Sesenta años de pediatría inacabada

Portada
Manuel Cruz Hernández
Año de edición: 
2010
1ª edición
Editorial: 
Ergón, S.A.

En el 59º Congreso de la Asociación Española de Pediatría celebrado el pasado mes de Junio en Maspalomas, en el extremo sur de la isla de Gran Canaria, una sesión destacada fue la presentación de nuevos libros que fue conducida por el Prof. Serafín Málaga Guerrero, Presidente de la A.E.P. Además de “Crónica de la Pediatría Española: Andrés Martínez Vargas” recopilada por el Prof. V. García Nieto y la “Historia de la Pediatría” de los Profs. J. Brines y J. Mª. López Piñero, tuvo una atracción especial la presentación del “Tratado de Pediatría”, 10ª Edición, del Prof. Manuel Cruz-Hernández y de sus recuerdos de “Sesenta años de Pediatría inacabada”, patrocinado por la Asociación Española de Pediatría y de su Grupo de Historia de la Pediatría.

El libro “Sesenta años de Pediatría inacabada” presenta la portada formal y conceptualmente ligada con el interior del libro. Esta portada nos muestra al Prof. M. Cruz que va a explorar a un niño de segunda infancia y habla sonriendo enseñándole el fonendoscopio para tranquilizarle. El libro tiene 301 páginas, una lista onomástica de 659 nombres, un índice bibliográfico (que incluye referencias bibliográficas no exhaustivas sobre las publicaciones citadas en el texto, que en su mayor parte son del Prof. M. Cruz) y con un índice temático principal que contiene una lista de 46 hechos que se extienden desde su nacimiento en Málaga en 1926, precisamente un año después de la llamada primera etapa de la Pediatría clínica o nosológica.

Pone el autor en nuestras manos su libro presentando lo que cree esencial, animando y coloreando sus páginas a veces con chispeante sentido del humor, y con un estilo a la vez sobrio y ágil. El libro se presenta ante nosotros con datos biográficos, a veces con anécdotas, y siempre con enseñanza. Se suceden las materias del índice, con mil datos científicos y éticos que quedan flotando envueltos por nuestra curiosidad, hasta que nos encontramos presos por sus vivas imágenes. Vemos en seguida la ecuanimidad de exposición del maestro, incluso cierto candor, aliada con sus altas cualidades humanas. Su exigencia de sinceridad profunda es en rigor la misma que la grandeza de su fuerza informativa y educadora. Héctor Abad, el destacado escritor colombiano, dice que las memorias son la suma de los recuerdos imprecisos unidos a la resta de los distintos olvidos. Sin embargo el libro del Prof. M. Cruz está construido de modo exacto página a página, línea a línea, con los recuerdos presentes en su mente sin faltar ni sobrar absolutamente nada que no haya estimado oportuno manifestar.

Para aquilatar el valor de una obra, decía Plutarco, es preciso saber de qué fuentes dispuso el autor. La primera impresión que se percibe de la lectura de este libro es que el Prof. M. Cruz sólo nos ofrece un bosquejo de una información inmensa, la que creyó necesario comunicar, y que está en parte citada en las 168 referencias bibliográficas. Dondequiera que recuerda un dato ajeno, o emite un juicio, lo expresa con discreción y con escaso examen critico. Justamente con un rigor científico, con la exactitud en el relato, el Prof. M. Cruz recorre la memoria superando los inconvenientes de ciertas situaciones. Así encontramos que estos “Sesenta años de Pediatría inacabada” constituyen un depósito considerable de excepcional información pediátrica, de información histórica médica. Y todo a pesar de que el Prof. M. Cruz, en realidad, no se propone ser historiador. Lo que escribe es parte de su vida y reparamos que la descripción de un hecho aislado, o un hecho trivial, sirven más para declarar su carácter que cualquier discurso solemne. De la misma manera que un pintor coge , para retratar la semejanza de una cara, la expresión de los ojos que más expresa el carácter, dejando aparte todo lo demás, así también el Prof. M. Cruz -subrayo la importancia- atiende, desmochando sólo lo que desea, a los vestigios en su memoria para escribir estas páginas vividas de la Pediatría contemporánea.

Y así va reseñando, con ese estilo claro y fresco desde las primeras páginas, sus estudios secundarios en Granada que terminó con Premio Extraordinario en 1945, su ingreso en la Facultad de Medicina de Granada obteniendo la licenciatura en 1951 con Premio Extraordinario, la iniciación a la Pediatría como alumno interno en 1948, donde aprendió que las principales herramientas diagnósticas eran las manos, los ojos y los oídos del médico, y luego siguió con los estudios de postgraduado como médico interno en Granada con el Prof. A. Galdó a quien siempre nombrará con sensible cariño, la lectura en Madrid de su tesis doctoral y los estudios en Montpellier con el Prof. J. Chaptal. Con detalle y emoción narra la contienda por la cátedra de Pediatría de Cádiz (1957-1964) y después recuerda también los pediatras coetáneos, escribiendo unas páginas evocadoras de las luces y sombras de la Pediatría, expresando las diferencias de la moderna Pediatría en la que emerge la cara y cruz de los progresos pediátricos. El relato de la formación de un pediatra a mediados del pasado siglo XX y del panorama de la Pediatría vivida, con sus precisiones marañonianas sobre la Medicina y los médicos, es la parte culminante del libro con su testimonio de las grandes transformaciones científicas. El Prof. M. Cruz vierte la Pediatría vivida describiendo en veinticinco páginas, que son una verdadera lección magistral, un repaso soberbio de la historia de la Pediatría, una enseñanza deleitando que debiera ser de lectura obligada para los que piensen ejercer la Pediatría, porque –subraya- ser pediatra no es sólo una especialidad médica, ni siquiera una vocación, sino algo más, una forma de vivir. El pediatra nuevo, además de conocer la patología actual, debe estar al tanto de las patologías que parecían desaparecidas y que pueden emerger. Sin duda hemos vivido, vivimos, una crisis patológica o de patomorfosis histórica que desafía al pensamiento médico. Al exponer una nueva visión cambiante de la Pediatría en sus publicaciones encontramos, igualmente, otras veinticinco páginas de importancia excepcional en las que se enumeran algunas de las aportaciones científicas realizadas por su prestigiosa cátedra.

