituye el problema neurológico más común y una de las urgencias más importantes en pediatría, llegándose a presentar hasta en un
5% de los niños menores de cinco años.
La
convulsión es el resultado de una descarga exagerada de las células
cerebrales (neuronas) aunque su expresión clínica puede ser
variable.
¿Cómo
puede, entonces, manifestarse una convulsión?
Las manifestaciones más frecuentes son: pérdida del conocimiento, alteración en la actividad motora o en el comportamiento, siendo las contracciones musculares la forma de presentación mas llamativa, que se caracteriza por estallidos rítmicos enérgicos de contracciones musculares que pueden afectar extremidades completas o partes de las mismas y que no pueden dominarse voluntariamente.
¿Cuales
pueden ser las causas?
Es
importante recalcar que no toda convulsión es debida a una epilepsia;
ésta es una de las múltiples posibilidades.
La exagerada descarga eléctrica puede deberse a muchas causas, por ejemplo:
bajadas importantes de la glucosa en la sangre, problemas en las
cantidades de calcio, magnesio o sodio de nuestro organismo; disminución de la oxigenación
cerebral (asfixia, ahogamiento); infecciones (encefalitis -
infección del cerebro), hemorragias o tumores del sistema nervioso;
intoxicaciones; convulsiones febriles; y, como no... la epilepsia.
Algunas causas son más comunes en el recién nacido, como los trastornos
metabólicos (de la glucosa, etc...), la asfixia perinatal (por problemas
durante el parto) y las hemorragias intracerebrales (en prematuros,
fundamentalmente). Las otras son más frecuentes en el niño mayor.
De todas las causas, la
convulsión febril es la más frecuente y merece especial consideración.
Aunque hablaremos detalladamente de este tipo de convulsión en otro
artículo es importante reseñar que este tipo de convulsiones se presenta
habitualmente en niños
completamente sanos, que no sufren ninguna enfermedad neurológica y
que aparece cuando sube la temperatura rápidamente.
¿Cual
es su tratamiento?
El tratamiento ideal consiste en descubrir y corregir la causa específica que origina la
convulsión. La sospecha del médico y la realización, en algunos
casos, de pruebas complementarias (exámenes de sangre, punción lumbar, electroencefalogramas,
etc) permitirán el diagnóstico exacto y, consecuentemente, el
tratamiento idóneo.
¿Es
grave una convulsión?
Aunque es
fácil deducir la respuesta según lo expuesto, merece la pena
insistir en que la convulsión no es dañina por sí
sola (salvo que sea muy prolongada en el tiempo) y que, por tanto,
su gravedad va a depender, casi exclusivamente, de cual sea su causa.
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