La remembranza de Cádiz y su Facultad de Medicina, en donde fue catedrático durante siete años, trae a las páginas del libro que en Cádiz creó el esbozo de su escuela, de la magnífica escuela de Pediatría del Prof. M. Cruz. Fruto de sus lecciones son los “Apuntes de Pediatría” que fueron la base fundamental del prestigioso “Tratado de Pediatría”. A Cádiz también lo recuerda como un paraíso perdido porque allí no sólo conoció la fama profesional y el prestigio como catedrático, sino también porque allí pasó los primeros años después de su boda con D.ª Angeles Martínez Valverde. Son conmovedoras por personales el día que la conoció en 1955 en la puerta de una pequeña iglesia del pueblo Benalúa de las Villas (Granada). Al pasar las páginas del libro desde 1955 siempre se percibe la fragancia cordial de la influencia de su esposa en la obra del admirado profesor. La boda se celebró en 1958 y fruto de ella son cuatro excelentes hijos. Todos lloramos el 6 de noviembre de 2006 cuando falleció su esposa.

En los “Sesenta años de Pediatría inacabada” se relatan los cargos universitarios y actividades docentes, entre ellas su llegada a la cátedra de Pediatría de la Universidad de Barcelona en 1964, donde empezó a trabajar oficialmente el 1 de febrero de 1965, y su nombramiento como catedrático Emérito de la misma, desde diciembre de 1992, jubilado precozmente cuando estaba en la plenitud de sus facultades magistrales; se alude a los trabajos científicos y libros, así como a otras publicaciones; las líneas de investigación; las actividades profesionales, congresos, sociedades y las incontables distinciones a que ha sido merecedor y, entre ellas, su nombramiento de Académico de Honor de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz, de la Real Academia de Medicina de Granada y de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife, y Académico Numerario de la Real Academia de Medicina de Cataluña. No olvida en el libro mencionar que fue nombrado Colegiado de Honor del Colegio de Médicos de Las Palmas de Gran Canaria y que fue el primer Socio de Honor de la Sociedad Canaria de Pediatría en 1967.

Alguna vez he comentado las palabras de Gregorio Marañón, en su obra La Medicina y nuestro tiempo, sobre las memorias y autobiografías de médicos. Los médicos suelen sentir, con mayor necesidad que otros profesionales, el prurito de contar las intimidades de su vida. La causa es el hombre de letras, el dramaturgo, o el poeta que el médico lleva, hartas veces, dentro, el que da colorido literario, teatral o poético a la vida que le rodea. El ambiente melancólico en que suele vivir el profesional de la Medicina le impulsa a las actividades artísticas como reacción compensadora y saludable. En las páginas de “Sesenta años de Pediatría inacabada” se adivina que un motivo que indujo a contarlos es, siempre con su afán educador, para contribuir a que los pediatras y los estudiantes de Pediatría tengan un contacto intelectual con este libro. El Prof. M. Cruz, como ejemplo de entusiasmo científico y saber sacar tiempo al tiempo, ha tenido el empuje, la gran valentía intelectual, de aportar nuevos datos que contribuyen a conocer ciertas facetas de su vida y de su valiosa obra equiparable a la de los grandes maestros que han florecido en la Pediatría a nivel mundial. Como resultado, asimismo, de la continua lucha universitaria se impregnó de humanismo. El mejor humanismo, como deja traslucir Marañón, no se ha aprendido siempre en las bibliotecas sino errando por los caminos ásperos de la enseñanza. El humanismo no es el simple saber cosas pretéritas para almacenarlas en fichas, sino el sentir que todo el progreso se apoya en postulados de comprensión, generosidad y tolerancia. En este libro aparece también la preocupación del Prof. M. Cruz acerca de los nuevos problemas pediátricos generales como la enseñanza, la bioética, la calidad de vida, la asistencia actual y futura en el medio hospitalario y extrahospitalario, la Pediatría Global con su vertiente psicológica o la Pediatría Social y Ecopatología que ha expuesto también en publicaciones y conferencias.

Como reflexiones finales del libro, además de un recuerdo al escenario familiar, dice M. Cruz, siempre con la humildad del sabio, con el donaire de un sabio, que termina este libro con palabras que serían más adecuadas para un prólogo. Y nos deja a contraluz que el progreso actual dará fruto en beneficio del niño, y de toda la humanidad, si rodeamos los avances de la necesaria humanización, de una inteligencia emocional que permita que al conocimiento se sumen la motivación, la empatía, la autodisciplina y, más aun, la habilidad social. De aquí puede derivar no sólo el éxito médico integral sino el fundamento para huir de la vanidad y de la frustración. Estos “Sesenta años de Pediatría inacabada”, en conclusión, han iluminado con claridad suficiente su pensamiento y su obra, fruto de un sabio maestro irrepetible, que la Medicina y todos los pediatras deben agradecer.

Manuel Herrera-Hernández
Ex Presidente de la Sociedad Canaria de Pediatría
Miembro Numerario de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife (Canarias).

ISBN: 
9788484738589
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